Mis ojos buscaban la salida a esta pesadilla mientras el rocío mojaba mi rostro, la sangre estaba en mis manos y el cuerpo a un costado ¿Qué mas prueba quería para convencerme de lo que había causado?
Había espacios vacíos en mi cerebro que no lograba rellenar, y el irritante pitido de la alarma del auto que no dejaba de sonar, a unas calles mas se encontraba mi hogar lo sabia pero ¿Cómo había llegado a este lugar? ¿Como me convertí en una asesina?
Miles de preguntas se formulaban con la misma rapidez en la que mi cuerpo se movía por si solo y arrastraba a la oscuridad al cuerpo del hombre muerto un total extraño para mi.
Refregué mis manos en mi ropa para limpiarlas, luego sin mucho preámbulo, tome la botella de alcohol barato que estaba a un costado del cuerpo magullado del vagabundo que asesine y lo rocíe enérgicamente arrojando también la botella.
Saque el encendedor del bolsillo trasero de mis jeans y encendí el cuerpo, viendo como se quemaba con rapidez, las llamas azules y anaranjadas bailaban sobre el bulto y en mi mente seguían sin aparecer las causas por las cuales había asesinado a este hombre.
Yo siempre había sido normal, buena alumna la mejor en mis calificaciones, buena amiga, no era una chica solitaria, nunca había matado ni siquiera una mosca pero me había atrevido a matar a esta persona y no solo eso, si no que también ahora estaba eliminando las pruebas de mi delito como toda una asesina.
Observe por un instante mas como se chamuscaba el cadáver y luego me di a la fuga, pase por el auto que no paraba de sonar con la maldita alarma, rebasándolo sin ningún problema no tardaría alguien en llegar de los edificios de mi espalda y no quería ser vista junto el bulto deforme que seguramente hace unos minutos atrás era una persona.
No entre por la puerta principal de mi casa, subí apurada la escalera que daba al balcón de mi habitación y sin mas me despoje de mis prendas las metí al tacho de basura y con un poco de quita esmalte que arroje prendí fuego mi ropa tenia que deshacerme de todo.
Me metí a la ducha y me sentí más sucia que nunca ¿Qué demonios había pasado? Me preguntaba una y otra vez, mientras las gotas calientes lavaban mi cuerpo mas no mi alma y la culpa se instalaba en mi cerebro anhelante para desplegarse en mi mente como la mala hierva y comer todo lo demás, una vez termine me puse el piyama y me metí a la cama, tendría que haber sido un sueño.
Escuche un rasqueteo incesante contra mi ventana abrí los ojos adormilada y frente a mi una sombra se expandía por mi cama, sentía mis músculos pesados, no podía moverme un centímetro y el olor a carne quemada era nauseabundo, intente gritar cuando la luna se poso en lo alto iluminando por un corto periodo mi habitación y pude ver la cara desfigurada que me observaba a los pies de mi cama…

