Cuando hace un año Argentina dejó de publicar las cifras sobre pobreza, José Eduardo Echaniz desapareció de las estadísticas oficiales. Pero su carro sigue dando vueltas por las calles de Buenos Aires en busca de cartones o algo de valor que aparezca en la basura. José Eduardo tiene 36 años, tres hijos, una mujer y hasta fines del año pasado para el gobierno argentino era indigente: su dieta no alcanza a cubrir las calorías mínimas diarias.
Pero no sólo José Eduardo ha desaparecido del mapa oficial estadístico. Aunque el número de argentinos que la administración de Cristina Fernández de Kirchner ha barrido debajo de la alfombra varía según quién haga las mediciones, las últimas cifras oficiales publicadas hablaban de que en el primer trimestre de 2013 el 4,7% de la población –alrededor de dos millones de personas- estaban bajo el umbral de la pobreza. Los técnicos desplazados del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec) —el organismo encargado de elaborar las estadísticas en Argentina y que, en 2007, el gobierno de Fernández de Kirchner decidió intervenir para manipular los resultados de su gestión— aseguran que los pobres rondan el 20,4%, o sea que son unos 8.400.000 de argentinos. Para el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) en el país hay más de 11 millones de pobres. Es el 27,5% de los 41 millones de habitantes.
La polémica por las cifras sobre la pobreza creció cuando hace dos meses, la oficialista Central de Trabajadores Argentinos (CTA) clasificó como pobres al 18,2% de la población. Son 7.681.000 pobres, de los cuales el 4,4% o 1.815.000 serían indigentes. Lo que indica que la situación social medida hasta 2013 estaba lejos de la realidad o que empeoró en el último tiempo cuando Argentina comenzó a vivir los primeros signos de estancamiento en la economía y después de dos años de inflación creciente. Cuando termine el año 2014 se estima que el índice que marca la suba de precios podría llegar al 40%.
“La Villa 31”, en el barrio de Retiro y a metros de una de las zonas más caras de Buenos Aires. Es una de las 34 villas miseria que hay en la capital argentina.
El ministro de Economía, Axel Kicillof, no dio explicaciones de por qué levantaba la conferencia para dar las datos públicos de pobreza a fines de abril de este año. Al otro día, el jefe de gabinete, Jorge Capitanich, se encargó de explicar leyendo un papel que el motivo se debió a un «empalme de metodologías». La enigmática frase hizo referencia al intento por remediar los problemas derivados de la manipulación de las mediciones estadísticas que han afectado la credibilidad del país desde hace seis años.
Sucede que por estos días, Argentina comenzó a vivir una larga campaña electoral que tiene como meta final las elecciones presidenciales de octubre de 2015 cuando finalice su segundo mandato Fernández de Kirchner, quien ya no puede ser reelegida. Para estos últimos doce meses de gobierno que quedan, la administración kirchnerista necesita financiación externa. En busca de préstamos -que se destrabarían cuando en enero el Gobierno llegue a un posible acuerdo con los fondos especulativos que lo han demandado por el pago de bonos de la deuda- ha tenido que arreglar algunos asuntos pendientes como reformular la metodología de la mediciones que hasta hace unos meses negaba la existencia de la inflación.
Cambio de metodología
Con este cambio de metodología surgió una nueva Argentina en cifras y sin pobres. La explicación del borrón de la pobreza apunta a la posibilidad de aceptarla, analiza Daniel Arroyo, quien fue viceministro de Acción Social del ex presidente Néstor Kirchner (2003-2007) y conoce bien la problemática. Para el ex funcionario -ahora enrolado en el grupo de trabajo de Sergio Massa, el candidato presidencial por el opositor Frente Renovador- la metodología del INDEC era buena. «Lo que sucedió es que, en los últimos años, han tomado a los alimentos que integran la cesta básica de la compra, y que determina si se es pobre o no, a precios irrisorios. Al ser el valor de los alimentos falsamente bajos, se encubrió la situación de pobreza», explica. Según Arroyo, con el nuevo método al gobierno argentino la cantidad de pobres le daría alrededor del 27% de la población. «No lo pueden publicar porque es muy difícil explicar ese salto», sostiene.
La espera para comer en un comedor comunitario que funciona en la villa la Cárcova, en las afueras de la Ciudad de Buenos Aires. Está ubicada en el Partido de José León Suárez, uno de los más conflictivos de los suburbios de la capital argentina. En la imagen de la derecha tamales y cerveza. Un grupo de habitantes de Ciudad Oculta en el terraplén de afuera del Elefante Blanco
Doña Mama, 70 años, vive en el Elefante Blanco, el centro de “Ciudad Oculta” como llaman a la Villa 15 en el barrio de Villa Lugano, en el límite suroeste de Buenos Aires. Hace 8 años que ocupa una habitación en un rincón del hospital abandonado y hace 50 años que vive en Ciudad Oculta. Es jubilada, pero hace comida para vender porque no le alcanza el dinero que cobra de jubilación.
Pero no sólo José Eduardo ha desaparecido del mapa oficial estadístico. Aunque el número de argentinos que la administración de Cristina Fernández de Kirchner ha barrido debajo de la alfombra varía según quién haga las mediciones, las últimas cifras oficiales publicadas hablaban de que en el primer trimestre de 2013 el 4,7% de la población –alrededor de dos millones de personas- estaban bajo el umbral de la pobreza. Los técnicos desplazados del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec) —el organismo encargado de elaborar las estadísticas en Argentina y que, en 2007, el gobierno de Fernández de Kirchner decidió intervenir para manipular los resultados de su gestión— aseguran que los pobres rondan el 20,4%, o sea que son unos 8.400.000 de argentinos. Para el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) en el país hay más de 11 millones de pobres. Es el 27,5% de los 41 millones de habitantes.
La polémica por las cifras sobre la pobreza creció cuando hace dos meses, la oficialista Central de Trabajadores Argentinos (CTA) clasificó como pobres al 18,2% de la población. Son 7.681.000 pobres, de los cuales el 4,4% o 1.815.000 serían indigentes. Lo que indica que la situación social medida hasta 2013 estaba lejos de la realidad o que empeoró en el último tiempo cuando Argentina comenzó a vivir los primeros signos de estancamiento en la economía y después de dos años de inflación creciente. Cuando termine el año 2014 se estima que el índice que marca la suba de precios podría llegar al 40%.
“La Villa 31”, en el barrio de Retiro y a metros de una de las zonas más caras de Buenos Aires. Es una de las 34 villas miseria que hay en la capital argentina.
El ministro de Economía, Axel Kicillof, no dio explicaciones de por qué levantaba la conferencia para dar las datos públicos de pobreza a fines de abril de este año. Al otro día, el jefe de gabinete, Jorge Capitanich, se encargó de explicar leyendo un papel que el motivo se debió a un «empalme de metodologías». La enigmática frase hizo referencia al intento por remediar los problemas derivados de la manipulación de las mediciones estadísticas que han afectado la credibilidad del país desde hace seis años.
Sucede que por estos días, Argentina comenzó a vivir una larga campaña electoral que tiene como meta final las elecciones presidenciales de octubre de 2015 cuando finalice su segundo mandato Fernández de Kirchner, quien ya no puede ser reelegida. Para estos últimos doce meses de gobierno que quedan, la administración kirchnerista necesita financiación externa. En busca de préstamos -que se destrabarían cuando en enero el Gobierno llegue a un posible acuerdo con los fondos especulativos que lo han demandado por el pago de bonos de la deuda- ha tenido que arreglar algunos asuntos pendientes como reformular la metodología de la mediciones que hasta hace unos meses negaba la existencia de la inflación.
Cambio de metodología
Con este cambio de metodología surgió una nueva Argentina en cifras y sin pobres. La explicación del borrón de la pobreza apunta a la posibilidad de aceptarla, analiza Daniel Arroyo, quien fue viceministro de Acción Social del ex presidente Néstor Kirchner (2003-2007) y conoce bien la problemática. Para el ex funcionario -ahora enrolado en el grupo de trabajo de Sergio Massa, el candidato presidencial por el opositor Frente Renovador- la metodología del INDEC era buena. «Lo que sucedió es que, en los últimos años, han tomado a los alimentos que integran la cesta básica de la compra, y que determina si se es pobre o no, a precios irrisorios. Al ser el valor de los alimentos falsamente bajos, se encubrió la situación de pobreza», explica. Según Arroyo, con el nuevo método al gobierno argentino la cantidad de pobres le daría alrededor del 27% de la población. «No lo pueden publicar porque es muy difícil explicar ese salto», sostiene.
La espera para comer en un comedor comunitario que funciona en la villa la Cárcova, en las afueras de la Ciudad de Buenos Aires. Está ubicada en el Partido de José León Suárez, uno de los más conflictivos de los suburbios de la capital argentina. En la imagen de la derecha tamales y cerveza. Un grupo de habitantes de Ciudad Oculta en el terraplén de afuera del Elefante Blanco
Doña Mama, 70 años, vive en el Elefante Blanco, el centro de “Ciudad Oculta” como llaman a la Villa 15 en el barrio de Villa Lugano, en el límite suroeste de Buenos Aires. Hace 8 años que ocupa una habitación en un rincón del hospital abandonado y hace 50 años que vive en Ciudad Oculta. Es jubilada, pero hace comida para vender porque no le alcanza el dinero que cobra de jubilación.