Zarevitz Camacho es la chica que protagoniza la historia de este post y es una mujer con guáramo, que supo enfrentarse a la adversidad y cuya tenacidad es digna de aplaudir.
Esta joven de 25 años, víctima de un arrollamiento en el Metro de Caracas, relata que siempre es posible comenzar de nuevo
El 29 de abril de 2011, la vida de Zarevitz Camacho dio un giro de 180º. Se encontraba en la estación del metro El Silencio a las 10:30 pm, esperando el tren que la llevaría de regreso a su hogar. Perdió el conocimiento debido a un fuerte mareo y en un abrir y cerrar de ojos, se encontró en los rieles del metro con un tren pasando por encima de su cuerpo, de sus dos piernas.
–¿Qué es ésto? –se preguntó Zarevitz.
Aún no entendía con claridad lo que estaba sucediendo, más allá de sentir un ardor indescriptible en las piernas. Como pudo, empezó a gritar para que todos supieran que ella seguía con vida.
04 de agosto de 2009, graduación de Zarevitz como Licenciada en administración de recursos humanos, junto a sus padres
Fue trasladada al Hospital Miguel Pérez Carreño la misma noche en que ocurrió el accidente. El diagnóstico de los médicos fue preciso: debían amputarle ambas piernas. "Hagan lo que tengan que hacer, pero quítenme este ardor", respondió a los galenos, según un relato que le ofreció al fotógrafo y bloggero, Isaac Paniza. Hoy, Zarevitz tiene 28 años de edad y es amputada bilateral, "en pocas palabras: mocha", como ella misma describió –entre risas– a Iván González, de Contrapunto. Mira su historia en este testimonio que mezcla honestidad y esperanza:
El 30 de Abril ingresó a quirofano, estaba consciente de que este sería un cambio significativo en su vida. Sus padres estaban devastados, pero ella, con una fortaleza inigualable sólo los alentaba y les dejaba claro que "no se echaría a morir". Significaba un nuevo comienzo al que enfrentaría con pasos firmes y mucha fe.

Después de un tiempo de recuperación en la Policlínica Cabisoguarnac, llegó el día de regresar a su hogar, la esperaban sus padres y familiares con flores y algunas pancartas, según le contó a Paniza: su cama habitual fue sustituida por una cama clínica. Rompió en llanto y le pidió a sus padres que después de un mes desaparecieran esa cama. Se enfrentaría a una nueva etapa en su vida, lo que define como un nuevo proceso de adaptación. Por recomendaciones de su psicólogo debía mirarse al espejo todos los días y tocar sus muñones, esto la ayudaría a aceptar su nueva imagen.
La vida de Zaravitz tomó su nuevo curso con el tiempo, hasta que su proceso de recuperación se vió truncado por una espícula ósea en el fémur derecho. La operaron nuevamente el 15 de septiembre de 2012. Tuvo un leve retroceso tras lo que había alcanzado con sus sesiones de fisioterapia. Debió esperar su recuperación para seguir avanzando, no había excusas para comenzar de nuevo.
Desde su lugar, afirma esta mujer que no existen impedimentos para lograr lo que te propongas. Ha estudiado Inglés, hizo un curso de maquillaje y actualmente practica natación, su pasión.
"Nadar para mí es sinónimo de vida, solo está el agua, tus pensamientos y tú, siento libertad plena; cuando estoy nadando salen sonrisas y lágrimas", le comentó a Isaac Paniza. Gracias a unas prótesis, ella puede estar de pie y siente que aunque sea largo el proceso de recuperación por las fisioterapias, logrará caminar igual o mejor que antes.

Esta joven de 25 años, víctima de un arrollamiento en el Metro de Caracas, relata que siempre es posible comenzar de nuevo
El 29 de abril de 2011, la vida de Zarevitz Camacho dio un giro de 180º. Se encontraba en la estación del metro El Silencio a las 10:30 pm, esperando el tren que la llevaría de regreso a su hogar. Perdió el conocimiento debido a un fuerte mareo y en un abrir y cerrar de ojos, se encontró en los rieles del metro con un tren pasando por encima de su cuerpo, de sus dos piernas.
–¿Qué es ésto? –se preguntó Zarevitz.
Aún no entendía con claridad lo que estaba sucediendo, más allá de sentir un ardor indescriptible en las piernas. Como pudo, empezó a gritar para que todos supieran que ella seguía con vida.
04 de agosto de 2009, graduación de Zarevitz como Licenciada en administración de recursos humanos, junto a sus padres
Fue trasladada al Hospital Miguel Pérez Carreño la misma noche en que ocurrió el accidente. El diagnóstico de los médicos fue preciso: debían amputarle ambas piernas. "Hagan lo que tengan que hacer, pero quítenme este ardor", respondió a los galenos, según un relato que le ofreció al fotógrafo y bloggero, Isaac Paniza. Hoy, Zarevitz tiene 28 años de edad y es amputada bilateral, "en pocas palabras: mocha", como ella misma describió –entre risas– a Iván González, de Contrapunto. Mira su historia en este testimonio que mezcla honestidad y esperanza:
El 30 de Abril ingresó a quirofano, estaba consciente de que este sería un cambio significativo en su vida. Sus padres estaban devastados, pero ella, con una fortaleza inigualable sólo los alentaba y les dejaba claro que "no se echaría a morir". Significaba un nuevo comienzo al que enfrentaría con pasos firmes y mucha fe.

Después de un tiempo de recuperación en la Policlínica Cabisoguarnac, llegó el día de regresar a su hogar, la esperaban sus padres y familiares con flores y algunas pancartas, según le contó a Paniza: su cama habitual fue sustituida por una cama clínica. Rompió en llanto y le pidió a sus padres que después de un mes desaparecieran esa cama. Se enfrentaría a una nueva etapa en su vida, lo que define como un nuevo proceso de adaptación. Por recomendaciones de su psicólogo debía mirarse al espejo todos los días y tocar sus muñones, esto la ayudaría a aceptar su nueva imagen.

La vida de Zaravitz tomó su nuevo curso con el tiempo, hasta que su proceso de recuperación se vió truncado por una espícula ósea en el fémur derecho. La operaron nuevamente el 15 de septiembre de 2012. Tuvo un leve retroceso tras lo que había alcanzado con sus sesiones de fisioterapia. Debió esperar su recuperación para seguir avanzando, no había excusas para comenzar de nuevo.
Desde su lugar, afirma esta mujer que no existen impedimentos para lograr lo que te propongas. Ha estudiado Inglés, hizo un curso de maquillaje y actualmente practica natación, su pasión.

"Nadar para mí es sinónimo de vida, solo está el agua, tus pensamientos y tú, siento libertad plena; cuando estoy nadando salen sonrisas y lágrimas", le comentó a Isaac Paniza. Gracias a unas prótesis, ella puede estar de pie y siente que aunque sea largo el proceso de recuperación por las fisioterapias, logrará caminar igual o mejor que antes.
