Irán y Arabia se enfrentan a muerte en Yemen por el liderazgo del Islam
Riad inspira la creación de un ejército conjunto de la Liga Árabe que se asemeja mucho a una coalición contra Teherán
Las monarquías del Golfo, dispuestas a frenar los avances y la creciente influencia de Irán en un Oriente Medio cada vez más desgarrado
Yemen es un nuevo y explosivo escenario en el que se enfrentan los dos colosos musulmanes de Oriente Medio, Arabia Saudí e Irán.
Riad creyó llegado el momento de frenar el avance y la influencia de Irán, que ha convertido de hecho a Irak en su protectorado y a Siria en el territorio en que Estados Unidos, y su presidente Barack Obama, hubieron de plegar velas frente al dictador Bashar Al-Assad.
Para Riad, Yemen es más que su patio trasero.
Es un conglomerado de tribus y clanes, en el que pugnan desde hace mil años las dos grandes ramas del Islam, el sunismo y el chiísmo.
Su estratégico enclave geográfico, a la salida del Mar Rojo y frente a las costas de Estados fallidos o a punto de serlo, como Somalia y Eritrea, convierten al fragmentado Yemen en una peligrosa bomba que amenaza no solo a Arabia Saudí, sino a las demás monarquías del Golfo.
En ese escenario se plasman también los habituales juegos de alianzas, que han llevado a Arabia a sostener con una mano a las tribus más afines al rigorismo de su confesión suní wahabita, y con otra a las militantes del campo chií, si ello le garantizaba la estabilidad del país.
Esos equilibrios se rompieron desde su propio campo.
Así, la gran confederación tribal de los Hached, adherida a los Hermanos Musulmanes, se ha declarado cada vez más contraria a las monarquías árabes.
Es en Yemen donde también reside la base principal de los terroristas de Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQMI), la rama quizá más sanguinaria de la organización fundada por Osama Bin Laden, y que falló en su intento de asesinar al segundo príncipe heredero, Mohamed Ben Nayef.
Y, por supuesto, el Estado Islámico (EI) o Daesh, que cuenta cada vez con más adeptos en el territorio yemení bajo la divisa de "no cejar hasta derrocar a la impía monarquía de los Saud".
Personas buscan entre los escombros tras un bombardeo en la ciudad yemení de Saná el pasado 26 marzo / KHALED ABDULLAH ALI AL MAHDI (EP)
Reaccionar antes del acuerdo nuclear
A ojos saudíes era imprescindible reaccionar ya, antes de que Irán y Estados Unidos concluyeran un acuerdo que, además de lo relativo al derecho de Teherán a instalar y servirse de la energía nuclear, supondría la vuelta a la escena internacional de Irán después de estar proscrito durante 30 años.
Un acuerdo por el que, a fin de cuentas, suspiran también en la Unión Europea, deseosa de levantar progresivamente las sanciones y acceder de nuevo a un mercado de 80 millones de personas, bien formadas y con predisposición a recuperar la memoria histórica de sus años de esplendor comercial con Occidente.
Acuerdo que, como es sabido, es considerado por el líder israelí, Benjamin Netanyahu, como una amenaza que Israel se encargará de contrarrestar de una u otra forma.
El gran aliado de Teherán en Yemen es la tribu de los hutíes, grupo rebelde conocido también como Ansar Allah (Partidarios de Dios), militante de una de las ramas del chiísmo, el zaidismo.
No son en cambio unos advenedizos, puesto que son los que gobernaron Yemen del Norte, a través de un imamato, durante casi mil años, hasta 1962.
Su nombre tiene un origen más reciente.
Proviene de Hussein Badr al Din al Huti, que lideraría el primer alzamiento en 2004 contra el régimen del presidente Alí Abdallah Saleh, también de origen zaidí, pero que no dudó en perseguir y masacrar a los hutíes en aras de la estabilidad que le exigía Riad a cambio de sostenerle en el poder.
Abdul Malik al-Houthi, líder rebelde de los Ansar Allah yemeníes
Estrategia y pactos bajo supervisión iraní
El actual líder rebelde, Abdul Malik al-Houthi, es el artífice de la estrategia que ha llevado al clan a hostigar permanentemente al anterior régimen de Saleh, y a ir ocupando militarmente todos los enclaves que podrían terminar asfixiando al nuevo jefe del Estado yemení.
Sus pactos, además, con Islah, el principal partido islamista del país, bajo la atenta supervisión de Irán, significaba un punto de no retorno que los saudíes no podían contemplar impasibles.
Saleh hubo finalmente de renunciar en 2011, aunque ha logrado mantener su influencia y colocar a muchos de sus partidarios en el entorno del actual y exilado presidente yemení, Abdrabo Manzur Hadi.
Confinado en un cercado puerto de Adén, Hadi logró huir a Riad y reaparecer en la cumbre de la Liga Árabe de Charm-el-Cheik de este fin de semana.
Hadi ha apoyado por completo tanto la coalición árabe que ya bombardea las posiciones hutíes como la iniciativa saudí de que la Liga Árabe cree un ejército conjunto.
Arabia cuenta ya con el apoyo militar de Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Qatar, Sudán, Egipto y Marruecos, que nutrirían asimismo ese cuerpo de élite panárabe de unos 40.000 hombres.
Ello no obsta para que mientras esa fuerza se pone en pie, los saudíes tengan ya preparado un contingente de 150.000 soldados, prestos a lanzarse a una operación terrestre en Yemen.
No es en vano que Arabia Saudí es el país del mundo que mayor porcentaje de su PIB destina a defensa (9,3%), muy por encima de Estados Unidos y China, los mayores inversores en términos absolutos.
Esa decisión supone obviamente que Riad no está dispuesto a ceder ni el liderazgo del Islam ni el árabe en la cada vez más desgarrada región del Oriente Medio.
Y, aunque tengan, por ejemplo al Daesh, como enemigo común a destruir, para la monarquía saudí el gran adversario sigue siendo Irán.