LA TENTACIÓN Y EL PECADO DE LOS DEMONIOS
¿Por qué pecamos?
La tentación es esa situación en que la voluntad tiene que elegir entre dos opciones, y sabe que una opción es buena y otra mala, pero se siente atraído a escoger la mala. Sabe que es la mala, pero por alguna razón se siente atraído a escogerla. El error de caer en la tentación no es un error de inteligencia, no es un problema de debilidad de la razón. Pues si no supiera que esa opción es la mala, pecaría por ignorancia o por error, y por tanto no pecaría. Para pecar hay que saber que uno está escogiendo la opción mala. No hay pecado sin mala conciencia. Eso es lo que hace tan interesante el pecado desde el punto de vista intelectual: ¿por qué escogemos el mal sabiendo que es el mal? Es un verdadero misterio. Una respuesta sencilla, que no es falsa, pero que tampoco explica el asunto, es contestar que pecamos por debilidad. Lo cual es cierto, pero también es cierto que no somos tan débiles como para no poder resistirnos. Si no fuéramos capaces de resistirnos ya no habría pecado. No tendríamos elección. Si hay pecado es porque podemos escoger. Y sabemos por experiencia que escogemos lo que queremos. Si queremos hacer algo, nada ni nadie nos puede obligar a querer hacer otra cosa. Luego por débiles que seamos siempre podemos resistirnos. Como se ve, no podemos excusarnos ni por el campo de la inteligencia ni por el de la voluntad. Hacemos el mal porque queremos.
Podríamos decir que cometemos el mal por el bien que conseguimos con ello. Pero hay que recordar que la inteligencia percibe que ese bien es una manzana envenenada. Percibe que es un pseudobien, un bien que acarrea más mal que el bien que contiene. Por eso por muy deseable que nos aparezca ese bien, la conciencia nos dice: no debes escoger esa opción. Así que decir que hacemos el mal porque nos aparece como un bien, es cierto, pero también es igualmente cierto que sabemos que ese bien que contiene es, a fin de cuentas, un mal. Así que la explicación de que hacemos el mal por el bien que nos ofrece esa acción, es una explicación adecuada, es algo que nos ayuda a entender el por qué del pecado, pero no lo explica del todo. Quizá este misterio de la manzana envenenada que comemos a pesar de saber que está envenenada no lo podamos explicar del todo nunca mientras estemos en la tierra.
¿Cuántas tentaciones proceden
del demonio?
No hay nadie que pueda decir cuantas tentaciones proceden del demonio y cuantas de nuestro interior. Pero parece razonable pensar que la mayor parte de las tentaciones proceden de nosotros mismos. No necesitamos a nadie para ser tentados. Basta la libertad para poder usarla mal. Basta tener que tomar una decisión en una elección para optar conscientemente por la decisión errónea. Conscientemente, sin paliativos, sin poderle echar la culpa a nadie, más que a nosotros mismos.
Es cierto que el demonio tentó a la primera mujer. Pero sin demonio hubiéramos podido pecar igualmente. La tentación no necesita del demonio, se basta a sí misma. ¿Si no, quién tentó al demonio?
¿Podemos ser tentados más allá de nuestras posibilidades?
'1 ser humano es débil. De manera que Dios nos cuida como a niños. Por eso nos dice la Biblia:
Fiel es Dios que no permitirá que seáis tentados más allá de vuestras fuerzas, sino que con la tentación os dará el éxito haciéndoos capaces de sobrellevarla. 1 Co 10, 13
Que la tentación debe ser permitida por Dios es algo que aparece clarísimamente en el libro de Job. Pero, además, en otro lugar de la Biblia, justo antes de la misma Pasión Jesús dice a San Pedro: ¡Simón, Simón!, mira el Adversario os reclamó para cribaros como el trigo! Lc 22,31
"Os reclamó", luego la criba de la tentación debe ser permitida. No afirmar esta doctrina significaría que estamos en manos de un destino ciego y que cualquiera por débil que sea puede ser tentado con un poder y una intensidad por encima de las fuerzas que uno posee. Por tanto el mensaje es claro y tranquilizador: Dios, como padre que es, vela para que ninguno de sus hijos se vea presionado más allá de lo que puede soportar.
De todo esto se ve la sabiduría que hay detrás del viejo dicho: Dios aprieta pero no ahoga.
¿Por qué el Diablo tentó a Jesús?
El Diablo sabía que Jesús era Dios, sabía por tanto que era imposible que pecara. ¿Por qué le tentó entonces? Es más, sabía que cualquier tentación al resistirla le santificaría más como hombre. Y que por tanto el demonio al tentarle en realidad a la postre y sin quererlo se convertiría en instrumento de santificación de Jesús. ¿Por qué entonces hacer algo inútil y que además serviría para bien? La respuesta es sencilla: el Diablo no se pudo resistir. La tentación fue demasiado grande para el mismo Diablo. ¡Tentar al mismo Dios! No podía dejar escapar aquella ocasión. Sabía que era imposible hacerle pecar, pero no pudo resistir la tentación de intentarlo. La situación era como la del fumador que sabe que fumar le hace daño pero no puede dejar de hacerlo. Así el Diablo sabía que tentarle era un error, pero cayó en la tentación de tentarle. ¡La criatura tentando al mismo Dios! Era lógico que cayera en el error de intentarlo, pues para resistir tal tentación el demonio hubiera necesitado de la virtud de la fortaleza. Y cualquier cosa le podemos pedir al demonio, menos virtud.
De la misma manera los demonios a veces hacen cosas que a largo plazo les perjudican, pero no se resisten a lograr un mal ahora, aunque conteniéndose pudieran lograr un mal mayor
después. Por todo lo cual se ve que hasta los demonios sufren la tentación. Tentación que procede de su mismo interior.
¿Se puede llegar a distinguir las
tentaciones que proceden de nosotros
mismos de las del demonio?
La tentación que nos provienen del demonio no se distingue en nada de nuestros propios pensamientos, ya que el demonio tienta infundiendo en nosotros especies inteligibles. Es decir el demonio introduce en nuestra inteligencia, memoria e imaginación objetos apropiados a nuestro entendimiento que en nada se distinguen de nuestros pensamientos. Una especie inteligible es justamente eso, lo que hay en nuestro pensamiento cuando ejercitamos la acción de pensar. Desde imaginar la imagen de un árbol, resolver una acción matemática, desarrollar un razonamiento lógico, componer una frase, todo eso son especies inteligibles. Las producimos nosotros en el interior de nuestro espíritu racional, pero un ángel también puede producirlas y comunicárnoslas silenciosamente. Entre los hombres comunicamos nuestras especies inteligibles sobre todo con el lenguaje. Aunque también podemos hacerlo por ejemplo con la pintura o la música. Pero siempre a través de un medio externo. Mientras que el ángel puede transmitirnos esa especie sin necesidad de medio alguno. Por eso no hay manera de distinguir lo que viene de
dentro de nosotros, o de un ángel, de un demonio o de Dios directamente.
Ahora bien, las personas que llevan muchos años esforzándose en la vida espiritual con una vida de oración muy intensa, pueden advertir que hay tentaciones que aparecen con una intensidad bastante sorprendente, sin que, además, tengan ninguna causa razonable, y que pueden llegar a ser de una persistencia extrañísima. Por poner un ejemplo, es lógico que la lectura de un libro contra la fe produzca tentaciones contra le fe, pero si esa tentación aparece de pronto, muy intensa e insistiendo durante semanas y semanas, todo eso puede ser señal de que es una tentación del demonio. Pero ni aun así podemos estar seguros. Como norma general se podría decir que las tentaciones sin causa razonable, muy intensas y persistentes, se puede sospechar que son del demonio. Pero con unas características tan vagas nunca podremos estar seguros al cien por cien.
A los sacerdotes nos llegan personas de intensa vida de oración y que sin haber tenido nunca ningún problema psicológico, de pronto un buen día les vienen pensamientos de blasfemar contra Dios, de pisar un crucifijo y cosas parecidas. Si esas perturbaciones son crónicas, es razonable pensar que provienen de enfermedad. Pero si su aparición es repentina y la persona parece sana de mente, entonces hay razón para sospechar de que sean tentación proveniente del demonio.
El psiquiatra que haya leído esta explicación seguro que pensará que lo descrito se debe a un proceso de acción-reacción. A tales psiquiatras queremos decirles que conocemos perfectamente esos mecanismos del subconsciente, pero también les recordamos que el demonio también existe. Y esto queda más claro cuando esa tentación obsesiva desaparece de pronto
un buen día sin volver a aparecer nunca. Las tentaciones del demonio nunca son crónicas. Y por vehementes que sean cuando desaparecen no dejan la más leve secuela en la psique que las padeció.
seguirme, dejar vuestro comentario y decirme que tema os interesa para hacer nuevos posts!!!