GIFEl 22 de junio de 1941, las fuerzas nazis lanzaron su ofensiva contra la Unión Soviética en la Operación Barbarroja. El Ejército Rojo sufrió un gran número de bajas, pero no contaron con que algunos de sus generales cambiasen de bando para reforzar a los alemanes.

Los generales Piotr Krasnov y Andréi Shkuró formaban parte del ROVS, Russki Obshche-Voinski Soyuz o “Unión Militar Rusa”, un ejército formado por los cosacos que huyeron procedentes de la Guerra Civil Rusa y emigraron a los Balcanes. Allí formaron el ROVS.
En pleno ataque a la Unión Soviética pidieron formalmente luchar con las fuerzas del Eje para combatir al Ejército Rojo y se creó la primera división cosaca, compuesta principalmente por prisioneros de guerra soviéticos capturados por las fuerzas de la Wehrmacht. Cuando la división cosaca al servicio de los nazis quiso comenzar a luchar, el Ejército Rojo estaba ya ganando terreno a los alemanes y fueron enviados de nuevo a los Balcanes para combatir a los partisanos yugoslavos de Josip Broz Tito.

En la recta final de la Segunda guerra Mundial, la primera división cosaca pasó a formar parte de las Waffen-SS y en la famosa conferencia de Yalta a comienzos de febrero de 1945 se trató el futuro de los cosacos que se pasaron a los nazis. En principio, los emigrados de la Revolución bolchevique no tenían por qué figurar en la lista de repatriados soviéticos, pero Stalin aseguró a Winston Churchill que éstos se emplearon con gran ferocidad contra el Ejército Rojo, especialmente la división de cosacos tártaros.

El general Krasnov, junto a otros líderes cosacos, pidió a Hitler, un año antes de la reunión de Yalta, que los enviara a los Alpes italianos, donde cometieron numerosas atrocidades contra la población local y fueron expulsados por las tropas italianas hacia Austria.
Una vez en territorio austriaco, estos cosacos se establecieron en Lienz, donde fueron acogidos por las tropas británicas por lo que, en principio, les pareció que les ponía a salvo de la repatriación. Además, consideraban que no eran ciudadanos soviéticos, por lo que nunca se les podría acusar de traición en Moscú.

El 28 de mayo de 1945, el Ejército británico comunicó a los líderes cosacos que estaban invitados a una importante conferencia junto a oficiales ingleses en una localidad cercana. En total, cerca de 2.500 cosacos, entre los que se encontraban los generales Piotr Krasnov y Andréi Shkuró, fueron transportados esa noche a la vecina Tristach, donde descansaba el Ejército Rojo. Hasta junio de 1945, los británicos enviaron decenas de miles de cosacos y caucásicos acusados de traición. Muchos fueron ejecutados en Austria, pero la mayoría fueron sometidos a juicio en la Unión Soviética. Según algunas fuentes se llegaron a enviar 22.500 hasta el verano de 1945.

Los generales cosacos Krasnov y Shkuró fueron encontrados culpables de los asesinatos y torturas de civiles y prisioneros soviéticos del Ejército Rojo por espías y traidores del pueblo. Fueron ahorcados en público en Moscú el 17 de enero de 1947.
Nikita Jrushchov, en plena desestalinización, decretó una amnistía parcial el 27 de marzo de 1953 que se extendió hasta el 17 de septiembre de 1955. Pero muchos cosacos que lograron huir, adoptando distintas nacionalidades y mantuvieron su identidad en secreto hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991.
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