
Madrugada del 17 de enero de 1994, el área norte del Valle de San Fernando en la ciudad de Los Ángeles, sufre el Terremoto de Northridge, como se le denominó rápidamente. Un sismo de 6,7 en la escala de Richter, que causó 72 muertos, 12.000 heridos y pérdidas por 25 mil millones de dólares.

Imagen de Los Ángeles sin contaminación lumínica.
La aceleración terrestre fue la mayor jamás captada en un área urbana estadounidense y provocó un apagón eléctrico o blackout que dejó gran parte de la ciudad a oscuras. Durante esa noche la policía recibió cientos de llamadas de ciudadanos preocupados por una curiosa nube plateada que veían en el cielo. Muchos residentes llamaban angustiados a los servicios de emergencia diciendo que estaban viendo una "extraña y gigantesca nube plateada” en el cielo oscuro.
Comparativa del cielo nocturno en Goodwood, Ontario, antes y durante el apagón del 14 de agosto 2003
Lo que en realidad estaban viendo –por primera vez– era la Vía Láctea, borrada desde hacía mucho tiempo por el resplandor del firmamento urbano. Incluso algunos llamaron preguntando si la repentina aparición de las estrellas y de una “nube plateada” (¡la Vía Láctea!) había provocado el terremoto. Las luces de la ciudad habían convertido nuestra galaxia (ese lugar que sabe a frambuesas y huele a ron) en un recuerdo y prácticamente se había convertido en una leyenda urbana.
Una curiosa historia que apareció en el número de enero de 2009 de la revista científica Environmental Health Perspectives (Extrañando la oscuridad. Los efectos de la contaminación lumínica sobre la salud), medio académico del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental.
Se estima que nuestra propia galaxia es invisible al 80% de la población mundial debido a la contaminación lumínica que sufrimos. En condiciones de oscuridad, el ojo adaptado a la oscuridad de una persona puede ver la luz de una vela a más de 10 kilómetros de distancia. Pero para la mayoría de los grandes centros urbanos del mundo, el poder ver las estrellas es algo que ocurre solo en un planetario.
Vídeo A Journey into the Unseen que explica las maravillas del cielo nocturno que muchas personas no pueden ver: