(I.O.R) = Instituto para las obras de Religión.
El Instituto para las Obras de Religión o IOR (en italiano: Istituto per le Opere di Religione), conocido popularmente como el Banco Vaticano, es una institución de la Iglesia católica situada en la Ciudad del Vaticano. Fue fundado por el papa Pío XII en 1942 con el propósito de conservar y administrar los bienes confiados al Instituto por personas físicas o jurídicas.
Aunque popularmente es conocido como el Banco Vaticano.
- se encuentra al lado de donde descansa el papa de turno.
# acusado de lavado de dinero (de las mafias). y usarlo en tema politicos (como contra comunistas) y invertirlo en fbrica de armas paa aumentr el patrimonio.
El Vaticano acopia el segundo tesoro en oro más grande del mundo
En la revista italiana “Oggi” el tesoro en oro del Vaticano, en base a “informaciones extraordinarias” fue colocado detrás del de los EEUU, como el segundo más grande del mundo con: 7000 millones de liras = 3.500.000.000 Euros. En comparación el valor del tesoro en oro del estado de Italia es de “sólo” 400 mil millones de liras. Esto fue en 1952. ¡Cual será el tamaño actual del tesoro del Vaticano? Calculemos el incremento del valor, entonces el valor del oro sería hoy un 63 % más alto. Con la venta del tesoro del Vaticano, según el momento de un eventual desembolso, podría haber producido una ganancia de un 650 %. Y aquí uno se pregunta:
¿Cómo llegó el Vaticano a este enorme patrimonio en oro?
El Vaticano juega al póker con enormes reservas financieras en Wallstreet
Las reservas financieras exteriores del Vaticano se encuentran concentrados principalmente en Wallstreet. En total el patrimopnio de la central de la iglesia, en acciones y otras participaciones en capitales, en el año 1958 deberían haber alcanzado unos 50 mil millones de marcos alemanes”
Esta cifra, mientras tanto, debe haber crecido probablemente en mucho más de 100 mil millones de Euros.
Las riquezas del Vaticano son incalculables:
En España la Iglesia católica es una gran potencia inmobiliaria. No hay pueblo sin iglesia, ni ciudad sin catedral, ni casi monte sin ermita. Se calcula que el patrimonio eclesiástico está integrado por 100.000 inmuebles. O dicho de otra forma, el 80% del patrimonio histórico-artístico nacional pertenece a la Iglesia. (...) Para muestra, el 70% del suelo habitable de la ciudad vieja de Toledo está en manos de la Iglesia. Y lo mismo puede decirse de Ávila, Burgos o Santiago de Compostela. (...) Nadie sabe la cuantía total del patrimonio eclesiástico. La Iglesia no lo dice, escudándose en el funcionamiento diocesano de la misma (El Mundo, 22.01.02).
El tesoro en oro acumulado por el Vaticano es posiblemente uno de los más grandes del mundo. A los indígenas de América –que fueron matados a millones por este oro– hasta el día de hoy no se les ha devuelto nada.
La Iglesia española es accionista de empresas como Inditex (Zara), Endesa, Banco Popular o Teléfonica. A través de Umasges, la sociedad creada por la cúpula eclesiástica, ésta invierte en Bolsa.
La Santa Sede es propietaria de acciones en la General Motors, IBM y Disney, además es inversora en empresas de alimentación (FOCUS-online). A esto hay que añadir empresas de servicios y de telecomunicación, así como bancos y aseguradoras valoradas en más de 12.000 millones de euros.
La millonaria Iglesia exige al Estado cada año millones de euros en subvenciones :
El Estado español y la Santa Sede firmaron el 3 de enero de 1979, entre otros, un Acuerdo sobre Asuntos económicos de la Iglesia católica española, que contiene su financiación y su exención de impuestos.
Solamente a cargo directo de los Presupuestos Generales del Estado, la Iglesia católica recibió en 2005 la nada desdeñable cifra de 141.469.680 euros.
El gobierno ha decidido hacer un regalo anual a cargo de las arcas públicas y con dirección a las de la Conferencia Episcopal de 35 millones de euros extra, al margen de lo que les correspondería por ley. (El País, 12.11.05).
Existen pocos datos concretos sobre el dinero que percibe la Iglesia de las diferentes administraciones públicas con destino a conservar y mantener su patrimonio (iglesias, catedrales u otros edificios de su propiedad); no obstante, el pasado 17 de noviembre la Cadena Ser hizo público un informe elaborado por la Fundación Caja Madrid en el que se desvelaban los datos del año 2001. La Iglesia había recibido 106 millones de euros fundamentalmente de las arcas de los ayuntamientos en concepto de «conservación de patrimonio».
Mientras muchos centros públicos padecen situaciones penosas, con infraestructuras escasas, masificación, falta de medios, etc., el Estado subvenciona con 2.500.000 euros centros privados de educación que pertenecen a la Iglesia.
El montante total que la Iglesia recibe de las arcas públicas asciende a más de 3.300 millones de euros anuales.
Además de otras ventajas fiscales, la Iglesia no paga IVA en sus compras, ni paga impuesto de sucesiones o donaciones.
Vaticano ocupa el octavo lugar en lavado de dinero a nivel mundial
Este mes, la red de organizaciones sociales francesas Voltaire, en base a los datos proporcionados por los gobiernos de Alemania y Suiza. El Vaticano, se ubica actualmente el octavo lugar entre los países que lavan dinero, superando los paraísos fiscales conocidos como Suiza, Bahamas, Liechtenstein, Nauru y República de Mauricio.
El Banco del Vaticano fue creado por el Papa Pío XII en 1942. Desde el principio, sus estatutos fueron redactados de tal manera que ni el Papa tendría acceso directo a su administración. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1943, se plantearon sospechas de que el banco guardaba dinero producido por el régimen nazi.
La pregunta más grande desde entonces ha sido ¿por qué la entidad más grande del mundo necesita un banco?, cuyo nombre oficial es el Instituto para las Obras de Religión (IOR).
¿Y cuál es el motivo de que sea patrimonio de empresas como FIAT y Alfa Romeo?, ¿Y la participación en proyectos como la red de joyerías de lujo Bulgari, el banco de inversión Altium Capital y Pall Mall?
Según The Guardian, el valor internacional del Vaticano ocultado por empresas establecidas en paraísos fiscales supera un billón y medio millones en la actualidad.
En los últimos años las cosas han empeorado. En septiembre del 2010, el IOR fue investigado por la justicia italiana con sospecha de lavado de dinero. Los fiscales italianos congelaron 23 millones de euros utilizados en “operaciones irregulares”. Después de un año de batalla legal, el dinero fue desbloqueado, pero la investigación continúa.
El banco siempre ha negado irregularidades.
En el 2012, los periódicos italianos, publicaron cartas secretas que apuntaban a un conflicto entre los miembros de más alto rango del Vaticano sobre cómo el banco estatal debería tener transparencia en sus transacciones financieras. Poco después, el Departamento de Estado de EE.UU. puso por primera vez en la historia, al Vaticano, en la lista de países vulnerables al lavado de dinero.
El estado más pequeño del mundo, donde además del Papa viven apenas 800 personas, aparecía en la categoría de “preocupación”, junto con países como Polonia, Egipto, Yemen, Hungría y Vietnam.
“Con los grandes volúmenes de moneda internacional que pasan por la Santa Sede, es un sistema que se torna vulnerable como un centro potencial de lavado de dinero”, dijo Susan Pittman en su momento, de la división del Departamento de Estado que se encarga de hacer cumplir la ley y el combate internacional de narcóticos.
En ese momento, la mala gestión, incluso hizo que el Banco del Vaticano, experimentara su peor déficit en los últimos años: 19 millones de dólares. Fue la culminación de un escándalo de dos décadas bajo sospecha de lavado de dinero y vínculos con la mafia, y la “desaparición” de 1 billón de dólares en un banco que hizo transacciones.
En febrero del 2013, antes de renunciar, el Papa Benedicto XVI, cambió al director del Banco del Vaticano, el alemán Ernst Von Freyberg fue depuesto.
Esta medida ha demostrado ser ineficaz otras veces. En 1989, el arzobispo estadounidense, Paul Marcinkus, fue acusado por las autoridades italianas de implicación con la Mafia, la quiebra del Banco Ambrosiano, el escándalo que implica la logia masónica P-2 y varios banqueros. El caso inspiró la producción de películas y varios libros.
Incluso ahora, después de que Francisco ha tomado, las cosas no han mejorado. El mes pasado, la policía italiana arrestó a Monseñor Nunzio Scarano, de 61 años, sospechoso de participar en desvío de millones de euros del Banco del Vaticano. El prelado (título de los altos dignatarios de la Iglesia Católica) trabajó como contador de la administración financiera y había ayudado a algunos amigos ricos a tomar valores grandes de Italia. Scarano, está bajo arresto domiciliario en espera de juicio.
En medio de las investigaciones, estas aún no han concluido, surgieron evidencias de que el Instituto para las Obras de Religión habría “lavado” cerca de unos 33 billones de dólares. Una vez más la cúpula del Banco, sacó a Paolo Cipriani y Massimo Tulli.
Este mes, una encuesta fue lanzada por la red de organizaciones sociales francesas Voltaire, en base a los datos proporcionados por los gobiernos de Alemania y Suiza. El Vaticano, se ubica actualmente el octavo lugar entre los países que lavan dinero, superando los paraísos fiscales conocidos como Suiza, Bahamas, Liechtenstein, Nauru y República de Mauricio.
El Papa Francisco, creó una comisión de cardenales y otros funcionarios que están investigando los soportes del IOR y formular propuestas de cambios radicales en el banco. Se contempla, incluyendo el cierre de la institución y su transformación en una entidad que pueda administrar los recursos financieros de la Iglesia católica de otra manera.
Esta comisión ya ha consultado a la Unión Europea, pidiendo asesoramiento técnico a través de Moneyval, un organismo de la UE que evalúa y ejecuta las medidas contra el lavado de dinero y el terrorismo.
El actual director de la IOR, Battista Ricca, tomó el Banco del Vaticano, hace dos meses, pero es acusado de formar parte del “lobby gay” católico, cuya existencia fue negada por Francisco en una polémica entrevista en su despedida de Brasil.
Durante los últimos meses el ex presidente del banco de la Santa Sede, Ettore Gotti Tedeschi, vivía temiendo por su vida, ya que se dedicaba a construir un voluminoso informe de 200 páginas sobre una multitud de cuentas cifradas del banco que ocultaban el dinero sucio de empresarios, políticos y hasta de jefes de la mafia siciliana.
Se informa que el dossier secreto incautado podría contener incluso datos del crimen organizado.
“¿Víctimas? ¿Qué víctimas?”, preguntó el cardenal Velasio de Paolis. Luego agregó: “No sólo están esas víctimas”. Después hubo un silencio de cuerpo y alma seguidos por la mirada un tanto extraviada del superior general de los Legionarios de Cristo, nombrado en 2010 a ese cargo por el entonces papa Jozef Ratzinger. A la pregunta de De Paolis le siguió una respuesta: las víctimas no eran sólo los miles de menores que sufrieron los apetitos sexuales de las sotanas hipócritas, sino también el mismo Vaticano. Las víctimas no eran únicamente los menores o adultos abusados y violados por el padre Marcial Maciel, el fundador de esa industria de los atentados sexuales que fue, durante su mandato, los Legionarios de Cristo. La víctima era la Santa Sede, que fue “engañada”.
Juan Pablo II, el papa que, entre otros tantos horrores, promovió y encubrió a los pedófilos y violadores de la Iglesia, recibió, al mismo tiempo que Juan XXIII, la canonización. Más allá del espectáculo obsceno montado para esta ocasión, del millón de fieles en la plaza San Pedro, de los tres satélites suplementarios para difundir el acto, más allá de la fe de mucha gente, la canonización del papa polaco es una aberración y un ultraje para cualquier cristiano del planeta. Declarar santo a Karol Wojtyla es olvidarse del abrumador catálogo de pecados terrestres que pesan sobre este papa: amparo de los pedófilos, pactos y regateos con dictaduras asesinas, corrupción, suicidios jamás aclarados, asociaciones con la mafia, montaje de un sistema bancario paralelo para financiar las obsesiones políticas de Juan Pablo II –la lucha contra el comunismo–, persecución implacable contra las corrientes progresistas de la Iglesia, en especial la de América latina, o sea, la frondosa y renovadora Teología de la Liberación.
El “¿Víctimas? ¿Qué víctimas?” pronunciado en Roma por el cardenal Velasio de Paolis encubre toda la impunidad y la continuidad aún arraigada en el seno de la Iglesia. Jurista y experto en Derecho Canónico, De Paolis formaba parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe en la época en que –años ’80– se acumulaban las denuncias contra Marcial Maciel. Sin embargo, fue él quien firmó la segunda absolución del sacerdote mexicano. El ex padre mexicano Alberto Athié contó a Página/12 cómo Maciel solía repartir sobres con dinero y favores para comprar el silencio de las jerarquías. Athié renunció en el año 2000 al sacerdocio y se dedicó a la investigación y denuncia de los abusos sexuales cometidos por clérigos y organizaciones. El destino de Maciel lo selló Benedicto XVI a partir de 2005. En 2004, antes de la muerte de Karol Wojtyla, Maciel fue honrado en el Vaticano. Ese mismo año Ratzinger reabrió las investigaciones contra los Legionarios.
El “dossier” Maciel había sido bloqueado en 1999 por Juan Pablo II y mantenido en estado de invisible por otra de las figuras más turbias de la curia romana, Angelo Sodano, el ex secretario de Estado de Giovanni Paolo. Sodano es una perla digna de figurar en un curso de maniobras sucias. Angelo Sodano, que es decano del Colegio de Cardinales, tenía negocios con los Legionarios de Cristo. Un sobrino suyo fue uno de los asesores nombrados por Maciel para construir la universidad que los Legionarios de Cristo tienen en Roma, la Universidad pontificial Regina Apostolorum.
Sodano, que fue el número dos de Juan Pablo II durante casi 15 años, tenía un enemigo interno, Jozef Ratzinger, un club de simpatías exteriores cuyos dos miembros más inminentes son el dictador Augusto Pinochet y el violador Marcial Maciel. Sodano y Ratzinger libraron una batalla sin tregua: el primero para proteger a los pedófilos, el segundo para condenarlos.
En 2004, Jozef Ratzinger obligó a Marcial Maciel a dimitir y retirarse de la vida pública. Dos años después, ya como Benedicto XVI el papa lo suspendió a divinis. Las investigaciones reabiertas por Ratzinger demostraron que Maciel era un pederasta, tenía dos mujeres, tres hijos, se movía con varias identidades diferentes y manejaba fondos millonarios. Las denuncias previas nunca habían pasado el paredón levantado por Sodano y el hoy Santo Juan Pablo.
La carrera de Sodano es toda una síntesis del papado de Karol Wojtyla, en donde se mezclan los intereses políticos, las visiones ideológicas ultraconservadoras, la corrupción y las manipulaciones. Angelo Sodano fue nuncio en Chile durante la dictadura de Pinochet. El diplomático mantuvo una relación amistosa con el dictador y ello le permitió fraguar la visita a Chile que Juan Pablo II hizo en 1987. Su hermano Alessandro fue condenado por corrupción tras la operación Manos Limpias. Su sobrino Andrea corrió la misma suerte en los Estados Unidos. El FBI descubrió que Andrea y un socio se dedicaban a comprar –mediante información privilegiada– por un puñado de dólares las propiedades inmobiliarias de las diócesis de Estados Unidos que estaban en bancarrota debido a los escándalos de pedofilia.
Pero el mundo sucumbió al grito de “santo súbito” que reclamaba la canonización de un hombre que presidió los destinos de la Iglesia en su momento más infame y corrupto. El papa “viajero”, el papa “amable”, el papa “de los jóvenes”, el papa “catódico” era un impostor ortodoxo que desprotegió a las víctimas de los abusos sexuales y a los propios pastores de la Iglesia cuando éstos estuvieron en peligro de muerte. Su visión y sus necesidades estratégicas siempre se opusieron a las humanas.
Ocurre que en la trama de esta historia hay también mucha sangre y no sólo la de los banqueros mafiosos como Roberto Calvi o Michele Sindona con quienes Juan Pablo II se asoció para alimentar con fondos secretos las arcas del IOR (banco del Vaticano), fondos que luego servirían para financiar la lucha contra el comunismo en Europa del este o la Teología de la Liberación en América latina. Juan Pablo II dejó sin protección a los padres que encarnaban en América latina la opción por los pobres frente a las dictaduras criminales y sus aliados de las burguesías nacionales.
En 2011, cincuenta destacados teólogos de Alemania firmaron una carta en contra de la beatificación de Juan Pablo II por no haber respaldado al arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 por un comando paramilitar de la extrema derecha salvadoreña mientras celebraba una misa. Romero sí que es y será un santo. El arzobispo enfrentó a los militares para rogarles que no asesinaran a su pueblo, recorrió barriales, zonas castigadas por la represión y la violencia, defendió los derechos humanos y los pobres. En suma, no esperó a que Bergoglio llegara a Roma para hablar “de una Iglesia pobre para los pobres”. No. La encarnó en su figura y lo pagó con su vida, como tantos otros padres a quienes el Vaticano tildaba de marxistas o comunistas sólo porque se implicaban en causas sociales.
Juan Pablo II es un santo impostor que traicionó a América latina y a quienes, desde una modesta Iglesia, osaron decirles no a los asesinos de sus pueblos. Si Juan Pablo II contribuyó en Europa del este a la caída del bloque comunista, en América latina favoreció la caída de la democracia y la permanencia nefasta de las dictaduras y su ideología apocalíptica. Un detalle atroz se suma a la ya incontable deuda que el Vaticano tiene con la justicia y la verdad: el expediente de beatificación de monseñor Oscar Arnulfo Romero sigue bloqueado en los meandros políticos de la Santa Sede. Juan Pablo II beatificó a Josemaría Escrivá, el polémico fundador del Opus Dei y uno de sus protegidos. Pero dejó afuera a Romero, incluso cuando estaba con vida y las amenazas contra él se precisaban cada semana. “Cada vez más soy el pastor de un país de cadáveres”, solía decir Romero.
Juan Pablo II fue electo en 1978. Al año siguiente, monseñor Romero le entregó un informe sobre la espantosa violación de los derechos humanos en El Salvador. El papa lo ignoró y le recomendó a Romero que trabajara “más estrechamente con el gobierno”. Como lo recuerda a Página/12 Giacomo Galeazzi, vaticanista de La Stampa y autor de una magistral investigación, “Wojtyla secreto”, en “sus 25 años del pontificado ningún obispo latinoamericano ligado a la acción social o a la Teología de la Liberación fue nombrado cardenal por Juan Pablo II”. La respuesta está en una frase de otro de los más dignos representantes de la “Iglesia de los pobres”, el fallecido arzobispo brasileño Hélder C"mara: “Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista”.
El show universal de la canonización ya fue lanzado. La prensa blanca de Europa tiene la memoria muy corta y su cultura del otro es estrecha como un pasillo de hospital. Todos celebran el gran papa. Se ha promovido a la categoría de santo a un hombre que tiene las manos sucias, que ha cometido la infamia de encubrir a violadores de niños, de besar a dictadores y legitimar con ello el tendal de muertos que dejaban en el camino, de negociar beneficios con la mafia, que ha sacrificado en nombre de los intereses de una parte de un continente, el este de Europa, la misericordia y la justicia de otros, entre ellos los de América latina. Se canoniza a un embaucador. El colmo de la ligereza, del error inmemorial. ¿Ante quién se arrodillarán en adelante las víctimas de los abusadores sexuales y de las dictaduras? Podemos levantar todos juntos un lugar apacible y justo en la memoria con las imágenes del padre Mugica o de monseñor Romero para reencontrarnos con la beatitud y el sentido de quienes, por un ideal de justicia e igualdad, enfrentaron la muerte sin pensar nunca en sí mismos o en bajos beneficios humanos.
El Instituto para las Obras de Religión o IOR (en italiano: Istituto per le Opere di Religione), conocido popularmente como el Banco Vaticano, es una institución de la Iglesia católica situada en la Ciudad del Vaticano. Fue fundado por el papa Pío XII en 1942 con el propósito de conservar y administrar los bienes confiados al Instituto por personas físicas o jurídicas.
Aunque popularmente es conocido como el Banco Vaticano.
- se encuentra al lado de donde descansa el papa de turno.
# acusado de lavado de dinero (de las mafias). y usarlo en tema politicos (como contra comunistas) y invertirlo en fbrica de armas paa aumentr el patrimonio.
El Vaticano acopia el segundo tesoro en oro más grande del mundo
En la revista italiana “Oggi” el tesoro en oro del Vaticano, en base a “informaciones extraordinarias” fue colocado detrás del de los EEUU, como el segundo más grande del mundo con: 7000 millones de liras = 3.500.000.000 Euros. En comparación el valor del tesoro en oro del estado de Italia es de “sólo” 400 mil millones de liras. Esto fue en 1952. ¡Cual será el tamaño actual del tesoro del Vaticano? Calculemos el incremento del valor, entonces el valor del oro sería hoy un 63 % más alto. Con la venta del tesoro del Vaticano, según el momento de un eventual desembolso, podría haber producido una ganancia de un 650 %. Y aquí uno se pregunta:
¿Cómo llegó el Vaticano a este enorme patrimonio en oro?
El Vaticano juega al póker con enormes reservas financieras en Wallstreet
Las reservas financieras exteriores del Vaticano se encuentran concentrados principalmente en Wallstreet. En total el patrimopnio de la central de la iglesia, en acciones y otras participaciones en capitales, en el año 1958 deberían haber alcanzado unos 50 mil millones de marcos alemanes”
Esta cifra, mientras tanto, debe haber crecido probablemente en mucho más de 100 mil millones de Euros.
Las riquezas del Vaticano son incalculables:
En España la Iglesia católica es una gran potencia inmobiliaria. No hay pueblo sin iglesia, ni ciudad sin catedral, ni casi monte sin ermita. Se calcula que el patrimonio eclesiástico está integrado por 100.000 inmuebles. O dicho de otra forma, el 80% del patrimonio histórico-artístico nacional pertenece a la Iglesia. (...) Para muestra, el 70% del suelo habitable de la ciudad vieja de Toledo está en manos de la Iglesia. Y lo mismo puede decirse de Ávila, Burgos o Santiago de Compostela. (...) Nadie sabe la cuantía total del patrimonio eclesiástico. La Iglesia no lo dice, escudándose en el funcionamiento diocesano de la misma (El Mundo, 22.01.02).
El tesoro en oro acumulado por el Vaticano es posiblemente uno de los más grandes del mundo. A los indígenas de América –que fueron matados a millones por este oro– hasta el día de hoy no se les ha devuelto nada.
La Iglesia española es accionista de empresas como Inditex (Zara), Endesa, Banco Popular o Teléfonica. A través de Umasges, la sociedad creada por la cúpula eclesiástica, ésta invierte en Bolsa.
La Santa Sede es propietaria de acciones en la General Motors, IBM y Disney, además es inversora en empresas de alimentación (FOCUS-online). A esto hay que añadir empresas de servicios y de telecomunicación, así como bancos y aseguradoras valoradas en más de 12.000 millones de euros.
La millonaria Iglesia exige al Estado cada año millones de euros en subvenciones :
El Estado español y la Santa Sede firmaron el 3 de enero de 1979, entre otros, un Acuerdo sobre Asuntos económicos de la Iglesia católica española, que contiene su financiación y su exención de impuestos.
Solamente a cargo directo de los Presupuestos Generales del Estado, la Iglesia católica recibió en 2005 la nada desdeñable cifra de 141.469.680 euros.
El gobierno ha decidido hacer un regalo anual a cargo de las arcas públicas y con dirección a las de la Conferencia Episcopal de 35 millones de euros extra, al margen de lo que les correspondería por ley. (El País, 12.11.05).
Existen pocos datos concretos sobre el dinero que percibe la Iglesia de las diferentes administraciones públicas con destino a conservar y mantener su patrimonio (iglesias, catedrales u otros edificios de su propiedad); no obstante, el pasado 17 de noviembre la Cadena Ser hizo público un informe elaborado por la Fundación Caja Madrid en el que se desvelaban los datos del año 2001. La Iglesia había recibido 106 millones de euros fundamentalmente de las arcas de los ayuntamientos en concepto de «conservación de patrimonio».
Mientras muchos centros públicos padecen situaciones penosas, con infraestructuras escasas, masificación, falta de medios, etc., el Estado subvenciona con 2.500.000 euros centros privados de educación que pertenecen a la Iglesia.
El montante total que la Iglesia recibe de las arcas públicas asciende a más de 3.300 millones de euros anuales.
Además de otras ventajas fiscales, la Iglesia no paga IVA en sus compras, ni paga impuesto de sucesiones o donaciones.
Vaticano ocupa el octavo lugar en lavado de dinero a nivel mundial
Este mes, la red de organizaciones sociales francesas Voltaire, en base a los datos proporcionados por los gobiernos de Alemania y Suiza. El Vaticano, se ubica actualmente el octavo lugar entre los países que lavan dinero, superando los paraísos fiscales conocidos como Suiza, Bahamas, Liechtenstein, Nauru y República de Mauricio.
El Banco del Vaticano fue creado por el Papa Pío XII en 1942. Desde el principio, sus estatutos fueron redactados de tal manera que ni el Papa tendría acceso directo a su administración. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1943, se plantearon sospechas de que el banco guardaba dinero producido por el régimen nazi.
La pregunta más grande desde entonces ha sido ¿por qué la entidad más grande del mundo necesita un banco?, cuyo nombre oficial es el Instituto para las Obras de Religión (IOR).
¿Y cuál es el motivo de que sea patrimonio de empresas como FIAT y Alfa Romeo?, ¿Y la participación en proyectos como la red de joyerías de lujo Bulgari, el banco de inversión Altium Capital y Pall Mall?
Según The Guardian, el valor internacional del Vaticano ocultado por empresas establecidas en paraísos fiscales supera un billón y medio millones en la actualidad.
En los últimos años las cosas han empeorado. En septiembre del 2010, el IOR fue investigado por la justicia italiana con sospecha de lavado de dinero. Los fiscales italianos congelaron 23 millones de euros utilizados en “operaciones irregulares”. Después de un año de batalla legal, el dinero fue desbloqueado, pero la investigación continúa.
El banco siempre ha negado irregularidades.
En el 2012, los periódicos italianos, publicaron cartas secretas que apuntaban a un conflicto entre los miembros de más alto rango del Vaticano sobre cómo el banco estatal debería tener transparencia en sus transacciones financieras. Poco después, el Departamento de Estado de EE.UU. puso por primera vez en la historia, al Vaticano, en la lista de países vulnerables al lavado de dinero.
El estado más pequeño del mundo, donde además del Papa viven apenas 800 personas, aparecía en la categoría de “preocupación”, junto con países como Polonia, Egipto, Yemen, Hungría y Vietnam.
“Con los grandes volúmenes de moneda internacional que pasan por la Santa Sede, es un sistema que se torna vulnerable como un centro potencial de lavado de dinero”, dijo Susan Pittman en su momento, de la división del Departamento de Estado que se encarga de hacer cumplir la ley y el combate internacional de narcóticos.
En ese momento, la mala gestión, incluso hizo que el Banco del Vaticano, experimentara su peor déficit en los últimos años: 19 millones de dólares. Fue la culminación de un escándalo de dos décadas bajo sospecha de lavado de dinero y vínculos con la mafia, y la “desaparición” de 1 billón de dólares en un banco que hizo transacciones.
En febrero del 2013, antes de renunciar, el Papa Benedicto XVI, cambió al director del Banco del Vaticano, el alemán Ernst Von Freyberg fue depuesto.
Esta medida ha demostrado ser ineficaz otras veces. En 1989, el arzobispo estadounidense, Paul Marcinkus, fue acusado por las autoridades italianas de implicación con la Mafia, la quiebra del Banco Ambrosiano, el escándalo que implica la logia masónica P-2 y varios banqueros. El caso inspiró la producción de películas y varios libros.
Incluso ahora, después de que Francisco ha tomado, las cosas no han mejorado. El mes pasado, la policía italiana arrestó a Monseñor Nunzio Scarano, de 61 años, sospechoso de participar en desvío de millones de euros del Banco del Vaticano. El prelado (título de los altos dignatarios de la Iglesia Católica) trabajó como contador de la administración financiera y había ayudado a algunos amigos ricos a tomar valores grandes de Italia. Scarano, está bajo arresto domiciliario en espera de juicio.
En medio de las investigaciones, estas aún no han concluido, surgieron evidencias de que el Instituto para las Obras de Religión habría “lavado” cerca de unos 33 billones de dólares. Una vez más la cúpula del Banco, sacó a Paolo Cipriani y Massimo Tulli.
Este mes, una encuesta fue lanzada por la red de organizaciones sociales francesas Voltaire, en base a los datos proporcionados por los gobiernos de Alemania y Suiza. El Vaticano, se ubica actualmente el octavo lugar entre los países que lavan dinero, superando los paraísos fiscales conocidos como Suiza, Bahamas, Liechtenstein, Nauru y República de Mauricio.
El Papa Francisco, creó una comisión de cardenales y otros funcionarios que están investigando los soportes del IOR y formular propuestas de cambios radicales en el banco. Se contempla, incluyendo el cierre de la institución y su transformación en una entidad que pueda administrar los recursos financieros de la Iglesia católica de otra manera.
Esta comisión ya ha consultado a la Unión Europea, pidiendo asesoramiento técnico a través de Moneyval, un organismo de la UE que evalúa y ejecuta las medidas contra el lavado de dinero y el terrorismo.
El actual director de la IOR, Battista Ricca, tomó el Banco del Vaticano, hace dos meses, pero es acusado de formar parte del “lobby gay” católico, cuya existencia fue negada por Francisco en una polémica entrevista en su despedida de Brasil.
Durante los últimos meses el ex presidente del banco de la Santa Sede, Ettore Gotti Tedeschi, vivía temiendo por su vida, ya que se dedicaba a construir un voluminoso informe de 200 páginas sobre una multitud de cuentas cifradas del banco que ocultaban el dinero sucio de empresarios, políticos y hasta de jefes de la mafia siciliana.
Se informa que el dossier secreto incautado podría contener incluso datos del crimen organizado.
“¿Víctimas? ¿Qué víctimas?”, preguntó el cardenal Velasio de Paolis. Luego agregó: “No sólo están esas víctimas”. Después hubo un silencio de cuerpo y alma seguidos por la mirada un tanto extraviada del superior general de los Legionarios de Cristo, nombrado en 2010 a ese cargo por el entonces papa Jozef Ratzinger. A la pregunta de De Paolis le siguió una respuesta: las víctimas no eran sólo los miles de menores que sufrieron los apetitos sexuales de las sotanas hipócritas, sino también el mismo Vaticano. Las víctimas no eran únicamente los menores o adultos abusados y violados por el padre Marcial Maciel, el fundador de esa industria de los atentados sexuales que fue, durante su mandato, los Legionarios de Cristo. La víctima era la Santa Sede, que fue “engañada”.
Juan Pablo II, el papa que, entre otros tantos horrores, promovió y encubrió a los pedófilos y violadores de la Iglesia, recibió, al mismo tiempo que Juan XXIII, la canonización. Más allá del espectáculo obsceno montado para esta ocasión, del millón de fieles en la plaza San Pedro, de los tres satélites suplementarios para difundir el acto, más allá de la fe de mucha gente, la canonización del papa polaco es una aberración y un ultraje para cualquier cristiano del planeta. Declarar santo a Karol Wojtyla es olvidarse del abrumador catálogo de pecados terrestres que pesan sobre este papa: amparo de los pedófilos, pactos y regateos con dictaduras asesinas, corrupción, suicidios jamás aclarados, asociaciones con la mafia, montaje de un sistema bancario paralelo para financiar las obsesiones políticas de Juan Pablo II –la lucha contra el comunismo–, persecución implacable contra las corrientes progresistas de la Iglesia, en especial la de América latina, o sea, la frondosa y renovadora Teología de la Liberación.
El “¿Víctimas? ¿Qué víctimas?” pronunciado en Roma por el cardenal Velasio de Paolis encubre toda la impunidad y la continuidad aún arraigada en el seno de la Iglesia. Jurista y experto en Derecho Canónico, De Paolis formaba parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe en la época en que –años ’80– se acumulaban las denuncias contra Marcial Maciel. Sin embargo, fue él quien firmó la segunda absolución del sacerdote mexicano. El ex padre mexicano Alberto Athié contó a Página/12 cómo Maciel solía repartir sobres con dinero y favores para comprar el silencio de las jerarquías. Athié renunció en el año 2000 al sacerdocio y se dedicó a la investigación y denuncia de los abusos sexuales cometidos por clérigos y organizaciones. El destino de Maciel lo selló Benedicto XVI a partir de 2005. En 2004, antes de la muerte de Karol Wojtyla, Maciel fue honrado en el Vaticano. Ese mismo año Ratzinger reabrió las investigaciones contra los Legionarios.
El “dossier” Maciel había sido bloqueado en 1999 por Juan Pablo II y mantenido en estado de invisible por otra de las figuras más turbias de la curia romana, Angelo Sodano, el ex secretario de Estado de Giovanni Paolo. Sodano es una perla digna de figurar en un curso de maniobras sucias. Angelo Sodano, que es decano del Colegio de Cardinales, tenía negocios con los Legionarios de Cristo. Un sobrino suyo fue uno de los asesores nombrados por Maciel para construir la universidad que los Legionarios de Cristo tienen en Roma, la Universidad pontificial Regina Apostolorum.
Sodano, que fue el número dos de Juan Pablo II durante casi 15 años, tenía un enemigo interno, Jozef Ratzinger, un club de simpatías exteriores cuyos dos miembros más inminentes son el dictador Augusto Pinochet y el violador Marcial Maciel. Sodano y Ratzinger libraron una batalla sin tregua: el primero para proteger a los pedófilos, el segundo para condenarlos.
En 2004, Jozef Ratzinger obligó a Marcial Maciel a dimitir y retirarse de la vida pública. Dos años después, ya como Benedicto XVI el papa lo suspendió a divinis. Las investigaciones reabiertas por Ratzinger demostraron que Maciel era un pederasta, tenía dos mujeres, tres hijos, se movía con varias identidades diferentes y manejaba fondos millonarios. Las denuncias previas nunca habían pasado el paredón levantado por Sodano y el hoy Santo Juan Pablo.
La carrera de Sodano es toda una síntesis del papado de Karol Wojtyla, en donde se mezclan los intereses políticos, las visiones ideológicas ultraconservadoras, la corrupción y las manipulaciones. Angelo Sodano fue nuncio en Chile durante la dictadura de Pinochet. El diplomático mantuvo una relación amistosa con el dictador y ello le permitió fraguar la visita a Chile que Juan Pablo II hizo en 1987. Su hermano Alessandro fue condenado por corrupción tras la operación Manos Limpias. Su sobrino Andrea corrió la misma suerte en los Estados Unidos. El FBI descubrió que Andrea y un socio se dedicaban a comprar –mediante información privilegiada– por un puñado de dólares las propiedades inmobiliarias de las diócesis de Estados Unidos que estaban en bancarrota debido a los escándalos de pedofilia.
Pero el mundo sucumbió al grito de “santo súbito” que reclamaba la canonización de un hombre que presidió los destinos de la Iglesia en su momento más infame y corrupto. El papa “viajero”, el papa “amable”, el papa “de los jóvenes”, el papa “catódico” era un impostor ortodoxo que desprotegió a las víctimas de los abusos sexuales y a los propios pastores de la Iglesia cuando éstos estuvieron en peligro de muerte. Su visión y sus necesidades estratégicas siempre se opusieron a las humanas.
Ocurre que en la trama de esta historia hay también mucha sangre y no sólo la de los banqueros mafiosos como Roberto Calvi o Michele Sindona con quienes Juan Pablo II se asoció para alimentar con fondos secretos las arcas del IOR (banco del Vaticano), fondos que luego servirían para financiar la lucha contra el comunismo en Europa del este o la Teología de la Liberación en América latina. Juan Pablo II dejó sin protección a los padres que encarnaban en América latina la opción por los pobres frente a las dictaduras criminales y sus aliados de las burguesías nacionales.
En 2011, cincuenta destacados teólogos de Alemania firmaron una carta en contra de la beatificación de Juan Pablo II por no haber respaldado al arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 por un comando paramilitar de la extrema derecha salvadoreña mientras celebraba una misa. Romero sí que es y será un santo. El arzobispo enfrentó a los militares para rogarles que no asesinaran a su pueblo, recorrió barriales, zonas castigadas por la represión y la violencia, defendió los derechos humanos y los pobres. En suma, no esperó a que Bergoglio llegara a Roma para hablar “de una Iglesia pobre para los pobres”. No. La encarnó en su figura y lo pagó con su vida, como tantos otros padres a quienes el Vaticano tildaba de marxistas o comunistas sólo porque se implicaban en causas sociales.
Juan Pablo II es un santo impostor que traicionó a América latina y a quienes, desde una modesta Iglesia, osaron decirles no a los asesinos de sus pueblos. Si Juan Pablo II contribuyó en Europa del este a la caída del bloque comunista, en América latina favoreció la caída de la democracia y la permanencia nefasta de las dictaduras y su ideología apocalíptica. Un detalle atroz se suma a la ya incontable deuda que el Vaticano tiene con la justicia y la verdad: el expediente de beatificación de monseñor Oscar Arnulfo Romero sigue bloqueado en los meandros políticos de la Santa Sede. Juan Pablo II beatificó a Josemaría Escrivá, el polémico fundador del Opus Dei y uno de sus protegidos. Pero dejó afuera a Romero, incluso cuando estaba con vida y las amenazas contra él se precisaban cada semana. “Cada vez más soy el pastor de un país de cadáveres”, solía decir Romero.
Juan Pablo II fue electo en 1978. Al año siguiente, monseñor Romero le entregó un informe sobre la espantosa violación de los derechos humanos en El Salvador. El papa lo ignoró y le recomendó a Romero que trabajara “más estrechamente con el gobierno”. Como lo recuerda a Página/12 Giacomo Galeazzi, vaticanista de La Stampa y autor de una magistral investigación, “Wojtyla secreto”, en “sus 25 años del pontificado ningún obispo latinoamericano ligado a la acción social o a la Teología de la Liberación fue nombrado cardenal por Juan Pablo II”. La respuesta está en una frase de otro de los más dignos representantes de la “Iglesia de los pobres”, el fallecido arzobispo brasileño Hélder C"mara: “Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista”.
El show universal de la canonización ya fue lanzado. La prensa blanca de Europa tiene la memoria muy corta y su cultura del otro es estrecha como un pasillo de hospital. Todos celebran el gran papa. Se ha promovido a la categoría de santo a un hombre que tiene las manos sucias, que ha cometido la infamia de encubrir a violadores de niños, de besar a dictadores y legitimar con ello el tendal de muertos que dejaban en el camino, de negociar beneficios con la mafia, que ha sacrificado en nombre de los intereses de una parte de un continente, el este de Europa, la misericordia y la justicia de otros, entre ellos los de América latina. Se canoniza a un embaucador. El colmo de la ligereza, del error inmemorial. ¿Ante quién se arrodillarán en adelante las víctimas de los abusadores sexuales y de las dictaduras? Podemos levantar todos juntos un lugar apacible y justo en la memoria con las imágenes del padre Mugica o de monseñor Romero para reencontrarnos con la beatitud y el sentido de quienes, por un ideal de justicia e igualdad, enfrentaron la muerte sin pensar nunca en sí mismos o en bajos beneficios humanos.