Originalmente la palabra SPAM surgió como abreviatura de "spiced ham" (jamón con especias), y fue la marca usada por la empresa charcutera estadounidense Hormel Foods en 1957 cuando lanzó al mercado su nuevo producto de carne. Durante la Segunda Guerra Mundial lo usaron como alimento los soldados británicos y soviéticos.
El grupo británico de humoristas Monty Python se burló de él en una famosa escena cómica que proporcionó la fama definitiva al término: cuatro vikingos leen un menú que ofrece muchos platos pero todos contienen SPAM y empiezan a gritar la palabra: "¡Al rico SPAM!".
Estos mensajes multidireccionales y de ánimo mayormente publicitario siguen siendo parte de un negocio millonario incluso cuando se sabe que reciben pocas respuestas de los usuarios. ¿Has respondido alguna vez uno de estos correos? Según un estudio de la Universidad de Berkeley, solamente uno de cada 12 millones y medio de correos basura es respondido. El resultado de este informe sentó bases en un envío a 350 millones de destinatarios, de los cuales sólo se recibieron veintiocho contestaciones.
Pero el spam no agota su naturaleza en el deseo de publicitar un producto o servicio. Existen también correos no deseados capaces de infectar los equipos desde los cuales se accede a ellos, e incluso técnicas mediante las cuales se emprenden acciones fraudulentas como el robo de informaciones privadas con valor en el mercado negro. De hecho, además de los esfuerzos de la tecnología para detenerlo mediante filtros y softwares especiales, el spam es considerado un delito en muchos países del mundo donde se han promulgado leyes que castigan esta práctica, lucha en la cual también se han enrolado organizaciones de activistas anti-spam.