América, granero del terrorismo yihadista
Terrorista Jaime Omar Yassin
Captura de pantalla de Jaime Omar Yassin (los brazos cruzados) en Occupy Oakland Asamblea General de 26 de febrero de 2012, emparejados para la comparación con la foto de Salah Abdul Karim Yassine detenido en Uruguay (Cromos [Bogotá]), 24 de septiembre de 2001.
Fuente potencial y real de financiación de los yihadistas a través del narcotráfico, territorio-refugio para albergar a terroristas más buscados por la Justicia, una región en franco crecimiento y permeable a la difusión de la ideología radical; y la existencia de graves desigualdades y problemas sociales que no pongan el foco sobre ellos parecen a priori argumentos suficientes para que Latinoamérica no sea escenario de atentados del yihadismo.
Pero la bomba que explosionó en el centro cultural judío AMIA (Argentina) en 1994, que ha vuelto a acaparar el primer plano de la actualidad tras la muerte del fiscal Nisman, y el intento de magnicidio del presidente Fox (México) en 2000 evidencian que la amenaza yihadista se extiende por todo el mundo y que Latinoamérica no escapa a los objetivos de los radicales islámicos, aunque no se dibuja como escenario a corto plazo para este nuevo de tipo de terrorismo.
Atentado AMIA, Buenos Aires 1995
El 10 de octubre de 2001 un grupo de diez terroristas vinculados a Hizballah fue detenido en México cuando planificaba el asesinato del presidente Vicente Fox y llevar a cabo una serie de atentados en cadena contra la sede del Senado.
Todos se habían infiltrado en el país desde la Triple Frontera, donde habían hecho un curso de entrenamiento intensivo.
La magnitud del atentado previsto encendieron las alarmas en el continente.
Al Qaeda y Estado Islámico toman el relevo de Hizballah y Hamás y cambian de objetivo
Antes de la aparición en escena de Al Qaeda y del Estado Islámico,
Hizballah, Hamás y tangencialmente los extremistas iraníes
‘encarnaban’ los peligros del radicalismo islámico.
Ali Khalil Merhi
Los atentados terroristas o las desarticulaciones de células yihadistas tenían casi siempre un mismo objetivo: la población Judía o las legaciones diplomáticas de Israel (Asunción 1980, Guatemala y Quito, ambas en 1982, Buenos Aires,1992) o las detenciones en 2000 en Ciudad del Este del libanés Ali Khalil Merhi –captador de recursos económicos- o del libanés Salah Abdul Yasine, quien pretendía atacar las embajadas de Israel y Estados Unidos en Asunción en una acción en la que iban a participar una treintena de yihadistas.
Pero los objetivos han cambiado: el terrorismo ha encontrado en el narcotráfico una fuente de financiación. Pero lo preocupante, a juicio de los servicios de inteligencia es que se está tejiendo una red y una infraestructura yihadista en Latinoamérica lista para operar en cualquier momento.
Unos nodos, que en opinión del experto militar Pedro Trujillo “no han sido activados hasta la fecha en América Latina, están en condiciones de serlo a corto plazo”.
Los servicios de inteligencia cuentan en su haber con una amplia bibliografía de las actividades de estos grupos infliltrados.
La Inteligencia Argentina tiene filmaciones de reuniones de terroristas y grabaciones telefónicas donde se pone de manifestó que Al Qaeda ha tomado el relevo de Hizballah y Hamás y que sus acciones se orientan a la recolección de fondos y reclutamiento de “voluntarios para ser enviados a Oriente Medio, ser entrenados, y regresar a América Latina para constituir principalmente ‘redes durmientes’, y eventual y secundariamente ‘redes de ataque’.
Una actividad in crescendo gracias a que los gobiernos sudamericanos “no han priorizado suficientemente” la amenaza que supone.
“La pobreza, el desempleo, la inseguridad, el populismo y la falta de una democracia suficientemente consolidada, pareciera que son inquietudes mayores” en opinión de Pedro Trujillo.
Un ramillete de estudiosos sentencian que el combate por separado del terrismo islámico de otras facetas del crimen organizado. Según Alain Rodier, “la lucha contra el terrorismo islámico absorbe tanto la atención de los dirigentes occidentales, que su combate al narcotráfico pasó a segundo plano”.
Experto en crimen organizado trasnacional y terrorismo islámico y jefe de investigación del Centro Francés de Investigación sobre Inteligencia (CF2R) entiende que esa falta de vigilancia ha permitido que los yihadistas estrechen lazos con los narcocriminales.
Conexiones que han salido a la luz a golpe de operación policial contra los grandes capos de la droga.
Walter Fanganiello, experto en investigaciones sobre lavado de dinero vinculado al Instituto de Ciencias Criminales Giovanni Falconi afirma que “Bin Laden estaba intentando establecer una presencia estable en la Triple Frontera y no descartaba ligar las actividades terroristas al tráfico de armas, drogas e incluso uranio”.
Otro de sus objetivos, avanza, pasaba por el reclutamiento y el entrenamiento yihadista, así como para la ocultación de fugitivos en busca y captura por la justicia internacional.
Detrás de los cárteles de América aparecen peligrosos yihadistas
Esa actividad económica es la que ha deparado más noticias acerca de las actividades de los grupos yihadistas, sobre todo las operaciones que han desarticulado tramas ligadas con el narco tráfico y que se extienden a varios países de América.
Al comienzo parecían operaciones aisladas, como la detención en 2009 en Curaçao (Antillas Holandesas) de 17 personas vinculadas a Hizballah y al tráfico de drogas.
Pero tras la detención en Nueva York (2010) de York Jamal Youssef el asunto dio un giro radical y se estableció una conexión con el narcotráfico colombiano y el de armas con destino a Oriente Medio.
Jamal Youssef
Youssef tenía en su poder 100 fusiles de asalto M-16, 100 fusiles AR-15. 2500 granadas, explosivos y municiones. Jamal Youssef se ocupaba del tráfico de armas y tenía contactos con narcotraficantes, a los que supuestamente les suministraba armas a cambio de cocaína.
Su centro de operaciones, Colombia, en concreto ‘incrustrados’ entre los aproximadamente 8.000 miembros de la comunidad árabe en Maicao, la capital comercial de la península norteña de Guajira.
Tras Colombia, se destapó la trama mexicana. Aunque la presencia de musulmanes es insignificante en México. Un país de 115 millones de almas, donde la comunidad musulmana está formada por apenas 4.000 personas y unos 200.000 inmigrantes procedentes de Líbano y Siria principalmente cuenta con una actividad trascendente.
Hace cuatro años, en diciembre de 2011 las investigaciones contra Ayman Joumaa destapó la colaboración del yihadismo con el cártel de “Los Zetas”. Michelle Lonhart, alta funcionaria de la Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas (DEA) subrayó que en esta operación “los agentes de la DEA lograron interceptar 150 millones de dólares que estaban siendo lavados en el Banco Líbano-Canadiense”.
Unas investigaciones que ponían en relación a Hizballah y al cartel de los Zetas y que ya estaban apuntado en los informes que realizaba la CIA, según desveló meses antes Sue Myrick – miembro de la Comisión de Inteligencia de la Cámara baja norteamericana– reveló datos de un informe de la Inteligencia de los EE UU donde se pone de manifestó las conexiones de estos grupos y los cárteles de drogas mexicanos.
Según el informe, Hizballah juega un papel doble: contrabando de armas a México y de allí al Líbano y acumulación de gran cantidad de armas también en México. Lo mismo sucede en Bolivia, Venezuela y otros países.
La pobreza, un caldo de cultivo idóneo para incrementar el número de adeptos
Brasil y Argentina, países de América que albergan las dos comunidades musulmanas más importantes en el continente. En Brasil reside aproximadamente un millón y medio de musulmanes y en Argentina 700.000.
En general, la mayoría de la población es descendiente de inmigrantes de Siria y Líbano.
Los otros polos significativos de los inmigrantes de religión musulmana están en concentraciones significativas en países de América como Chile, Paraguay, Perú, Venezuela, México y las Antillas.
Según estadísticas que manejan los propios centros musulmanes, en total, los practicantes de la fe de Mahoma en América superan los 4 millones –siendo la mitad de segunda generación y la otra mitad inmigrantes.
Se espera que para el 2030 el número de musulmanes se duplique en el continente americano, superando los 10 millones.
Un crecimiento que se debe, según estudiosos mexicanos, a que el Islam se presenta en América “como una religión social, anti-capitalista y tolerante con todas las razas, para tocar la fibra de la opresión y la discriminación que sienten los pobladores locales y ganar su adhesión”.
Los practicantes en América aumentan en número gracias a la labor de organizaciones dedicadas a las actividades filantrópicas como World Assembly of Muslim Youth, de origen saudí, o a la pakistaní Jama’at Tabligh.
Ahora bien, sobre ellas pende la sospecha de estar detrás de la captación reclutamiento de nuevos miembros para la yihad, según los datos que obran en poder de la Fundación Iberoamérica Europa (FIE).
El Centro General Meir Amit de información sobre inteligencia y terrorismo consigna en sus informes la importancia en esa labor de captación de yihadistas en Latinoamérica.
En uno de ellos se puede leer que el “Fiscal General argentino, Alberto Nisman, se refirió en su informe sobre la investigación del atentado a la sede de la AMIA a la esencia de la actividad de M. Rabbani en el Brasil y la Argentina en los siguientes términos:
Rabbani es una seria amenaza, incluso para el Brasil. En Argentina diseminó su visión de un islam radical, extremista y violento cuyo resultado fueron decenas de víctimas en los atentados terroristas en Buenos Aires. Ahora, radicado en Irán, sigue desempeñando un significativo papel en la difusión del extremismo en América Latina”.
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