China ha oficializado la ralentización de su crecimiento económico. La meta de un 7% para 2015, medio punto porcentual por debajo de la de 2014, pone en evidencia que el Gobierno ha asumido que su economía mantendrá un ritmo más lento a medida que el país alcanza mayores niveles de prosperidad y abandona un modelo basado en unos costes laborales enormemente bajos. Pero esta misma ralentización, y el abandono de los objetivos ambiciosos, le abre espacio para su gran prioridad de Gobierno para este año: la aplicación de su agenda de reformas estructurales. “El desarrollo económico de China ha entrado en una nueva normalidad, lo que significa que debemos adoptar una nueva actitud”, apuntó este jueves el primer ministro, Li Keqiang, en su discurso anual sobre el estado de la nación. “Algunos problemas muy arraigados en el desarrollo económico del país se están haciendo más obvios. Las dificultades que encaramos para este año pueden ser peores que las del año pasado. Este será un año crucial para profundizar en las reformas”, declaró más adelante ante los cerca de 3.000 diputados de la Asamblea Nacional Popular (ANP), el Legislativo chino. La “nueva normalidad” tiene en cuenta un escenario global que aún arrastra las consecuencias de la crisis de 2008 y, en el ámbito interno, adolece de problemas como la sobrecapacidad en numerosas áreas, incluido un sector inmobiliario de capa caída. Ya en 2014 el país alcanzó su crecimiento más bajo en 24 años, un 7,4%, una décima por debajo del objetivo oficial del 7,5%. Pero también comienza a aplicar un modelo que busca primar la demanda interna y la innovación —en palabras de Li— sobre las exportaciones de manufacturas baratas y la inversión como motor de crecimiento. Un modelo en el que el sector servicios, según la visión que expuso el primer ministro, “cuenta con un vasto potencial de desarrollo” y debería ser uno de los pilares. En China, el sector servicios representa un 48,2% del PIB, mientras que en EE UU su aportación es del 80%. El programa de reformas para este año incluirá también entre sus prioridades las reestructuraciones en el gigantesco sector de las empresas públicas, plagadas en la actualidad de obsolescencias, de modo que se dé entrada a capital privado y se modernicen sus organigramas. También se seguirá adelante con la actualización de los sistemas bancarios y financieros, medidas que China necesita adoptar desesperadamente si quiere crear una economía de primer nivel.
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