“Mamá, ¿son los extranjeros que vienen a llevarnos lejos?
Mamá, ¿el Armagedón va a pasar hoy?
Mira lo que me hizo. ¿Por qué hacérmelo a mí?
¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? ¿Por qué hacérmelo a mí?
No voy a llorar. No voy a llorar.
Yo prefiero morir…”
Otep. “Té en Jonestown”
Mamá, ¿el Armagedón va a pasar hoy?
Mira lo que me hizo. ¿Por qué hacérmelo a mí?
¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? ¿Por qué hacérmelo a mí?
No voy a llorar. No voy a llorar.
Yo prefiero morir…”
Otep. “Té en Jonestown”
La casa donde nació Jim Jones
Su padre sufrió el efecto de los gases durante la Primera Guerra Mundial y regresó a Lynn para convertirse en el borracho del pueblo. Su hijo opinaba de él que era “un viejo despreciable, un maldito racista”. Tras su muerte, Jim descubrió que había sido durante largos años miembro activo del Ku Klux Klan.
El padre y el abuelo de Jim Jones
La madre de Jim, Lynetta Jones, escandalizaba a los vecinos por llevar pantalones y fumar en la calle. Decía que en una vida anterior había viajado por todo el mundo. Se suscribió a la revista National Geographic e inundó los sueños de su hijo contándole todas las noches, antes de dormir, sus aventuras con los cazadores de cabezas del Amazonas. Además, sus relatos incluían extraños sortilegios e historias sobre la transmigración de las almas. Creía que los sueños eran un anticipo de la vida futura y le dijo a su pequeño que él estaba destinado a ayudar a los pobres.
Lynetta Jones, madre del reverendo
Parece ser que no fue sólo la familia quien aficionó a Jim Jones a estas cosas; vivía en una zona del Medio Oeste, llamada “el cinturón de la Biblia”, donde abundaban los predicadores blancos fundamentalistas. A los doce años empezó a predicar. Sus sermones versaban sobre la maldición del infierno y sus devoradoras llamas.
Jim Jones cuando era niño
En un santiamén se ganó la reputación de curandero de animales de compañía y comenzó a celebrar funerales para gatos muertos. Sin embargo, otras personas adivinaron el lado oscuro de su interés por los animales. Uno de los contemporáneos de Jones declararía: “Algunos de los vecinos echaban de menos a sus gatos; y creo que Jim los utilizaba en ciertos sacrificios”.
Marcie Jones, la esposa del reverendo
Jones decidió hacerse médico y se matriculó en la Universidad de Indiana, en Bloomington. Pero al cabo de un año cambió de opinión y abandonó los estudios para convertirse en pastor de almas. Tras obtener su propia parroquia, no tardó mucho en transformarse en un personaje extrovertido.
El joven Jim Jones predicando ante un grupo de niños
Pero Jones no era el típico televangelista que sermoneaba sobre Dios, la bandera y la forma estadounidense de entender el mundo. En 1953 se hizo miembro del Partido Comunista. Ese mismo año concibió la idea de la “muerte revolucionaria”, precisamente tras la ejecución de dos supuestos espías: el matrimonio formado por Julius y Ethel Rosenberg. Para el reverendo, estas muertes significaban que Estados Unidos había dejado de ser “la última y mejor esperanza de la humanidad”. A los veintidós años, sin financiamiento y sin haber sido ordenado sacerdote, Jim Jones fundó la Community National Church en un distrito suburbial de Indianápolis. Mantenía su iglesia mediante la importación y venta de monos a veintinueve dólares la pieza.
Jim Jones se consideraba a sí mismo un socialista, aunque su filosofía política le debía más a Robin Hood que a Karl Marx. Cuanto más pobres y desatendidos eran sus seguidores, más se esforzaba por ellos. Uno de sus primeros feligreses declararía: “Tenía muchos seguidores. Esa clase de tipos con los que la gente normal no quiere tener nada que ver. Señoronas viejas y feas sin familia ni amigos. Se paseaba entre ellas, mimándolas y besándolas como si de verdad las quisiera. Y en la expresión de sus caras se podía ver lo que él significaba para ellas”.
uvo éxito. Consiguió fundar una de las primeras congregaciones multirraciales de Estados Unidos. Y esto atrajo las miradas y la atención de grupos radicales. Los segregacionistas le apodaron “El amante de los negros” y tiraban gatos muertos en el interior de su iglesia. Las ventanas de su casa cayeron hechas pedazos bajo el impacto de las piedras y en su patio explotaron bombas caseras. Pero cuanto mayores dificultades encontraba, más se empeñaba en seguir adelante. Adoptó a ocho niños coreanos y negros. Su postura antirracista le valió pasar a formar parte de la recién creada Comisión Municipal contra el Racismo, y en 1961 despachaba directamente con el alcalde. Incluso obtuvo el premio “Martin Luther King”.
Hacia 1957 había conseguido reunir cincuenta mil dólares, que empleó en reformar con todo lujo una antigua sinagoga, situada en la calle North Delaware de Indianápolis, y acto seguido se instalo allí. Fue la primera Iglesia Evangélica Integral del Templo del Pueblo.
Por esta misma época, Jim Jones peregrinó varias veces a la Misión de la Paz del Padre Divino, donde conoció al predicador de mayor éxito entre los pobres urbanos de todo el país. Y de la mano del maestro aprendió mil trucos que le serían fundamentales a lo largo de su carrera. La clave del éxito del Padre Divino consistía en insistir incesantemente en su propia divinidad y sus extravagantes demostraciones del poder de la fe. Jones aprendió las lecciones como un rayo y empezó a hacer gala de sus dotes de curandero.
Organizó cuidadosamente sesiones “milagrosas” en las que hacía vomitar a sus “fieles” hígados de pollo diciendo que se trataba de un cáncer maligno. Otras veces levantaba de sus sillas de ruedas a ancianos aquejados de parálisis total, que en realidad eran jóvenes perfectamente sanos y muy bien maquillados. Asimismo, asombró a la congregación con sus extraordinarios poderes de adivinación del pensamiento.
Trasladó el Templo del Pueblo al valle de Redwood, cerca de Ukiah, en California. Para ello transportó en autobús a cientos de sus fieles de costa a costa. Alguno no le siguieron. Pero los que sí lo hicieron se vieron obligados a vender todas sus propiedades y cayeron bajo la dependencia absoluta de Jones y del Templo.
Carta de Rosalynn Carter para Jim Jones
En California conoció a un joven y ambicioso abogado llamado Tim Stoen que acababa de casarse con su novia, Grace. Stoen estaba profundamente desilusionado por el asesinato de John F. Kennedy en 1963 y buscaba una forma “revolucionaria” de desempeñar su trabajo. Jones prometía justo eso. Su congregación multirracial y su particular filosofía cristiano-marxista parecían ser la tendencia dominante del futuro. La influencia del reverendo también podía asegurar a Tim un buen cargo: el puesto de ayudante del Fiscal del Distrito de San Francisco. Pero el precio exigido por el reverendo Jones y el Templo del Pueblo era su reciente esposa.
Grace Stoen
El 25 de enero de 1972, Tim Stoen tuvo un hijo llamado John-John. En el certificado de nacimiento decía que Tim era el padre; pero en una declaración jurada, él mismo afirmó que había pedido a Jones que engendrara una criatura con su mujer “con la esperanza de que el susodicho niño se convirtiera en un devoto seguidor de las enseñanzas de Jesucristo y sea el instrumento para dar comienzo al Reino de Dios en la tierra, tal como ha procurado iniciarlo su maravilloso padre natural”. Como testigo de la declaración actuó Marceline, la mujer de Jones; Grace, la madre, no contó para nada en todo el asunto.
John-John Stoen
El reverendo empleaba el sexo para ejercer su poder y debilitar la relación entre los esposos, con lo que conseguía atarlos más firmemente al Templo del Pueblo. Sus fieles jovencitas consideraban que era un verdadero honor satisfacer sus caprichos sexuales. Una de las secretarias de Jones incluso llevaba un diario especial de citas. Él mismo alardeaba con orgullo de este poder y decía poseer una potencia, una energía y un aguante sobrehumanos. En una ocasión llegó a visitar al psiquiatra para consultarle algún remedio para controlar su libido.
En 1976 empezó a llevar a la práctica sus ideas suicidas. El día de Año Nuevo obligó a la congregación a beber un vaso de “veneno”. En una tremenda prédica insultó a los traidores que habían osado abandonar el Templo y convenció a los presentes de que sólo había una manera de demostrar su devoción por él: bebiendo el veneno. Muchos fieles tuvieron un repentino ataque de histeria; uno de ellos intentó escapar, pero fue capturado y se simuló un fusilamiento. Entonces, los demás asistentes se tragaron mansamente el líquido mortal. Al cabo de cuarenta y cinco minutos Jones les explicó que el bebedizo era inocuo, y la comunidad en pleno le dio las gracias por la prueba a la que la había sometido. Fue el primero de los ensayos de suicidio masivo que el reverendo llamó “Noches Blancas”. En todas las ocasiones convenció a los congregados de que estaban bebiendo verdadero veneno, por lo que nadie podía estar seguro de que no era así. Poco a poco se fueron acostumbrando a la idea de despojarse de sus vidas para honrar a "Papá”. Un padre espiritual que ahora declaraba venir de “otro planeta, igual que Supermán”.
Grace Stoen y James Cobb, denunciando a Jim Jones
Los miembros del Templo no daban las gracias a Dios, sino a Jim Jones. Al mismo tiempo, el reverendo dejó de creer en el concepto de cristiandad. Durante uno de sus sermones, y para ejemplificar su punto de vista, lanzó su Biblia melodramáticamente al suelo. Los periódicos habían empezado a publicar artículos criticando al Templo del Pueblo. Los Mertle se dedicaron a luchar contra la institución. Denunciaron los abusos sexuales y físicos que habían presenciado. La revista New West publicó todo un artículo atacando a Jones, y en él sacaba a la luz pruebas de extorsión, malversación y chantaje. El reverendo había empezado a colocar su dinero fuera de Estados Unidos. En el artículo se contaba también pormenorizadamente la relación que Jones mantuvo con Grace Stoen. Grace había huido del Templo poco tiempo antes y presentó una demanda para recuperar a su hijo John-John. Pero el predicador estaba decidido a quedarse con el niño, ya que era uno de los nacidos para “heredar la Tierra”.
Mapa de Jonestown
El sabio consejo de Stoen se volvió en su contra, cuando, al poco tiempo, abandonó el Templo del Pueblo e incluso se reconcilió con su mujer. Juntos lucharon por recuperar a su hijo, pero, tal y como había vaticinado, el caso quedó empantanado ante los tribunales de Guyana. Al año siguiente, otros setecientos colonos se trasladaron a la utopía de Jones, un sitio al cual su egolatría llevó a bautizar con su apellido: Jonestown. El precio de entrada era donar todas las posesiones al Templo del Pueblo. Algunos de los miembros se habían hecho cargo de niños abandonados en Estados Unidos y con todos ellos, no menos de ciento cincuenta menores de edad viajaron a Guyana para comenzar una nueva vida.
La cancha de los castigos
El reverendo impuso una disciplina de hierro. Las relaciones amorosas eventuales fueron prohibidas. El Comité de Relaciones decretó tres meses de estricto celibato para toda pareja que tuviera intenciones serias de formar un hogar estable. Por supuesto, Jones estaba exento de estas medidas. Se instaló en una choza junto a dos de sus amantes y en una casucha cercana vivía su mujer. Una muchacha joven que se resistió a sus insinuaciones amorosas fue internada en el hospital de Jonestown, drogada, y transportada noche tras noche a la choza de Jones. Los que gozaban del favor del reverendo conseguían ciertos privilegios. Por ejemplo, el médico que apuntaló la teoría de Jones de que el sexo no revolucionario causaba cáncer, disfrutó subsiguientemente de las atenciones amorosas de una serie de hermosas jovencitas.
Escuela
Entrada
A un niño lo encerraron en una caja metálica y lo enterraron vivo durante veinticuatro horas. A otros los bajaban en un cubo hasta el nivel freático de un pozo y allí esperaba un ayudante para sumergirlos en el agua lodosa. A otros más los lanzaban desnudos a una zanja y les vaciaban encima toda clase de alimañas, como arañas, ciempiés, escorpiones y serpientes; si se movían, corrían el riesgo de ser mordidos o picados. Otro de los castigos infantiles era colgar al infractor de los brazos, desnudo, mojarlo con cubetadas de agua helada y aplicarle toques eléctricos en el vientre, el ano y los testículos.
Torre de vigilancia en Jonestown
En 1978 existía ya en California un grupo de Familiares Preocupados (Concerned Relatives) y había tenido lugar el hallazgo del cuerpo mutilado de un miembro del Temple que, al parecer, deseaba abandonar la secta. El miembro del Congreso de los E.E.U.U. Leo Ryan viajó a Guyana para visitar Jonestown encontrándose desde el principio con la oposición de Jones.
Durante la breve investigación llevada a cabo, el congresista recibió las peticiones de ayuda para escapar de varios habitantes de Jonestown y, de hecho, emprendió el viaje de regreso acompañado de un grupo de desertores. En el momento mismo de emprender el vuelo, uno de ellos empezó a disparar asesinando a Ryan y otras dos personas e hiriendo a nueve. Las noticias tardan en circular en la selva y cuando, 24 horas más tarde, la policía de Guyana llega al escenario del crimen descubre que, además del tiroteo en el aeropuerto, había tenido lugar el escalofriante y demencial suicidio colectivo de los miembros del People's Temple.
Jim Jones fue encotrado muerto de un tiro en la sien al parecer disparado por sí mismo.
“¡Mueran con dignidad!”, les gritaba Jones. Muchos no llegaron y cayeron dentro de las calles de Jonestown; otros fallecieron ante el trono de madera del reverendo, el cual siempre ostentó encima un letrero que espetaba en inglés la sentencia del filósofo George Santayana: “Los que no llegan a conocer el pasado, están condenados a repetirlo”.
Esta es la grabación de los discursos e instrucciones de los líderes de la secta a sus miembros invitándoles a cometer lo que les dio por llamar suicidio revolucionario:
Diez días después de la tragedia, el alcalde de San Francisco, George Moscone, fue acribillado junto con Harvey Milk, político homosexual que estaba a punto de convertirse en alcalde. El autor fue el ex policía Dan White, quien en ese momento acababa de renunciar a su cargo como Concejal; White mató al alcalde Moscone y a Milk en el edificio del Ayuntamiento.