InicioInfoLe enseñé a jugar a la PS3 a mi novia y te lo cuento
Está predestinado. Todo hombre de joystick o teclado sabe que mujeres y videojuegos es una combinación poco probable. La mina, a no ser que sea del palo, es bastante reacia. “O los jueguitos, o yo” dice la frase. Yo digo que es verso. La cosa es así: tengo –tenemos, con Ludmila- una relación bárbara. Llevamos año y medio y monedas. Hay una confianza lógica y muy linda. El problema fueron los primeros meses, conocerse el uno con el otro, adaptar los ritmos de vida. Ahora, una cosa es aprender que el pan lactál le gusta sin bordes o empezar a dejar el baño limpio después de una ducha, otra hacerle entender a alguien totalmente ajeno al videojuego, que está entre mis necesidades de fin de semana dedicarle algunas horas a la Play. Ensimismarme frente a la pantalla durante horas me daba un sentimiento de vergüenza mezclado con culpa tremendo. Ella podía pasar ese tiempo haciendo sus cosas sin rechistar una sola vez, es decir, ella con sus cosas, yo con las mías. Pero así todo no me sentía cómodo, quería hacerla partícipe de una de las actividades a la que más tiempo le dedico, y que más me gusta que así sea. En ese entonces estaba jugando Mafia 2, ya que cuando salió no tenía consola, y pedirle a mi PC que lo corra era un camino de ida para la placa de video. Sola, sin que le diga nada, empezó a acercarse a mi burbuja etérea de videojugador, esa en la que me gusta encerrarme los fines de semana junto a un paquete de puchos, mucha Coca Cola y el joystick. “¿Y ese quién es? ¿Y ese otro? ¿Cómo hiciste eso? ¿Por qué nunca morís? ¿Estás usando trucos?” Su interés se hizo cada vez más grande, podía pasar horas sentada a mi lado viendo como avanzaba el hilo argumental. Yo: - Tomá, jugá. Ella: - ¿Yo? ¡No! Voy a perder, te voy a hacer perder. Y: - Es un juego, cargamos el último punto de control. E: - No quiero que te rías de mí. Y: - Mi amor, si te gusta mirar, mirás. Ahora, si tenés ganas de jugar y no lo hacés por vergüenza… E: - Bueno, a ver, dame… Los encuentros con enemigos terminaban casi siempre con Vito acribillado en alguna esquina de Empire City, o escapando a duras penas, al borde de la carga del último punto de control, por lo que podía pasar largo rato arriba de los autos de la década del 30 dando vueltas. The Stick of Truth, gran juego para empezar a entender un poco mejor los RPG's Para los que nacimos con una consola bajo el brazo, el manejo del joystick es algo natural, casi como respirar o caminar. El que nunca tuvo un pad en la mano, o jugaba en PC, como es el caso, aprender a usar el Dualshock 3 es un parto. Memorizar la disposición de los botones, acostumbrarse a que cada botón hace algo distinto en cada juego, y como no, usar el stick / analógico derecho. Bah, lo difícil no es usar la palanca en sí, sino el hecho de coordinar el movimiento del personaje –stick izquierdo- con el movimiento de la cámara –stick derecho- sin que te agarre un ACV y perder todo tipo de función motriz. Para cuando terminamos Mafia 2, todavía le faltaba un poco de práctica y familiarización con el joy, aunque ya no salía tan ajustada de vida en los encuentros a mano armada. El punto de inflexión se dio con God of War: Ascension y Call of Duty: Black Ops 2. Una tarde cualquiera, mientras esperaba que vuelva del trabajo, aparece con una bolsa de Electronic Things. Al ver el demo de GoW: Ascension instalado en mi PS3, le pareció buena idea regalármelo de sorpresa –decisión más que acertada- En principio no le dio mucha bola, lo más llamativo para ella eran los gráficos. Cuando Kratos y yo ya estábamos ahí, a punto de liquidar por fin a las Furias, a Ludmila la atrapó. No me preguntes por qué, pero repentinamente estaba muy interesada en la historia y así, en cuanto lo terminé, empezamos una partida nueva. God of War, desde la primer entrega allá por el 2005, se distinguió, entre muchas cosas, por los grandiosos Quick Time Events, esa sucesión de botones que aparecen en pantalla cuando al enemigo le queda poca salud, y está ahí a merced de Kratos, esperando ser aniquilado. Los primeros QTE fueron un verdadero dolor de cabeza para ella, en cuestión de segundos tenía que mirar la pantalla, mirar el control para ver dónde estaba el botón, y pulsarlo. Para cuando había logrado dar con el botón correcto, el enemigo ya estaba contraatacando. No fueron pocas las veces que se arrepintió y maldijo el día en que lo compró. Un poco por mi insistencia, y otro poco por perseverancia propia, le dio para adelante. La primer mitad del modo historia consistió en matar enemigos chiquitos, y cuando aparecía uno medio grandote, delegarle el joystick a Pato. Tanto jugar, pasados como, no sé, dos o tres meses, por fin aprendió la disposición de los botones. Hubo que aumentar la dificultad de juego sobre el final, porque en fácil pasaba caminando, ya no necesitaba mirar el pad en cada QTE, y podía matar a una horda completa sin recibir un solo golpe. Mi alma se regocijaba. Después de terminar por segunda vez el modo campaña, era hora de ver el online. Inicialmente, a mí, no me gustó. Me daba la impresión que era el mismo juego, con alguna que otra mecánica modificada, sin contar que todo juego online es difícil en un principio. No así Mila, que se enganchó desde un primer momento, y no solo se enganchó, sino que me convenció de jugar con ella. Fue tal su grado de convencimiento que terminé comprando ítems en la Store… En el online no le iba tan bien, lo cierto es que por lo general el nivel de juego en línea es bastante más elevado, y era demasiado para una primeriza. Así todo buscó su nicho y lo encontró nomás. En lugar de tratar de hacer rachas de bajas, mientras unos con otros se mataban, ella cumplía objetivos del mapa. Tal vez salía 2 / 16, pero siempre entre los primeros puestos por la cantidad de puntos que sacaba. A base de un juego inteligente, el PJ comenzó a subir de nivel, diría que habrá hecho fácil unos tres o cuatro resets, y de a poco la relación Bajas / Muertes se empezaba a igualar. La misión estaba prosperando. El segundo punto clave fue con CoD: Black Ops 2. En un asado con la familia de ella, uno de sus primos, ni idea por qué, lo tenía con él. Charlando nos contó que vendió la PS3 hace poquito para comprarse un ¿longboard? No sé, algún aparato de cuatro ruedas para andar. En fin, se lo pedí prestado y me lo terminó regalando. God of War: Ascension Online: no es lo mejor que jugué en mi vida, pero funcionó de diez en el proceso de aprendizaje gracias a sus QTE La campaña no le gustó directamente, los juegos de guerra (shooters), supuestamente, no eran para ella. Hasta que probó el cooperativo online. No sé si fue el hecho de jugar en equipo o esa suerte de adrenalina que generan los first person shooters cuando se juega contra otros, pero le gustó y mucho. Podíamos pasar tardes enteras jugando, hablando por micrófono con los teammates, que por alguna razón escuchar una voz femenina los enloquecía. La cantidad de amigos en la cuenta PSN aumentó dos o tres veces más, que seguro muchos a día de hoy siguen creyendo que “Witjar” es una mina. Empezó a conocer los mapas a la perfección, sabía qué equipamiento usar en cada uno de ellos, la posición predilecta de los campers para hacerlos mierda por la espalda. Incluso, a veces, salía arriba mío en la tabla de posiciones, lo que me generaba un poco de vergüenza, pero a la vez me inflaba el pecho de orgullo, tantos meses de romperle los ovarios dieron sus frutos. Ya no era una cuestión de aprender a jugar a la Play, sino de aprender independientemente cada juego. Ojo, esto es solo la punta del iceberg, todo este proceso de aprendizaje, ponele, se dio durante el año pasado. La colección de juegos se fue agrandando cada vez más, y la gran mayoría, salvo contadas excepciones, los jugamos juntos. Hoy por hoy le juego de igual a igual en FIFA y me hace partidazos. Journey, The Walking Dead (ambas temporadas), Flower, The Last of Us, MGS: Rising, South Park: The Stick of Truth, The Wolf Among Us… entre varios más que no recuerdo, fueron algunos de los que pasamos juntos. Ya no son “jueguitos”, cada uno tiene un género, y reconoce cada uno de ellos. Igual no te agrandes amor, que el maestro sigo, y seguiré, siendo yo. Así que maestro, perdele el miedo e invitala a jugar. No te sientas menos jugador por tener que agarrar juegos casuales o infantiles. Mientras te sirva para poder compartir un rato con ella, dale para adelante. Además, de esta manera seguro empiece a entenderte un poco más, y te vas a ahorrar una gran cantidad de planteos y peleas boludas.
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