Sucedió el 23 de junio de 2013, aunque en aquella ocasión no se trató de muertes sino de asesinatos, pues aunque fallecieron en el campamento base de la citada montaña, los once escaladores fueron víctimas de un atentado terrorista. Miembros de Junud-ul-Hifsa, facción del grupo terrorista Tehrik-e-Taliban Pakistan, TTP, vinculado a Al Qaeda, asaltaron por la noche el campamento base de la vertiente del Diamir, donde se concentraban expediciones de media docena de países. Sacados de sus tiendas, once de ellos pertenecientes a China, Eslovaquia, Estados Unidos, Lituania, Nepal, Ucrania y Pakistán fueron fusilados allí mismo.
La tragedia pudo tener unas proporciones más dantescas, ya que algunos lograron esconderse por los alrededores aprovechándose de la oscuridad y, sobre todo, por encontrarse medio vacío el campamento, ya que otros cuarenta montañeros estaban repartidos por los campamentos superiores de la ruta de escalada. Del mismo modo, el día del ataque tampoco había ningún grupo de trekkers ni turistas en el campamento base. Nadie duda de que, si hubieran estado al pie de la montaña, unos y otros habrían corrido igual suerte que sus infortunados camaradas.
Amenaza al turismo de montaña
El atentado supuso un tiro de gracia a la que puede ser considerada única fuente de ingresos del país asiático: el turismo montañero, ya que cualquier otro tipo de visitantes han dejado de ir a este país musulmán precisamente por temor a los atentados. Hasta ahora, los montañeros se mantuvieron a salvo de la barbarie terrorista, aunque quienes conocen bien el mundo de las altas montañas se sorprendían de que los integristas no hubieran golpeado antes en un lugar tan sencillo para ellos: un puñado de tiendas de campaña llenas de occidentales, perdidos en los confines del mundo, sin la menor protección militar o armada.
La tragedia pudo tener unas proporciones más dantescas, ya que algunos lograron esconderse por los alrededores aprovechándose de la oscuridad y, sobre todo, por encontrarse medio vacío el campamento, ya que otros cuarenta montañeros estaban repartidos por los campamentos superiores de la ruta de escalada. Del mismo modo, el día del ataque tampoco había ningún grupo de trekkers ni turistas en el campamento base. Nadie duda de que, si hubieran estado al pie de la montaña, unos y otros habrían corrido igual suerte que sus infortunados camaradas.
Amenaza al turismo de montaña
El atentado supuso un tiro de gracia a la que puede ser considerada única fuente de ingresos del país asiático: el turismo montañero, ya que cualquier otro tipo de visitantes han dejado de ir a este país musulmán precisamente por temor a los atentados. Hasta ahora, los montañeros se mantuvieron a salvo de la barbarie terrorista, aunque quienes conocen bien el mundo de las altas montañas se sorprendían de que los integristas no hubieran golpeado antes en un lugar tan sencillo para ellos: un puñado de tiendas de campaña llenas de occidentales, perdidos en los confines del mundo, sin la menor protección militar o armada.