El trabuco de contrapeso fue inventado en el Este del Mediterráneo durante la primera mitad del siglo XII. Consistía básicamente en una enorme palanca que basculaba sobre un punto muy cercano a uno de sus extremos, del que pendía un enorme peso, que, al ser liberado, arrojaba el proyectil alojado en una honda suspendida del otro extermo. Al funcionar con un movimiento suave y progresivo, su estructura no sufría golpes, como le sucedía, por ejemplo, a la catapulta.
Esta máquina funcionaba con el mismo principio que los ingenios de tracción, pero la fuerza humana había sido sustituida por una caja rellena de tierra, arena, piedras o plomo. Se buscaba obtener la mayor energía posible de la caída del contrapeso, al mismo tiempo que se ganaba en precisión. Suponía una notable evolución respecto a las predecesoras, pues permitía disparar proyectiles más pesados, que llegaban a alcanzar la media tonelada, y a una distancia mayor.
Esta máquina funcionaba con el mismo principio que los ingenios de tracción, pero la fuerza humana había sido sustituida por una caja rellena de tierra, arena, piedras o plomo. Se buscaba obtener la mayor energía posible de la caída del contrapeso, al mismo tiempo que se ganaba en precisión. Suponía una notable evolución respecto a las predecesoras, pues permitía disparar proyectiles más pesados, que llegaban a alcanzar la media tonelada, y a una distancia mayor.