Nació en la Rusia de los zares y festejó sus 104 años con la familia en Paternal Llegó a Buenos Aires en 1926. Fue costurera hasta jubilarse, se casó y tuvo 6 bisnietos. Ayer celebró y en el brindis dijo: “Estoy muy feliz”. “¿Yo? ¿Para cumplir 104 años? No mi amor, yo no tengo receta”, dijo ayer Henia Szpiegelman de Arias. Ella, su familia y amigos del geriátrico en el que vive brindaron por su larga vida. Para el festejo, lució una camisa bordada, una falda estampada y un saquito de hilo negro. Henia ocupó la punta de una mesa extensa repleta de vasitos de plástico color verde y platos en los que apilaron sanguches de miga. En la mano derecha empuñó una servilleta de papel, que usaba para contener una lágrima que cada tanto se derrama. “No, no estoy llorando –aclaró–, hoy estoy muy feliz”. A Henia, en Argentina, siempre la llamaron Ana. Llegó al puerto de Buenos Aires en 1926, junto a sus padres. Juntos surcaron el Atlántico a bordo del Arlanza, un barco a vapor que traía inmigrantes desde Europa. Su mamá atendía una despensa y su papá era talabartero. Ninguno de los tres conocían el idioma pero sí sabían lo que era anticiparse a una guerra. Para pagar el pasaje de un niño (que costaba la mitad de lo que pagaba un adulto) un rabino amigo de la familia “truchó” los documentos de Henia y le restó dos años. Huían del estallido que haría que Wiszniews, su pueblo natal, dejara de ser lo que era: una campiña rusa emplazada entre lo que hoy es Ucrania y Polonia. “Llegué a Buenos Aires con una ilusión de encontrar algo lindo, de vivir en una casa”, repasa Henia, que tiene ciertas dificultades para oír y su sentido de la vista se redujo a un mínimo juego de sombras. Apenas se instaló en Paternal terminó los estudios y entró a trabajar en un taller de costura. Midió, cortó y cosió trajes para hombres hasta jubilarse. Y también participó activamente en el Sindicato Obrero de la Industria del Vestido y Afines (SOIVA). La política fue central en la vida de Henia, tanto que votó hasta el año 2007 en agradecimiento al país que la recibió y donde prosperó. “Siempre de centro izquierda. Siempre antinazi, siempre antifascista”, cuentan a Clarín sus familiares. Henia tuvo dos hijos, que tuvieron otros cuatro y ahora es bisabuela de seis chicos. Para todo eso, antes conoció a Edmundo. Fue en un picnic, a la vera del río. “El llegó con un grupo de muchachos. En ese momento era guarda en un colectivo que llegaba hasta Luján. Esa tarde nos bañamos en el río y cuando nos despedimos, me preguntó si podía verme. Yo le dije que sí, pero fui con una amiga porque me daba vergüenza. La primera cita fue en avenida San Martín y Seguí. Y después, en Gaona y Seguí. Edmundo era muy inteligente”, recuerda con precisión. Anarquista, Edmundo estuvo preso en la cárcel de Ushuaia y luego liberado. Henia y él vivieron juntos mucho tiempo antes de casarse, lo que significó un escándalo para gran parte de la familia. “Mi tía fue en esa época una transgresora”, devela Gisele, su sobrina.
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