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Organizacion del Tratado Atlantico Sur.

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OTAS , El tratado que no fue. La Argentina de facto y Sudafrica.




Como ocurriera en el caso del conflicto árabe-isarelí, la cuestión de la posición a adoptar frente al régimen "racista" sudafricano fue objeto de debate dentro del régimen militar.

Se registraron dos posiciones antagónicas: una, sostenida por los funcionarios de carrera de la Cancillería, partidarios de condena" el apartheid sudafricano, o en todo caso, de adoptar una actitud equidistante frente al régimen de Pretoria; la otra, sustentada por los sectores más ortodoxamente anticomunistas, partidaria de estrechar lazos con un régimen que se veía cercano por la “ofensiva cubano-soviética” que había logrado poner bajo su égida a Angola.

Esta segunda posición especuló en torno a la posibilidad de concretar entre los países del Atlántico Sur -Argentina, Brasil, Uruguay y Sudáfrica- un tratado similar al del Atlántico Norte, firmado entre Estados Unidos y los países de Europa Occidental en plena Guerra Fría.

Este tema de la Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS) apareció mencionado en los medios de prensa argentinos por primera vez durante la visita a Buenos Aires, en abril de 1976, del ministro de Marina de Brasil, almirante Geraldo Azevedo Henning, quien se entrevistó con su colega Massera.

Al mes siguiente, la cuestión OTAS reapareció durante un almuerzo que compartió en la Casa Rosada el presidente Videla con los ex cancilleres Hipólito Jesús Paz y Miguel Angel Zavala Ortiz y el ex subsecretario de Relaciones Exteriores Oscar Camilión. No obstante, en esta reunión no se llegó a ninguna resolución sobre este tema.

Sin embargo, la idea se mantuvo en la mente de algunos militares. Así, el jefe del Estado Mayor del Ejército, general José Antonio Vaquero, al hacer entrega de una distinción al capitán de navío Williams Harold Kelly, agregado militar en la embajada sudafricana en Buenos Aires, sostuvo la común “posición occidentalista” de ambos gobiernos, factor que los llevaba a ser “verdaderos baluartes de oposición a todo intento de penetración ideológica, a la vez que potenciales centinelas del Atlántico Sur”.

Los sectores masseristas hicieron causa común con los “halcones” del Ejército argentino e impulsaron la OTAS, contando con el respaldo del jefe de la Armada uruguaya, vicealmirante Hugo León Márquez -quien soñó con comandar esta alianza. Asimismo, otros partidarios “externos” del proyecto de la OTAS fueron el gobierno sudafricano y los militares norteamericanos, ambos preocupados por “contener” la amenaza de expansión comunista, que había logrado una base importante en Angola desde 1975.

El visto bueno del lado norteamericano fue otorgado por el teniente general del Ejército norteamericano, Daniel Graham, en su visita a la Argentina en junio de 1980.Por su parte, el arribo al mes siguiente del secretario de Marina de Estados Unidos, Edward Hidalgo, motivado por la preocupación de las autoridades del Pentágono respecto de la presencia soviética en Africa, evidenció que la posibilidad de gestar un pacto del Atlántico Sur contaba con el aval de las agencias estratégicas del gobierno norteamericano.

Pero este proyecto también contó con detractores tanto internos -la Cancillería argentina- como externos -el gobierno soviético, el de Angola y sobre todo, el de Brasil. Por cierto, la oposición de la diplomacia brasileña, sumada a la de la propia Cancillería argentina, fue un factor importante para que el proyecto no se consumara.

Durante la gestión de Viola, el gobierno sudafricano mantuvo vigente el tema de la eventual constitución de un pacto de defensa en el Atlántico Sur. Un claro testimonio de esta posición oficial fueron las palabras del embajador de Sudáfrica en la Argentina, Francis D. Tothtill, quien en octubre de 1981 sostuvo que “tenemos mucho en común, incluyendo un enemigo común (la URSS) cuyo poder global amenaza la seguridad de las rutas del Atlántico Sur. Tarde o temprano las circunstancias externas nos obligarán a unir esfuerzos para repeler esa presencia extraña”.

Dado el perfil rígidamente occidentalista de Galtieri, los vínculos con el régimen de Pretoria atravesaron su mejor época a partir de la llegada de aquél a la Casa Rosada, especialmente en el tramo previo al estallido de la guerra de Malvinas.

Así, se acordó la visita a Sudáfrica del general Ramón Genaro Díaz Bessone, amigo personal de Galtieri y gestor del simposio internacional celebrado en Buenos Aires en diciembre de 1981, en el que se había considerado la posibilidad de alcanzar un pacto militar de los países del Atlántico Sur, para defender a Sudáfrica de la amenaza soviética.

En su visita a Ciudad del Cabo, el ex ministro de Planeamiento mantuvo contactos con el ministro de Defensa sudafricano y otros altos jefes militares, sin dejar de recorrer las instalaciones de la industria de armamentos Armscor.

Sin embargo, el estallido de la guerra de Malvinas obligó al gobierno argentino a un replanteo de las relaciones con Sudáfrica.

Durante el gobierno del general Bignone, la diplomacia argentina mantuvo respecto del régimen de Pretoria una política que podríamos definir como de doble estándar -crítica a la política "racista" a nivel de la diplomacia oficial y búsqueda de un pacto militar con el régimen sudafricano para contener la ofensiva comunista a nivel de la diplomacia paralela-.

Pero la imperiosa necesidad de la Argentina de contar para sus reclamos en Malvinas con los votos del Africa negra llevaron al presidente Bignone y a su canciller Aguirre Lanari a acentuar las críticas a la política del apartheid del régimen de Pretoria.

Esta actitud generó serios roces con los sectores más rígidamente occidentalistas del Ejército, que, a pesar del shock causado por Malvinas, intentaron mantener el legado ideológico galtierista previo al conflicto de abril de 1982.

Así, a fines de diciembre de 1982, y en abierta contradicción con las críticas al régimen sudafricano formuladas por el canciller Costa Méndez durante la Reunión de No Alineados en La Habana en junio, el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Néstor Edgardo Calvi, condecoró a un coronel del ejército sudafricano, haciendo expresa referencia a las coincidencias ideológicas entre la Argentina y Sudáfrica.
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