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¿Por qué los refugiados palestinos son diferentes a todos

Info5/16/2014
¿Por qué los refugiados palestinos son diferentes a todos los demás?

Por: David Harris

¿En realidad, por qué?

Trágicamente, ha habido innumerables refugiados en los anales de la historia.

Muchos han huido de la persecución política, el acoso religioso, racial o étnico, o la discriminación sexual o de género.

Ha ocurrido en casi todas las eras.

Solamente en el siglo XX, decenas de millones de refugiados, si no más, se vieron forzados a encontrar un nuevo hogar –victimas de guerras mundiales, ajustes de fronteras, transferencias de pobladores, demagogia política, y patologías sociales.

El Tratado de Lausana de 1923 codificó el intercambio de población griega y turca, que involucró a más de 1,5 millones de personas. En ambos bandos se puso fin a los hogares ancestrales.

Para dar cabida a la partición del sub-continente en dos naciones independientes –India y Pakistán-- se trasladaron cantidades masivas de hindúes y musulmanes.

Millones de refugiados, impedidos de retornar a sus países, fueron el resultado del Tercer Reich, que duró doce años

Checos, alemanes orientales, húngaros, polacos y rumanos huyeron de la asfixia de la tiranía soviética cada vez que se presentó la oportunidad.

El éxodo de Camboya, Laos y Vietnam después de la victoria de las fuerzas comunistas y rebeldes fue masivo.


Han sido permanentes las oleadas de refugiados de las guerras civiles y tribales de África, y de sus dictaduras,.


Centenares de miles de yemenitas fueron expulsados de Arabia Saudita durante la primera Guerra del Golfo debido al apoyo de Yemen al Irak de Saddam Hussein.


Incontables musulmanes bosnios y kosovares huyeron, o fueron expulsados, por causa de la agresión serbia.

Y esta es sólo la punta del iceberg de los refugiados.

En realidad, no tengo necesidad de alejar demasiado la mirada para comprender las interminables crisis de refugiados de nuestros tiempos—o el trauma que han creado.


Mi madre y su familia huyeron del opresivo gobierno bolchevique y del antisemitismo soviético en 1929, y estuvieron entre los últimos en partir antes de que se cerraran las puertas de salida. Arribaron a París y debieron comenzar de nuevo –nuevo idioma, nueva cultura, todo nuevo. Once años después, estaban nuevamente en camino, esta vez por cortesía de los nazis y sus colaboradores franceses. Estuvieron huyendo durante dieciocho meses antes de pasar a formar parte de los muy pocos que lograron llegar a EE.UU.. Una vez más, nuevo idioma, nueva cultura, todo nuevo.

La historia de mi padre fue similar. De Alemania a Austria, gracias a Hitler, y un nuevo comienzo. De Austria a Francia, nuevamente gracias a Hitler, y otro nuevo comienzo. Y, después de la guerra, desde la destruida Europa a Estados Unidos y un tercer comienzo. También él encontró su equilibrio y pudo seguir adelante.

Y mi esposa y su familia, cuyas raíces en Libia precedieron a la conquista y ocupación árabe –sí, conquista y ocupación— por siglos, fueron desalojados del país en 1967. Por supuesto, tuvieron una alternativa. Se podrían haber quedado y hallado la muerte a manos de las turbas alborotadas que perseguían a los judíos. Ellos, al igual que otros refugiados, debieron comenzar de nuevo en Italia.

Y sin embargo, en lugar de regodearse en la victimización, permitir que los explotaran líderes inescrupulosos, o dejar que los consumiera el odio y la venganza, crearon nuevas vidas, agradecidos a sus países de adopción por hacerlo posible.


Lo mismo sucedió con los refugiados indochinos con los que trabajé a fines de los 70 y principios de los 80, incluyendo la pareja que mi esposa y yo patrocinamos para que viniera a EE.UU. Y con los refugiados soviéticos y de Europa del Este con los que trabajé durante varios años poco tiempo antes.


A fines de 2007, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) contó 11,4 millones de refugiados en su jurisdicción, perteneciendo las mayores poblaciones a Afganistán, Irak, Colombia, Sudán, y Somalia. ACNUR calcula que a lo largo de cinco décadas ha asistido a 50 millones de refugiados “para ayudarlos a reiniciar sus vidas”. Se define a los refugiados como aquellos con “un temor bien fundado a ser objeto de persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social u opinión política particular...”.

Así y todo, de todos los refugiados del mundo, un grupo –los palestinos—recibe un trato totalmente diferente a todos los demás.

En realidad, la Convención de refugiados explícitamente no se aplica a los palestinos, ubicados en el ámbito de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA).

En todo el mundo no existe un organismo equivalente de la ONU para ningún otro grupo de refugiados.

La definición de refugiado en virtud del mandato de UNRWA también es exclusiva. Cubre a todos los descendientes, sin limitación generacional, de quienes se consideraban refugiados en 1948. Esto ayuda a explicar por qué su número de casos se ha casi quintuplicado desde 1950.

A diferencia de ACNUR, UNRWA no trata de reasentar a los refugiados palestinos, sino que brinda servicios sociales mientras que los mantiene en un perpetuo limbo.


Y a pesar de las lágrimas de cocodrilo que derraman los países árabes, muchos de los cuales están hoy inundados de petrodólares, respecto de la situación apremiante de sus hermanos palestinos, han estado entre los donantes más misérrimos de UNRWA. Afirman, de manera desalmada, que no es su responsabilidad ocuparse de los refugiados resultantes de las decisiones de otros. Los seis principales donantes de UNRWA este año son los gobiernos de EE.UU y de países europeos, con cantidades minúsculas donadas por unas pocas naciones árabes y nada por otras.


Y ya que estamos en el tema, debería apresurarme a aclarar que sólo los palestinos a quienes se considera víctimas del conflicto árabe-israelí reciben este trato especial.

En 1991, cuando Kuwait sumariamente expulsó a aproximadamente 400.000 palestinos por su supuesto apoyo a Saddam Hussein de Irak durante la primera Guerra del Golfo, la comunidad internacional ni siquiera abrió la boca. Las violaciones árabes de los derechos humanos de los árabes se ven de manera diferente, si es que acaso se las ve.


Y en países como el Líbano, con una numerosa población de refugiados palestinos bajo el auspicio de UNRWA, hace tiempo que el gobierno ha impuesto restricciones al derecho de los palestinos de trabajar en muchas profesiones y oficios. Sin embargo nunca ha habido una enérgica protesta.


Por ende, enfrentamos una situación sin precedentes.

Los palestinos no son la primera población de refugiados del mundo, pero pueden llegar a ser los primeros en lamentar su perpetua condición de refugiados al tiempo que se oponen a los esfuerzos por resolverla.


Considérenlo. En 1947, la ONU ofreció una solución de dos estados para responder a dos reclamos nacionales contradictorios. Los judíos la aceptaron, los árabes la rechazaron. O en lenguaje de la ONU, el “propuesto estado árabe no se convirtió en realidad”. Si las cosas hubieran sido diferentes, se podrían haber creado dos estados, y con un poco de suerte, hasta hubieran aprendido a vivir uno al lado del otro. Hasta el día de hoy, ese concepto de dos estados sigue siendo el desenlace más factible.

En lugar de ello, el lado árabe inició una guerra. Ha habido acaso alguna guerra que no produjera refugiados? Y sin embargo el mundo árabe culpa a Israel por los refugiados de una guerra que él mismo inició.


Entretanto, el mismo conflicto árabe-israelí produjo una mayor cantidad de refugiados judíos de países árabes, que se reasentaron en otros sitios haciendo poca alharaca.


Luego, deliberadamente, se mantuvo a los refugiados palestinos en campamentos, como protegidos de la comunidad internacional, como recordatorio permanente de la transitoriedad de su situación. Se les enseñó a centrar su odio en Israel, y en lugar de hacer responsables a sus líderes por usarlos de peones, se les ha negado la oportunidad de una nueva vida.[/color]

Incluso ahora, tres años después de que Israel se retiró totalmente de Gaza, sorprendentemente, casi 500.000 palestinos continúan viviendo en los campamentos de refugiados de UNRWA allí. ¿Por qué?


Si bien los palestinos se encuentran entre los mayores beneficiarios de ayuda per capita, según ha señalado el funcionario británico Kim Howells, mucha de esa ayuda se ha desviado hacia los bolsillos de funcionarios palestinos corruptos –que posteriormente se dedican a buscar más ayuda para su pueblo supuestamente desatendido.

Es la misma lógica absurda que emplea Hamas cuando declara escasez de energía mientras bombardea las centrales eléctricas israelíes que proveen electricidad a Gaza.

El proceso es instigado por un aparato de la ONU complicado y bien financiado, que abarca más que sólo la UNRWA, creado por la mayoría de los estados miembro para apoyar la causa palestina. No hace falta recordar que los darfuris, kurdos, tibetanos, y otros que consideran que han sido víctimas de la injusticia y ocupación no tienen organismos comparables de Naciones Unidas que defiendan su causa.

Esto no significa que los palestinos hayan tenido vidas fáciles. No es así. Significa que sus líderes, con la complicidad de muchos de la comunidad internacional, han logrado uno de los engaños más exitosos de la historia. En lugar de reasentar a los refugiados –tal cual ocurrió con innumerables refugiados—sin ninguna vergüenza los han explotado.


Es allí donde se encuentra la irreducible tragedia de un conflicto que ya lleva varias décadas.
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