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Gramsci y el boicot al periodismo burgués

Info6/26/2014



El filósofo marxista italiano Antonio Gramsci (1891-1937), ejerció el periodismo en etapas importantes de su corta pero intensa jornada. Desde 1910, cuando publicó el primer texto en L’Unione Sarda, hasta ser detenido por el fascismo en 1926, escribió 1.700 artículos. Equivalen a más del doble de las páginas reunidas en los Cuadernos de la cárcel, redactados entre 1929 y 1935.

Sus actividades como periodista sólo se interrumpieron el 8 de noviembre de 1926, cuando fue detenido por la dictadura fascista en base a leyes de excepción decretadas por Benito Mussolini. Aún en las terribles condiciones de la cárcel, Gramsci encontró ánimo para redactar apuntes teóricos sobre la prensa, el periodismo y los periodistas. Sus textos ofrecen contribuciones relevantes a la reflexión crítica sobre la ética profesional y la necesidad de diversidad informativa y pluralidad en los noticieros y espacios de opinión.


“Decir la verdad es revolucionario”

Teniendo a Gramsci como editor jefe, L’Ordine Nuovo circuló del 1º de mayo de 1919 al 24 de diciembre de 1920. El 1º de enero de 1921, el periódico pasó a ser diario, bajo el lema “Decir la verdad es revolucionario”. Veinte días después, se convirtió en el vocero del recién fundado Partido Comunista Italiano (PCI). Gramsci fue su redactor jefe y articulista hasta 1924, cuando L’Ordine Nuovo fue sustituido por L’Unità (“Diario de los obreros y de los campesinos”).

Sus artículos, suscritos o con iniciales, o con otras indicaciones de autoría, aparecen en estas publicaciones cuyo trazo convergente era el compromiso con las luchas sociales y la renovación político-partidaria y cultural. El espíritu que lo impulsaba al periodismo fue resumido en carta a Tatiana Schucht, de 12 de octubre de 1931:

“Nunca fui periodista de profesión, que vende su pluma a quién pagar mejor y debe continuamente mentir, porque la mentira forma parte de sus calificaciones. Fui periodista absolutamente libre, siempre de una sola opinión, y nunca tuve que esconder mis profundas convicciones para agradar a los patrones”.


El periodista Gramsci no huyó de controversias partidarias y teóricas; defendió posiciones éticas y políticas; y propuso estrategias, alianzas y tácticas de acción para la lucha de clases. Él hizo del periodismo el principal medio para el ejercicio de la crítica, asociada por él, en artículo publicado en el Il Grido del Popolo en 1916, a los espíritus insumisos que rechazan la alienación y el conformismo y se guían por el compromiso con la libertad y la humanización de la vida.


Evolución Intelectual

Gran parte de la producción periodística de Gramsci reflejan su evolución intelectual y la actuación política en medio de dramáticos acontecimientos históricos donde radicaliza la crítica al liberalismo. Gramsci trata de cuestiones políticas, asuntos culturales y problemas filosóficos, algunos de los cuáles abordaría, de manera más detallada, en los Cuadernos de la cárcel, aunque sin disponer de condiciones adecuadas para estudiar. La variedad temática superó los límites de la política, incluyendo acontecimientos de lo cotidiano, personalidades públicas, economía, religión, pedagogía, artes, literatura, estética, prensa, moral, etc.

El estilo combativo de traducir el mundo en constante ebullición, a partir de la ventana de contemplación de Turín, transformaría a Gramsci, según su mejor biógrafo, Giuseppe Fiori, “en la revelación del nuevo periodismo socialista y, en los años de guerra, prácticamente en su protagonista exclusivo”:

“En todos los escritos de Gramsci, desde los breves ensayos teóricos hasta las crónicas casi teatrales, se percibía un estilo nuevo: el paso del énfasis grandilocuente de un Rabezzana y de un Barberis al gusto por el movimiento; un lenguaje cuidado, a veces de una pureza neoclásica, tan lejana de la prosa insípida de los ‘viejos’; la coherencia, el hilo que unía todos los escritos y convertía las notas aparentemente alejadas entre sí en otras tantas ocasiones sucesivas para el desarrollo de una argumentación nunca interrumpida; y la originalidad y la concreción de las propuestas políticas, iluminadas siempre por el convencimiento de que la teoría que no se puede traducir en actos es una abstracción inútil y que las acciones que no se fundamentan en la teoría son impulsos estériles.”


Gramsci reprobó tendencias reformistas y positivistas dentro del Partido Socialista Italiano, poniendo de relieve la participación activa de los trabajadores en las luchas por el socialismo, a partir de una formación política que favorezca el compromiso consciente y ayude a la clase obrera a superar una visión económico-corporativista. Destacó la necesidad de expandir la dimensión cultural de la lucha de clases a través de medios de difusión y de acciones pedagógicas capaces de denunciar las estructuras excluyentes de la sociedad capitalista, profundizar la conciencia de los trabajadores y exigir la transformación radical de las relaciones sociales de producción.

Se convenció de que las contradicciones del capitalismo no llevarían inexorablemente al socialismo, lo que obligaba a las fuerzas populares y socialistas a esbozar nuevas estrategias de lucha considerando las complejidades de los países desarrollados. Destacó el enorme peso del factor cultural en una sociedad civil más densa, poblada de organizaciones complejas, en la cual inciden múltiples perspectivas intelectuales, sin contar la muy problemática interferencia de los medios de comunicación en la conformación de la opinión pública.


Subordinación al poder y control de la información y la opinión

En sus textos pre-carcelarios, Gramsci criticó la subordinación de los principales diarios al poder, así como las fórmulas verticalizadas del control de la información y la opinión. El 26 de abril de 1922, fue contundente: “Los periódicos del capitalismo habrían hecho vibrar todas las cuerdas de los sentimientos pequeño-burgueses; y son estos periódicos que aseguran a la existencia del capitalismo el consenso y la fuerza física de los pequeño-burgueses y de los imbéciles”.

Para el filósofo italiano, los periódicos burgueses “presentan los hechos, aun los más simples, de modo que favorezcan a la clase burguesa en perjuicio de la clase obrera”. Ejemplificó con la cobertura tendenciosa de las huelgas: “Para la prensa burguesa los trabajadores están equivocados. ¿Hay una manifestación? Los manifestantes, simplemente porque son trabajadores, son siempre los revoltosos, los intransigentes, los delincuentes”.

Así, el convencimiento sobre los irremediables conflictos ideológicos entre la clase trabajadora y la prensa burguesa justifica la actitud política que Gramsci defendía ser la más consecuente: boicotear los periódicos vinculados a las elites. Y justificó:

“Todo lo que se publica en la prensa burguesa es constantemente influenciado por una idea: servir a la clase dominante y combatir la clase trabajadora. (…) Los periódicos burgueses censuran, tergiversan y falsifican para poder engañar, ilusionar, y mantener en la ignorancia al pueblo trabajador”
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