Según ultracatólicos argentinos. Satanás, el primer ideólogo de la historia. El concepto de “ideología”, si bien de acuñación moderna, ya conoció una notable transición semántica como para exigir, nomás comenzar, algunas precisiones. Se atribuye a los sensistas franceses de la segunda Ilustración, continuadores de Condillac, el haber introducido el término. Como éstos postularan, siguiendo a aquél su mentor (“no nos es posible pasar de lo que sentimos a aquello que es”), que las ideas no difieren de las sensaciones, sino que son esas mismas sensaciones como bruñidas por el intelecto, y como el consorcio humano contara todavía por aquellos años con las suficientes defensas como para aplazar el triunfo del caos que propiciaban unas tales desencaminadas tesis, el término “ideólogo” recién estrenado pasó a ser pronto objeto de descalificación. La ideología o “discurso sobre el proceso formativo de las ideas” —y posible capítulo de una gnoseología crítica— no se habría visto así tiznada si hubiese rebasado, en las mientes de sus expositores, la identificación con la mera estética o el “tratado de lo sensible”, eliminando prácticamente todo carácter activo en el pensar, o reduciendo a éste (como lo pretendió Cabanis) a una función orgánica, semejante a la digestión. Mikhail Bakunin, uno de esos perversos constructores de la Babel moderna, antícipe de la revolución rusa y satanista sin efugios, llamó al demonio “el primer librepensador”, lo que podría extenderse sin dificultad a “el primer ideólogo”. Sabemos que librepensador es término que también se remonta a la Ilustración, y vale tanto como “adscripto a la fe en la razón” y “opugnador de los dogmas”, lo que ha llevado a los portadores entusiastas de tal mote, invariablemente, al anticlericalismo. Los librepensadores, al alzarse contra la institución religiosa, lo hicieron contra la tradición y el carácter mismo de sus naciones, lo que equivale a poner a la idea —y a la idea propia, a la acariciada por la propia subjetividad en lo que tiene de más insular y ocluso— contra el ser (siquiera contra el ser histórico-cultural), anticipando con ello la demolición obrada más tarde al nivel de las realidades más primarias, como ocurre hoy con la promoción del aborto y la eutanasia, con el “matrimonio” homosexual y la ideología de género. La historia moderna, vista en clave espiritual, puede reconocerse como la graduación que va de la parasitosis de la civilización cristiana a su tumefacción avanzada. O, en otras palabras, del indiferentismo agnóstico o “liberalismo” al anticlericalismo, y de éstos a la plena infestación de ideología en su facha más aberrante. Más info en la fuente
Según ultracatólicos Satán fue primer ideólogo
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