El día que Olmedo se enojó y mató en TV a su personaje estrella
Mientras el traje de Rucucu se consumía por el fuego, Olmedo ofreció un monólogo vibrante. Primero recordó a Ernesto Bianco y a Fidel Pintos, dos leyendas con las que había compartido Operación Ja Ja y El Botón. Luego pidió a todos colaboración y dio algunos ejemplos para alentar lo que llamó "la gran hoguera nacional", donde debían arder los clichés de la TV.
Esa lista era una radiografía aguda y feroz de la tele de la época. Mencionó la boquilla de Guillermo Nimo, los corazones de Sábados de la Bondad, el Papanicolau de Tita Merello, las pausas de Hugo Guerrero Martinheiz, la peluca y el frac de Tato Bores, los apuros de la cocinera Chichita Erquiaga, la sonrisa de Juan Carlos Pérez Loiseau...
También incluyó las mesas redondas televisivas ("Hay mucho mono sabio en este país", dijo, visionario) y los "plomos" de Polémica en el Fútbol. Para el final, sumó un ítem con la forma de dardo envenenado: las imitaciones de Mario Sapag.
Pero con Olmedo, la salida de un personaje mítico suponía casi siempre la entrada de otro camino a serlo. Y ese mismo programa de 1985 en el que murió Rucucu vio nacer al sobrepasado dictadorzuelo de Costa Pobre.
De todos modos, el cabreo de Olmedo con Sapag por el uso de Rucucu duró un poco más y, sin programas chimenteros que lo explotaran, derivó en una genialidad metadiscursiva. Olmedo fue por más y le dedicó toda una apertura de su programa a un falso "Las mil y una de Olmedo". Presentado por Hugo Sofovich, Olmedo imitó las imitaciones de Sapag. Puntualmente, de dos de sus principales caballitos de batalla: el entonces canciller Dante Caputo y el periodista Bernardo Neustadt. Lo hizo a su modo, rompiendo la cuarta pared, metiéndose entre el público, sacando varias sonrisas.
Y después...
Tras la "muerte" de Rucucu, Olmedo siguió generoso para la creación de personajes. En los dos años siguientes de No toca botón aparecieron el Manosanta, la dupla Alvarez y Borges (junto a Javier Portales) y Rogelio Roldán, entre otros. Sobre el final, mucho se escribió: a comienzos de marzo del 88, Olmedo murió al caer del balcón de un piso 11 en un edificio de Mar del Plata.
Mientras el traje de Rucucu se consumía por el fuego, Olmedo ofreció un monólogo vibrante. Primero recordó a Ernesto Bianco y a Fidel Pintos, dos leyendas con las que había compartido Operación Ja Ja y El Botón. Luego pidió a todos colaboración y dio algunos ejemplos para alentar lo que llamó "la gran hoguera nacional", donde debían arder los clichés de la TV.
Esa lista era una radiografía aguda y feroz de la tele de la época. Mencionó la boquilla de Guillermo Nimo, los corazones de Sábados de la Bondad, el Papanicolau de Tita Merello, las pausas de Hugo Guerrero Martinheiz, la peluca y el frac de Tato Bores, los apuros de la cocinera Chichita Erquiaga, la sonrisa de Juan Carlos Pérez Loiseau...
También incluyó las mesas redondas televisivas ("Hay mucho mono sabio en este país", dijo, visionario) y los "plomos" de Polémica en el Fútbol. Para el final, sumó un ítem con la forma de dardo envenenado: las imitaciones de Mario Sapag.
"Por favor, Mario, no las hagas más", exclamó.
Pero con Olmedo, la salida de un personaje mítico suponía casi siempre la entrada de otro camino a serlo. Y ese mismo programa de 1985 en el que murió Rucucu vio nacer al sobrepasado dictadorzuelo de Costa Pobre.
De todos modos, el cabreo de Olmedo con Sapag por el uso de Rucucu duró un poco más y, sin programas chimenteros que lo explotaran, derivó en una genialidad metadiscursiva. Olmedo fue por más y le dedicó toda una apertura de su programa a un falso "Las mil y una de Olmedo". Presentado por Hugo Sofovich, Olmedo imitó las imitaciones de Sapag. Puntualmente, de dos de sus principales caballitos de batalla: el entonces canciller Dante Caputo y el periodista Bernardo Neustadt. Lo hizo a su modo, rompiendo la cuarta pared, metiéndose entre el público, sacando varias sonrisas.
Y después...
Tras la "muerte" de Rucucu, Olmedo siguió generoso para la creación de personajes. En los dos años siguientes de No toca botón aparecieron el Manosanta, la dupla Alvarez y Borges (junto a Javier Portales) y Rogelio Roldán, entre otros. Sobre el final, mucho se escribió: a comienzos de marzo del 88, Olmedo murió al caer del balcón de un piso 11 en un edificio de Mar del Plata.