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Codigo Morse en la Guerra Civil Estado Unidense

Info6/30/2014
Tras la Guerra de Crimea, el siguiente conflicto armado en el que el telégrafo desempeñó un papel significativo, fue la guerra de Secesión americana. Las razones de este hecho se deben, principalmente, a la gran superficie sobre la que se desarrolló la contienda. Fue, seguramente, la mayor extensión cubierta hasta entonces en Occidente, por una guerra civil. En guerras anteriores, el telégrafo se había empleado de manera habitual y, cuando fue necesario, se tendieron líneas para acceder a zonas de conflicto más o menos alejadas. Pero en casi todos los casos el telégrafo no había llegado a desempeñar un papel crucial para el desarrollo de las operaciones bélicas. Había ayudado a controlar los movimientos, pero no había sido decisivo. En el caso de la guerra americana, la necesidad de comunicaciones más o menos frecuentes se extendió a distancias de varios miles de kilómetros con ejércitos desplegados en superficies dispersas sobre todo el territorio de los Estados Unidos de entonces. Al mismo tiempo, las tropas no se mantuvieron estáticas sobre el terreno sino que, gracias al ferrocarril, eran transportadas de un frente a otro según las necesidades de cada momento. Esa logística precisó unos medios de comunicación que sólo el telégrafo pudo satisfacer. La amplia red de transportes existente fue empleada de forma extensiva por ambos contendientes. Tanto el Norte como el Sur desplegaron a sus ejércitos según la situación requería y fueron controlados desde puestos de mando situados a miles de kilómetros.

Antes de 1861 no existía, ni estaba prevista, una red de telegrafía para uso exclusivamente militar. Existía una organización, el “United States Signal Corps”, que en lugar de haber iniciado un acercamiento a la nueva tecnología, había seguido haciendo descansar sus comunicaciones en banderolas durante el día y en antorchas y linternas durante la noche, métodos absolutamente inapropiados para satisfacer las necesidades de la nueva guerra. Y ello a pesar de que ya en 1861, al iniciarse la guerra, los servicios de telegrafía civil estaban ya lo suficientemente extendidos y cubrían casi todo el país, excepto las zonas del lejano oeste. Las tres principales compañías de telégrafo existentes al principio de la guerra eran la “American Telegraph Company”, la “Western Union Company” y la Southwestern Telegraph Company”. Las dos primeras conectaban todas las ciudades principales que apoyaban a la Unión mientras que la tercera estaba localizada principalmente en la zona controlada por los Confederados. Las regiones no cubiertas por ellas, lo estaban por otras pequeñas compañías de importancia mucho menor. La consecuencia de esto fue que las necesidades principales de ambos bandos estaban cubiertas, inicialmente, por las redes civiles, pero esto no satisfacía ni a los intereses militares ni a los comerciales de las diferentes compañías. El Gobierno de la Unión, con Abraham Lincoln a la cabeza, se estableció en Washington y el Confederado, con Jefferson Davis, lo hizo en Richmon, Virginia. Ambos pensaron en un primer momento que las compañías privadas podrían satisfacer las necesidades militares y que, si fuera preciso, podrían extender sus líneas a los frentes de batalla y acompañar a las tropas en sus desplazamientos. Pero la escala y las necesidades del conflicto pronto sacaron a los mandos militares de su error y gradualmente debieron establecer un cuerpo de telegrafistas que acompañara al ejército. Este cuerpo, como era previsible, hubo de hacer uso tanto de equipo como de especialistas provenientes del entorno civil.

Lincoln y la Unión fueron los primeros en darse cuenta de la importancia de la telegrafía. El mismo Lincoln había sido, en la primera etapa de su vida, operador civil de telegrafía por lo que pronto reconoció la necesidad de un sistema telegráfico puramente militar, mucho antes de que el Congreso y la mayoría de sus generales lo hicieran. En febrero de 1862, Lincoln tomó el control de la mayor parte de las líneas telegráficas de la Unión. Al año siguiente creó el “United States Military Telegraph Department”, cubierto principalmente por civiles y separado del “United States Signal Corps”, que nunca había llegado a incorporar satisfactoriamente el trabajo con el telégrafo. Dado que la red comercial existente antes de la guerra se centraba casi exclusivamente en las ciudades, fue preciso establecer una previsión para desarrollar comunicaciones eléctricas en terreno abierto, tarea para la que fue destinado el Departamento recién creado.

Los telegramas enviados desde los distintos frentes fueron vitales para la desarrollar la estrategia planteada por Lincoln, como Comandante en Jefe del ejército, que personalmente seguía y supervisaba todas las operaciones militares, leyendo directamente los mensajes transmitidos, en código Morse, tras la espalda del operador. En los momentos más álgidos de la guerra parece que llegaba a enviar más de doce mensajes a sus generales diariamente, estando algunos de ellos cifrados. Se dice que, incluso, fue Lincoln el primero en inventar el primero de los códigos usados y que podía descifrarse, simplemente, leyéndolo al revés y poniendo el énfasis en la fonética en lugar de en la ortografía. Los mensajes cifrados fueron usados por ambos bandos y se tiene constancia de que se emplearon más de una docena, siendo desechados cuando el enemigo había aprendido a descifrarlos. El cifrado de los confederados fue, por lo general, bastante más elemental que el de los de la Unión, por lo que fue descifrado mucho más frecuentemente. De hecho, muy contados generales del Sur llevaban instrumentos telegráficos con ellos y, en la mayor parte de los casos, usaban únicamente los tendidos civiles.

En el sector que el telégrafo sí desempeñó un papel esencial en el inicio de la guerra fue en la movilización de los ejércitos. En el norte, tras el ataque de los confederados a Fort Sunter, el 12 de abril de 1861, que marcó el comienzo de la guerra, Lincoln telegrafió a todos los estados de la unión pidiendo un contingente de 75.000 hombres. En sólo tres días recibió respuestas indicando que unos 100.000 voluntarios estaban ya dispuestos para incorporarse al ejercito de la Unión.

El primer éxito importante en el uso del telégrafo fue en el apoyo de la Unión para defender a Washington de un ataque confederado. Gracias a un telegrama enviado al gobernador de Massachussets se pudieron reunir veinte compañías en el Boston Common y por otro remitido al de Pensilvania, otras cinco. Estos efectivos fueron enviados urgentemente por ferrocarril con lo que el ataque confederado se frustró. Un retraso de 24 horas habría conducido a la capitulación de la sede del gobierno del Norte. El Mayor W. R. Plum[1] señalaba: “The telegraph, railroad and troops unitedly saved the Capital. Without either, Washington was lost”.

Las referencias a cómo el telégrafo contribuyó a la evolución de la guerra son innumerables y señalan acciones de uno y otro bando cuyo desenlace hubiera sido otro de no haber existido. En ocasiones el telégrafo llegó hasta los puestos de mando de los ejércitos y a veces, por razones dispares, se quedó a corta distancia de ellos, teniendo que completarse el tramo por emisarios a caballo. Los equipos fueron, en general, los mismos que los usados en la red comercial, dándose preferencia al receptor con sonido frente al con impresión del mensaje. A lo largo de la guerra se fueron diseñando equipos portátiles que podían ser desplegados a voluntad de los correspondientes mandos. Estos equipos portátiles fueron, en ocasiones, muy efectivos para captar envíos del enemigo. La realidad es que muy escasas invasiones hicieron su entrada durante el periodo que duró la guerra; la mayor parte de los equipos se compraban en el extranjero y lo único que se creó fueron nuevas líneas a lugares antes incomunicados.

Al final de la contienda se habían construido cerca de 25.000 km de nuevas líneas, por parte de los ejércitos del Norte, y unos 8.000 por los confederados. La mayor parte de ellas fueron incorporadas a la red civil al acabar la guerra, siendo reparadas o actualizadas por los compradores. La mayor parte de las compañías existentes antes de empezar la contienda habían desaparecido al acabar ésta y solo quedaron, como grandes emporios telegráficos, la “Western Union” y la “American Telegraph Company”. Sobre ellas se desarrolló el futuro telegráfico de Estados Unidos.



"Carromato de telegrafía en Petersburg, Junio 1864."
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