Imagina cómo sería si Jesús te visitara en persona -- visible y audiblemente. Te sienta a su lado, sostiene tus manos en las suyas, y dulcemente te dijera que estás a punto de morir. Te dice que pronto te llevará a casa para vivir con Él para siempre en el cielo.
Y luego, imagina que te sonríe y dice que antes de irte, puedes dejar un obsequio a las personas que estarás dejando en la tierra -- cualquier obsequio, sin importar el costo o cuán imposible parezca. Será tu última voluntad y testamento. ¿Qué obsequio elegirías?
Digamos que quieres darle sanación al Tío Joe, dinero para pagar las deudas de tus amigos desocupados, y un alma gemela para tu compañero de trabajo soltero. Pero Jesús te explica que debe ser un solo obsequio y el mismo para cada persona, un obsequio directamente de ti, representando quién eres. Este obsequio es el legado que dejarás detrás. Lo mencionarán en tu funeral y gozosamente descubrirán que todos recibieron el mismo maravilloso obsequio de ti. Los confortará en su dolor.
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