No vas a tener que tolerar insufribles sobrenombres como gordito, cielito, cuchito, papito.
No vas a sufrir esos cambios de humor producidos por las hormonas.
No vas a sufrir la tentación de ser infiel ni tampoco vas a sufrir infidelidad.
No tenés que preguntar que anda haciendo, o peor aún, como está, cada hora.
Podés tener el estilo que quieras: nada de afeitarse porque raspa ni el pelo corto porque jode.
No tenés que responder con diplomacia a esa oportuna tía de tu novia que pregunta: “Ay, chicos y ustedes cuándo se casan”, mientras la chica sonríe y te mira esperando respuesta.
No vas a tener que bancarte a los amigos de tu novia que son unos hijos de puta y te tratan como el orto.
No tenés que acompañarla a ir de compras.