En la noche de 9 al 10 de marzo de 1945 entre 88.000 y 125.000 personas murieron en el bombardeo de Tokio, la capital japonesa, más que en la noche de los bombardeos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki. Esto permite considerarlo como el peor de la Segunda Guerra Mundial y de la historia. 334 bombarderos pesados B-29 de EE.UU. dejaron caer 1.665 toneladas de bombas incendiarias sobre Tokio en el marco de la operación Meetinghouse.
En el ataque fueron empleadas principalmente bombas de racimo E-46 de 230 kilogramos de peso. Cada E-46 liberaba a su vez 38 bombas incendiarias más pequeñas M-69. Estas desprendían Napalm tras impactar en el blanco.
Otras bombas usadas expulsaban una mezcla de gasolina y fósforo que permitía que el incendio fuer tremendamente difícil de apagar, teniendo en cuenta que la mayoría de las viviendas japonesas eran de madera. Una zona de unos 40 kilómetros cuadrados quedó arrasada. Se llegó a alcanzar una temperatura de casi 1.000 grados centígrados en el centro de la ciudad
Se estima que entre 41.000 y 125.000 personas fueron heridas en el ataque y que al menos un millón de personas perdieron sus viviendas.
En abril, se realizaron al menos 5 incursiones más sobre Tokio, centrando los ataques en la zona del arsenal y las fabricas aeronavales de Nakajima y Koizumi. Los últimos ataques aéreos sobre la ciudad se realizaron el 8 y el 10 de agosto, casi coincidiendo con los ataques atómicos.
Documental propagandístico estadounidense sobre el bombardeo.

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