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Mitos y leyendas urbanas de Argentina

Paranormal8/29/2011




Bueno gente aca les voy a dejar una serie de mitos y leyendas de argentina algunas conocidas y otras no tanto espero que les guste.


“hombres-gato"


Esta extraña enumeración de apariciones de seres con un comportamiento y una morfología que los identifica más como “elementales” o producto de una actividad goética que como animales o humanoides de origen y evolución netamente natural no puede quedar completa sin la mención de lo que entonces conmocionó a una populosa localidad del sur del conurbano bonaerense: la ciudad de Quilmes, extendiéndose hasta San Francisco Solano y Rafael Calzada. Se trata de la aparición de los que fueron llamados, en su momento, “hombres gato”.
La historia comenzó en realidad en las páginas policiales de los periódicos, cuando se informó de ataques sexuales a varias jóvenes de la zona por parte de “uno o más individuos disfrazados”; altos, de más de ciento ochenta centímetros estando, al parecer, cubiertos de pelaje oscuro, y además lo que llamaba la atención de los investigadores era la increíble agilidad de que hacían gala.
En efecto, cuando las tropelías se sucedieron en demasía, la policía comenzó a tender los cercos con vistas a capturarlos. Pero esto sólo evidenció la habilidad de que eran poseedores, pues sus escapes de redadas prácticamente perfectas eran impresionantes. En ocasiones, se afirmaba que uno de estos seres había sido rodeado en un terreno baldío, aparentemente escondido entre los matorrales, pero cuando treinta o cuarenta hombres cargaron sobre ese punto se encontraron con la sorpresa de que el ente se había esfumado.
A medida que pasaba el tiempo las apariciones se multiplicaron. Lo que dio la pauta de que se lidiaba con un número significativo de seres –se habló de hasta un centenar– era que en una misma noche eran múltiples las observaciones en puntos muy alejados. Los vecinos, al observar la impotencia policial, comenzaron a tomar sus propios recaudos, se armaron, y la emprendieron a tiros con todo bulto que se moviera en la noche.
Algunos de estos casos son interesantes. En una ocasión, por ejemplo, una familia escuchó aterrada cómo algo golpeaba y arañaba su ventana. Sus gritos alertaron a algunos vecinos, quienes salieron a la calle con tiempo de observar cómo una delgada silueta peluda y negruzca ganaba la oscuridad. Dos de estos observadores estaban armados, por lo que se echaron en persecución del ser, disparándole a distancias no superiores a cinco metros. Dos veces, según los testimonios, el ente cayó al suelo por el impacto de los balazos pero en ambos casos se levantó y continuó corriendo como si nada le hubiese afectado.
Corría 1985 y por ese entonces me encontraba yo dictando cursos para varios alumnos que tenía en la zona, por lo que no pude permanecer ajeno a los hechos. Consulté a la policía local, pero ante la imposibilidad de obtener mayor información (había, según me informaron, órdenes expresas de que ningún civil participara en las redadas, aun en el caso de que fuese periodista o investigador) me resigné a enterarme de más por los canales convencionales. El tiempo, sin embargo, me reservaba una sorpresa.
Un hecho sugestivo que ocurría en la zona por ese entonces era el desmesurado incremento de lo que la gente del lugar llamaba “posesiones”. Sacerdotes católicos, pastores evangelistas y oficiantes umbandistas (que en el lugar pululan) recibían una media muy superior a lo normal de solicitudes diarias para exorcizar personas o viviendas.
Creía yo entonces que el fenómeno de los “hombres gato” se debía quizás a un grupo bien organizado y entrenado de individuos que buscaban aterrorizar esos parajes con fines desconocidos. O quizás no tanto: había recibido informaciones de buena fuente de que en las cercanías del epicentro del fenómeno se habían instalado recientemente varios “terreiros” de una nueva agrupación de Umbanda cuyos integrantes directivos acababan de llegar de la hermana república del Uruguay.
Incluso se me acercaron –atemorizados– testigos de extraños ritos en bosquecillos aledaños a los centros poblados como, por ejemplo, el llamado “Monte de los Curas” en San Francisco Solano. Y como el “exorcismo” –adecuadamente arancelado– era el negocio principal de esta gente, pensaba yo que todo muy bien podía deberse a una táctica genialmente montada con miras a asegurarles dividendos por largo tiempo.
Pero entonces ocurrió algo que me obligó a cambiar mis puntos de vista. Una de estas familias con “poseídos” en su seno, a quienes les fui recomendado, requirieron mi opinión. En este caso debía ocuparme de una niña, hija de los dueños de casa que todas las noches, exactamente a las dos de la mañana comenzaba con sus crisis caracterizadas por gritos ininteligibles, llanto, convulsiones y taquicardia. Los médicos y un psiquiatra consultados habían arriesgado los diagnósticos convencionales, pero hasta ese momento habían fracasado en la terapéutica. De allí, la intención de los directos afectados en consultar a un parapsicólogo.
Así es que una noche decidí montar guardia en la vivienda de la familia "C." (guardo reserva sobre sus nombres por su expreso pedido) junto a los padres de la muchacha y otros dos hombres, tíos de ésta. A las once de la noche la niña se dirigió al humilde dormitorio y concilió rápidamente el sueño. Los demás, en tanto, permanecimos en la cocina, conversando, bebiendo café y turnándonos en vigilar a la aparente afectada.
A medida que nos acercábamos a las dos de la mañana la tensión, aunque disimulada en los comentarios, indudablemente iba en aumento. Exactamente a las dos, la niña comenzó a gritar. Y en tropel nos dirigimos los cinco al dormitorio.
Elena (uso su nombre de pila) dormía y gritaba en sueños. Pero mi atención fue capturada en realidad por lo que ocurría fuera de la casa o, mejor dicho, sobre ella; en el techo se escuchaban pesadas pisadas como si un hombre caminara en círculos. Uno de los hombres corrió a buscar un arma, mientras los demás hicimos lo propio hacia la única ventana de la habitación.
En aquel momento, “eso” (lo que fuera) aparentemente se dejó caer desde el techo al suelo, frente a esa pequeña ventana y muy cerca de ella; tan cerca que yo mismo, circunstancialmente a la cabeza del grupo, sólo vi una sombra que cubría las estrellas –lo único visible en una noche oscura como la tinta– y un gran cuerpo peludo cubriendo la misma.
Mi reacción fue absolutamente instintiva: diez años de práctica en artes marciales hacen que muchos reflejos sean condicionados y ante el peligro el instinto de huída se transforma en un instinto de ataque: me tendí hacia delante, descargando con mi puño izquierdo un golpe sobre ese torso oscuro. Hoy, en situación de frío observador, entiendo que lo mío fue una estupidez.
Lo cierto es que bajo mi mano sentí una sensación repugnante; era un cuerpo muy frío, mucho más de lo que su presunción de mamífero daba a suponer, increíblemente blando; en este sentido la imagen táctil más aproximada que puedo dar es una bolsa de cuero rellena con gelatina. Las cerdas eran duras, y casi perpendiculares a la piel, o al menos así me pareció. Sorpresivamente, el ser se desplazó hacia una esquina de la casa, de forma que al asomarnos por la ventana ya le habíamos perdido de vista.
Salimos a la carrera. Yo me asomé por la ventana, pero el verdadero barrial que rodeaba a la vivienda –hacía varios días que llovía intermitentemente– no permitía distinguir huella apreciable alguna.
En ese momento comprendí que, fuese lo que fuera el extraño ser, estaba estrechamente ligado a los pensamientos de Elena y, quién podía dudarlo, nadie podía estar tranquilo respecto de su seguridad.
Pero hay algo más. En esos días, pobladores de la zona completamente aterrorizados y desilusionados por los fracasos en la investigación policial comenzaron a solicitar en gran número el apoyo de profesionales en parapsicología, buena parte de ellos provenientes de localidades muy alejadas del epicentro de los hechos (lo que invalida la suposición de que los propios colegas zonales incentivaran los rumores con fines monetarios).
Me consta que muchos de ellos también interpretaron a los “hombres gato” como subproducto o consecuencia de actividades goéticas (obsérvese que tenían, morfológicamente y en cuanto a sus conductas, gran parecido a súcubos, los demonios medioevales que se materializaban para atacar sexualmente o perturbar la paz espiritual de los hombres): la violenta desaparición de los fenómenos unos días más tarde, casi tan violenta como fue su irrupción en las vidas de estas gentes sencillas, me ha convencido de que fue el esfuerzo psíquico conjunto de un número grande de entrenados expertos lo que puso fin a esta pesadilla.




LA CANCION






Terror en la ruta

Una de las historias populares más macabras entre las creadas en el siglo XX es la que hace referencia a un conductor que en el último momento decide no recoger a un viajante. Generalmente el narrador comienza diciendo: "¿Te conté lo que le ocurrió a mi amigo? Bueno, de hecho fue a su primo..." Y continúa así: Un automovilista va conduciendo por una carretera, cuando ve a un hombre joven con el pulgar levantado. Al disminuir la velocidad para recogerlo queda consternado al ver que detrás de los arbustos o árboles de la carretera asoman dos o tres compañeros suyos.

Considerando quizá que están abusando de su generosidad, o tal vez alarmado ante la posibilidad de que se trate de una banda de ladrones, el conductor decide en el último momento no recogerlos. Los viajantes se encuentran ya bastante cerca del coche, pero el conductor pisa el acelerador a fondo y se aleja tan rápido como puede. Los viajantes parecen enojados: gritan y chillan mientras el automovilista se aleja. Feliz de haber logrado escapar a tiempo, el conductor sigue su camino unos kilómetros sin detenerse. Después, al comprobar que el indicador de la gasolina se acerca al cero, se para en una estación de servicio.
Acto seguido observa que el operario de la estación de servicio, lívido como la cera, se aparta horrorizado del coche. El conductor baja para ver qué es lo que pasa, y queda paralizado de horror ante lo que ven sus ojos.

Atrapados en una de las manijas de la puerta hay cuatro dedos humanos.




El colectivero (enviada por Ignacio)

Una noche en Rosario (provincia Argentina), enfrente del cementerio "El Salvador", un colectivero (chofer de ómnibus) de la línea "114" iba conduciendo de noche medio dormido, de pronto, ve impotente como una chica se le cruza velozmente frente al ómnibus y este la arroya.

El colectivero asustado por lo sucedido y lo tétrico de el lugar decide retroceder, esquivar el cadáver de la chica y escapar. Luego de unos minutos de ir a toda velocidad y no detenerse en sus paradas normales, completamente histérico ve por el espejo retrovisor, que la chica que había arrollado está sentada en el ultimo asiento mirándolo fijo y llorando.




El Diablo en El Espejo (Pro. de Córdoba) este es conocidisimo


Esta historia ocurre en Villa Carlos Paz, y quien la cuenta afirma que le ocurrió al amigo de un primo suyo.

Estábamos todos tomando unas cervezas en un bar de mi ciudad. estábamos entre risas y tomando lo normal, cuando apareció un flaco moreno, con vestimenta gótica, de unos 21 años, como nosotros. Pablo, uno de mis amigos que allí se encontraban, lo saludó, puesto que eran amigos. Se sentó con nosotros y hablamos durante unas horas.

Al cabo de unas, más o menos, 3 horas, el tema de conversación pasó a ser historias de miedo, como que ya había anochecido y nos encontrábamos ahora en un descampado. Nos contábamos historias terroríficas y acabamos realmente asustados. Entonces Geronimo, el pibe gótico, dijo que conocía una forma de ver al Diablo. Lo escuchamos, la verdad, con la misma atención de cuando te cuentan un chiste. El procedimiento que hay que seguir es el siguiente:

(Textualmente)"En Nochebuena, justamente a las 12 de la noche, el Diablo hace la inspección en la Tierra, la única en el año, así que si queremos verlo tiene que ser ese mismo día a esa misma hora. Vete al baño, puesto que es el lugar más propicio para realizar el evento, y cerra la puerta. Encendé 12 velas, al poder ser negras, y cuando quede poco para que sean las 12, cerras los ojos y te paras frente al espejo. Manténlos cerrados hasta que quede solo una campanada de las doce que debe sonar. En ese segundo verás al Diablo en el espejo"

Todos nos lo tomamos en joda, pero David, otro amigo, dijo que lo haría sin problema. estábamos a 20 de Diciembre, así que en cuatro días lo haría, solo pedía que hubiese un testigo, y que sería en su casa. Ese testigo fui yo.

24 de Diciembre, las 23:55. Todo estaba preparado y nadie nos molestaría. Entró David solo, yo tengo mucho miedo a esas cosas. Se cerró la puerta y esperé sentado afuera. Las campanadas sonaron, y yo estaba al acecho de que alguien estuviese espiando para darme un susto, pero no pasó nada. Suspiré, aliviado, llamé a David. No contestó. Atemorizado, abrí la puerta de un golpe, y lo encontré en el suelo, agarrándose el corazón. Y en el aire se olía el inconfundible rastro del azufre. Llamé a la ambulancia y se lo llevaron al hospital.

Le diagnosticaron un infarto al corazón a causa de un sobresalto, una crisis nerviosa. Yo no pude dormir durante meses, hasta que fui tratado por un psicólogo. Cuando por fin David se recuperó, me dijo a mí sus primeras palabras:


"Lo vi. . . Tengo mucho miedo"

Ahora ya conseguí dormir, pero David no es ya el mismo. Recuperó algo de su vitalidad, pero aún se le nota muy apagado, triste. Dicen que es porque el infarto lo deja a uno mal. No fue eso: fue lo que vio en el espejo. Y estará así hasta que se muera.




El Hombre sin Ojos

Relatan algunos habitantes que hace tiempo solía verse a un hombre sin párpados deambular por los vagones de la línea de ferrocarril Mitre. Numerosos testimonios daban cuenta de que siempre subía o bajaba del tren en la Estación Coghlan.

Sobre su aspecto circulaban distintas explicaciones. Según algunos, se trataba del alma de un muerto que se había suicidado arrojándose a las vías. Según otros, era un hombre de la zona que al momento de morir padecía una terrible infección ocular. Más allá de estas discrepancias, todavía muchos vecinos del lugar buscan en el andén los ojos del hombre sin párpados, a los que se le atribuyen poderes mágicos


Este es el final...y que piensan ahora?? Parece que no existe un solo lugar en nuestro pais en el que no exista un
mito...
¡¿Creer o no creer?!




La Dama del Cementerio

Es un caso parecido es aquél que cuenta que un hombre quedó encerrado en el cementerio al terminar el horario de visitas. Inquieto comenzó a dar vueltas por el lugar en busca del sereno para que le abriera la puerta. No lo encontró pero advirtió que frente a una tumba estaba una mujer de pie (según las variantes del relato, puede tratarse de una niña, una adolescente o una mujer adulta). El hombre se le acercó entonces y le contó su situación, alegrándose de ver a alguien más por allí. La mujer le respondió que a ella le había ocurrido lo mismo y que no se preocupara, ya que conocía un lugar desde donde podrían salir.

Con la dama como guía, el sujeto la siguió entre las lápidas, hasta que ella se detuvo indicándole una de las paredes perimetrales del cementerio. Al comprobar que no había ninguna puerta, el hombre le preguntó cómo hacer para salir por ese lugar inaccesible. –Así le respondió la mujer mientras atravesaba el muro.




El Dientudo de Ranelagh


Ubicamos esta increíble historia en la ciudad bonaerense de Ranelagh, a diez kilómetros de la Capital Federal, en febrero de 1963; un poblado de bajas construcciones, de muchas calles aún sin pavimentar, de arroyuelos contaminados y alrededores oscuros por las noches. Un poblado que durante ocho días con sus noches fue asolado por las terroríficas visitas de un ente bautizado por la prensa como “el dientudo”.
La descripción es significativa: alto (un metro ochenta centímetros, o más), delgado, cubierto de un vello parduzco, ojos muy brillantes (diríamos, ¿fosforescentes?) y dos colmillos extraordinariamente largos que le dan su apodo.
Visto por numerosos testigos en horas de la noche, en las cercanías de un desvencijado puentecillo de las proximidades, hirió en sus ataques a un par de lugareños. Pero su objeto de especial atención eran los perros: mató a varios, aparentemente para devorarlos, según evidenciaban sus restos y una noche, un agente de policía apostado de vigilancia (pues superando la aparente incredulidad oficial y periodística, la policía no podía ignorar la masa de testimonios) logró avistarlo y abrir fuego sobre él con su arma reglamentaria. En la mañana siguiente los investigadores hallaron junto a las huellas del ser restos de sangre, indicio de que había sido herido.
A partir de entonces, jamás volvió a ser visto. Y es válida la presunción de la gente del lugar de que fue herido de muerte, cayendo al apestoso arroyo en cuya agreste ribera se cobijaba, para desaparecer.




Los Fantasmas del Subte

Varias historias circulan en torno a los subterráneos de la ciudad de Buenos Aires, que tienen como escenario principal las estaciones de la línea A, la primera de la red inaugurada en 1913, que actualmente une Plaza de Mayo con Primera Junta.

Una de ellas cuenta que un antiguo operario de la estación Sáenz Peña concurrió a los sanitarios en horas de servicio y encontró en ellos a un hombre degollado sobre un charco de sangre. De inmediato el atribulado empleado dio el alerta al personal de seguridad de la estación, quien acudió rápidamente a inspeccionar el lugar, encontrando el sitio en perfectas condiciones y sin ningún rastro de violencia. El veredicto fue unánime: se trataba de una alucinación.

Al día siguiente, volvió a repetirse la situación, aunque el protagonista fue esta vez otro empleado. Durante largo tiempo, muchos fueron los trabajadores que afirmaban haber visto al degollado en el baño de esa estación.

Otra historia de aparecidos tiene como escenario el tramo comprendido entre las estaciones Alberti y Pasco, aunque su figura central esta vez es una extraña mujer en traje de novia. Cuentan los dichos que se trata del fantasma de una joven a la que su prometido abandonó ante el altar, circunstancia por la cual la muchacha habría salido intempestivamente de la iglesia y se habría arrojado a las vías del tren. Otra versión, más romántica aún, señala que la ceremonia del casamiento se realizó pero al tratarse de una unión concertada por los padres de los novios, la muchacha prefirió suicidarse al salir de la iglesia antes de contrariar su propia voluntad.




La Dama Vestida de Negro

En San Gregorio, localidad cercana a Venado Tuerto, Provincia de Santa Fe, sus pobladores relatan que una mañana de cerrada llovizna, un abastecedor del frigorífico Maru de Rufino encontró en la ruta 14 a una mujer vestida de negro que hacía el tradicional gesto de autostop.

La llevó hasta la ciudad y cuando la dama se bajó, tras agradecerle por haberla acercado hasta escasa media cuadra de su casa, le dijo su nombre: Nancy Núñez. Poco después, el hombre se enteró de que Nancy Núñez había fallecido un año y medio atrás en un extraño accidente, cuando la avioneta que piloteaba su marido había perdido una de sus ruedas impactando en el auto que ella conducía, lo que le había causado la muerte instantáneamente.

El sorprendido abastecedor descubrió también que el lugar en donde había parado para levantar a la mujer, entre Cristophersen y San Gregorio, era exactamente el sitio donde había ocurrido la tragedia que poco antes había conmocionado a la localidad. Otros testimonios dan cuenta de la misma aparición, en la misma ruta, a la altura del lugar del accidente




El Familiar


Según se dice, el Familiar es el demonio mismo, y por lo general se lo ha visto o se tiene conocimiento cabal de él en zonas de grandes establecimientos fabriles o ingenios.
Es comentado que los dueños de estas fábricas, realizan un contrato con el Diablo por el cual éste puede comerse unos cuantos peones para que la industria tenga un año próspero.
Mucha gente asegura que el familiar, la mayoría de las veces con forma de gigantesco perro negro sin cabeza y que arrastra una pesada cadena, se pasea por las noches en medio de los cañaverales a la espera del que será su próxima víctima.
En otras provincias se dice que el Familiar tiene también forma de víbora negra y con pelos o tal vez de persona.

Como a la mayoría de estos seres, la forma de contrarrestar su ataque es con un rosario, una cruz, mucha valentía o Fe.




La Luz Mala

Nuestro interior provinciano es muy lindo en paisajes y bellezas naturales, pero más bondadosa ha sido la naturaleza con el hombre que habita en esas "soledades"; en esa eterna quietud y paz. Soledad que se convierte en compañía para el espíritu, que le infunde melancolía y le fortifica el alma. Pero no siempre hay tranquilidad en esos parajes; las corridas, los velorios, las fiestas religiosas y las supersticiones mantienen inquieto al hombre de cerro y de campo y le tornan divertida su monótona vida.
La riqueza cultural de nuestra gente es inimaginable; resultado de la fusión de las antiguas culturas aborígenes, del cristianismo, de las soledades y desventuras que en el marco geográfico se desarrollaron a través de años y años. Un tesoro que el hombre de la ciudad por su vida agitada y sofocante muchas veces no conoce, y que forma parte de nuestra tradición.

Entre las supersticiones y leyendas de la gente del campo o de los cerros está la de la "luz mala" o "Farol de Mandinga", mito con trascendencia religiosa que se extiende por casi todo el Noroeste Argentino.
En algunas épocas del año (generalmente las más secas) se suelen ver de entre las pedregosas y áridas quebradas de los cerros del oeste tucumano (Mala Mala, Nuñorco, Muñoz, Negrito, Quilmes, etc), a la oración - de tarde -, o cuando los últimos rayos del sol iluminan las cumbres de los cerros y el intenso frío de la noche va instalándose en los lugares sombreados, una luz especial, un fuego fatuo; producto de gases exhalados por cosas que se hallan enterradas conjugados con los factores climáticos; a ella - con terror y morbosidad - los lugareños denominan "luz mala" o el "farol del diablo".
El día de San Bartolomé (24 de agosto) es el más propicio para verlos, ya que es cuando parece estar más brillante el haz de luz que se levanta del suelo y que, por creencia general, se debe a la influencia maligna, ya que popularmente estiman que es el único día en que Lucifer se ve libre de los detectives celestiales y puede hacer impunemente de las suyas (Ambrosetti, "Supersticiones y leyendas".

La luz es temida también por que imaginan ver en ella el alma de algún difunto que no ha purgado sus penas y que, por ello, sigue de esa forma en la tierra.
Generalmente nadie cava donde sale la luz por el miedo que ésta superstición les ha producido, los pocos que se han aventurado a ver que hay abajo de la luz siempre han encontrado objetos metálicos o alfarería indígena - muchas veces urnas funerarias con restos humanos, lo que aumentó el terror- que al ser destapada despide un gas a veces mortal para el hombre, por lo que los lugareños aconsejan tomar mucho aire antes de abrir o sino hacerlo con un pullo - manta gruesa de lana - o con un poncho, de suerte que el tufo no llegue a ser respirado.
Debido a la continua migración a las ciudades y centros poblados, y por constante progreso estas leyendas van quedando reservadas solo para los mayores; la juventud se preocupa por otras cosas que estima más importante.-




La Mulánima

También llamada Alma-mula, este engendro es una mujer condenada por pecados muy graves en contra del pudor. Galopa por los campos haciendo un ruido metálico estruendoso - como si arrastrara cadenas -; echa fuego por la boca, los ollares y los ojos y mata a la gente a dentelladas o a patadas. Se la ve sólo de noche y su apariencia es la de una mula envuelta en llamas..

En Tafí del Valle se ha encontrado, en la "Ruta de Birmania" (camino que lleva al Ojo de Agua y que pasa por detrás de la Loma del Pelao), una piedra con una pisada de este animal.
Se comenta que sólo un hombre con mucha Fe o muy valiente puede escapar de su infalible ataque. Para repelerla o defenderse se debe repetir tres veces "Jesús, María y José".

Algunas personas dicen que el Alma-mula es el Diablo mismo.




El Basilisco

Es un animal muy extraño, semejante a un reptil con un solo ojo en la frente redondo y sin párpados. Dice la leyenda que nace de los huevos pequeños y sin yema que ponen algunas gallinas y en algunas regiones se comenta que de los huevos puestos por gallos viejos.
El basilisco puede esconderse en cualquier recoveco de la casa y la persona que lo vea al ojo puede morir de inmediato o quedar ciega. Una forma de combatir a este prodigio es lograr que se observe en un espejo y muera del espanto.

Hay que tener cuidado de destruir los huevos antes de que el animal nazca, pues su gestación dura alrededor de un día.




El Pombero

Es muy parecido al Duende, pero a diferencia de aquel, se lo ha visto muy pocas veces.
Tiene los pies al revés para dificultar su búsqueda. Puede tomar la forma de cualquier animal. Según Bossi, a la distancia parece un carpincho parado en las patas traseras, sus ojos no son como los nuestros, sino chatos, como los del sapo, y con cejas de pelo largo.
Mira fijo igual que las lechuzas. Tiene la boca grande y alargada y sus dientes son muy blancos.
Se dice que es el dueño de los pájaros y del sol y señor de la noche.
sale a pasear en los meses de Octubre y Noviembre, cuando empieza el calor

Cuentan que una vez, el Pombero se enojó con un hachero de la provincia de Formosa: Marco Gavasa, lo sacó del rancho con cama y todo durante la noche y lo dejó en medio del monte. Esto mismo se repitió durante varias noches hasta que una vuelta lo golpeó y lo dejó paralítico. Marco Gavasa murió a los 86 años en el año 1972.
Quiere a los chicos buenos y golpea a los malos. Cuando uno le imita el grito o el silbido, éste le contesta en forma enloquecedora. Dicen que se lo ahuyenta con ajo.




La leyenda de la llorona.(de todos lo países)

Consumada la conquista y poco más o menos a mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad de México se recogían en sus casas con el toque de queda, avisado por las campanas de la primera Catedral; a media noche y principalmente cuando había luna, despertaban espantados al oír en la calle, tristes y prolongadísimos gemidos, lanzados por una mujer a quien afligía, sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico.
Un Alma en Pena

Las primeras noches, los vecinos se resignaban a santiguarse por el temor que les causaban aquellos lúgubres gemidos, que según ellos, pertenecían un ánima del otro mundo; pero fueron tantos y tan repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir a las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las oscuras noches o en aquellas en que la luz pálida de la luna caía como un manto vaporoso lanzaba agudos y agónicos gemidos.

Vestía la mujer un traje blanco y un espeso velo cubría su rostro. Con lentos y callados pasos recorría muchas calles de la ciudad, cada noche tomaba distintas calles, pero siempre pasaba por la Plaza Mayor (hoy conocida como el Zocalo de la Capital), donde se detenía e hincada de rodillas, daba el último angustioso y languidísimo lamento en dirección al Oriente; después continuaba con el paso lento y pausado hacia el mismo rumbo y al llegar a orillas del lago, que en ese tiempo penetraba dentro de algunos barrios, como una sombra se desvanecía entre sus aguas.

“La hora avanzada de la noche, – dice el Dr. José María Marroquí- el silencio y la soledad de las calles y plazas, el traje, el aire, el pausado andar de aquella mujer misteriosa y, sobre todo, lo penetrante, agudo y prolongado de su gemido, que daba siempre cayendo en tierra de rodillas, formaba un conjunto que aterrorizaba a cuantos la veían y oían, y no pocos de los conquistadores valerosos y esforzados, quedaban en presencia de aquella mujer, mudos, pálidos y fríos, como de mármol. Los más animosos apenas se atrevían a seguirla a larga distancia, aprovechando la claridad de la luna, sin lograr otra cosa que verla desaparecer llegando al lago, como si se sumergiera entre las aguas, y no pudiéndose averiguar más de ella, e ignorándose quién era, de dónde venía y a dónde iba, se le dio el nombre de La Llorona.”

El Origen de La Llorona
El antecedente mas conocido de la leyenda de la llorona tiene sus raíces en la mitología Azteca. Una versión sostiene que es la diosa azteca Chihuacóatl , protectora de la raza. Cuentan que antes de la conquista española, una figura femenina vestida de blanco comenzó a aparecer regularmente sobre las aguas del lago de Texcoco y a vagar por las colinas aterrorizando a los habitantes del gran Tenochtitlán.

“Ay, mis hijos, ¿dónde los llevaré para que escapen tan funesto destino?”, se lamentaba.

Un grupo de sacerdotes decidió consultar viejos augurios. Los antiguos advirtieron que la diosa Chihuacóalt aparecería para anunciar la caída del imperio azteca a manos de hombres procedentes de Oriente. La aparición constituía el sexto presagio del fin de la civilización.

Con la llegada de los españoles al Continente Americano, y una vez consumada la conquista de Tenochtitlan, sede del Imperio Azteca, años mas tarde y después de que murió Doña Marina, mejor conocida como la “Malinche” (joven azteca que se convirtió en amante del conquistador español Hernán Cortés), se decía que esta era la llorona, la que venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sometieran.

Las “Otras” Lloronas
Esta leyenda se extendió a otros lugares del País, manifestándose de diversas maneras. En algunos pueblos se decía que la llorona era una joven enamorada que había muerto en vísperas de la boda y traía al novio la corona de rosas blancas que nunca utilizó.

En otras partes, se creía que era una madre que venía a llorarle a sus hijos huérfanos.
Algunos afirman que es una mujer que ahogó a uno de sus hijos y por la noche lo busca a lo largo de los riachuelos o quebradas, exhalando prolongados lamentos.

Otra descripción de la llorona es la siguiente:
Mujer de figura desagradable, alta y desmelenada, de vestido largo y rostro cadavérico. Con sus largos brazos sostiene a un niño muerto. Pasa la noche llorando, sembrando con sus sollozos lastimeros, el terror en los campos, aldeas, y aún en las ciudades.

Se hace referencia a este personaje acorde con la tradición oral, donde se le define como una madre soltera que decidió no tener a su hijo y por eso aborta, acarreándole esto el castigo de escuchar permanentemente el llanto de su niño. Este castigo la desesperó y la obligó a deambular por el mundo sin encontrar sosiego, llorando, gimiendo e indagando por el paradero de su malogrado hijo.









El Pitayovai

Llamado también Talonyovai, son genios malignos que tienen el aspecto de indiecitos y habitan en las selvas del Alto Paraná, en el litoral argentino, también en el Chaco paraguayo y se dice que son antropófagos.
Tienen los pies sin dedos y los talones para adelante (su nombre en guaraní significa: talón frente a frente), de esa manera desconcierta a todo aquél que intenta huir de él.
Poseen como arma hachas de doble filo, y subiendo en los árboles, esperan a que alguien pase para tirarse encima y matarlo. Ahorcan, muerden, destrozan y devoran a la gente que atrapan.
Como comenta Elena Bossi, aún se recuerda cómo durante la guerra del Paraguay con Bolivia, en 1932, el Pitayovai mató a muchos soldados destinados al monte.




La Umita

Está historia es conocida mayormente en el noroeste argentino, con menos influencia en el norte de Jujuy. Entre varias versiones (Colombres, Coluccio, etc.), transcribiré la de Paleari, que en cierto modo comprende a las otras...
Se cree que el nombre de Umita es un diminutivo castellanizado del vocablo quichua UMA que significa cabeza y, efectivamente, la leyenda se refiere a una cabeza de hombre (algunos obvian el sexo) con abundante y larga cabellera, ojos desorbitados, y tremenda dentadura que flota en el aire por las noches, gimiendo, llorando y provocando el terror entre quienes tienen la triste suerte de encontrarla.
Es un "alma en pena", sin duda, que paga sus culpas con el errabundo y eterno vagar por los caminos solitarios. Nadie sabe por qué fue condenada al Purgatorio, ni por qué se empeña en provocar el susto. Alguna vez un paisano valeroso la enfrentó y lucharon toda la noche, hasta el alba. Ganó y la Umita se transformó en toro o en ternero. Previamente narró su culpa al vencedor pero éste, a sus vez, no pudo contarle a nadie, pues como precio a su hazaña perdió el habla para siempre.




La leyenda del coronel fantasma que recorre La Pampa argentina

Bueno, todo empieza en un viaje que hago a La Pampa (Argentina), más precisamente a Carro Quemado. Una noche salí a cazar al monte con un amigo y guía de la zona, y luego de haber caminado por más de una hora, decidimos parar al costado de un alambre para tomar un trago de licor para pasar el frío. De repente escucho el galopar de un caballo, me doy vuelta y veo que el caballo se dirigía hacia nosotros con su respectivo jinete, por lo cual me tiro al piso para que no me vea ya que estábamos en un campo sin permiso. La cuestión es que a poco menos de 20 metros de nosotros desaparece.

Mi amigo y guía me pregunta qué estaba haciendo, que por qué me había tirado al piso y cuando le conté lo que había visto (el no vio, ni escuchó nada) me dijo:
"Por fin alguien más lo vio" y pasó a contarme que hace unos años el también había visto lo mismo y en el mismo lugar.

Le leyenda del lugar cuenta que es un coronel o algo asi que sale a buscar a sus soldados muertos a manos de los indios que allí habitaban.

Cabe destacar que esos campos estaban en las rutas de la famosa batalla del desierto encabezadas por el ex presidente argentino, Rosas (con miles de indios muertos).

Bueno, espero puedan creer lo que les cuento porque realmente me sucedió.


EL AHORCADO DEL CEMENTERIO – CHACARITA

Cuenta la leyenda que alrededor del cementerio de la chacarita (También conocido como el cementerio del oeste) suele encontrarse durante las noches de los jueves de luna llena una extraña y muy curiosa visión. Precisamente en la calle Jorge Newbery, a metros de la intersección con las vías, colgado de uno de los árboles mas cercanos al muro del antiquísimo cementerio, un extraño espíritu apenas perceptible de un hombre ahorcado en una de las ramas mas altas del árbol. Algunos testigos que dieron testimonio afirman que el espíritu pose un cuerpo semitransparente con un avanzado estado de putrefacción. Muchos lo describen con ropas antiguas y sucias.

Esto último nos lleva a pensar que puede ser un alma en pena de aquellos tiempos negros del año 1871 donde buenos aires sufrió la horrible fiebre amarilla. Ya que no hay documentos de aquellos tiempos que abarquen justamente sobre un suicidio así en la zona nos basamos en las habladurías de los pocos testigos de la aparición. Muchos sostienen que era una persona victima de dicha nefasta enfermedad. Otros muchos dicen que la expresión de dolor de su rostro es por la perdida de algún familiar.

En verdad, poco se sabe sobre este fantasma de buenos aires. Sobre este muerto que aun hoy, después de casi 150 años sigue deambulando por la ciudad sin querer pasar del otro lado. ¿Verdad? ¿Mentira? ¿Fabulación de unos pocos? Nadie lo sabe. Solo resta acercarse al lugar.


Cementerio de la Chacarita


EL ERRANTE DE LAS VIAS

Cuenta la leyenda que en algunas noches sin luna, entre las estaciones de Plaza Constitución y Temperley varios individuos del personal del Roca informan la aparición de una extraña persona en los trenes que comprenden ese trayecto.

Durante meses, solo el personal ferroviario pudo distinguir por momentos a una persona de sexo masculino de unos 23 años de edad ya sea en los trenes, las estaciones o al costado de las vías que comprenden esos kilómetros recorrido.

El individuo es describió como demasiado alto para su edad, poseedor de unos ojos negros e inexpresivos y claramente distinguible por su tez extremadamente blanca.

Lo curioso del asunto es que solo el personal y con una cierta antigüedad en la línea puede observar al extraño visitante por unos segundos antes de que este desaparezca del lugar.

Los rumores cuentan de asesinatos en las vías, un suicidio que dejo un alma en pena sobre la tierra o antiguos maquinistas. Pero es algo sin confirmar aun (Ya que no se pudo determinar la identidad del ente).

Solo una vez, la constante de ser vislumbrado por los trabajadores se quebró cuando una chica que viajaba de noche lo distinguió subiendo las escaleras que llevaban al anden medio de la estación avellaneda.

Cabe destacar que por la poca información y reducido cantidad de testigos la leyenda no es tomada como verdadera. Pero si alguien es de manejarse por estas estaciones por las noches…




LA LEYENDA DE RANELAGH – BERAZATEGUI

En el año 1939 (28 años después de la creación del pueblo) la población de Ranelagh crecía en forma vertiginosa, obligando asi, a aumentar el tamaño de la capilla y colegio “Nuestra señora de la Merced” al actual templo parroquial. El dinero para la construcción fue donado por la Sra. Adela A. de Ayerza cuyo marido, Abel Ayerza, fue muerto trágicamente. Esto genero que el templo fuera bendecido en memoria del difunto señor de Ayerza.

Cuenta la leyenda. Que una de las primeras misas nocturnas posteriores a la expansión del templo unos feligreses vieron una sombra oscura deslizarse por detrás del altar que, unos segundos después de ser divisada, desaparecía entre las paredes del recinto.

Hoy en día, una gran cantidad de testigos de Ranelagh hablan sobre un espectro que se desplaza por los terrenos de la parroquia bajo la mortecina luz de la luna. Siempre de negro y siempre desapareciendo entre las sombras cuando alguien se percata de su presencia.

Estos mismos testigos, cuyos nombres no se dieron a conocer destacan las facciones (Si se podrían llamar facciones) de dicho ente y, misteriosamente, no solo concuerdan entre las facciones dadas entre los mismos testigos sino con la del fallecido Abel Ayerza. Quien, sin saber que está muerto aun o sin terminar algo sobre este mundo terreno decidió deambular
sobre la tierra de los vivos en vez de pasar a ser parte del mundo de los muertos.





“La Dama de Blanco” (RECOLETA)

Rufinita Cambaceres, era una joven aristócrata hija de Eugenio Cambaceres un escritor de la década del 1800 y Luisa Baccini, al morir su padre de Tuberculosis, su madre paso a ser la “favorita” de Hipólito Yrigoyen (nuestro único Presidente soltero).
Para ese entonces Rufina ya había cumplido catorce años, era muy agraciada y cantidad de mozos rondaban la antigua casona de Montes de Oca, sin obtener no obstante sus favores. Ella sabía a quién amaba, con ese silencio que la caracterizaba.
Corría el año 1902, algunos hablan de 1903…, pero fue el día 31 de mayo en que Rufina cumplía sus diecinueve años, y Luisa había dispuesto una importante celebración para terminar luego la noche en el Teatro Colón disfrutando de una función lírica. Tales eran los planes. Sin embargo, el destino movió los hilos en un sentido diferente.
Según cuentan, ese día del cumpleaños diecinueve de Rufina, recibió de labios de su amiga íntima una revelación que desencadenaría los hechos subsiguientes. Pues que el mismísimo novio de la niña mantenía relaciones con su bella madre, que eran amantes. El impacto que le produjo esta confidencia ocasionó a Rufina tal lacerante dolor, que su corazón literalmente se destrozó y le provocó la muerte en el acto.

Uno de los médicos presentes diagnosticó un síncope. Tres médicos certificaron que Rufina había muerto.
Hipólito Yrigoyen se cuidó de acompañar a Luisa e inhumar sus restos en la Recoleta.
Sin embargo, esta funesta historia no había acabado aún; el espanto recién comenzaba.

Un par de días más tarde, el cuidador de la bóveda de los Cambaceres debió comunicar a Luisa que descubrió abierto y con la tapa quebrada el féretro de Rufina. El cajón se había movido; y cuando lo abrieron, encontraron a la joven con el rostro y las manos arañados y amoratados.
Se cuenta que Rufina habría sido víctima de un ataque de catalepsia y despertó en la oscuridad del sepulcro para rendirse y volver a morir después de una desconsolada y estéril pelea.
Oficialmente se manifestó que se había tratado de un hurto, dado que la niña había sido enterrada con sus joyas más lucidas; no obstante, a Luisa le tocó vivir el resto de su vida remordida por el conocimiento y certidumbre de que su hija había padecido un ataque de catalepsia por lo que fue sepultada viva.

Se dice que la joven Rufina, vaga entre las bóvedas por las noches, llorando por amor con su corazón destrozado…




FANTASMAS EN EL MUSEO

El Museo de Arte Hispanoamericano "Isaac Fernández Blanco" es quizás uno de los más interesantes paseos que nos ofrece la nutrida agenda cultural de la ciudad de Buenos Aires. Allí se exhibe la colección pública de platería colonial de origen altoperuano, peruano y rioplatense más importante de Iberoamérica. Se destaca también el patrimonio de pintura de las escuelas altoperuana y cuzqueña, de imaginería quiteña y jesuítica, de mobiliario lusobrasileño, y de artes decorativas del período republicano. Su acervo comprende objetos de las artes mayores y decorativas desde el período colonial hasta los siglos XVI y XX. Entre las colecciones menores se destacan la de grabados, la de peinetones de carey de tamaño desmesurado que caracterizaron la moda rioplatense hacia 1830, y la de cerámica española de los centros de Talavera de Reina, Puente del Arzobispo, Alcora y Manises.

A principios del siglo XVII, el solar donde hoy se levanta el museo era ocupado por una compañía importadora de esclavos, y luego pasó al dominio de la Parroquia del Socorro. Hacia 1920, el arquitecto Martín Noel (1888-1963) construyó un complejo de estilo neocolonial que conjuga jardines andaluces, techos jesuitas, balcones miradores, y hermosas cerámicas españolas. En 1936, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires adquiere el "Palacio Noel" junto con la colección de arte del arquitecto, y en 1937 se crea el primer "Museo de Arte Colonial". En 1943 se trasladan allí las importantes colecciones donadas por Isaac Fernández Blanco, y en 1947 la institución toma su denominación actual. Si bien hacía ya varios años que se tenía conocimiento de los extraños sucesos que tenían lugar en la residencia, fue a fines de la década de 1920 que se confirmaron estos informes. Herbert Hoover, presidente electo de los Estados Unidos, visitó Buenos Aires en 1928 y fue alojado en la Mansión Noel. Algunos integrantes de su comitiva denunciaron haber visto una misteriosa figura que se paseaba por los jardines, y el propio Hoover se quejó de no poder dormir debido a los lamentos y ruidos de puertas que se escuchaban por la noche.
En la década de 1940, el poeta Oliverio Girondo y su esposa vivían en la casona contigua a la mansión principal. Allí solían reunirse escritores y poetas, y no era infrecuente que en las noches percibieran una extraña presencia femenina en los patios de andaluces. Algunos llegaron a sostener que habían intercambiado algunas palabras con la espectral dama, y Manuel Mujica Láinez solía trasladarse de un salón a otro de la casa porque decía que una joven lo perseguía. Sobre la base de las supuestas comunicaciones con el fantasma, este pudo ser identificado como una joven de 17 años muerta de tuberculosis, hecho que pudo ser confirmado por los antiguos registros parroquiales.

En Enero de 1989 la Argentina se encontraba en medio de una grave crisis energética, lo que obligaba a realizar interrupciones programadas del suministro eléctrico. A últimas horas de una de esas tardes de Enero, mientras el Ballet Hispania de Graciela Ríos Sáiz ensayaba las coreografías del show que días después presentaría en los jardines del museo, se produjo uno de estos cortes y se decidió suspender las actividades hasta que se restituyese el servicio.
La directora del ballet y algunas de las bailarinas se quedaron conversando en uno de los patios del complejo, pero de pronto observaron algo que les llamó poderosamente la atención. Sobre uno de los grandes maceteros del jardín vieron una figura femenina blanca y muy alta en la que no pudieron reconocer un rostro, y se percataron que tenía una consistencia similar a una nube o niebla espesa, aunque no era transparente.
Primero pensaron que podía ser un reflejo pero no había ninguna fuente de iluminación y, además, la figura no resaltaba por su luminosidad sino por su extrema blancura. La observaron por unos minutos y se sorprendieron cuando se desvaneció para reaparecer segundos más tarde en el otro extremo del jardín. Ninguna sintió miedo o ansiedad frente a esta experiencia, pero decidieron retirarse del lugar y dar por terminados los ensayos. Al día siguiente, cuando comentaron lo ocurrido a las autoridades del museo, tomaron conocimiento de la historia del fantasma del Fernández Blanco.

perdonen pero para este no conseguí imagen, si les gusto comenten y si me ayudan a se nfu copense amigos

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