La mitad de los dinosaurios son ‘falsos’
Michael Benton, investigador de la Universidad de Bristol, considera que hay un muy alto porcentaje de errores de identificación en las 1.041 especies registradas hasta 2004
Los paleontólogos son conscientes de que pisan arenas movedizas; los fósiles, casi siempre incompletos, pueden llevar a errores en la identificación de la especie. Michael Benton, investigador de la Universidad de Bristol (Reino Unido), ha dedicado cuatro años de trabajo al estudio de la bibliografía científica para poner cifras a este problema.
Según publica Benton en Biology Letters, el resultado es alarmante: de las 1.041 especies de dinosaurios registradas desde 1824 hasta 2004, el 16% son duplicados –dos nombres para la misma especie– y el 32% cae en errores de otro tipo, como descripciones vagas, material insuficiente o repetición de nombres.
El propio autor ha quedado sorprendido por el resultado: “Asusta un poco”, dice. Extrapolando su estudio, Benton advierte de la necesidad de emplear un extremo cuidado a la hora de identificar especies actuales.
Al menos, hay motivos para la esperanza: frente al desmadre de finales del siglo XIX, el trabajo de este científico señala que la precisión y el rigor han aumentado en las últimas décadas.
Michael Benton, investigador de la Universidad de Bristol, considera que hay un muy alto porcentaje de errores de identificación en las 1.041 especies registradas hasta 2004
Los paleontólogos son conscientes de que pisan arenas movedizas; los fósiles, casi siempre incompletos, pueden llevar a errores en la identificación de la especie. Michael Benton, investigador de la Universidad de Bristol (Reino Unido), ha dedicado cuatro años de trabajo al estudio de la bibliografía científica para poner cifras a este problema.
Según publica Benton en Biology Letters, el resultado es alarmante: de las 1.041 especies de dinosaurios registradas desde 1824 hasta 2004, el 16% son duplicados –dos nombres para la misma especie– y el 32% cae en errores de otro tipo, como descripciones vagas, material insuficiente o repetición de nombres.
El propio autor ha quedado sorprendido por el resultado: “Asusta un poco”, dice. Extrapolando su estudio, Benton advierte de la necesidad de emplear un extremo cuidado a la hora de identificar especies actuales.
Al menos, hay motivos para la esperanza: frente al desmadre de finales del siglo XIX, el trabajo de este científico señala que la precisión y el rigor han aumentado en las últimas décadas.