InicioInfoHistoria de las Religiones: Europa del Norte
La religión en los pueblos indoeuropeos Los distintos pueblos indoeuropeos, que en sucesivas oleadas colonizaron Europa y se impusieron a la población autóctona, tenían un bagaje cultural y religioso común que fue adaptándose al lugar que ocuparon. Así, algunos dioses del viaje se convirtieron en dioses marinos, otros cambiaron de sexo, y en general se pasó de la concepción igualitaria mediterránea a una visión de claro predominio masculino, típicamente indoeuropea. De este modo, en buena parte de los panteones de estas culturas se da una jerarquía cuyo punto más alto es un dios padre celeste, como Odín. En la mayor parte de los cultos europeos no existían templos, sino unos límites imaginarios o lugares especiales, como cuevas, claros del bosque o acantilados. Poco se sabe de las creencias preindoeuropeas: la figura central de su panteón era una Diosa Madre de la que quizá sea una herencia la Mari vasca. Los iberos veneraban a una divinidad principal, llamada Endovéllico, y los etruscos, pueblo no indoeuropeo, tenían un panteón similar al de los romanos y griegos. A partir de las conquistas de Alejandro Magno y del imperio romano, se introdujeron diversos cultos de origen oriental. El más relevante fue el culto a Mitra, proveniente de Persia, de carácter iniciático y secreto, y cuyo ritual más conocido era el sacrificio de un toro y la aspersión de su sangre. Otro culto relevante fue el órfico, centrado en el mítico cantor Orfeo. La religión en la antigua región escandinava Dioses guerreros y crueles Hacia el III milenio antes de nuestra era, sucesivas oleadas de pueblos germánicos, procedentes de Europa central, colonizaron la región escandinava, llevando consigo el culto a la personificación de diversas fuerzas de la naturaleza, común a la mayoría de las religiones indoeuropeas. Estas migraciones coincidieron con un progresivo cambio climático que trajo inviernos más largos y gélidos. Los Aesires eran dioses guerreros, moradores en Asgard, descendientes de un primer dios, Buri, según parece carente de atributos, que fue engendrado por la vaca primordial Audumla cuando lamía un bloque de sal. El dios mayor era Odín (o Wotan), llamado "padre de los dioses" y dotado de poder sobre todos ellos. Suya era la sabiduría, encarnada en dos cuervos, Hugin y Munin, que siempre le acompañaban. Aconsejaba a los reyes, a veces disfrazándose de mendigo e introduciéndose en las cortes reales y, armado de la imparable lanza Gungnir, era también un temible guerrero. Dioses guerreros El segundo Aesir en importancia era Thor, hijo de Odín y campeón, señor de la tempestad y la batalla furiosa; él imbuía en los guerreros (berserks) la furia asesina en combate. Poseía un martillo mágico, llamado Mjolnir ("el aplastador", que siempre volvía a la mano que lo había lanzado. Tyr, hermano o hermanastro de Thor, era el dios de la espada, la batalla juiciosa y la justicia; Tyr y Thor se complementaban de la misma manera que los griegos Ares y Atenea. Evidentemente, los vikingos no sólo creían en los dioses guerreros, pero en esta sociedad las armas eran empuñadas por la clase gobernante, puesto que estos dioses se convirtieron en los más importantes para el pueblo. Las numerosas historias de Thor, en las que recorre el mundo matando gigantes con su martillo, junto con las historias que escribieron testigos extranjeros, confirman esta teoría. El Valhalla y el reino de Hel: la importancia de morir en batalla Si un hombre moría en combate, iba al Valhalla, donde los muertos luchaban de día y al anochecer sus heridas se cerraban; entonces se reunían en un gran banquete presidido por Odín y atendido por las valkirias. Las mujeres o los hombres que fallecían de muerte natural iban al submundo, donde reinaba Hel. Éste era un lugar muy oscuro, donde las almas de los muertos flotaban por doquier como sombras sin cuerpo. Por supuesto, los vikingos preferían la muerte en batalla. Los agricultores adoraban a Frei y Freya, dioses de la fertilidad. Los comerciantes y marinos invocaban a Njord (la antigua diosa Nertus) cuando necesitaban vientos favorables en sus viajes. Y otras profesiones tenían a otros dioses menores por patronos. Los nórdicos creían en la existencia de numerosos dioses de distinta importancia. Aparte de los Aesires, existían los Vanires, dioses de origen misterioso aliados de los primeros, si bien se habían combatido y cambiado rehenes, como Frei y Freya: esto sugiere que los Vanires eran deidades agrícolas, posiblemente anteriores al culto Aesir. Hay otras divinidades sin una filiación clara, como Loki, dios cuyo poder residía en la mentira y que siempre acompañaba a los Aesires. También poseían numerosos diosecillos y genios, como los enanos, elfos, gnomos y koboldos. Era normal que cada casa tuviera su correspondiente enano o ninfa tutelar, a los que se podían ofrecer sacrificios para recibir su ayuda u obtener una suerte favorable. Cosmogonía de la religión vikinga Los vikingos creían que el universo era un gran fresno llamado Yggdrasil. Bajo el fresno, entre las raíces (en el submundo de Hel), vivían las Nornas, tres mujeres ancianas (como las Moiras griegas) que tejían los hilos de la vida en un gran tapiz para el que se empleaban los hilos de todas las vidas. Cuando una persona moría, cortaban su hilo. Los hombres vivían en el medio de Yggdrasil, en un lugar llamado Midgard, formado por Odín y sus hermanos a partir del cadáver del gigante Ymir. Los malignos gigantes del hielo, los Jötuns, vivían en Utgard, en el otro extremo del fresno. Querían invadir Midgard, y estaba escrito que llegaría el día (Ragnarok) en que ellos, junto a los grandes demonios (Hel, Surtur, Loki, el lobo Fenris, la serpiente Iörmungadr...), combatirían y darían muerte a los dioses, cuando las crías de Fenris hubieran devorado el Sol y la Luna y el invierno eterno se cerniera sobre la Tierra. Pero hasta entonces, los Aesires protegían Midgard de los Jötuns y las tramas del infame Loki. Los dioses vivían en Asgard, en la copa del árbol. Por desgracia, no existen muchos testimonios escritos originales sobre los vikingos, ya que la escritura fue casi desconocida hasta la llegada del cristianismo. Algunas de las fuentes son las antiguas piedras rúnicas, donde se describe superficialmente a los Aesires, y algunos de sus rituales. Otra fuente de información son las historias de Islandia y los textos de los mercaderes árabes originarios de Oriente Medio. Una tercera fuente, mucho menos fiable, fueron las historias escritas por monjes, a menudo posteriores a la era vikinga, con las que los cristianos intentaban desterrar el culto a los Aesires. Además, existen restos arqueológicos que ofrecen alguna información más sobre el culto a los Aesires; en su mayor parte se trata de tumbas halladas en aldeas vikingas. En la actualidad, en las excavaciones de las tumbas, los arqueólogos pueden encontrarse con numerosas sorpresas: desde restos de caballos hasta pequeñas joyas, como un amuleto con la conocida representación del martillo de Thor. Eso indica el alto grado de convicción en la existencia de una vida después de la muerte en el culto Aesir. Sin embargo, es probable que estas tumbas correspondan al período en que el cristianismo empezó a desplazar el culto pagano vikingo. Esto significaría que los vikingos ofrecían sacrificios en honor a los muertos, a quienes por otra parte ofrecían comida, y a quienes amortajaban con joyas y símbolos tanto paganos como cristianos, quizás porque querían asegurarse de que el difunto llegara a un sitio de descanso, ya fuera el Valhalla o el mismo cielo. Los dioses de los mares Marineros muy expertos, navegantes incansables, temidos por doquier, los pobladores del Norte, procedentes del frío, entendieron la divinidad a la medida de la propia fuerza, de la propia brutalidad. Entre ellos, los conceptos del Mal y de la muerte se fueron asociando al frío, a la oscuridad de los largos inviernos y al propio Norte, la morada de los hielos oscuros. El Bien, sin embargo, era para ellos las fuerzas contra las que combatían para conquistarlas: la luz del sol, lo cálido, las tierras feraces. Aesires: Nombre de los dioses hijos de Borr (Buri). Asgard: Morada de los dioses, guardada por el gigante Gangler; albergaba también los palacios de Odín y de los héroes muertos (el Valhalla). Balder: Hijo de Odín y Frigga, dios de la primavera, famoso por su belleza y amable carácter. Berserk: Guerrero que recibe la furia asesina de Odín en la batalla. Hermod señalaba a los combatientes elegidos con la lanza Gungnir, y éstos veían su fuerza multiplicada, como es parodiado sutilmente en la película Eric el Vikingo, de Terry Jones. Bifrost: El arco iris que servía de puente entre Asgard (morada de los dioses) y Midgard (la Tierra). Bragi: Dios de la música, tañedor del arpa. Brock: Herrero enano que, para demostrar que era más hábil que Dvalin, fabricó el anillo Draupnir, el jabalí Gullinbursti y el martillo Mjolnir. Dvalin: Herrero enano que, a instancias de Loki, fabricó el barco Skidbladnir, la lanza Gungnir y un hilo de oro mágico para dar una nueva cabellera a Sif. Frei: Uno de los Vanir, dios de la fertilidad, poseedor del jabalí dorado Gullin-bursti y del barco Skidbladnir, que navegaba tanto por los aires como por el agua y podía doblarse hasta que cupiera en un bolsillo. Freya: Hermana de Frei, también Vanir, diosa benevolente y cazadora. Frigga: Diosa de las nubes, esposa de Odín, equivalente a la romana Juno. Es la única, aparte de Odín, que podía sentarse en el trono Hlidskialf, desde el que se contemplaba toda la Tierra. Ginnungagap: La sima primordial en el centro del universo, rodeada por Niflheim, Muspellsheim, Gladsheim y Vanaheim. Gladsheim: Literalmente, "morada de los dioses". Erigida sobre las ramas de Yggdrasil, acogía a Asgard, Valhalla y las demás moradas de los Aesires. Gungnir: Lanza mágica de Odín, irrompible e infalible, en cuya punta estaba el anillo Draupnir, emblema de la fertilidad. Era tan sagrada que no podía romperse un juramento hecho sobre ella. Una de las señales del Ragnarok era que su asta se rajaría. Gylfi: Rey de Suecia que, según se cuenta en el Edda joven, viajó en sueños hasta las puertas de Asgard, donde el guardián Gangler le explicó la historia de los dioses. Gylfi fue el impulsor del culto a Odín en Escandinavia. Heimdall: Vigilante que con su cuerno toca siempre una nota suave, excepto en el Ragnarok. Hvergelmir: Manantial inagotable de agua hirviente de Niflheim. De él partían hacia la sima doce corrientes, llamadas Elivagar. Idun: Diosa de la juventud, una de las Aesires. Jötuns: Gigantes del hielo. Loki: Dios maligno y experto en las artes de la mentira, máximo rival de Thor y Odín. Mjolnir: Martillo con que Thor llamaba a la tempestad; fue forjado por el enano Brock, aunque Loki hizo que quedara corto de mango. Muspellsheim: Reino del fuego elemental, situado frente a Niflheim, al otro lado de la sima. Niflheim: Reino de la niebla, origen del frío y la oscuridad. De su centro brotaba el manantial Hvergelmir. Odín: También llamado Wotan, dios tuerto que reinaba sobre el viento, y era guía de los líderes de los hombres y rey del panteón vikingo. Tenía el trono más alto de Asgard, llamado Hlidskialf. También representa la sabiduría. Sif: Esposa de Thor, cuya cabellera dorada y más hermosa que el sol fue robada por Loki. Thor, enfurecido, obligó al dios ladrón a reparar el daño, cosa que Loki hizo con la ayuda de Dvalin. Surtur: Gigante del fuego, gran enemigo de los Aesires y Vanires. Habitaba en el Muspellsheim. Thor: Hijo de Odín y Jörd, dios del rayo, el trueno y la tempestad, principal campeón de los Aesires en su lucha contra el diablo Surtur y sus criaturas malignas. Tyr: Hijo de Odín y Frigga; era dios de la guerra y la justicia, como la griega Atenea. Fue el único que se enfrentó al lobo Fenris, y permitió que le devorara la mano izquierda por haber roto su juramento, cuando los Aesires ataron a la bestia. Valhalla: El paraíso escandinavo. A él iban los guerreros que se habían destacado y muerto en combate. En el Valhalla los héroes peleaban entre sí para prepararse para la llegada de Ragnarok, momento en que formarían el ejército de Odín; entre los combates celebraban banquetes en una mesa presidida por Odín y atendida por las valkirias. Vanaheim: Hogar de los Vanas o Vanires, situado frente a la sima Ginnungagap. Vanires: Dioses del océano y la fertilidad. Pelearon con los Aesires y se intercambiaron rehenes: Frei, Freya y su padre. Volla: Sirvienta preferida de Frigga y representación de la abundancia. Yggdrasil: Fresno que alberga el mundo de los dioses (Asgard), de los hombres (Midgard) y de los demonios. Ymir: Primero de los gigantes y el mayor de ellos. Cuando Odín, Vili y Ve lo mataron, su sangre causó un diluvio que exterminó su estirpe. De su carne fue creado Midgard; de su sudor, el océano; de su calavera, los cielos; de sus sesos, las nubes; con sus cejas se construyó una valla que rodeaba el mundo, y sus huesos y dientes formaron montañas y precipicios. Los bosques y las hierbas nacieron de su pelo. La religión de los celtas Un culto a las rocas y a los árboles Los celtas eran el pueblo dominante en Europa poco antes de que fueran desplazados por los romanos y germánicos. Practicaban una religión de la que se sabe poco, aunque su mundo de héroes, druidas y magos ha inspirado leyendas posteriores, como los mitos artúricos. Es obligado recurrir a los autores griegos (Posidonio) y romanos (Julio César, Lucano) para conocer los mitos célticos. Estas crónicas rara vez son imparciales y en ellas se presentaba interesadamente a los celtas como unos salvajes, amantes de los sacrificios humanos. Otra fuente son los mitos conservados en forma de texto (el Mabinogion o el Toro de Quelgny, por ejemplo) que se recogieron en época cristana: los monjes, aun adaptando algunas historias para cristianizarlas, conservaron una tradición que de otro modo se hubiera perdido. El bosque, lugar de ritos Los celtas no construyeron templos hasta la romanización. Los druidas, sacerdotes de esta cultura, consagraban para el culto elementos de la naturaleza, especialmente árboles centenarios, bosques, cuevas o manantiales. El culto se basaba en la interrelación del shi, o elemento divino, con el mundo humano. El shi era fiel reflejo de este mundo, pero mejorado y mucho más agradable. Entre las plantas, eran consideradas sagradas el roble, el tejo, la encina, el avellano y el muérdago, además de todos los árboles que daban nombre a las letras del alfabeto ogham, que también es llamado el "alfabeto del bosque". De los manantiales, los restos arqueológicos indican que los que brotaban en el interior de las cuevas o que parecían surgir "de la nada" (las bocas exteriores de ríos subterráneos, por ejemplo) gozaban de una especial reverencia, y en ellos se celebraban los ritos más solemnes. Animales sagrados o de especial significado para el mundo céltico eran el ciervo, símbolo del bosque; el oso, que representaba la fuerza, el poder y la realeza; el jabalí, que suele aparecer asociado a los guerreros y el combate; y el salmón, que representaba el tiempo y la sabiduría que conlleva; en las leyendas fianna se cuenta que el animal más viejo de Irlanda es un salmón que, cocinado, dará a quien lo coma el conocimiento de todas las cosas pasadas y futuras. Asimismo, los celtas también tenían en gran estima la palabra; es el caso de las geise (tabú que de no ser respetado acarreaba terribles consecuencias). El año celta, basado en meses lunares (de los cuales, la primera quincena era de buen augurio y la segunda, funesta), se dividía a su vez en dos grandes períodos que se iniciaban con dos festividades principales: Beltine (en mayo), la fiesta de los fuegos, de Belenos y propicia para la guerra, la caza, el matrimonio y el ganado; y la noche de Samhain (origen del actual Halloween y Noche de Difuntos), que marcaba el fin del verano y estaba consagrada a Cernunnos, dios cazador de los bosques, que también era el dios de la muerte y señor del otro mundo. Habitualmente se le considera emparentado con el griego Caronte y el etrusco Charun. A su vez, estas estaciones se dividían en dos períodos iguales, marcados por dos fiestas intermedias: la de la cosecha (Lughnasadh, en verano), consagrada a Lugh, y el Imbolc (primavera), la fiesta de la fertilidad, dedicada a Brigid. El panteón celta Lugh, el dios solar, era una de las deidades más importantes del panteón celta. Grandes ciudades llevaban su nombre (por ejemplo, Lyon, antiguamente Lugdunum) y era el padre de grandes héroes, como el irlandés Cúchulainn. Además enseñó a los hombres el trabajo manual y las artes. Cernunnos rivaliza en importancia con el astuto y hábil Lugh. Era el dios de la caza y se le representaba con cuernos de ciervo, gruesa capa y arco de cazador. Por los escritos de César conocemos a Tutatis, nombre que proviene de "tuata", que significa tribu en gaélico. Es de señalar la ausencia (excepto en Irlanda, con Mannanan) de una deidad marina; quizá se deba a que el origen de los celtas se hallaba en tierra firme. Por las sagas irlandesas tenemos noticia de los fomori, seres deformes y demoníacos, cuyo rey tuerto, Balor, podía matar con la sola mirada de su único ojo. Hay que tener en cuenta que las atribuciones de las divinidades celtas no eran exactas ni constantes: no siempre se representa al mismo dios del mismo modo. Los símbolos físicos que distinguen a los dioses cambian de una zona a otra: los cuernos adornan a menudo tanto a Lugh (por ejemplo, en el caldero de Gundestrup) como a Cernunnos. Además, el hecho de que las imágenes suelan carecer de inscripciones dificulta su identificación con las divinidades que aparecen en las fuentes escritas. Del dios herrero tan sólo conservamos el nombre, pero no el aspecto: en Irlanda Goibnhiu y en Gales Gofannon. En el más allá celta, el Tir Na N'og (perífrasis gaélica que significa "tierra de los siempre jóvenes", los muertos conviven con los dioses. Es un mundo parecido al terrenal, aunque más hermoso, y en él todos se mantienen eternamente jóvenes. Está más allá del mar, pero a veces es posible acceder a él a través de las puertas mágicas que se abren en los túmulos funerarios (brugh) y otros lugares señalados. Aunque los dioses y los habitantes del otro mundo (Shi) pueden cruzarlas a voluntad, sólo los magos más cualificados de entre los humanos son capaces de hacer lo mismo. La cultura y los ritos celtas han pervivido en diversos enclaves europeos (Gales, Escocia, Irlanda, Bretaña, Cornualles, Galicia, Asturias), y tanto su música de gaitas y violines como sus leyendas literarias siguen gozando de gran popularidad. Nombres sagrados en la cuna de Europa De Parsifal a los mitos del Grial, caballeros de la Mesa Redonda y santos, señores feudales y embaucadores que terminaron (o no) en las hogueras. Europa se asienta sobre una nebulosa de mitos y montañas vestidas de bosques entre los cuales se vislumbran monasterios cristianos con un cultura en ocasiones heredada de los druidas celtas. Angus Og: Dios irlandés del amor, hijo de Dagda y de Boanna (el río Boyne). Balor: Personaje legendario tuerto y rey de los fomori. Belenos: Dios sanador, identificado frecuentemente con el griego Apolo. Tenía dedicados varios templos en Aquitania. Beltine: Celebración en la que se invocaba al dios Belenos para favorecer la caza, la ganadería, el matrimonio y, en ocasiones, la guerra. Brigit: Diosa de la curación, la artesanía y la poesía. Cernunnos: Dios del reino de los muertos, que solía ser representado con cornamenta de ciervo y capa de piel. En su honor se celebraba el Samhain, fiesta precursora del actual Halloween o de la noche de Todos los Santos. Cúchulainn: Campeón celta, hijo del dios Lugh, que defendió en solitario el Ulster contra la invasión de un ejército del resto de Irlanda, según se cuenta en el Táin Bo Cuailgne. Su nombre significa "perro de Cullan", ya que en su juventud mató al perro guardián de un herrero llamado Cullan y se ofreció a suplirlo hasta que crecieron los cachorros. Dagda: Rey de los Tuatha De Dannan (pueblo de Dana). Dana: Nombre irlandés de la diosa celta Brigit. Danaanosd: Pueblo que llegó a Irlanda desde el cielo y, que como los fir bolgs, inició la historia de los hombres en la isla. Deirdre de los Pesares: Heroína de una de las leyendas del Táin Bo Cuailgne. Esta historia parece que sirvió de base a la leyenda fianna de Dermot y Grainné, y a la de Tristán e Isolda. Epona: Poderosa diosa yegua de los galos. Los irlandeses la llamaban Macha y los británicos Morrigan. Fergus: Héroe céltico irlandés, compañero del mítico Cúchulainn. Filidh: Sacerdotes de menor categoría que los druidas, que en la Galia eran llamados Vates. Fir Bolg: Pueblo mítico que, según las leyendas celtas, fueron el grupo dominante entre los primeros pobladores de Irlanda. Geise: Maldición o tabú, instaurada por los druidas, que, en caso de no ser respetada, acarreaba graves consecuencias al infractor. Gundestrup: Caldero celta, uno de los restos arqueológicos más importantes porque está decorado con representaciones de varios personajes mitológicos célticos. Imbolc: Fiesta de la primavera dedicada a Brigit, que incluía ritos de fertilidad. Lyr: Deidad irlandesa relacionada con el mar. Su hijo Mannanan desempeña oficialmente el papel de Señor de los océanos. Lugh: Divinidad principal que, como el Wotan germánico, era tuerto, empuñaba una lanza y tenía dos cuervos. Se le dedicaba el Lugnasad o fiesta de verano. Naisis: Hijo de Usna. Amante de Deirdre de los Pesares. Ogham: Alfabeto sagrado de carácter iniciático que sólo conocían los druidas, utilizado en diversas fórmulas mágicas y advocaciones. Era llamado el alfabeto del bosque. Rama Roja: Hermandad irlandesa de guerreros liderada por el rey Conn de Ulster, a la que pertenecía el héroe Cúchulainn. Shi: Correspondencia en el ámbito divino del mundo real. Tain Bo Cualigne: Literalmente, "el toro pardo de Quelgny". Gigantesca epopeya irlandesa, con numerosas historias intercaladas o añadidas, sobre la guerra entre el Ulster y el resto de Irlanda, por Donn Cualigne, un toro mágico propiedad del rey Conn. Taranis: Uno de los dioses galos de la guerra. Tir Na N'og: Paraíso situado más allá del mar, donde los dioses convivían en armonía con los muertos, que gozaban de la vida eterna sin envejecer jamás. También se le llamaba el Mundo Occidental. Transmigración: Creencia común a varias culturas, entre ellas la druídica, según la cual las almas de los difuntos van a parar a otros cuerpos. Tuatha de Dannan: Nombre que se daba en Irlanda al colectivo de los dioses, aunque estrictamente sólo se refiriera a una tribu de ellos. Tutatis: Dios tutelar de las tribus galas, a veces con connotaciones guerreras. Los druidas de los pueblos celtas Acerca de la sabiduría entre los celtas En su origen "druida" significaba "aquel que conoce el roble". Esta perífrasis en la que se relaciona el conocimiento natural con la sabiduría misma, indica hasta qué punto aquel árbol sagrado estaba arraigado en el modo de vida y en la religión celta. Los testimonios más antiguos que se conservan sobre los druidas se remontan al siglo III antes de nuestra era y corresponden al escritor griego Posidonio; el relato más detallado, sin embargo, se encuentra en las obras de uno de los enemigos más encarnizados del pueblo celta, Julio César. Según el emperador romano, había en la Galia dos tipos de hombres a los que se tributaban honores: los nobles y los druidas. Los druidas se encargaban de los sacrificios públicos y privados, y muchos jóvenes acudían a ellos para ser instruidos. Juzgaban las querellas privadas y públicas y dictaban sentencias. A quien no acatara la sentencia, se le prohibía asistir a los sacrificios, que era la pena más grave. Entre los druidas se elegía el gran druida, la máxima autoridad, y a su muerte se elegía a otro. Cuando dos de ellos reunían los mismos méritos la elección se realizaba en una asamblea y, a veces, incluso recurriendo a las armas. Ogham: el alfabeto sagrado Los druidas iniciaban su formación en la infancia. Ejercían de consejeros de los jefes y tenían conocimientos de medicina, magia y escritura, basada en el alfabeto oghámico, que sólo ellos conocían y que era sagrado. También estaban instruidos en el arte de la poesía, que compartín con los bardos y los filidh, sacerdotes de menor rango, pero que eran muy respetados en la sociedad celta. En la Galia, los filidh eran llamados vates. Los druidas estaban exentos de pagar tributos y de las actividades guerreras, por lo que muchas familias enviaban a sus hijos a las escuelas druídicas para que fueran druidas: los privilegios que conseguían no eran pocos. Estudiaban astronomía, filosofía natural, derecho, literatura y mitología, y algunos tardaban veinte años en completar su formación. El dogma principal de la doctrina druídica afirmaba que el alma era inmortal y por tanto, tras la muerte, pasaba de un cuerpo a otro. La reencarnación es una creencia inusual en las culturas europeas, lo cual indica la peculiaridad de la religión céltica. La guerra también estaba relacionada con su actividad, ya que, aunque no participaban directamente en la lucha caía bajo su responsabilidad preparar a los guerreros para la batalla, probando en ellos una especie de frenesí bélico. Los druidas ofrecían sacrificios humanos para curar a los enfermos graves y para proteger a los que arriesgaban su vida en el campo de batalla. Por lo general, los sacrificados eran delincuentes, pero alguna vez se elegían víctimas inocentes para dotar de mayor eficacia al rito. Los emperadores romanos Tiberio y Claudio prohibieron los sacrificios humanos y, según la leyenda, san Patricio -patrón de Irlanda- acabó con ellos en la isla. También se dice que el santo prohibió los ritos que incluían ofrendas a los demonios o el intercambio sexual entre los reyes y la diosa de la soberanía, práctica que, aunque desapareció de los rituales, perduró en la tradición literaria. De los bosques a los templos En el período más antiguo de la civilización celta, los ritos druídicos se celebraban en los claros del bosque. Como sabemos, la naturaleza era un elemento crucial en la localización y celebración de sus rituales: el roble sagrado, los ríos (y especialmente sus nacimientos) y los acantilados. En Irlanda quedan muchos restos (sobre todo dólmenes y otras piedras sagradas) en estos agrestes lugares, llamados cliffs, donde los druidas solían reunirse frente al mar y junto a vertiginosos acantilados. Basta con visitar los enclaves de las islas Aran (al oeste de Irlanda) para advertir la influencia de estos cultos antiguos: los lugareños todavía hablan el gaélico, lo cual parece un milagro lingüístico, que la revitalización de la cultura celta en la vecina ciudad de Galway está haciendo cada día más creíble. Los edificios sagrados (templos) se usaron sólo a partir de la influencia romana. En la Galia, los druidas fueron eliminados bajo el gobierno de Tiberio -entre el 14 y el 37 antes de nuestra era- y probablemente poco después en Bretaña. En Irlanda perdieron sus funciones sacerdotales tras la llegada del cristianismo, pero sobrevivieron como poetas (en gaélico filid), historiadores (senchaidi) y jueces (brithemain). Muchos estudiosos afirman que los brahmanes hindúes en el este y los druidas célticos en el oeste son los últimos supervivientes del antiguo sacerdocio indoeuropeo. En cuanto a las fuentes en que nos hemos basado a lo largo de los años para conocer la cultura druídica, ya hemos nombrado a Julio César, que tal vez es la máxima autoridad. Pero también es importante la descripción de estos sacerdotes a cargo del filósofo estoico Posidonio. Muchos de los datos que él aporta fueron confirmados siglos más tarde por las sagas medievales irlandesas. Una de estas sagas también ha confirmado el realismo con que César describía en sus textos una asamblea anual de estos sacerdotes para elegir al gran druida. Otro autor clásico que les dedicó diversos pasajes fue Diodoro, quien describió a los druidas como filósofos y teólogos, en contra de la opinión de Tácito, que los acusaba de crueldad y de impulsar los sacrificios humanos. La diversidad de opiniones manifiesta cómo la sabiduría druídica se aplicaba a tantos campos que puede parecer un precedente del Renacimiento italiano. Como muchos aspectos de la cultura celta (leyenda, música, elementos mágicos, runas), la actividad de los druidas, muchos siglos después de su desaparición, ha perdurado en muchas personas interesadas en lo místico y se ha convertido en tema recurrente de muchos tipos de literatura, desde fascinantes sagas épicas hasta ensayos de divulgación de la magia blanca, pasando por estudios críticos de historia y antropología. Algunos aspectos de las religiones celta y escandinava Deidad principal Cultura céltica: Lugh Cultura vikinga: Odín/Wotan Paraíso en el más allá Cultura céltica: Tir Na N'og Cultura vikinga: Valhalla Diosa de la fertilidad Cultura céltica: Brigit Cultura vikinga: Freya y Frei (hermanos) Animales sagrados Cultura céltica: Ciervo, jabalí, oso, salmón Cultura vikinga: Cuervo, vaca, caballo Arma mágica Cultura céltica: Excalibur, en gaélico Caladwyclh (espada de Artús) Cultura vikinga: Gungnir (lanza de Odín) y Mjolnir (martillo de Thor) Dios del infierno Cultura céltica: Cernunnos Cultura vikinga: Hel Criaturas silvanas (del bosque) Cultura céltica: Ninfas, trasgos, duendes Cultura vikinga: Enanos, elfos, gnomos, koboldos, ninfas Culto a los muertos Cultura céltica: Monumentos megalíticos y puertas (brugh) al otro mundo Cultura vikinga: Tumbas con restos de animales, joyas y enseres Dios maléfico Cultura céltica: Balor Cultura vikinga: Loki Herrero de los dioses Cultura céltica: Goffannon Cultura vikinga: Dvalin Árbol mágico Cultura céltica: Roble Cultura vikinga: Fresno Aguas sagradas Cultura céltica: Manantiales y ríos subterráneos Cultura vikinga: El mar (cuna de los Aesires) Actividad sagrada Cultura céltica: La caza Cultura vikinga: La guerra SHALOM
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