Lo recordamos con un fragmento donde interpreta a su personaje Milagros López, Palito, Mario Sabino y Dick Alfredo.
Fernando Peña nació en Montevideo el 31 de enero de 1963. Hijo de Pepe Peña, comentarista de fútbol, y de María José Malena Mendizábal, actriz. Nieto de la legendaria actriz Gloria Bayardo.
Antes de llegar a ser actor, Fernando tuvo muchos empleos: profesor de inglés y comisario de a bordo, puesto desde donde pudo llegar a la fama. Durante los viajes, daba la bienvenida a los pasajeros por el altavoz del avión con voces de diferentes personajes; así surgió el personaje Milagros López, que tenía su propio programa de radio en AM. Al periodista Lalo Mir, quien viajaba con frecuencia en esa aerolínea, le encantó el personaje sin saber que era un hombre. Después de un tiempo de escucharla quiso conocerla y ahí vio que era Fernando Peña y lo llevó consigo a trabajar en la radio.
Peña tenía en su haber 21 personajes. Estas "criaturas" (tal cual él las llamaba) eran parte de su programa de radio, sus obras de teatro e incluso algunos programas de televisión. Algunos de ellos, en su programa de radio, dialogaban entre sí. Cada una con su visión y opinión. Entre ellos se destacaban:
Cristina Patricia Megahertz (La Mega)
Delia Dora Fernández de Fernández
Ricardo Alfredo Ñuñoa Cruz (Dick Alfredo)
María Elena Rinaldi
Mario Modesto Sabino
Martín Revoira Lynch III
Milagros Dolores Guadalupe López López
Monseñor Lago
Pepe (el obituarista)
Querubín
Rafael Orestes Porelorti
Roberto María Flores
Rubén Ramón Sixto Alegre (Palito)
Fernando falleció el 17 de junio de 2009 a los 46 años en la Clínica Alexander Fleming, del barrio porteño de Belgrano, donde recibía atención por un cáncer de hígado y complicado por el VIH que portaba desde hacía ocho años.
Fernando Peña - Roberto Flores - Nombre de las comidas segun los putos
Fernando Peña Palito Carta De Un Ricotero a Un Rati
Entrevista a Fernando Peña:
ENTREVISTA A FERNANDO PEÑA, EX AZAFATO: ‘TENGO TANTO MIEDO AL SUBIR A UN AVIÓN QUE LO HAGO BORRACHO O ACOMPAÑADO’
EN CONCORDANCIA CON EL REVUELO QUE GENERÓ EL ESTRENO DEL FILM “FUERZA AÉREA S. A.”, FERNANDO PEÑA ESTRENÓ UNA OBRA EN LA QUE REMEMORA BUENOS Y MALOS MOMENTOS DE LA QUE FUE SU PROFESIÓN DURANTE 14 AÑOS: AZAFATO. VIO LA PELÍCULA, LE GUSTÓ Y DISPARA CONTRA EL SISTEMA DE AVIACIÓN: REVIVE TURBULENCIAS, REEDITA VIEJOS MIEDOS Y CONFIESA QUÉ LE PASA CUANDO TIENE QUE VOLAR:
“TIEMBLO Y ESTOY ESPERANDO QUE SE CAIGA”.
El mundo de los aviones es un misterio para la mayoría de los mortales, una incertidumbre que sólo se logra descifrar en películas, libros u obras de teatro. Fuerza Aérea S.A., el film de Enrique Piñeyro, provocó asombro y estupor en los miles de espectadores que lo vieron.
Capricho del calendario, el prolífico Fernando Peña estrenó Gracias por volar conmigo, una comedia que resume sus catorce años como azafato. “Todo el mundo se equivoca porque dice comisario de a bordo y eso es tripulante, asistente de vuelo; yo fui azafato”, aclara el actor con su inseparable perra Bono sentada en su regazo, una especie de Jazmín palermitano pero en reversa: Bono es nena con nombre de nene.
Peña vio el documental y, otro capricho horario, al día siguiente se subió a un avión para viajar a Bariloche. Si bien la película no le contó nada nuevo, resucitó en él temores y fobias nunca exorcizadas, recuerdos nefastos de sus años de uniforme.
—Después de 14 años me quedó el miedo. Pánico, porque no es miedo, es pánico. Tiemblo, estoy esperando todo el tiempo que se caiga.
—¿Tanto?
—Sí, tengo que subir borracho o con gente. ¿Sabés qué pasa? En el aire tuve muchas emergencias, muchas turbulencias, conozco mucho el medio.
Turbulencia. Según el actor, la fascinación por el mundo de los aviones radica en que en algún momento de la vida todos quisieron ser pilotos o azafatas. “Hay muchos ribetes que interesan –analiza–. Aparte, la gente no tiene ni idea, tiene fantasías. Y ahí se mezcla todo: el sexo, la droga, las joyas, los hoteles, el uniforme, el peinado, el glamour”.
—Convengamos que dan una imagen muy...
—Es glamoroso (interrumpe). Es una raza muy particular, gente con gran egocentrismo, mucha vanidad. Pensá que es un desfile, estás todo el día desfilando en ese pasillo.
Pero más allá de la aparente frivolidad que menciona, se esconde un estrés galopante y algunos trastornos que resultan increíbles para alguien que no haya pasado casi la mitad de su vida a bordo de un avión.
—¿Te pasó de entrar en pánico en vuelo?
—Mil veces. Empecé a los ocho años de vuelo. Los últimos cinco los viví pésimo: no podía volar si no estaba mamado. Estuve muy, muy mal. Es como un síndrome de terror, y hay muchos que sufren de eso: pánico a la turbulencia, al despegue, pánico al olor del avión, al uniforme.
Y como un dejá vu, revive en su mente ese viaje a Lima con tormenta, cuando el piloto quería descender y no le contestaban desde la torre de control. ¿La solución? Arriesgada y temeraria: bajó a ciegas, rogando que no hubiera otro avión en el camino. “Eso era menos peligroso que meterse en la tormenta, porque de ahí sí que no salíamos.”
Por Mauro Fulco
diario "Perfil"
FERNANDO PEÑA: "GRACIAS POR VOLAR CONMIGO" (Parte 1 de 3)