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Diferentes hablas, cocinas y usanzas del mundo conviven hoy en la capital chilena, transformándola en un mosaico de culturas cada vez más visibles. Los inmigrantes ya son el tres por ciento de los habitantes y están haciéndose notar en esta urbe, que borbotea al ritmo de la diversidad. Se ve nítidamente en barrios como Estación Central, Recoleta, Independencia, donde se concentran, especialmente, emigrados de países vecinos. O en Quilicura, colonizada por haitianos. Tanto que podría dibujarse un mapa capitalino con la residencia de nacionalidades por comunas. Los europeos, en tanto, cuya llegada va en aumento, se ubicarían, de preferencia, en Las Condes y Providencia. 415.540 inmigrantes están viviendo hoy en Chile, casi el tres por ciento de la población.La colonia mayor corresponde a peruanos, seguidos por colombianos, bolivianos, argentinos, dominicanos, ecuatorianos, estadounidenses, españoles y chinos. A 100.017 personas de estos países les fueron otorgados permisos de residencia durante 2012, mientras en 2011 lo obtuvieron 76.337 personas, según el Departamento de Extranjería y Migración. Estabilidad política y buenas cifras macroeconómicas desde los años ’90, con un desempleo de sólo el seis por ciento, seducen a los extranjeros. Eso cuando en España, por ejemplo, la cesantía llega al 27.16 por ciento. Casos como el de la colonia haitiana son significativos de lo pujante del proceso: si en 2007, antes del devastador terremoto en ese país sólo había en Chile siete personas con visado de residencia, en 2012 se les otorgaron 1.421 visas. El alza del traslado de españoles es también sustantivo: en 2011 obtuvieron 586 visas sujetas a contrato, un año más tarde éstas alcanzaron a 1.243, más del 120 por ciento de incremento. No es raro que la prensa española anuncie: ‘Somos inmigrantes otra vez’. Es en Santiago donde se instala aproximadamente el 70 por ciento de la migración. La repercusión es medular. Lo indica la antropóloga Carolina Stefoni, que estudia el proceso. “Ahora llegan muchos españoles (más de 40 mil), junto con argentinos (superan los 48 mil), que se concentran en el sector oriente de la ciudad. Allí no es raro oír otros acentos, son extranjeros calificados, profesionales insertos en empresas. Esto cambia la idea de una inmigración laboral principalmente latinoamericana, construida desde los ’90. En la Vega Central la presencia multicultural es distintiva. “De mil locales, los extranjeros trabajando son el 35 por ciento entre arrendatarios y locatarios”, explica Manuel Caro, de la administración del recinto. Igual sucede en las cocinerías del mercado Tirso de Molina, ex Vega chica: hasta cocineros tailandeses hay en la oferta. “Los santiaguinos están visitando este lugar en familia para probar cocinas del mundo”, señala Alvaro Alvarez, periodista cubano que vive hace 13 años en el país, cuyo ojo está puesto en los procesos migratorios desde su página web Chile Ajeno (www.chileajeno.cl), con unas 20 mil visitas mensuales. “Chile es un país formado por migrantes, lo nuevo es que ahora es el continente el que mira a Chile con fuerza como destino de migración. Hay hijos de chilenos con peruanos, haitianos, colombianos, y africanos que están cambiando la fisonomía y color de piel del chileno. Y la inmigración trae hábitos de los países de origen, eso ya se está viviendo”. La constitución de barrios de naciones, donde los migrantes se instalan, planteando el riesgo de la formación de guetos, y la fundación de un mercado de la nostalgia, creado gracias a que traen productos de sus países para recordar sabores de sus tierras, son otros factores que Alvarez apunta como huellas. Anota, además, otro no menor: la instalación de un mercado del sexo exótico ofrecido por extranjeros. “Por primera vez en la prostitución chilena aparece la compra de sexo a personas de color. Se hace visible el morbo y demanda que hay en este terreno, desde la calle San Antonio a Providencia o Las Condes”. “Lo que está sucediendo no tiene parangón. Es una oportunidad para entender que Chile no es homogéneo. La inmigración globaliza al mundo, trayendo diversidad y capacidad de cambios, pero es crucial la tolerancia de los chilenos con las diferentes culturas que están transformando el país”, señala Carolina Stefoni. Y advierte: “Hay que estar alertas, sólo puede ser que estemos ante una sensación de internacionalización, mientras exista segregación de los inmigrantes. Chile no es cosmopolita sólo porque se llene de restoranes y cocinas del mundo”.
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