Cuando la alianza Frente Amplio-UNEN se lanzó en el Teatro Broadway, en el escenario se vieron candidatos y dirigentes. Abajo, sus militantes colmaron la sala. Si hay militancia, hay alegría: es el nervio que hace de la política un universo fascinante. Una herramienta de transformaciones. De futuro. Ocurre con la juventud sciolista que viene asomando en los últimos meses. Sucede con los jóvenes que acompañan el proyecto macrista. Lo confirma el crecimiento que ha tenido la izquierda en los últimos tiempos.
Cuando la alianza Frente Amplio-UNEN se lanzó en el Teatro Broadway, en el escenario se vieron candidatos y dirigentes. Abajo, sus militantes colmaron la sala. Si hay militancia, hay alegría: es el nervio que hace de la política un universo fascinante. Una herramienta de transformaciones. De futuro. Ocurre con la juventud sciolista que viene asomando en los últimos meses. Sucede con los jóvenes que acompañan el proyecto macrista. Lo confirma el crecimiento que ha tenido la izquierda en los últimos tiempos. Lo expresa el multitudinario plenario del kirchnerismo en el Mercado Central, donde sus corrientes internas aportaron visiones y experiencias, de cara al futuro, sobre el camino que deberá transitar la fuerza que gobierna el país. Son ejemplos de la vitalidad militante en la Argentina actual.
Hay debate. Ideas. Hay intelectuales que se muestran comprometidos con figuras o proyectos que creen justos. Ejemplos sobran: Alejandro Rozitchner lleva años junto al PRO, o lo mismo hizo –públicamente efímero– Abel Posse. Sarlo se sumó al acto lanzamiento de FA-UNEN; el filósofo Abraham no ocultó su simpatía por Binner. Kovadloff expuso su prestigio al redactar el documento orgánico del Foro de Convergencia Empresarial, en un claro e inequívoco posicionamiento político. Están los integrantes de Carta Abierta. Pero con una salvedad: Foster, González, Jozami, entre otros intelectuales que expresaron su respaldo al actual proceso, fueron denostados por hacerlo. Para los reguladores de la conciencia pública, unos sí pueden ser intelectuales orgánicos de sus convicciones, pero otros no deben. A pesar de eso: la militancia está viva. Activa. Ya no sólo como expresión de resistencia contra un modelo de exclusión, como ocurrió en junio 2002 cuando Kosteki y Santillán fueron asesinados por las balas de la Bonaerense. Eduardo Duhalde era presidente; ahora, 12 años después, declara: "No soy amigo de ser demasiado duro con la gente que reclama, son gente vulnerable." Ofensivo. Así lo definió Alberto Santillán, el padre Darío.
La militancia es sinónimo de futuro. El pasado no volverá. No tiene que volver.
Cuando la alianza Frente Amplio-UNEN se lanzó en el Teatro Broadway, en el escenario se vieron candidatos y dirigentes. Abajo, sus militantes colmaron la sala. Si hay militancia, hay alegría: es el nervio que hace de la política un universo fascinante. Una herramienta de transformaciones. De futuro. Ocurre con la juventud sciolista que viene asomando en los últimos meses. Sucede con los jóvenes que acompañan el proyecto macrista. Lo confirma el crecimiento que ha tenido la izquierda en los últimos tiempos. Lo expresa el multitudinario plenario del kirchnerismo en el Mercado Central, donde sus corrientes internas aportaron visiones y experiencias, de cara al futuro, sobre el camino que deberá transitar la fuerza que gobierna el país. Son ejemplos de la vitalidad militante en la Argentina actual.
Hay debate. Ideas. Hay intelectuales que se muestran comprometidos con figuras o proyectos que creen justos. Ejemplos sobran: Alejandro Rozitchner lleva años junto al PRO, o lo mismo hizo –públicamente efímero– Abel Posse. Sarlo se sumó al acto lanzamiento de FA-UNEN; el filósofo Abraham no ocultó su simpatía por Binner. Kovadloff expuso su prestigio al redactar el documento orgánico del Foro de Convergencia Empresarial, en un claro e inequívoco posicionamiento político. Están los integrantes de Carta Abierta. Pero con una salvedad: Foster, González, Jozami, entre otros intelectuales que expresaron su respaldo al actual proceso, fueron denostados por hacerlo. Para los reguladores de la conciencia pública, unos sí pueden ser intelectuales orgánicos de sus convicciones, pero otros no deben. A pesar de eso: la militancia está viva. Activa. Ya no sólo como expresión de resistencia contra un modelo de exclusión, como ocurrió en junio 2002 cuando Kosteki y Santillán fueron asesinados por las balas de la Bonaerense. Eduardo Duhalde era presidente; ahora, 12 años después, declara: "No soy amigo de ser demasiado duro con la gente que reclama, son gente vulnerable." Ofensivo. Así lo definió Alberto Santillán, el padre Darío.
La militancia es sinónimo de futuro. El pasado no volverá. No tiene que volver.