La muerte. A todos nos llega. Tarde o temprano. Ricos o pobres. Creyentes o Ateos. A todos. Sin excepción.
Para los ateos es relativamente fácil hablar sobre la muerte y para pocos nos resulta un problema; por esta razón el presente artículo será bastante breve. La intención del mismo es mostrarles a los lectores cristianos nuestra visión sobre la muerte.
Estamos bastante conscientes de que la muerte es algo completamente natural, que es lo opuesto al nacimiento y es casi como una función fisiológica más. Es algo inevitable e irremediable.
Pero estamos más conscientes aun de que luego de morir hay muy pocas posibilidades que exista una especie de vida posterior o un “más allá”. Como ya hemos dicho, no hay absolutamente ninguna evidencia seria de que exista algo más al terminar esta vida.
Pensémoslo por un instante ¿Qué nos diferencia de el resto de las formas de vida superiores en la tierra? ¿Que nos diferencia del pájaro que canta en la mañana o del gato que maúlla a lo lejos? Todos tenemos células, miembros, cerebros, corazón y funciones fisiológicas similares. ¿Qué nos hace a nosotros diferentes a ellos? ¿Qué nos hace pensar que nosotros nos merecemos una vida después de morir y ellos no? La gran diferencia entre esos animales y nosotros son las características cerebrales, si bien no el tamaño del encéfalo si lo son el numero y el tipo de sinapsis neurales. Las cualidades de nuestro cerebro es lo único que nos diferencia de ellos. El hombre es el único ser vivo que está consciente de que morirá. Y eso nos hace muy especiales pero no por eso físicamente superiores ni trascendentes. Simplemente estamos conscientes de nuestra condición, ellos no.
Una de las grandes ventajas de no tener creencias religiosas particulares es que tienes la completa libertad de creer en lo que tu desees , pero la mayor parte de los Ateos se basan en evidencias y pruebas, no en sensaciones y esperanzas; claro, pueden tenerlas, pero nunca las pondrían por delante de lo lógico y racional.
Habrá Ateos que enfocan la muerte de diferentes maneras: Para algunos la muerte no es más que el simple fin de la vida; otros opinaran que es como una especie de “Dormir sin soñar” y otros creen que será una especie de “Estado sin consciencia”. Independientemente de lo que cada ateo piense de forma individual, casi ninguno contempla la posibilidad real de que trascendamos de la muerte.
Los creyentes tienden a presumir que los ateos momentos antes de morir suelen arrepentirse de su vida de pecado y descreencia anteriores y tienden a dar numerosos ejemplos como Nietzsche, Darwin y Sagan. Del primero al parecer hay evidencias de que es cierto, pero es probable que se debiera a su estado mental bastante desvariado; de Darwin y Sagan son solo rumores infundados. Ambos eran más bien Agnósticos pero desechaban totalmente la existencia de algo más allá de la muerte y murieron abrazando su descreencia. Por supuesto, existirán casos de Ateos que a la hora de enfrentarse a “La mala hora” en un momento de desesperación se conviertan en creyentes en los últimos instantes de su vida (puede que incluso hasta yo mismo lo haga en su momento, no lo creo, pero puede ser); pero estas “conversiones” están basadas en sentimientos y miedos personales a lo desconocido y no es, en ningún caso una conversión racional
El caso de Carl Sagan es muy particular, a su viuda le preguntaron varias veces sobre esta supuesta conversión en el lecho de muerte y sobre ello dijo:
Cuando mi marido murió, debido a que era muy famoso y conocido por no ser creyente, mucha gente se acercaba a mí —todavía sucede— y me preguntaban si Carl cambió y creyó en la vida después de la muerte en sus últimos momentos. También me suelen preguntar si pienso que lo volveré a ver de nuevo. Carl afrontó su muerte con entereza y nunca se refugió en ilusiones. La tragedia fue que los dos sabíamos que no nos volveríamos a ver. No espero volver a reunirme con Carl
Su ateísmo perduró hasta el final, como indicaba su esposa, Ann Druyan: "no hubo conversión en su lecho de muerte...Carl nunca quiso creer. Quería saber"
La muerte de un ser querido es muy dura tanto para ateos como para creyentes. Pero para los que no creemos en la “otra vida” el sentimiento de aceptación y comprensión de la irremediabilidad de la muerte suele llegar relativamente rápido.
No nos atormentamos de un posible infierno que nos carcoma el alma a nosotros o a nuestros difuntos.
No estamos pendiente de la eterna balanza bien-mal.
No nos interesa la opinión que tendrá de nosotros un Dios imaginario que nos ha estado vigilando y ordenándonos cosas desde niños.
No basamos nuestras acciones en si nos espera al morir un castigo o un premio.
No vivimos la vida con miedo a morir.
Conclusiones del Ateismo ante la muerte:
- Lo negativo: No hay esperanzas. Así de sencillo. No creemos que tendremos otra vida o algo mejor que nos espera al terminar ésta. Es muy difícil aceptar que lo hermoso de nuestra existencia desaparecerá por completo y que no tendremos conciencia de ello. Es duro. Solo hay esta vida, punto. Y esto puede parecer triste y decepcionante para muchos. Y es probable que lo sea.
- Lo positivo:Se aprecia y se valora más la vida. La vida es una. No hay garantías de que al despedirnos de esta, nos aguarde otra en algún lado. Por lo tanto la vida presente cobra muchísima importancia para nosotros los Ateos y tratamos de no desperdiciarla y vivirla y disfrutarla al máximo. Tratamos de sacarle el mayor provecho a la vida: estudiamos, aprendemos, amamos, disfrutamos, nos divertimos, luchamos, tratamos de hacer el bien, de enseñar, de minimizar los males del mundo. Por esa razón no perdemos nuestro valioso tiempo adorando y rezando a Dioses imaginarios y etéreos. La vida es más que eso. Es única. No la vamos a desperdiciar.
La muerte la aceptamos. No podemos hacer nada para evitarla. Pero podemos hacer su antesala lo más larga y placentera posible.
Para nosotros la vida no es un transito, es la única estación.