El 1 de Junio de 1942 Adolf Hitler se reunía con sus generales en los cuarteles del Grupo de Ejércitos Sur, situado en Poltava (Ucrania), una región que había sido escenario de la victoria de Pedro I el Grande de Rusia en 1709. El objeto de la reunión era informar a la Plana Mayor de sus ejércitos de la "Operación Azul", los planes para la ofensiva de verano de la Wehrmatch para ese año. Los objetivos: los campos petrolíferos del Cáucaso, Bakú, y un avance hasta la vía fluvial más importante para Stalin, el Volga. Ese día apenas se mencionó Stalingrado.
Parte 1
Para la mayoría de los oficiales allí reunidos, Stalingrado no tenía especial significado; no era más que un nombre en un mapa, otra ciudad rusa fácil de tomar. Pero Hitler pensaba ya de forma distinta. Él, que se había negado tercamente a permitir que sus divisiones blindadas penetraran en Leningrado por temor a que perdieran su ventaja inicial ante el enemigo (una mejor maniobrabilidad y una táctica superior), en breve exigiría a aquellos hombres la toma de Stalingrado a cualquier precio. Aquella ciudad no era Rostov, Smolensk o Briansk. Aquella ciudad era Stalingrado, simbólicamente, la ciudad de Stalin, y debía ser conquistada a toda costa, sin importar la falta de preparación para la lucha urbana del "landser" (soldado de infantería) alemán o el coste que dicho empeño pudiera tener. Stalin, por su parte, sabía que Stalingrado no podía ni debía ser entregada. La orden número 227, promulgada por él esa primavera, era clara y concisa: "Ni un paso atrás". Las largas retiradas de meses anteriores habían llegado a su punto final a orillas del Volga. El decorado estaba listo para la batalla más sangrienta de la historia de la Humanidad.
Parte 2
En este fantástico documental de dos episodios asistiremos a la llegada de las tropas alemanas a la ciudad de Stalingrado en el verano de 1942; el bombardeo previo por los Heinkel 111 y Junkers 88 del general W. Von Richthofen, y a la terrible lucha casa por casa, por las colinas y por la fábrica de tractores que se prolongó durante meses. Veremos el cerco soviético al Sexto Ejército, comandado por un ex-oficial de Estado Mayor, el General Von Paulus, así como el intento fracasado del Cuarto Ejército Pánzer de E. Von Manstein para liberar, en diciembre de 1942, el Kessel (Bolsa) donde había sido encerrado el Sexto Ejército. Asistiremos a la rendición alemana final en Enero de 1943. Sin embargo, esa rendición no acabó con la batalla de Stalingrado. Los 91.000 soldados de diversas nacionalidades que depusieron las armas y fueron capturados por los soviéticos se enfrentaron al infernal cautiverio ruso y a la deportación hacia Siberia. De los 91.000 soldados que cayeron prisioneros en Stalingrado, solamente unos 6.000 conseguirían regresar, años después, a la nueva Alemania. Entre ellos, su comandante Von Paulus, quien desatendió los deseos del Führer de no capitular.
Parte 1
Para la mayoría de los oficiales allí reunidos, Stalingrado no tenía especial significado; no era más que un nombre en un mapa, otra ciudad rusa fácil de tomar. Pero Hitler pensaba ya de forma distinta. Él, que se había negado tercamente a permitir que sus divisiones blindadas penetraran en Leningrado por temor a que perdieran su ventaja inicial ante el enemigo (una mejor maniobrabilidad y una táctica superior), en breve exigiría a aquellos hombres la toma de Stalingrado a cualquier precio. Aquella ciudad no era Rostov, Smolensk o Briansk. Aquella ciudad era Stalingrado, simbólicamente, la ciudad de Stalin, y debía ser conquistada a toda costa, sin importar la falta de preparación para la lucha urbana del "landser" (soldado de infantería) alemán o el coste que dicho empeño pudiera tener. Stalin, por su parte, sabía que Stalingrado no podía ni debía ser entregada. La orden número 227, promulgada por él esa primavera, era clara y concisa: "Ni un paso atrás". Las largas retiradas de meses anteriores habían llegado a su punto final a orillas del Volga. El decorado estaba listo para la batalla más sangrienta de la historia de la Humanidad.
Parte 2
En este fantástico documental de dos episodios asistiremos a la llegada de las tropas alemanas a la ciudad de Stalingrado en el verano de 1942; el bombardeo previo por los Heinkel 111 y Junkers 88 del general W. Von Richthofen, y a la terrible lucha casa por casa, por las colinas y por la fábrica de tractores que se prolongó durante meses. Veremos el cerco soviético al Sexto Ejército, comandado por un ex-oficial de Estado Mayor, el General Von Paulus, así como el intento fracasado del Cuarto Ejército Pánzer de E. Von Manstein para liberar, en diciembre de 1942, el Kessel (Bolsa) donde había sido encerrado el Sexto Ejército. Asistiremos a la rendición alemana final en Enero de 1943. Sin embargo, esa rendición no acabó con la batalla de Stalingrado. Los 91.000 soldados de diversas nacionalidades que depusieron las armas y fueron capturados por los soviéticos se enfrentaron al infernal cautiverio ruso y a la deportación hacia Siberia. De los 91.000 soldados que cayeron prisioneros en Stalingrado, solamente unos 6.000 conseguirían regresar, años después, a la nueva Alemania. Entre ellos, su comandante Von Paulus, quien desatendió los deseos del Führer de no capitular.