El diluvio universal: ¿leyenda o verdad histórica?
Ya en la antigüedad nos hablaban acerca de la "realidad'' de los restos del arca. La fascinación por el diluvio y el arca seguirá estando viva en el alma de los hombres, mientras sigan sedientos de misterio e interesados por develar los orígenes oscuros de la civilización.
La porción de la Torá de la presente semana nos cuenta una de las historias más populares de la narrativa bíblica: el diluvio universal. Según el relato del libro del Génesis, la corrupción creciente de la humanidad, desde el pecado original cometido por Adán y Eva en el paraíso (3:1-6), pasando por el primer asesinato cometido por Caín (4:1-8), y hasta la unión ilegal entre los "hijos de Dios'' (¿ángeles?) y las "hijas de los hombres'' (6:1-4), llevaron al Dios creador a la decisión inaudita de destruir su mundo: "Y dijo Yahveh: Voy a exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que he creado, desde el hombre hasta los ganados, las serpientes, y hasta las aves del cielo, porque me pesa haberlos hecho'' (v. 7).
A pesar del estado de perdición general en que había incurrido la especie humana, sólo una persona "halló gracia a los ojos de Yahveh'': "Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Dios'' (vv. 8-9). Este mérito les hizo a Noé y a su familia merecedores de la misericordia divina, y así pudieron salvarse de la destrucción total: "Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar toda carne que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá. Pero contigo estableceré mi alianza: entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo. Y todo ser viviente, de toda carne, meterás en el arca una pareja para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra'' (vv. 17-19).
El diluvio duró cuarenta días (7:10-24). Al cabo de ciento cincuenta días, las aguas menguaron, y el arca se posó sobre el monte Ararat (8:3-4). Una vez que se hubo secado la tierra, Dios le ordenó a todos los pasajeros del arca a salir para volver a repoblar el mundo (vv. 15-18). Como muestra de agradecimiento, "Noé construyó un altar a Yahveh, y tomando de todos los animales puros y de todas las aves puras, ofreció holocaustos en el altar'' (v. 20). Y en respuesta a tal acto de piedad, Yahveh juró no volver a traer destrucción al mundo, y de mantener el orden cósmico por siempre (vv. 21-22). (Nota: Según los biblistas, la narración del diluvio [6:5-9:17] combina dos relatos paralelos: uno antiguo de origen yahvista, lleno de colorido y simple en su contenido, y uno sacerdotal, más detallado y denso en sus temas teológicos [como el caso del pacto entre Yahveh y Noé en Génesis 9:1-17]. Este modelo interpretativo explica la divergencia de detalles existentes en el mismo relato).
Como en el origen de la creación la tierra había estado cubierta por las aguas caóticas (Génesis 1:2), el diluvio universal devolvió el mundo a su estado inicial de desorden y confusión: "Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme, murió" (7:22). Pero esta inundación de características cósmicas no sólo trajo muerte y desintegración, sino también purificación y regeneración. Como comentaba el historiador de las religiones, el rumano Mircea Eliade (1907-1986), sobre la estructura del simbolismo acuático: "...la inmersión simboliza la regresión a lo preformal, la reintegración al modo indiferenciado de la preexistencia. La emersión repite el gesto cosmogónico de la manifestación formal; la inmersión equivale a una disolución de las formas. El contacto con el agua implica siempre una regeneración: no sólo porque la disolución va seguida de un nuevo nacimiento, sino también porque la inmersión fertiliza y multiplica el potencial de vida'' (Lo sagrado y lo profano [Madrid: Ediciones Guadarrama, segunda edición, 1973] p. 112).
Ciertamente, el diluvio universal significó un nuevo comienzo en la historia de la creación. Como había sido el caso en ocasión de la creación de la primera pareja (Génesis 1:28), también ahora Dios bendijo a Noé, el "nuevo hombre'', como rey de la creación (9:1-2, 7). Pero a diferencia del mundo armónico y pacífico en los orígenes (1:29), en la nueva era existiría una lucha constante entre los animales y los hombres (9:3-6). (Nota: Según la perspectiva bíblica, esta situación de disarmonía habría de imperar en el mundo hasta el final de los tiempos, en que la paz paradisíaca volvería a reinar entre los humanos y el mundo animal. Cf. Isaías 11:6-9).
La leyenda del diluvio universal se encuentra atestiguada en numerosas mitologías del mundo. Por ejemplo, los toltecas (una antigua cultura precolombina que dominó la mayor parte del centro de México entre los siglos X y XII e.c.) contaban que los dioses habían hecho "caer del cielo torrentes de agua en forma de grandes culebras que azotaban los campos, destruían los sembrados, anegaban las ciudades, el huracán azotaba los árboles y sus ramas se desgajaban, como enormes gigantes heridos''. Y según ellos cuentan, "los hombres pensaron hacer algo para salvar a la familia: construyeron una gran pirámide como montaña de ladrillo y cemento especial, que llamaron Tolan Chololan, alta, hasta el cielo, para escapar de la inundación. Ahí elevaron un altar a Tláloc, el dios de la lluvia, y a Quetzalcóatl, el dios del viento; y subieron a sus familias por las grandes escalinatas de piedra hasta llegar a la cumbre... el dios de las aguas, compadecido de los hombres al ver su actividad y unión en el trabajo, hizo cesar el diluvio, y la aflicción del pueblo terminó''.
Otro testimonio lo hallamos en la mitología griega. Según la versión presente en la Biblioteca mitológica (1.7.2-4), atribuida (¿erróneamente?) a Apolodoro de Atenas (180 a.e.c.-119 a.e.c.), en la antigüedad habría acaecido un diluvio provocado por Zeus Omnipotente disgustado por la antropofagia de los malvados pelasgos, del que sólo se salvaron el hijo de Prometeo, Deucalión, rey de Tesalia, y su mujer Pirra, hija de Epimeteo y Pandora. Como en el caso de Noé, ambos personajes también construyeron una embarcación para salvarse, y como en la versión bíblica, la embarcación de Deucalión también se detuvo en la cima de un monte, en este caso, el monte Parnaso (otros dicen, en el monte Etna, Athos u Orthrys). (Para detalles, ver R. Graves y R. Patai [Los mitos hebreos, Buenos Aires, Losada, 1969] págs. 137-138).
El mismísimo historiador judío antiguo Flavio Josefo (siglo I e.c.) sabía sobre la popularidad de este relato cuando decía que "el diluvio y el arca los mencionan todos los que escribieron las historias bárbaras, entre ellos Beroso el caldeo" (un sacerdote de Babilonia [siglo III a.e.c.] que escribió en griego una historia de Babilonia, llamada Babiloniaka. A.R.). Cuando describe las circunstancias del diluvio expresa lo siguiente: "Dicen que todavía queda una parte de ese barco en Armenia, en el monte Cordión; y que hay gente que se lleva trozos de betún para usarlos como amuletos contra la mala suerte''. Lo mismo dicen Jerónimo el egipcio, que escribió sobre las antigüedades de los fenicios, Y Manaseas, y muchos otros. Nicolás de Damasco (un historiador y filósofo sirio, amigo de Herodes el Grande, quien escribió una historia universal en 144 libros. A.R.), en su nonagésimo sexto libro, incluye un relato particular al respecto, en estos términos: "Hay una gran montaña en Armenia, sobre Minias, llamada Baris, en la cual se dice que se salvaron muchos de los que huyeron del diluvio; y dicen que uno que viajaba en un arca tocó tierra en su cima; y que los restos de la madera se conservaron durante mucho tiempo. Este último debe de haber sido el hombre a quien se refiere Moisés, el legislador de los judíos'' (Antigüedades Judías I, iii, vi; en: Obras Completas de Flavio Josefo [Buenos Aires: Acervo Cultural/Editores, 1961] I, págs. 85-86).
La arqueología habría de confirmar siglos después las tradiciones conocidas por los historiadores antiguos, cuando los estudiosos hallaron en el siglo XIX testimonios diversos sobre la leyenda del diluvio universal en la tradición mesopotámica. Dos de las versiones ("el poema sumerio del diluvio'' [en sumerio] y "el poema de Atrahasis'' [en acadio]) nos llegaron muy fragmentados, pero una tercera se preservó casi completa en la tablilla número XI del Poema de Guilgamesh. (Nota: Este poema compuesto de doce tablillas de arcilla, que cuenta las proezas del rey mítico de Uruk, fue hallado en 1853 entre las miles de tablillas cuneiformes excavadas en la biblioteca de Asurbanipal. La versión más completa es conocida en lengua asiria, pero se conocen también fragmentos del poema en versiones diversas: babilónica, sumeria, hurrita-hitita e, incluso, palestina).
Según nos cuenta este poema, en su búsqueda en pos del secreto de la vida eterna, Gilgamesh se allegó a dónde vivía Utnapishtim, para que le revelara el secreto de la inmortalidad. Y es entonces en este contexto narrativo, que Utnapishtim le contó al rey de Uruk la historia del diluvio. De acuerdo a esta versión, cuando los dioses decretaron suscitar el diluvio, el dios Ea (dios del agua dulce y salada, de la sabiduría y de la magia) le advirtió a Utnapishtim sobre lo que habría de suceder ordenándole: "¡Hombre de Shuruppak, hijo de Ubar-Tutu, derriba esta casa, construye una nave, renuncia a las posesiones y preocúpate de la Vida! ¡Despégate de los bienes y salva tu vida! Coloca en la nave la simiente de todos los vivientes; del barco que has de construir determinarás así las dimensiones...'' (tablilla XI, líneas 23-29; en: Poema de Gilgamesh [Madid: Editorial Nacional, 2nda. edic., 1983] p. 234). A partir de aquí sigue el relato sobre el diluvio, que presenta numerosos paralelos con la versión bíblica, tanto en sus líneas generales como en sus detalles, pero también importantes diferencias.
Según F. Lara, "[s]i bien predominan las semejanzas sobre las diferencias, en lo que sí difieren ambos relatos es en su enfoque. En la Biblia, Yahvé es quien envía el diluvio para castigar a los hombres por sus pecados, salvando únicamente a quien ha sido justo; en el Poema de Gilgamesh (y en las otras versiones del diluvio), el politeísmo queda justificado entre Enlil, que es el desencadenante del castigo y los demás dioses que se asustan ante la magnitud de la catástrofe, y que se interpelan y reprochan exigiendo responsabilidades por el suceso. Sólo Ea, con su superior sabiduría (y astucia en este caso), comprendió que debía sobrevivir al menos uno de la raza humana. Es, pues, diferente el punto de partida en lo tocante a salvar a un representantte de la Humanidad. Enlil, ante los hechos consumados (la salvación de Utnapishtim), no tendrá inconveniente en concederle la inmortalidad y elevarlo a categoría divina, cosa que no ocurre con Noé, dada la diferente perspectiva teológica de la Biblia'' (Poema de Gilgamesh, op. cit., p. 88).
Como es de suponer, cuando el Poema de Gilgamesh fue publicado por primera vez en Londres en 1873 por G. Smith, produjo un verdadero revuelo entre los teólogos y hombres de ciencia de la época. La similitud existente entre ambos textos puso en duda no sólo la creencia piadosa en la verosimilitud del suceso a nivel histórico, sino que demostraba a las claras, que la versión bíblica no era "original'' como se había creído hasta entonces. Todo indicaba que el autor del Pentateuco se había inspirado en tradiciones "paganas'' para elaborar su nueva versión de la leyenda antigua. La polémica generada en derredor de éste y otros descubrimientos arqueológicos efectuados en Mesopotamia se la conoció en alemán bajo el nombre de Babel-Bibel Streit. (Nota: Este nombre fue inspirado por la serie de conferencias pronunciadas en 1902 y 1903 por el afamado asiriólogo alemán F. Delitzsch [1850-1922] llamada "Babel und Bibel''. Sobre este tema, ver el libro de Y. Shavit y M. Eran, The War of the Tablets. The Defence of the Bible in the 19th Century and the Babel-Bibel Controversy [Tel Aviv: Am Oved, 2003] [en hebreo]).
Sin embargo, si la arqueología pareció demoler la fe de los creyentes, la paradoja hizo que la misma ciencia pareció haber hallado pruebas concretas de que el Diluvio había ocurrido realmente. Durante la sexta campaña de exploración de las tumbas de Tell-al-Muqayyar (la antigua ciudad sumeria de Ur en Irak), el arqueólogo inglés L. Wooley (1860-1960) halló en el año 1929 evidencia geológica de una gran inundación que habría arrasado la cuenca mesopotámica en época protohistórica. (Para detalles, ver W. Keller, Y la Biblia tenía razón [Barcelona: Ediciones Omega, novena edic., 1961] págs. 38-45).
Desde entonces, se encontraron restos de capas de arcilla de origen diluvial en otros puntos de Mesopotamia: Kish, Uruk, Shuruppak, Lagash y Nínive. Según Lara, "ante esta variedad de datos diluviales debe concluirse indicando que hubo diferentes inundaciones en Mesopotamia, pero que solamente una de ellas fue de tal magnitud (¿lluvia, desbordamiento de los ríos, maremoto?) que para aquella zona significó realmente el fin del mundo y que dio lugar, por sus enormes consecuencias, a la formación de una leyenda mítico-religiosa que se reflejó en los textos mesopotámicos, y cuyo contenido, recogido más tarde por Moisés, fue incorporado al Génesis'' (Poema de Gilgamesh, op. cit., p. 89).
Hace un tiempo atrás se anunció otro espectacular descubrimiento, que según los investigadores podría probar "definitivamente'' la realidad histórica del Diluvio.
En el año 2000 el explorador submarino R. Ballard (el mismo que descubrió los restos sumergidos del Titanic) y un equipo de submarinistas, arqueólogos e historiadores, patrocinados por la National Geographic Society, descubrieron los restos de un asentamiento humano a unos 100 metros de profundidad en el Mar Negro, Según ellos, este yacimiento sería un testimonio mudo de una civilización que tuvo que huir precipitadamente por la llegada de una inmensa inundación y que vivió en las costas de Turquía hasta hace 7.500 años. Según Ballard, estos descubrimientos serían la prueba de que el Diluvio Universal existió. ¿Cuando ocuriio? Lo mas probable es que el Diluvio Universal haya sido la última glaciacion, hace 12.000 años.
SHALOM
Ya en la antigüedad nos hablaban acerca de la "realidad'' de los restos del arca. La fascinación por el diluvio y el arca seguirá estando viva en el alma de los hombres, mientras sigan sedientos de misterio e interesados por develar los orígenes oscuros de la civilización.
La porción de la Torá de la presente semana nos cuenta una de las historias más populares de la narrativa bíblica: el diluvio universal. Según el relato del libro del Génesis, la corrupción creciente de la humanidad, desde el pecado original cometido por Adán y Eva en el paraíso (3:1-6), pasando por el primer asesinato cometido por Caín (4:1-8), y hasta la unión ilegal entre los "hijos de Dios'' (¿ángeles?) y las "hijas de los hombres'' (6:1-4), llevaron al Dios creador a la decisión inaudita de destruir su mundo: "Y dijo Yahveh: Voy a exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que he creado, desde el hombre hasta los ganados, las serpientes, y hasta las aves del cielo, porque me pesa haberlos hecho'' (v. 7).
A pesar del estado de perdición general en que había incurrido la especie humana, sólo una persona "halló gracia a los ojos de Yahveh'': "Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Dios'' (vv. 8-9). Este mérito les hizo a Noé y a su familia merecedores de la misericordia divina, y así pudieron salvarse de la destrucción total: "Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar toda carne que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá. Pero contigo estableceré mi alianza: entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo. Y todo ser viviente, de toda carne, meterás en el arca una pareja para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra'' (vv. 17-19).
El diluvio duró cuarenta días (7:10-24). Al cabo de ciento cincuenta días, las aguas menguaron, y el arca se posó sobre el monte Ararat (8:3-4). Una vez que se hubo secado la tierra, Dios le ordenó a todos los pasajeros del arca a salir para volver a repoblar el mundo (vv. 15-18). Como muestra de agradecimiento, "Noé construyó un altar a Yahveh, y tomando de todos los animales puros y de todas las aves puras, ofreció holocaustos en el altar'' (v. 20). Y en respuesta a tal acto de piedad, Yahveh juró no volver a traer destrucción al mundo, y de mantener el orden cósmico por siempre (vv. 21-22). (Nota: Según los biblistas, la narración del diluvio [6:5-9:17] combina dos relatos paralelos: uno antiguo de origen yahvista, lleno de colorido y simple en su contenido, y uno sacerdotal, más detallado y denso en sus temas teológicos [como el caso del pacto entre Yahveh y Noé en Génesis 9:1-17]. Este modelo interpretativo explica la divergencia de detalles existentes en el mismo relato).
Como en el origen de la creación la tierra había estado cubierta por las aguas caóticas (Génesis 1:2), el diluvio universal devolvió el mundo a su estado inicial de desorden y confusión: "Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme, murió" (7:22). Pero esta inundación de características cósmicas no sólo trajo muerte y desintegración, sino también purificación y regeneración. Como comentaba el historiador de las religiones, el rumano Mircea Eliade (1907-1986), sobre la estructura del simbolismo acuático: "...la inmersión simboliza la regresión a lo preformal, la reintegración al modo indiferenciado de la preexistencia. La emersión repite el gesto cosmogónico de la manifestación formal; la inmersión equivale a una disolución de las formas. El contacto con el agua implica siempre una regeneración: no sólo porque la disolución va seguida de un nuevo nacimiento, sino también porque la inmersión fertiliza y multiplica el potencial de vida'' (Lo sagrado y lo profano [Madrid: Ediciones Guadarrama, segunda edición, 1973] p. 112).
Ciertamente, el diluvio universal significó un nuevo comienzo en la historia de la creación. Como había sido el caso en ocasión de la creación de la primera pareja (Génesis 1:28), también ahora Dios bendijo a Noé, el "nuevo hombre'', como rey de la creación (9:1-2, 7). Pero a diferencia del mundo armónico y pacífico en los orígenes (1:29), en la nueva era existiría una lucha constante entre los animales y los hombres (9:3-6). (Nota: Según la perspectiva bíblica, esta situación de disarmonía habría de imperar en el mundo hasta el final de los tiempos, en que la paz paradisíaca volvería a reinar entre los humanos y el mundo animal. Cf. Isaías 11:6-9).
La leyenda del diluvio universal se encuentra atestiguada en numerosas mitologías del mundo. Por ejemplo, los toltecas (una antigua cultura precolombina que dominó la mayor parte del centro de México entre los siglos X y XII e.c.) contaban que los dioses habían hecho "caer del cielo torrentes de agua en forma de grandes culebras que azotaban los campos, destruían los sembrados, anegaban las ciudades, el huracán azotaba los árboles y sus ramas se desgajaban, como enormes gigantes heridos''. Y según ellos cuentan, "los hombres pensaron hacer algo para salvar a la familia: construyeron una gran pirámide como montaña de ladrillo y cemento especial, que llamaron Tolan Chololan, alta, hasta el cielo, para escapar de la inundación. Ahí elevaron un altar a Tláloc, el dios de la lluvia, y a Quetzalcóatl, el dios del viento; y subieron a sus familias por las grandes escalinatas de piedra hasta llegar a la cumbre... el dios de las aguas, compadecido de los hombres al ver su actividad y unión en el trabajo, hizo cesar el diluvio, y la aflicción del pueblo terminó''.
Otro testimonio lo hallamos en la mitología griega. Según la versión presente en la Biblioteca mitológica (1.7.2-4), atribuida (¿erróneamente?) a Apolodoro de Atenas (180 a.e.c.-119 a.e.c.), en la antigüedad habría acaecido un diluvio provocado por Zeus Omnipotente disgustado por la antropofagia de los malvados pelasgos, del que sólo se salvaron el hijo de Prometeo, Deucalión, rey de Tesalia, y su mujer Pirra, hija de Epimeteo y Pandora. Como en el caso de Noé, ambos personajes también construyeron una embarcación para salvarse, y como en la versión bíblica, la embarcación de Deucalión también se detuvo en la cima de un monte, en este caso, el monte Parnaso (otros dicen, en el monte Etna, Athos u Orthrys). (Para detalles, ver R. Graves y R. Patai [Los mitos hebreos, Buenos Aires, Losada, 1969] págs. 137-138).
El mismísimo historiador judío antiguo Flavio Josefo (siglo I e.c.) sabía sobre la popularidad de este relato cuando decía que "el diluvio y el arca los mencionan todos los que escribieron las historias bárbaras, entre ellos Beroso el caldeo" (un sacerdote de Babilonia [siglo III a.e.c.] que escribió en griego una historia de Babilonia, llamada Babiloniaka. A.R.). Cuando describe las circunstancias del diluvio expresa lo siguiente: "Dicen que todavía queda una parte de ese barco en Armenia, en el monte Cordión; y que hay gente que se lleva trozos de betún para usarlos como amuletos contra la mala suerte''. Lo mismo dicen Jerónimo el egipcio, que escribió sobre las antigüedades de los fenicios, Y Manaseas, y muchos otros. Nicolás de Damasco (un historiador y filósofo sirio, amigo de Herodes el Grande, quien escribió una historia universal en 144 libros. A.R.), en su nonagésimo sexto libro, incluye un relato particular al respecto, en estos términos: "Hay una gran montaña en Armenia, sobre Minias, llamada Baris, en la cual se dice que se salvaron muchos de los que huyeron del diluvio; y dicen que uno que viajaba en un arca tocó tierra en su cima; y que los restos de la madera se conservaron durante mucho tiempo. Este último debe de haber sido el hombre a quien se refiere Moisés, el legislador de los judíos'' (Antigüedades Judías I, iii, vi; en: Obras Completas de Flavio Josefo [Buenos Aires: Acervo Cultural/Editores, 1961] I, págs. 85-86).
La arqueología habría de confirmar siglos después las tradiciones conocidas por los historiadores antiguos, cuando los estudiosos hallaron en el siglo XIX testimonios diversos sobre la leyenda del diluvio universal en la tradición mesopotámica. Dos de las versiones ("el poema sumerio del diluvio'' [en sumerio] y "el poema de Atrahasis'' [en acadio]) nos llegaron muy fragmentados, pero una tercera se preservó casi completa en la tablilla número XI del Poema de Guilgamesh. (Nota: Este poema compuesto de doce tablillas de arcilla, que cuenta las proezas del rey mítico de Uruk, fue hallado en 1853 entre las miles de tablillas cuneiformes excavadas en la biblioteca de Asurbanipal. La versión más completa es conocida en lengua asiria, pero se conocen también fragmentos del poema en versiones diversas: babilónica, sumeria, hurrita-hitita e, incluso, palestina).
Según nos cuenta este poema, en su búsqueda en pos del secreto de la vida eterna, Gilgamesh se allegó a dónde vivía Utnapishtim, para que le revelara el secreto de la inmortalidad. Y es entonces en este contexto narrativo, que Utnapishtim le contó al rey de Uruk la historia del diluvio. De acuerdo a esta versión, cuando los dioses decretaron suscitar el diluvio, el dios Ea (dios del agua dulce y salada, de la sabiduría y de la magia) le advirtió a Utnapishtim sobre lo que habría de suceder ordenándole: "¡Hombre de Shuruppak, hijo de Ubar-Tutu, derriba esta casa, construye una nave, renuncia a las posesiones y preocúpate de la Vida! ¡Despégate de los bienes y salva tu vida! Coloca en la nave la simiente de todos los vivientes; del barco que has de construir determinarás así las dimensiones...'' (tablilla XI, líneas 23-29; en: Poema de Gilgamesh [Madid: Editorial Nacional, 2nda. edic., 1983] p. 234). A partir de aquí sigue el relato sobre el diluvio, que presenta numerosos paralelos con la versión bíblica, tanto en sus líneas generales como en sus detalles, pero también importantes diferencias.
Según F. Lara, "[s]i bien predominan las semejanzas sobre las diferencias, en lo que sí difieren ambos relatos es en su enfoque. En la Biblia, Yahvé es quien envía el diluvio para castigar a los hombres por sus pecados, salvando únicamente a quien ha sido justo; en el Poema de Gilgamesh (y en las otras versiones del diluvio), el politeísmo queda justificado entre Enlil, que es el desencadenante del castigo y los demás dioses que se asustan ante la magnitud de la catástrofe, y que se interpelan y reprochan exigiendo responsabilidades por el suceso. Sólo Ea, con su superior sabiduría (y astucia en este caso), comprendió que debía sobrevivir al menos uno de la raza humana. Es, pues, diferente el punto de partida en lo tocante a salvar a un representantte de la Humanidad. Enlil, ante los hechos consumados (la salvación de Utnapishtim), no tendrá inconveniente en concederle la inmortalidad y elevarlo a categoría divina, cosa que no ocurre con Noé, dada la diferente perspectiva teológica de la Biblia'' (Poema de Gilgamesh, op. cit., p. 88).
Como es de suponer, cuando el Poema de Gilgamesh fue publicado por primera vez en Londres en 1873 por G. Smith, produjo un verdadero revuelo entre los teólogos y hombres de ciencia de la época. La similitud existente entre ambos textos puso en duda no sólo la creencia piadosa en la verosimilitud del suceso a nivel histórico, sino que demostraba a las claras, que la versión bíblica no era "original'' como se había creído hasta entonces. Todo indicaba que el autor del Pentateuco se había inspirado en tradiciones "paganas'' para elaborar su nueva versión de la leyenda antigua. La polémica generada en derredor de éste y otros descubrimientos arqueológicos efectuados en Mesopotamia se la conoció en alemán bajo el nombre de Babel-Bibel Streit. (Nota: Este nombre fue inspirado por la serie de conferencias pronunciadas en 1902 y 1903 por el afamado asiriólogo alemán F. Delitzsch [1850-1922] llamada "Babel und Bibel''. Sobre este tema, ver el libro de Y. Shavit y M. Eran, The War of the Tablets. The Defence of the Bible in the 19th Century and the Babel-Bibel Controversy [Tel Aviv: Am Oved, 2003] [en hebreo]).
Sin embargo, si la arqueología pareció demoler la fe de los creyentes, la paradoja hizo que la misma ciencia pareció haber hallado pruebas concretas de que el Diluvio había ocurrido realmente. Durante la sexta campaña de exploración de las tumbas de Tell-al-Muqayyar (la antigua ciudad sumeria de Ur en Irak), el arqueólogo inglés L. Wooley (1860-1960) halló en el año 1929 evidencia geológica de una gran inundación que habría arrasado la cuenca mesopotámica en época protohistórica. (Para detalles, ver W. Keller, Y la Biblia tenía razón [Barcelona: Ediciones Omega, novena edic., 1961] págs. 38-45).
Desde entonces, se encontraron restos de capas de arcilla de origen diluvial en otros puntos de Mesopotamia: Kish, Uruk, Shuruppak, Lagash y Nínive. Según Lara, "ante esta variedad de datos diluviales debe concluirse indicando que hubo diferentes inundaciones en Mesopotamia, pero que solamente una de ellas fue de tal magnitud (¿lluvia, desbordamiento de los ríos, maremoto?) que para aquella zona significó realmente el fin del mundo y que dio lugar, por sus enormes consecuencias, a la formación de una leyenda mítico-religiosa que se reflejó en los textos mesopotámicos, y cuyo contenido, recogido más tarde por Moisés, fue incorporado al Génesis'' (Poema de Gilgamesh, op. cit., p. 89).
Hace un tiempo atrás se anunció otro espectacular descubrimiento, que según los investigadores podría probar "definitivamente'' la realidad histórica del Diluvio.
En el año 2000 el explorador submarino R. Ballard (el mismo que descubrió los restos sumergidos del Titanic) y un equipo de submarinistas, arqueólogos e historiadores, patrocinados por la National Geographic Society, descubrieron los restos de un asentamiento humano a unos 100 metros de profundidad en el Mar Negro, Según ellos, este yacimiento sería un testimonio mudo de una civilización que tuvo que huir precipitadamente por la llegada de una inmensa inundación y que vivió en las costas de Turquía hasta hace 7.500 años. Según Ballard, estos descubrimientos serían la prueba de que el Diluvio Universal existió. ¿Cuando ocuriio? Lo mas probable es que el Diluvio Universal haya sido la última glaciacion, hace 12.000 años.
SHALOM