InicioInfoNunca vamos a contactar con aliens
Años y años (por no decir siglos) esperando contactar con extraterrestres, imaginando cómo sería el momento, qué forma tendrían, cómo nos comunicaríamos y, sobre todo, si vendrían en paz o con intenciones bélicas. Litros de tinta y kilómetros de celuloide han imaginado los más variados escenarios al respecto. Muchos otros aseguran que ya han venido, que ya nos han contactado, que mucha de nuestra civilización se debe a ellos… incluso un talento local hizo una canción para relatar su abducción. link: https://www.youtube.com/watch?v=ZCFgEYVKbJA Pues bien, ese ansiado contacto no pasó ni pasará nunca. Y acá te doy cinco motivos. • Su forma puede no ser humanoide. Nuestro concepto de vida extraterrestre está firmemente arraigado en la idea de que sería comparable a la vida en la Tierra. Casi todas las principales razas alienígenas de la ciencia ficción y la fantasía han sido humanoides (y eso los incluye a ustedes, reptiloides que están leyendo este post). Hagan un simple ejercicio de memoria: los Klingon y los Vulcanos de Star Trek son esencialmente humanos con alguna deformidad física y un solo carácter para toda la raza. En Star Wars, tanto Luke Skywalker como Han Solo son técnicamente extraterrestres, a pesar de que se ven exactamente como dos hombres blancos de la Tierra (de la década del ‘70). En Avatar, son humanos azules, de mucha más altura y ciertos rasgos felinos, pero humanos al fin. ¡Hasta el xenomorfo de Alien era tan humanoide que era interpretado por un tipo metido en un traje de goma! Y ni hablar de esos tan confiables testigos que han tenido encuentros cercanos de cualquier tipo (o con cualquier tipo), que describen a los aliens con formas humanoides siempre compuestas de cabezas, torsos, brazos, piernas, boca, ojos, etc. El punto es que nuestra idea de la vida inteligente parte de nuestra imagen de la raza humana, a pesar de que lo más probable es que sea completamente distinta. La verdad es que no tenemos ni puta idea sobre cómo es la composición de la vida en la nebulosa de Quasar o cualquier otro cúmulo de estrellas distantes desde donde podrían provenir los extraterrestres. La forma viviente dominante en aquel lejano planeta podría ser una nube de gas que se comunica con una serie de silbidos atonales o cambiando la temperatura del aire a su alrededor, por ejemplo. En otras palabras, hasta lo más básico de la vida tal como la conocemos en la Tierra (es decir, que el carbono es el elemento primordial) de ninguna manera constituye la regla fundamental del Universo. El carbono puede ni siquiera existir en el mundo natal de los extraterrestres. Así que una de las razones por las que todavía no pudimos hacer contacto con civilizaciones alienígenas puede ser muy probablemente porque no reconoceríamos que fueran vida inteligente (o vida, directamente) incluso si vinieran a la Tierra y aterrizaran en el Carrefour más cercano. Y este problema no es sólo físico. Incluso si se tratara de alguna especie asombrosamente parecida a los seres humanos, su lenguaje, psicología y proceso de pensamiento podría ser significativamente diferente a los nuestros en términos de velocidad y respuesta. Es concebible que le podría llevar a una forma de vida exótica varias horas, días, meses o incluso décadas traducir una sola frase para la comprensión de los seres humanos. Y viceversa. En este escenario, los extraterrestres pueden haber estado enviándonos la misma frase durante los últimos 70 años, y nuestra única respuesta ha sido considerarla estática de radio. • Puede que no quieran cagarnos la existencia. Aún obviando el punto anterior y creyendo que puede darse la reputísima casualidad de que haya aliens humanoides capaces de contactarse con nosotros y suponiendo también que ellos no quieren destruir nuestro planeta ni llevarse nuestros recursos, pueden tener, empero, razones sólidas para simplemente no querer hablar con nosotros. Esta es una teoría real sobre la vida extraterrestre que los científicos llaman la "hipótesis del Zoológico". De acuerdo a ésta, los extraterrestres evitan el contacto con humanos, interactuar con ellos o revelarles su existencia, para no influir en nuestro propio desarrollo, similar a como los cuidadores vigilan a los animales en los zoológicos. Si bien a primera vista es una teoría que hace quedar a los extraterrestres como forros engreídos, no es tan así. La caridad, no importa cuán bien intencionada sea, puede resultar contraproducente de maneras impredecibles. En la perspectiva de la hipótesis del Zoológico, imagínense que los extraterrestres hayan aterrizado en la Tierra durante la Edad Media y decidieran tratar de ayudar a estos tontitos humanos. Le dan a la humanidad energía autorenovable ilimitada y un sistema de riego de avanzada, lo que elimina la necesidad de que cualquiera de nosotros tenga que pelear por recursos. Los aliens se van, contentos con su buena acción. Sin embargo, con recursos infinitamente renovables, la Tierra se convierte rápidamente en un lugar superpoblado, y en vez de luchar por petróleo o agua, la gente se mata meramente por espacio. Los alienígenas vuelven cien años después para ver en qué andamos y descubren que la Tierra presenta un paisaje ceniciento y cadavérico. Se habrían mandado una gran cagada. No por nada, hasta Star Trek planteó una ley de regulación similar, que impide la intervención de los visitantes en su ficticio universo de viajes espaciales. Pero además de no querer cagarnos la vida, podría haber otra razón por la que nos evitan... • Puede que no valgamos la pena. De acuerdo con la Ley de rendimientos acelerados, una vez que una civilización logra un verdadero progreso tecnológico, el nivel de avance en esta área irá aumentando de forma exponencial en un periodo relativamente corto. Por ejemplo, los seres humanos merodearon por el planeta durante miles de años, pero han logrado sus mayores avances (en medicina, computadoras, vuelo, viajes espaciales, etc) sólo en el siglo pasado. Y entre un avance y otro hubo cada vez menos tiempo. Es decir, el lapso entre la humanidad sin computadoras y las primeras computadoras fue mucho más largo que el lapso entre el Samsung Galaxy 4 y el Samsung Galaxy 6. Esto se debe a que cada vez que construimos una casa, no tenemos que redescubrir lo que es un martillo y unos clavos. Sólo tomamos las herramientas que ya hemos desarrollado e intentamos averiguar mejores formas de utilizarlas. Ahora bien, apliquemos la misma lógica a una civilización súper avanzada de extraterrestres. Podemos suponer que los "OVNIs" se encuentran en el extremo de su desarrollo tecnológico, lo que significaría que los alienígenas han disfrutado, teóricamente, de siglos de Rendimientos Acelerados. Por lo tanto, para darnos una idea de su avance, habría que tomar los últimos 50 años de la ciencia de la Tierra y multiplicarlos por, aproximadamente, 300 o 400. Ese es el nivel de la tecnología en la que los viajeros interestelares probablemente estarían operando, y va mucho más allá de cualquier cosa que nuestros cerebros pueden siquiera comenzar a comprender. Sopesadas estas posibilidades, las civilizaciones alienígenas pueden no estar tratando de hablar con nosotros por la misma razón por la que nosotros no tratamos de hablar con peces de colores: porque realmente no tenemos nada valioso que decirnos el uno al otro. Tal vez algunos reptiloides de otra galaxia tuvieron los medios para notar vida inteligente en nuestro planeta y decidieron viajar hasta acá para discutir los puntos más finos del viaje en el tiempo con nuestros más brillantes pensadores, sólo para descubrir que nuestro mayor avance tecnológico es haber puesto en red todas nuestras computadoras. Hubieran suspirado pesadamente, vuelto a subir a su crucero estelar, y tachado a la Tierra de la lista de posibles candidatos para la Federación de Planetas Unidos. O quizás, ni siquiera pase eso. Tal vez no encuentren nada, porque también… • Puede que estemos muertos para cuando vengan Cuando hablamos de la posibilidad de otras formas de vida inteligente, tendemos a considerar cuántos millones y millones de planetas hay y pensamos que las probabilidades son, al menos, relativamente altas de que aunque sea en uno de ellos pueda haber gente verde con la que podamos hablar. Pero lo que no solemos tener en cuenta es el tiempo. Y el tiempo, mi amigo, es una cosa mucho muy compleja y misteriosa. Especialmente en el espacio. Tal es así que algunos físicos no lo consideran más que una ilusión. Pero pensemos en el tiempo. La Tierra existió por cuatro mil millones años antes de que los humanos aparecieran. Tal vez hubo una civilización alienígena próspera cerca, que dominó el viaje espacial y nos hizo una visita. Y tal vez lo único que encontraron fuese un montón de lagartos gigantes. Por lo tanto, para encontrarnos con otra civilización, no solamente tendríamos que estar a una distancia física relativamente cercana, sino que tendríamos que estar cronológicamente sincronizados también. Y aunque suene deprimente para aquellos que esperaban ver algún marciano algún día, las probabilidades de que tanto ellos como nosotros nos extingamos antes de que eso pase son abrumadoras. Los científicos llegaron a esta conclusión mediante algo llamado “Argumento del juicio final”, que trata de predecir cuándo se producirá la extinción de la especie humana a partir del número total de individuos de esta especie que existen en la actualidad. Y de acuerdo con esta fórmula, los seres humanos probablemente seremos polvo mucho antes de que logremos dominar los viajes interestelares, o de que cualquier extraterrestre se moleste en poner en marcha sus platos voladores para mostrarnos su alienígeno rostro. La ecuación básicamente dice que los seres humanos tienen una probabilidad del 95 por ciento de extinguirse en los próximos 9.000 años, lo que en el gran esquema cósmico de las cosas no es mucho tiempo, realmente. Si queremos conocer a algunos extraterrestres, tenemos que apurarnos y desarrollar tecnología interestelar ya mismo, porque es seguro que ellos no tienen ninguna prisa en ponerse en contacto con nosotros. La Tierra es relativamente joven en comparación con el resto del universo, que teóricamente ha estado por ahí durante miles de millones de años. Estadísticamente hablando, cualquiera de los miles de millones de cuerpos celestes que existen puede haber producido hace miles de años vida inteligente. Pero, al igual que en nuestro caso, si no han llegado a dominar la ciencia de las naves espaciales hasta ahora, probablemente nunca lo harán. Y si nuestra estimación de vida restante de 9.000 años resulta ser correcta, la posibilidad de que nosotros podamos hacerlo es menos que minúscula. Y aún si logramos esa imposible hazaña, el Argumento del juicio final es aplicable a cualquier otra forma de vida y civilización. Para cuando lleguemos a otro planeta que podría albergar vida, incluso inteligente, esa vida puede haberse extinto hace miles de años. ¿Pero saben qué es lo peor de estas hipótesis? Que a pesar de todo, son las perspectivas más optimistas sobre el tema, porque… • Lo más probable es que no existan los aliens. El ser humano suele pecar de egocéntrico, pero objetivamente hablando, tiene sus buenas razones para hacerlo. Y no me refiero a sus avances tecnológicos ni culturales, no. ¡Es realmente un asombroso milagro que meramente exista! ¿Saben la cantidad de eventos geológicos y astrofísicos tan cósmicamente aleatorios pero a la vez crucialmente específicos hasta en el más mínimo detalle se necesitaron para que aparezcamos en la Tierra? Es tan pero tan jodido que en un punto lo más coherente es pensar que somos un accidente cósmico único y quizás irrepetible. Es decir, puede ser que una especie de bacteria o algas u hongos existan abajo de unas rocas en algún planeta lejano, pero las posibilidades de que haya otra raza de seres vivos inteligentes e industriosos como nosotros son casi iguales a que ganes la lotería todos los días durante el resto de tu vida hasta que mueras en tu cumpleaños número 200 golpeado por cinco rayos consecutivos. Acá van una serie de factores para que se den una idea de lo difícil que fue que la humanidad se desarrollara en el planeta: Primero, la posición del sistema solar en cuestión es vital. Si está muy cerca del centro de la galaxia, todo se derrite por la radiación de la supernova, pero si está demasiado pegado al borde, no será capaz de desarrollar ningún tipo de vida. Además, la estrella en el centro del sistema solar no puede ser demasiado vieja, demasiado brillante o demasiado grande, porque sino la vida compleja no se desarrollará ( tal como su nombre lo indica, la vida compleja es… compleja) . Por último, el planeta en el que dicha vida se desarrolla ha de estar en una órbita perfecta. En el caso de la Tierra, si la órbita fuera un 5 por ciento más pequeña o un 15 por ciento más grande, todos moriríamos congelados o quemados, respectivamente. A todo esto se suma el tamaño y la ubicación de nuestra luna, que mantiene al planeta en un eje estable y evita cambios climáticos rápidos y catastróficos. Si no tuviéramos una luna de la forma y el tamaño exactos orbitando a su distancia exacta, todos estaríamos muertos… o probablemente nunca hubiésemos existido, siquiera. Incluso la secuencia de las eras geológicas tienen un papel fundamental. Si no hubiera ocurrido el Mesozoico después del Cenozoico, por ejemplo, nunca se podrían haber cumplido las condiciones exactas necesarias para que la vida humana se desarrolle, se habría alterado el orden evolutivo y se podría haber dado lugar a una raza de híbridos entre dinosaurios y seres humanos. ¡Por Dios, hasta los otros planetas del sistema solar tuvieron un efecto preciso para que llegáramos a existir! Por ejemplo, Júpiter juega un papel importantísimo en la tarea de mantenernos vivos, ya que actúa como una barrera defensiva gigante, y nos bloquea de escombros cósmicos y asteroides apocalípticos. Y así hay una lista innumerable de otras variables, las cuales jugaron un papel fundamental para que sólo en un planeta de toda nuestra galaxia apareciera vida. Las probabilidades de que cada una de esas cosas sucedan en la configuración exacta necesaria para duplicar tanto la existencia como el desarrollo de seres similares a los humanos son prácticamente inexistentes. Por lo tanto, el hecho de que no hayamos contactado con ninguna civilización alienígena es probablemente porque no hay nadie ahí afuera con quien ponerse en contacto. Los aliens, lisa y llanamente, no existen.
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