A pesar de todas las versiones que ofrece el Nuevo Testamento siguen existiendo dudas sobre si Jesús murió crucificado, murió lapidado o logró escapar a ambas muertes. Son versiones que se apoyan en teorías que merecen ser tenidas en cuenta. Inicialmente destacaremos algo sobre las drogas en aquel tiempo. Las drogas ya aparecen en el Antiguo Testamento como la mandrágora en el Génesis: «Cuando Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lea a él, y le dijo: llegaste a mí, porque la verdad te he alquilado por la mandrágora de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche» [Gn. 30: 16]. Esta droga vuelve a aparecer en otros pasajes, como el Cántico de Salomón, donde la sulamita invita a su amante a ir al país donde crece la mandrágora. John Allegro, investigador de los Manuscritos del Mar Muerto o textos de Qumrán, en la obra El hongo sagrado, hace referencia a su posible uso por la comunidad Qumrán, destacando que los efectos sobre los personajes bíblicos y los monjes de Qumrán les llevaba a una imaginación exaltada, un estado de trance. Esto, según explica Allegro se produce bajo los efectos de la psicolocibina, el alcaloide de unos hongos que crecen en Palestina. Se sabe que esta droga fue utilizada en Palestina para producir un profundo trance narcótico en los crucificados. Richard Rudgley en la Enciclopedia de las substancias psicoactivas, explica que la mandrágora era conocida como «morrión» y que siempre se ha sospechado que la esponja que se le ofreció a Jesús cuando estaba en la cruz podía haber sido vino de mandrágora. Hazrat Ghulam Ahmad de Qadim destaca que las heridas de Jesús se cerraron en cuestión de días debido a la utilización de una pomada o bálsamo mencionada en muchos tratados médicos antiguos, la denominada Marham-i-lsas (Bálsamo de Jesús), ungüento que conocían los esenios de las cuevas de Qumrán.
Martín Hengel en Judaismo y helenismo, nos recuerda que los esenios son los «magos judíos» más primitivos, pues exorcizaban las enfermedades mediante el poder angélico, al estilo de Jesús. Por otra parte se sabe que los antiguos hebreos maceraban la adormidera (Papaver somniferum) con vinagre para realizar un veneno que pudiera administrarse a los condenados a muerte. Pero esta mezcla no llevaba precisamente a la muerte. Para Thomas de Quincey, «mientras el vino desordena las facultades, el opio, si se toma de manera apropiada, introduce en ellas el orden, legislación y armonía más exquisitos.» Para Escohotado, se borran los límites entre despierto y dormido, existe una mayor distancia crítica con respecto a las cosas externas y facilita un sueño profundo.
Hugh Schonfield, en El Complot de Pascua, explica que Jesús no murió en la cruz, sino que sufrió un breve coma, tal vez catatónico, o por droga, después revivió y, tras unas apariciones esporádicas, huyó. En el chamanismo es común este tipo de resurrecciones; así, en La máscara de Dios, de J. Campbell, un chamán llamado Nikitin exclama: «Me acuesto como un muerto durante tres días y debo ser descuartizado. Al tercer día me levanto de nuevo.» Lo que destaca el Nuevo Testamento es que la tumba estaba vacía por lo que el cadáver pudo ser robado por amigos o enemigos. Amigos para enterrarlo en otro lugar, enemigos para evitar que se convirtiera en un mártir y su cuerpo fuera objeto de culto. Pero también cabe la hipótesis de que estuviera en estado catatónico y despertara pudiendo huir posteriormente. Cabe la posibilidad de que José de Arimatea estuviese en posesión de la droga que contrarrestase a la mandrágora que sumió a Jesús en letargo. Así sería el responsable de reanimarlo y ocultarlo.
Así, un Jesús drogado podía encontrarse en un estado cataléptico y parecer que estaba muerto, cosa que permitiría descolgarlo de la cruz y llevarlo a un lugar seguro donde se recuperaría y aparecería a sus discípulos antes de huir de Palestina. Esta versión nos llevaría a la hipótesis de los que defiende que Jesús murió en Cachemira. Se trata de una historia sin pruebas evidentes, como todas las historias que envuelven la vida de Jesús, así que, por tanto, podemos incluirla en este contexto general.
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