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Origenes del cómic y su filosofía

Info7/4/2015
Cómics y Filosofía La filosofía puede encontrarse explicita o implícitamente en multitud de situaciones, elementos y objetos de la vida cotidiana, sea en el ámbito personal o familiar, profesional o social, en el negocio o en el ocio, en cualquiera de estas facetas encontramos y nos enfrentamos con actitudes lógicas, éticas o estéticas y, también, con mensajes de ese tipo. El caso que queremos plantear ahora, el de la filosofía en los cómics , más exactamente, los mensajes y la estética que reflejan los cómics. En ellos se da una transmisión voluntaria de valores que forman parte de su propia gestación. La aparición de los cómics Los más cercanos antecedentes de los cómics son probablemente las Aucas y Aleluyas, se trata de estampas con textos pareados al pie, que van dirigidas a niños y adolescentes y cuya intención es formativa. Estos textos surgen en Francia en el siglo XVI y cobran importancia en el XVIII, pero es a partir de 1820 cuando se difunden realmente. Narraban cuentos y aventuras con algún tipo de mensaje instructivo, moral o religioso, en ellos las ilustraciones apoyaban la historia, aunque los textos de la misma se escribían independientemente de los dibujos que únicamente eran un resumen visual de lo explicado. Pero la verdadera aparición del cómic está unida a la generalización de la caricatura impresa . Este medio desarrollará rapidamente su propio lenguaje, que será en gran parte visual e icónico, y las primeras viñetas, todas del mismo formato, en las que los textos aparecen generalmente al pie o apenas integradas en los dibujos, se transformarán en viñetas de diferente tamaño y posición, junto a ellas cambiarán también las maneras y las intenciones del texto. El cómic como lenguaje La escritura y los diálogos se integran con los dibujos, se los introducen en relación a los personajes y situaciones en los llamados “bocadillos”, la singular forma que todos conocemos en la que se comunican “verbalmente” las imágenes de los cómics. El tamaño y dibujo de las letras también serán parte de la expresión del mensaje, generando una manera propia de lenguaje. Los sonidos de golpes o exclamaciones se representan por onomatopeyas y algunos símbolos, puramente icónicos, pasarán a un lenguaje universal en el que todo lector reconocerá una idea que se le ha ocurrido a un personaje por una bombilla encendida sobre su cabeza o imprecaciones por rayos y truenos. El nombre “cómic” deriva del género cómico al que pertenecían las primeras historietas editadas, procede de la expresión inglesa “cómic strip” que significa “tira cómica”. Ante el cómic nos encontramos a la vez con un lenguaje escrito y visual, por lo cual hay dos campos filosóficos implicados en su análisis, la filosofía del lenguaje y la estética. El texto y el dibujo son interdependientes en la transmisión del mensaje, aquí los aspectos estéticos transmiten situaciones pero también valores, de la misma manera que el guión escrito lo hace -se trata más de un guión que de una narración al uso-. El cómic funciona por imágenes y analogías, su razonamiento es inductivo debido a que es figurativo, el texto tiene que adaptarse a su interacción con la imagen pero también con la imaginación desplegada. En ese sentido nos encontramos con que el medio nos presenta por la naturaleza de su formato a un mensaje-objeto, que se tiene que descifrar en gran medida de manera sensible: la expresión “malvada” de un rostro, la de “dulzura” de un enamorado, la de “despiste” de una situación humorística. Sus imágenes acaban por ser convencionales y universales, por transmitir cosas que cualquier público en cualquier parte del mundo entenderá, esa parte del código no tiene que ser traducido a diferencia del texto escrito. Una experiencia lingüística y estética No obstante, el género acaba siendo de autor, es decir, la capacidad creativa y la relación dibujante-escritor cuando no se trata de la misma persona, marcarán profundamente el producto, por decirlo así otorgan su sello. En él se mezcla el entretenimiento como factor fundamental, la representación singular, las claves para su desciframiento y la búsqueda de la complicidad del lector, que, al final es quién con su interpretación vuelve explícitos todos los componentes del mensaje. Se trata tanto de una experiencia lingüística como estética, en ese último sentido se quiere llegar a la experiencia perceptiva y emocional, a provocar sentimientos de belleza u horror, de agrado o desagrado, jamás se quiere dejar indiferente al lector convertido en espectador. Se apela así a lo necesaria y puramente subjetivo que es lo que valorará los aspectos estéticos de la obra, que a través de la sensación será interpretada por la mente. La experiencia es personal y singular, cada persona tendrá una, sin embargo el medio y su lenguaje son universales, podría decirse que sus convenciones han sido globalizadas. Pero es esencial que los dos componentes del cómic funcionen armónicamente. La semántica que haya en el texto debe conjugarse con la semántica visual de las imágenes y al sentido formal del escrito debe corresponderse la forma en que se combinan los dibujos de las viñetas. De ello puede depender no solo la belleza del cómic, sino que éste sea una auténtica obra de arte o no.
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