Un cenote (del maya ts'ono'ot: caverna con agua) es una dolina inundada de origen kárstico que se encuentra en algunas cavernas profundas, como consecuencia de haberse derrumbado el techo de una o varias cuevas. Ahí se juntan las aguas subterráneas, formando un estanque más o menos profundo. Existen varios tipos de cenotes: a cielo abierto, semiabiertos y subterráneos o en gruta. Esta clasificación está directamente relacionada con la edad del cenote, siendo los cenotes maduros aquellos que se encuentran completamente abiertos y los más jóvenes los que todavía conservan su cúpula intacta. Como otras muchas estructuras geomorfológicas, los cenotes son estructuras transitorias, que finalmente pueden terminar rellenos y desecados, pasando a formar parte de lo que se conoce como un paleokarst.
Sistemas interconectados
La espeleología ha demostrado en la península de Yucatán la existencia de interconexiones entre los cenotes y entre éstos y el mar, evidenciando un verdadero sistema de escurrimiento subterráneo.
Los cenotes son estructuras geomorfológicos típicas de las plataformas calizas de la península de Yucatán y la península de Florida. Hay cenotes también en diversos lugares del mundo aunque con frecuencia reciben nombres diferentes. Es el caso de las llanuras de Nullarbor, al norte de la Gran Bahía Australiana y, también en las Bahamas, en donde se les conoce como blue holes ó agujeros azules. En el estado de Yucatán, donde se ha explotado turísticamente a los cenotes se calcula que hay más de 2400 formaciones de este tipo y existe todo un programa para inventariarlos, preservarlos y ponerlos al alcance de los visitantes cuyo número cada día se incrementa.
Fauna y flora
Algunos cenotes poseen rica variedad en flora y fauna de agua dulce en vías de extinción: el pez ciego de Yucatán (Typhliasina pearsei), la damablanca ciega (Ogilbia pearsei), la anguila ciega (Ophisternon infernalis), la anguila de lodo (Ophisternon aenigmaticum), esponjas, bivalvos, camarones y crustáceos despigmentados (como el Speleonectes tulumensis) y plancton. Algunos de ellos también han sido poblados artificialmente con nuevas especies. En zonas muy cercanas a la costa, además de las especies antes mencionadas, se pueden encontrar algunos peces de agua salada tales como pargos y mojarras, que llegan por conductos subterráneos que comunican el fondo del cenote con el mar.
Los cenotes en la cultura maya
Etimológicamente, como ya se señaló, la palabra cenote —con la que se designa un pozo natural en terreno calizo, formados por el derrumbamiento del techo de una o varias cavernas procede de la voz maya dz'onot, tzonot o Ts'ono'ot (sustantivo masculino) que significa «caverna con agua». Tanto el vocablo dzonot como el apócope dzon están presentes en los nombres de muchas poblaciones de la región tales como Dzoncauich, San Francisco Dzon, Chikindzonot, Kancabdzonot, Yokdzonot y Dzonot Carretero.
En algunos cenotes los mayas hacían sacrificios humanos rituales; los expertos han corroborado a través de un proceso de análisis de los huesos (osteotafonómico), que la mayoría de los restos hallados por arqueólogos y buceadores pertenecían a niños menores de 11 años y a adultos varones. Generalmente, en este tipo de restos se hallan marcas rituales como cortes para desarticular o descarnar, huesos quemados y marcas de desollamiento.
Hace algún tiempo se descubrió que el cenote «Pochote» o «Che-Há» tiene en su cercanía una serie de petroglifos mayas.