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Se inicia una inestabilidad cambiaria que será controlada.

Info7/16/2015
Cabe preguntar – y obtener similares respuestas – si la economía de un país que trata de mantener activa su economía mediante recursos heterodoxos como emitir moneda en forma indiscriminada para subsidiar cualquier cosa que resulte politicamente útil – entre otras sueldos astronómicos a sus partidarios que no generan productividad – y que ha conseguido con ello alcanzar la segunda más alta inflación del mundo (la otra es de un país en guerra civil), que no obtiene recursos externos por estar en default y en conflicto con EE.UU., que mantiene un déficit doble – fiscal y de balanza de pagos – pueda subsistir sin una inestabilidad cambiaria parece algo un tanto irreal. La economía argentina ha mantenido su moneda sobrevaluada durante años y con ello ha perdido competitividad para exportar y naturalmente volumen de exportaciones pasando de superavitaria a deficitaria entre exportaciones e importaciones. Al mismo tiempo ha creado los impuestos más altos de occidente y emitido moneda sin respaldo para atender a su gran déficit fiscal debiendo para ello eliminar al Banco Central como contralor monetario, ha generado que el diferencial entre la inflación y el tipo de cambio haya provocado que los precios internos sean uno de los más altos del mundo mientras los ingresos promedio de la población pierden diariamente capacidad de consumo y valor real. Todo esto es conocido, más que difundido y surge de años de información oficial. Es percibido todos los días por la población cuyos niveles de ingresos se reduce diariamente por el aumento de precios y la fuerte recesión que este conjunto de medidas ha provocado. En estas condiciones, con un plantel político que no muestra fortaleza ni ofrece seguridades desde la oposición o el oficialismo, con unas elecciones que buena parte de la población percibe como reñidas y polarizadas: es posible evitar inestabilidad cambiaria, siendo que el dólar es el refugio tradicional del ahorro en argentina? Una visión racional indicaría que es prácticamente imposible, sin embargo algunas medidas que esta administración ha adoptado, han conseguido que el dólar libre refleje un valor casi en línea con un precio de equilibrio y no incorpore en su demanda toda la incertidumbre de la población y de los operadores. Eso ha sido logrado con gran esfuerzo del equipo económico utilizando medidas de emergencia electoral: fijar el tipo de cambio oficial, incrementar las reservas de cualquier manera, asumir como propios los préstamos a YPF, conseguir contabilizar en forma creativa intercambio de moneda con China como reservas, no liberar dólares para pagar importaciones, controlar los gastos de viajeros, mantener un estricto control de cambios llamado cepo y efectuar – en esto con relativo éxito – un severo control policial aplicando multas y quitando licencias a quienes operan en divisas con volúmenes importantes. El costo: recesión con inflación. Resulta obvio que todo esto es transitorio y deberá ser resuelto con medidas de fondo, pero sirve para evitar tensiones cambiarias durante las elecciones cuyo resultado es cada vez más impredecible. Por lo mecionado anteriormente, en la segunda semana de julio se inició la inevitable inestabilidad cambiaria, cuando el tipo de cambio contado con liquidación superó los $13 por primera vez en ocho meses y el dólar libre subió a $13,5 para llegar hoy – 14 de julio – a superar el $ 14.10. Con estas cotizaciones, la brecha cambiaria llega a 50% y eso obligará a nuevas restricciones a viajeros e importadores y a un retroceso en la venta de dólares para ahorro. Las principales causas de la inestabilidad son a) estructurales: los indicadores macroeconómicos negativos en su conjunto b) políticas, por la proximidad de un cambio de gobierno con inevitables profundas correcciones en la economía que inducen a suponer que moderadamente o no el peso argentino debe alinear su valor a los otros precios de la economía y c) jurídicas, porque la Corte Suprema ha convalidado la libertad de cambios al autorizar la compra/venta de bonos para obtener dólares en el exterior. La reacción del mercado fue lo que cabe esperar porque ya ha descontado el impacto de los ajustes en el valor del dólar libre y si bien tendrá cierta inquietud, no deben esperarse oscilaciones extremas. Por lo mecionado anteriormente, en la segunda semana de julio se inició la inevitable inestabilidad cambiaria, cuando el tipo de cambio contado con liquidación superó los $13 por primera vez en ocho meses y el dólar libre subió a $13,5 para llegar hoy – 14 de julio – a superar el $ 14.10. Con estas cotizaciones, la brecha cambiaria llega a 50% y eso obligará a nuevas restricciones a viajeros e importadores y a un retroceso en la venta de dólares para ahorro. Las principales causas de la inestabilidad son a) estructurales: los indicadores macroeconómicos negativos en su conjunto b) políticas, por la proximidad de un cambio de gobierno con inevitables profundas correcciones en la economía que inducen a suponer que moderadamente o no el peso argentino debe alinear su valor a los otros precios de la economía y c) jurídicas, porque la Corte Suprema ha convalidado la libertad de cambios al autorizar la compra/venta de bonos para obtener dólares en el exterior. La reacción del mercado fue lo que cabe esperar porque ya ha descontado el impacto de los ajustes en el valor del dólar libre y si bien tendrá cierta inquietud, no deben esperarse oscilaciones extremas. La situación de las reservas internacionales indica que el 47% de los aproximadamente 33.000 millones de dólares no son ni propios, ni de libre disponibilidad sino que se contabilizan mediante una estrategia financiera del gobierno: tomar como reservas el Swap acordado con China, que no son reservas; o considerar reservas la colocación de nueva deuda en moneda extranjera a tasas exóticas, o porque se contabilizan dólares cuando YPF sale a tomar crédito. Todos movimientos artificiales que incrementan artificialmente la posición de reservas internacionales que tiene el BCRA. El 53% de las reservas podría eventualmente ser utilizado para contener fácilmente una improbable corrida cambiaria, pero el resultado final sería muy grave para el siguiente gobierno, porque la situación del comercio exterior y de la balanza de pagos es mala: esta administración ha generado desde 2011 una debilidad estructural en la economía argentina que impide recibir dólares a través del comercio. Como puede apreciarse en el gráfico siguiente, la inflación contenida con el tipo de cambio prácticamente fijo termina por comerse las reservas. Los números son claros y los gráficos lo explican mejor que nada: La inflación creciente representada por la curva anaranjada y su tendencia consumen, entre otras cosas, las reservas internacionales en el mediano plazo. Situación a Julio de 2015 El saldo de la balanza comercial (entre lo que el país exporta y lo que importa) es de aproximadamente 150 millones de dólares por mes, menos de un tercio de lo que ingresaba el año pasado y el 30% del generado cuando Néstor Kirchner gobernaba, o menos del 10% desde que la Sra. Fernández tomó el gobierno. Esto nada tiene que ver con los precios internacionales sino con las políticas monetarias combinadas con medidas cambiarias que en combinación resultan recesivas, impiden exportar, restringen importaciones y han provocado que argentina resulte uno de las países con los precios internos más altos del mundo siendo los ingresos promedio de la población uno de los más bajos de occidente. Un fenómeno monetario muy simple que aparece siempre que el valor de la moneda de un país no acompaña a la inflación. EL DETERIORO GENERADO DESDE 20111 El resumen anterior muestra como desde un crecimiento importante se cayó en una severa disminución del PBI entre 2011 y 2015, con perspectivas negativas para 2016 de acuerdo a todas las proyecciones internacionales, del FMI, del Banco Mundial y de los Centros de estudios Locales. El contexto mundial presenta una fuerte desaceleración de los precios de los commodities y del volumen del comercio y Argentina tiene serias dificultades para poder vender su producción a otros países. El ejemplo más cercano es la industria automotriz, que vende el 80 % de los autos a Brasil cuya economía tiene una caída del producto bruto del 1,5 % y por lo tanto le demanda menos de la mitad de los autos a Argentina. En el caso de las economías regionales internas, hay severas dificultades para la exportación de productos frutihortícolas como las peras, manzanas (20000 toneladas se pudrieron en los árboles), aceitunas y vinos porque nuestros competidores más fuertes en esta producción, como Rusia, pueden ajustar el valor de su moneda y ganan mercados (Rusia llevó a cabo una devaluación del 70 %) lo que les genera una ventaja competitiva significativa en términos cambiarios. Como consecuencia del fuerte déficit fiscal que se compensa con emisión monetaria, una balanza comercial y de pagos altamente deficitaria y con tendencia negativa, con una inflación contenida por la recesión a pesar de los esfuerzos por aumentar el consumo, (como el plan Subeneficio que casi nadie conoce o utiliza, cuotas sin interés con los precios de los productos financiados más caros que en el resto del mundo) es normal que se haya generalizado una dolarización de portafolios. Tanto en el segmento minorista del mercado libre, como los grandes inversores que operan con títulos ahora bien legalizados. Perspectivas a tener en cuenta Tras varios meses de tranquilidad cambiaria, las recientes presiones en el mercado de cambios son consistentes con el nuevo escenario político. Así como hasta hace unas semanas el mercado descontaba que, cualquiera fuera el ganador de las elecciones en octubre, habría un giro hacia una mayor racionalidad de la política económica, la elección de un candidato a vicepresidente en la fórmula oficial defensor a ultranza del modelo vigente, acompañando a alguien de quien se desconocen sus posibles reacciones, ahora se avanzó hacia un escenario de mayor polarización electoral, en torno a la continuidad o el cambio. Naturalmente ello incrementó la incertidumbre acerca de lo que podría pasar a partir del 10 de diciembre, por eso un aumento del riesgo país y una fuerte caída de la bolsa, aunque en argentina la bolsa es muy poco relevante, no deja de reflejar el pensamiento de algunos operadores. Ante este giro de los acontecimientos la reacción de la administración fue la habitual: más controles cambiarios, pero sin atender los problemas de fondo (vinculados a un exceso de pesos por la monetización del déficit fiscal, y falta de dólares agudizada por el cepo cambiario). Los controles no tendrán otro efecto que mantener la brecha en lugar de moderarla. Sector Interno. Déficit, emisión monetaria, inflación y salarios. En junio volvió a registrarse una nueva y fuerte escalada del déficit fiscal llegó a $20.000 millones, esto es casi $19.000 millones más respecto al registrado en igual mes de 2014. El déficit financiero (descontado el pago de intereses de la deuda) fue de $24.000 millones, con un incremento anual de unos $20.000 millones (+464%), pese a los recursos extraordinarios aportados por el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES y el BCRA, de $2.700 millones. Este nuevo deterioro de las finanzas públicas se debe a una creciente diferencia entre el ritmo de aumento de gastos e ingresos, diferencia que llegó al récord de 20 % mensual. El gasto primario se aceleró 45% de un año a otro y los ingresos cayeron 25%, haciendo que los gastos del gobierno en los primeros cinco meses de 2015 necesitaran emisión por $100.000 millones (+240%). La recaudación de impuestos de junio aumento 39,2% anual, 10 puntos superior al alza promedio de los primeros 5 meses del año (29,6%). Esta importante mejora difícilmente pueda sostenerse en el tiempo, ya que se debe a la estacionalidad del impuesto a las ganancias y a un aumento en los derechos de exportación, que es estacional. La recaudación aumentó 31% anual entre enero y junio, variación que es 10 puntos porcentuales inferior al crecimiento del gasto público del primer cuatrimestre (41%). Otro dato es que el nivel general de salarios, muestra un aumento de 28% anual en mayo, superior a la tasa de inflación por el momento contenida por la recesión. Los datos de ventas minoristas no muestran, hasta ahora aumento. Las ventas en supermercados están estancadas en términos reales (-0,6%) y las ventas en centros de compras (shoppings) disminuyeron un 12% anual. Sólo las ventas de los comercios más chicos, medidas por CAME, muestran un aumento del 1,7% en mayo y 2% en el año. A medida que tienda a profundizarse la incertidumbre electoral, anticipada por el proceso de dolarización de portafolios de las últimas semanas, es probable que la economía continúe con el estancamiento que se apresta a cumplir cuatro años a fin de 2015.
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