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La represión no se toma vacaciones

Info1/25/2015
El calor del verano no viene solo. En las últimas semanas, y en diferentes lugares del país, se dieron situaciones represivas con diversas modalidades que evidencian que, cuando se trata de mantener a raya al pueblo, la clase que domina cuenta con diversas metodologías. El jueves 8 de enero, vecinos del barrio de Lugano, en la ciudad de Buenos Aires, salieron a la calle a reclamar por la falta de luz que venían sufriendo desde hacía días. A partir las 11 de la mañana, y durante siete horas, mantuvieron cortada la autopista Dellepiane, hasta que la Policía Metropolitana recibió la orden de correrlos del lugar. Con camiones hidrantes, balas de goma y gases lacrimógenos, los uniformados avanzaron para desalojar la autopista, dejando varias personas heridas, entre ellas una nena de 8 años que los mismos vecinos llevaron hasta el hospital Piñero. Los manifestantes atinaron a defenderse tirando piedras, pero en poco tiempo las fuerzas represivas ya habían liberado ambos carriles. De la provisión de energía eléctrica, ni noticias. Días antes, un grupo de 35 jóvenes también había sufrido la represión, pero en la ciudad de Neuquén. Los pibes y pibas, en situación de calle, y que subsisten con changas, acampaban frente a la Municipalidad de Neuquén, cuando fueron atacados por ocho policías de la comisaría 1ª. Estaban acostumbrados a ser hostigados, a recibir los palos del estado, algo que, sabemos, pasa en cada barriada de nuestro país, pero en este caso los policías no sólo hicieron lo que para ellos es una rutina, sino que también les amontonaron las pocas cosas que tenían y se las prendieron fuego, con el claro objetivo de echarlos del lugar. A Neuquén hay que sumarle Chubut. Una familia del barrio Oeste de la ciudad de Trelew, festejaba un cumpleaños. Alrededor de las dos de la mañana, uno de los que estaban en el festejo salió al portón de la vivienda. La policía, al verlo, lo interceptó y lo arrastró unos treinta metros para golpearlo salvajemente. La familia salió para ayudarlo y la respuesta que recibieron fueron puros balazos de goma. Volvieron a meterse en la casa, y los policías fueron hasta ahí para seguir con la brutalidad: les tiraron piedras, les dispararon con más balas de goma, y también de plomo, y dejaron heridos a cuatro chicos de 10 años. La cumpleañera pasó la noche en distintas comisarías, porque no conformes con el nivel de violencia que habían descargado sobre toda la familia, la policía se la llevó detenida. La represión que es moneda corriente en los barrios, también lo es para quienes se organizan contra las injusticias del sistema. La semana pasada, unos diez militantes del Partido Obrero fueron atacados por una patota, mientras estaban haciendo una pintada, en Chaco. Un sujeto se acercó a los militantes y los amenazó, diciéndoles que se fueran, invocando a Gustavo Martínez, ministro de Desarrollo Urbano y Territorial del Gobierno provincial y presidente de la empresa estatal de agua, SAMEEP. Los militantes, sin ceder a la intimidación, continuaron la pintada. A los pocos minutos, este sujeto regresó con 30 personas más, armadas con palos, piedras y hasta un arma de fuego. Al grito de “ahora van a ver quién es Gustavo Martínez”, terminaron sacándolos a golpes. Por último, el 12 de enero, los compañeros de la Junta Interna de ATE Garrahan comunicaron que el compañero Leonardo Baldiviezo fue agredido físicamente por Héctor “Pelusa” Carrica, delegado general del Ministerio de Salud y dirigente de ATE Nacional, a cargo del departamento de derechos humanos, por repartir volantes a favor de construir una alternativa clasista y exigiendo el pase a planta permanente y aumento de salarios. Una vez más, la burocracia se hizo sentir a través de sus metodologías patoteriles, tan conocidas por los compañeros que militan en el sindicalismo antiburocráctico. Como queda constantemente demostrado, la represión se descarga permanentemente sobre los pobres, en cada barrio donde la cana impone un orden y una autoridad que, se supone, no se puede cuestionar. Pero la represión no sólo es ejecutada por las fuerzas oficiales. Los defensores de la desigualdad también cuentan con patotas que están dispuestas a hacer el trabajo sucio como no podría hacerlo una fuerza del estado. No es casual que este tipo de represión, la represión tercerizada, sea comúnmente utilizada para hostigar o amedrentar a quienes se han organizado para modificar un orden de cosas, donde el estado- como en estos casos, pero también las patronales-, amenazado por la organización y la lucha, no puede abiertamente salir a frenar a nadie, porque entonces quedaría desvelado el verdadero interés que representa, el de los ricos que viven a costa del pueblo trabajador. *** CORREPI – Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional – es una organización política que activa en el campo de los Derechos Humanos, al servicio de la clase trabajadora y el pueblo, con especificidad frente a las políticas represivas del estado. Visitá su Web Oficial o visitá su Pagina Oficial en FB
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