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Desmintiendo: te muestro 21 Cosas buenas que hizo Hitler, 2

Info•6/2/2015
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Desmintiendo: te muestro 21 Cosas buenas que hizo Hitler, 2

La seguridad social soviética

"Apoyándose en los Soviets de diputados de obreros, soldados y campesinos, el Gobierno
obrero y campesino comunica a la clase obrera de Rusia, así como a los humildes de la ciudad y del campo que emprende inmediatamente la edición de decretos sobre el seguro social completo" - Lenin

Introducción


La creación de la seguridad social soviética nace ya de la mano con la Revolución de Octubre, el Poder Soviético aprobó poco después mas de 100 decretos y leyes, entre ellos pensiones a trabajadores y inválidos que derramaron su sangre en defensa de la Revolución. Junto con estos decretos nace para su gestión el "Comisariado del Pueblo para la Asistencia Social" , a su cabeza estaba la Camarada Alexandra Kolontai.

hitler Camarada Alexandra Kollontai, Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública

El Comisariado en sus inicios tuvo terribles problemas económicos que impedían materializar los decretos sociales, esto era debido a la guerra mundial, la guerra civil y el contubernio imperialista de 14 estados capitalistas que invadieron la joven República Soviética con el objetivo de "ahogar el niño aun que esta en la cuna" que diría Churchill respeto a la Revolución Soviética.
También se tubo que enfrentar el joven Comisariado al enemigo interno, como sabotajes y robos de los funcionarios del antiguo de ministerio de caridad social.
Poco a poco el Comisariado pudo ir materializando los decretos, mas de medio millón de personas empezaron a recibir por primera vez en su vida pensiones estables, sobre todo inválidos de guerra, del trabajo o sus familias.

Ya sin el Gran Lenin, el Camarada Stalin y los Bolcheviques siguieron aplicando el genial plan Leninista, a principios de los 30 gracias al rápido crecimiento económico que permitía la planificación de la economía en planes quinquenales permitió que el ambicioso plan de pensión por vejez fuera materializado.
En 1936 nace la Constitución Soviética, la mas progresista de la historia, aun hoy no ha sido superada por ninguna otra constitución.

guerra La Constitución garantiza, el Estado cumple.


Ahora ya no eran leyes o decretos, eran derechos constitucionales, la Constitución garantizaba y el Estado cumplía. La nueva Constitución Soviética traía dos artículos fundamentales sobre la que edificaría la seguridad social soviética en el futuro:

  • Artículo 119.-- Los ciudadanos de la URSS tienen derecho al descanso.
Garantizan el derecho al descanso la jornada laboral de siete horas para los obreros y empleados y su reducción a seis horas para las profesiones cuyas condiciones de trabajo son difíciles, y a cuatro horas en las secciones en que dichas condiciones son especialmente difíciles; las vacaciones anuales pagadas para los obreros y empleados, y la existencia de una extensa red de sanatorios, casas de descanso y clubs, puestos a disposición de los trabajadores.

  • Artículo 120.-- Los ciudadanos de la URSS tienen derecho a la asistencia económica en la vejez, así como en caso de enfermedad y de pérdida de la capacidad de trabajo.
Garantizan este derecho el amplio desarrollo de los seguros sociales de los obreros y empleados a cargo del Estado, la asistencia médica gratuita a los trabajadores y la existencia de una extensa red de balnearios puestos a disposición de los trabajadores.

A partir de este momento cada Ciudadano Soviético, desde que nace hasta los últimos instantes de su vida sera objeto de continuo desvelo del Estado Soviético, sobre todo los mas desprotegidos, osea los inválidos, los niños, los mayores y las madres.


Inválidos

En la Unión Soviética los inválidos tenian la protección total del estado, como la pensión de por vida garantizada y gratuidad de todos los tratamientos, existían tres grados de invalidez:

- Total, para las personas que no podía trabajar y necesitaba cuidados permanentes.
- Parcial, para las personas que podían ejercer un trabajo en medida de sus posibilidades
- Relativa, para las personas que por motivos de salud o físicos no podían seguir desempeñando su trabajo.

El Estado se encargaba de facilitar trabajos especiales a los inválidos en donde podían cobrar el salario de su trabajo y ademas su pensión.


Niños y Madres

La madre y el niño desde el embarazo hasta la edad adulta del niño recibía el constante desvelo del Estado, veamos como se hacia posible:

La mujer nada mas quedarse embarazada era dada de baja, en donde cobraba su salario, tras el nacimiento del niño tenia un año de vacaciones, con el nacimiento del primer hijo se daba una cantidad de dinero para los cuidados especiales de los primeros meses, si la madre tenia mas hijos recibiría el doble de dinero, era una manera de fomentar la natalidad, si la familia era numerosa el estado les daba un piso de alquiler (los precios del alquiler fueron los mismos siempre, los que existían en 1928) con el suficiente numero de habitaciones.
Para conciliar la vida laboral y familiar las madres tenían casas cuna y guarderías con un costo del 30% del total.
Si un hijo enfermara podría cualquiera de sus padres pedir la baja pagada.


Jubilaciones y Pensiones

En la Unión Soviética la jubilación siempre fue a la misma edad:

- 60 años hombres.
- 55 años mujeres.

Si los trabajos eran especialmente duros la jubilación podía ser 5 (hombres y mujeres) o 10 (hombres) años antes. Las mujeres si tenian cinco o mas hijos, o uno invalido podían jubilarse a los 50 años.

Las cotizaciones para recibir la pensión completa era haber cotizado 25 años los hombres y 20 las mujeres, eso no era problema ya que en la Unión Soviética no existía paro y la estancia en el ejercito o los estudios cotizaban, también los periodos de baja.

Existían pensiones especiales para aquellos Ciudadanos que hubieran contribuido de forma extraordinaria al Socialismo o la causa Comunista en el mundo, como podían ser los Héroes de la Unión Soviética o los Héroes del Trabajo, ect

Los héroes del Pueblo Soviético recibían mimo del Estado.


Derechos laborales

Por baja por enfermedad se pagaba el 100% del sueldo.
Posibilidad de seguir trabajando tras la jubilación, cobrando la pensión y el 65% del sueldo medio.

Existían trabajos lejanos y/o duros que necesitaban un tratamiento especial, por ello aparte de la jubilación anticipada 10 años existía otra posibilidad, como la de continuar trabajando y cobrar el salario y la pensión.


Consideraciones

Quizas vea que faltan ciertos derechos, como pueden ser por ejemplo los subsidios por paro, pero este tipo de derechos no tienen sentido en un país Socialista, en donde el paro (azote de la clase obrera), fue liquidado en los años 20, la ultima bolsa de trabajo en la Unión Soviética cerro en 1930.

cultura


Conversión soviética
Koktobel ha cambiado desde la época de Voloshin.


URSS

El sueño soviético de crear un proletariado comunista ideal tuvo mucha más tracción con la oferta de entretenimiento gratuito organizado, que con los planes quinquenales de Josef Stalin (para industrializar a la Unión Soviética y tornarla en una contendiente en el mercado global).

La URSS transformó a la península en un campamento de verano para trabajadores premiados y burócratas consentidos.

Decenas de miles de niños llegaron para quedarse en sanatorios especialmente diseñados y en campamentos vacacionales como el famoso Artek, a disfrutar dos semanas de sol, mar y adoctrinamiento mediante el deporte y el ocio.



En Feodosia, las mansiones construidas a fines del siglo XIX por judíos caraítas -de origen turco, patrocinados por la élite imperial- fueron convertidos en sanatorios.

Hoy en día, esos palacios y los sanatorios soviéticos están en ruinas.



vaaciones


Bien, entremos a las acusaciones y comparémoslo con lo que tenemos.
¿Fue ineficiente el comunismo?

    Descubrí que los métodos de eficiencia se usan en la URSS al igual que en los Estados Unidos, aunque con propósitos diferentes. En los Estados Unidos se le pide al experto en eficiencia obtener más beneficios para los accionistas, mientras que en la URSS la eficiencia se utiliza para sacar más producción con el objetivo de abastecer la demanda de los consumidores, ya que hay un déficit de textiles. El producto de este incremento de la producción se devuelve a los obreros en forma de salarios más altos, nuevas maquinarias, más vacaciones, etc. (1)



Esta explicación tal vez exprese mejor que ninguna otra la diferencia entre una empresa capitalista y una que no lo es. En la primera, la capitalista, prima el máximo beneficio para los amos, para los propietarios, a costa de quien sea, especialmente del propio trabajador, que se convierte en un gasto más a controlar. En el segundo caso, en el caso comunista, vemos que la empresa tiene una función que debería tener toda empresa, satisfacer las necesidades de la gente, tanto por suministrar los productos que la población necesita, como por preocuparse por las personas que la conforman y la hacen posible, los trabajadores. Por consiguiente, no es que no fuesen eficientes las empresas en la antigua Unión Soviética, a la vista está el progreso económico y técnico experimentado por esta gran nación, sino que la eficiencia se medía en la satisfacción del conjunto de la población, no en el de una minoría opulenta y demasiado rica y avariciosa.
Las empresas en el periodo comunista no eran un completo desorden donde reinaba la dejadez y la holgazanería.

    “La granja estatal se llevaba como una empresa americana. Tenía su director, su equipo directivo, y sus empleados. Los trabajadores de la granja vivían en casas de apartamentos nuevas, limpias y agradables. Cada familia tenía su propio apartamento, y si las mujeres trabajaban en el campo había guarderías donde dejaban a sus hijos”. (2)
    
    En las granjas colectivas era algo diferente, cada granjero tenía una participación en los beneficios colectivos y los miembros de esta podían recibir préstamos a bajo interés del Estado.
    Respecto a la igualdad y a la competencia en la sociedad y el trabajo, los visitantes ven algo muy claro:
    
    “Y aquí, como en todas partes, había condecoraciones a la competencia. Había una muchacha que había ganado una medalla por su velocidad al recoger el té, y sus manos trabajaban como un relámpago en las matas, escogiendo las hojas frescas de un verde más claro y poniéndola en la cesta que acarreaba”.(2)
    
    Esto es perfectamente entendible, toda sociedad funciona así. De hecho, un incentivo para la mejora es la competencia. Y en una sociedad que mejoraba económica y técnicamente a pasos agigantados esto era necesario. Por tanto, el mito de la igualdad como sinónimo de que da igual si lo haces bien que mal, tiene poco que ver con la Rusia soviética, ahí están sus resultados. En esto tampoco hay tanta distancia con Estados Unidos, porque este país progresó también en gran medida gracias a la valoración de la capacidad de emprender y de trabajar, siendo la competencia uno de sus motores. Luego vendrían los monopolios, cada vez mayores, que crearon una sociedad estadounidense muy desigual y desequilibrada, algo que finalmente pasará una costosa factura que puede poner en el borde del abismo a esa misma sociedad.(3)

Las condiciones laborales y de vida de los trabajadores eran mejores, algo que en nuestro mundo no importa, no importa en los medios de comunicación, no importa en las juntas de accionistas, solo importa que ganen más dinero quienes ya lo tienen en cantidades para dar y tomar. Una concepción muy materialista de la vida y de poca humanidad.

    Visité la fábrica “La Rosa Roja” en Leningrado, que es la mayor fábrica textil de Europa. Fabricaban productos acabados de algodón y algo de lana. En 1930 el salario promedio en la fábrica era de 93 rublos al mes. En 1935 es de 184, y muchos obreros ganan bastante más.

    Las mujeres reciben igual salario que los hombres por el mismo trabajo.
    Todas las máquinas peligrosas están protegidas. Algunas máquinas que no habríamos pensado en proteger en los Estados Unidos (por ejemplo, las poleas de correa inferiores en la sala de corte) están cubiertas. En la sala de tejido se cubre la zona donde la lanzadera golpea el interior de la carcasa.
    La comida de un obrero con familia cuesta alrededor de 168 rublos al mes. Los trabajadores pagan el 10% de su salario por el alquiler. Las cuotas sindicales representan el 1% de los salarios mensuales. (1)

¿Se imaginan una sociedad así hoy en la misma España, con incremento del poder adquisitivo, con un gasto solo del 10 % del sueldo en vivienda? Y eso trabajando 7 horas al día y 5 días a la semana. Parece un sueño, ¿no?, no obstante, hay una explicación al aumento del poder adquisitivo y a que la vida no fuese cara.

    El salario promedio en la Unión Soviética en 1932 era de 108 rublos al mes. En 1933 fue de 198, en 1934 de 217 rublos al mes. En la medida que suben los salarios, el costo de la vida baja. Antes de la revolución, el salario promedio era de 27 a 38 rublos al mes. ¡Y hoy el poder adquisitivo del rublo es tres veces mayor!
    ¿Cómo es posible que el costo de la vida descienda mientras los salarios suben? En la medida que los trabajadores en las fábricas, minas y talleres, sacan más producción, más y mejores bienes, más riqueza social se produce. Como resultado del aumento de la producción, más y mejores maquinarias se pueden instalar, y los salarios se elevan. Y debido a que no hay beneficios y no existen dueños privados de las fábricas o accionistas, los precios bajan. La producción de las fábricas se establece para un año determinado a través del Comisariado de la Industria Ligera, y se basa en las necesidades de las personas del país, en los materiales que se disponen y en la capacidad de los trabajadores para producir. El cincuenta por ciento de las riquezas incrementadas se destina cada año al Fondo de Condiciones de Vida, lo cual se utiliza para seguir mejorando las condiciones de vivienda y de vida. (1)

No es difícil de entender, los productos, los bienes, y el dinero que se obtiene con ellos, no se dedican a especular, se dedican a la producción de necesidades, a una economía real, a una economía sana con fundamentos reales y al servicio de las personas. Como en nuestro mundo actual, el del neoliberalismo, se hace lo contrario, lo que debería ser normal nos resulta anormal e incluso utópico. Hemos perdido el sentido básico, sensato y real de la economía y así nos va y nos irá.
En la empresa en el sistema comunista se piensa en el trabajador como parte de ella y no en él como en una herramienta para conseguir más beneficios para otros, que precisamente no trabajan. El trabajador es la empresa en todo el sentido de la palabra, en hechos y no solo en palabras.

    Un tejedor de seda se ocupa de tres telares como promedio —nunca de seis como ocurre en los Estados Unidos. El máximo número de telares que un técnico de reparación se encarga, es de 40 en las fábricas textiles— nunca de 100 como ocurre aquí. En la sala de corte, cada ayudante realiza las dimensiones para su propio operario de tejedoras, y se encarga de una sola máquina. En los Estados Unidos un ayudante se ocupa de tres máquinas.Puedo decir con toda franqueza que el sistema de stretchout no se usa. Para que puedan entender aquellos que no están familiarizados con la industria textil debo decir que el stretchout es un esquema capitalista con el cual una tarea se incrementa con el fin de obtener la misma cantidad de trabajo mediante el empleo de un menor número de personas y el pago de menores salarios. (1)

El no abuso sobre el trabajador, el pensar en el modo en que dicha labor se realizará en las mejores condiciones, es entender el trabajo como algo digno, como algo cabal y como algo alejado de la explotación y el sufrimiento, todo ello innecesario en un lugar de producción mínimamente  racional.
Y, ¿del desempleo que padecemos?, esa herramienta de sometimiento de las personas. ¿Cómo se concibe que una persona no pueda acceder a un trabajo como medio de sustento para sobrevivir? ¿Cómo puede haber al menos 3 de cada 10 personas sin un empleo, o 5 o 6 de cada 10 jóvenes sin él? ¿Por qué?, ¿a quién beneficia esto? Vean este enlace para entender como el desempleo se utiliza como arma de humillación política y económica contra los seres humanos: El desempleo es una arma política y económica. Imaginen una sociedad sin desempleo, donde incluso la gente puede cambiar de trabajo sin problemas y no cobrando menos. Una sociedad donde la gente no viva con el miedo de si va a tener él o ella y sus hijos algo para comer mañana, si  perderá su vivienda porque perderá su empleo. Se imaginan un lugar donde todo el mundo tiene el sustento garantizado, no gratis, no por caridad y lástima, sino con dignidad, trabajando.  ¿Les parece otra utopía?

    Aquí, como en cualquier parte de la Unión Soviética, no había desempleo. En el momento que lo desee, un obrero puede cambiar de puesto de trabajo. Simplemente le dice al supervisor a dónde quiere ir y le da un preaviso con siete días de anticipación. Entonces se le transfiere a su nuevo puesto de trabajo sin pérdida de salario. No pude evitar hacer una comparación mental con la incapacidad de la mayoría de los obreros norteamericanos para mantener su empleo, ya no hablemos de cambiar de un trabajo a otro sin pérdida de salario. (1).


El tema de la represión, de las matanzas e incluso de los supuestos genocidios en la Unión Soviética está muy sacado de contexto cuando no inventado en muchos casos. En realidad, la brutalidad y barbarie era mucho mayor en la época zarista, y esa brutalidad no ha sido menor, sino todo lo contrario, en las actuaciones que ha llevado a cabo el poder económico, político y militar de los Estados Unidos en su país y en el exterior. Tres cuartos de lo mismo podemos decir de los países europeos o del propio Japón. Por este motivo no vayamos a ver en casa foránea lo que tenemos en mayor abundancia en la nuestra.
Uno de los mitos extendidos en su día por la prensa nazi con el fin de justificar su invasión de los países eslavos, y especialmente de Ucrania, fue el llamado genocidio ucraniano o Holodomor. En relación a él remito a este informe que escribí en febrero de este año: La manipulación emocional de la prensa, el genocidio de Ucrania. Tampoco sigamos con las exageraciones de los millones de encarcelados, de los famosos gulags, atendamos a los datos concretos de la historia. Las investigaciones llevadas a cabo por historiadores occidentales tras la liberación de los registros soviéticos reflejan cifras bastantes más modestas, con una población carcelaria bastante similar a la que hay hoy en día en los Estados Unidos de América. (4), (5)
Con la libertad de expresión deberíamos tener un largo debate, pero atendiendo de nuevo a lo que tenemos en casa, deberemos pensarlo antes de hablar de la del vecino.

    Cuando se comparan dos sistemas políticos antagónicos como el capitalismo o el comunismo, se suele admitir que el primero aventaja en algo claramente al segundo, en la libertad de expresión. Pues se vive en un mundo libre donde cada cual puede hacer y decir lo que él mismo quiera y decida. Esto queda muy bien a nivel teórico y mejor como campaña publicitaria, sin embargo, los  hechos, la realidad de los hechos, dice cosas bien diferentes. Así, comenta el historiador norteamericano Michael Parenti:
    
    “Los publicistas, eruditos y profesores pueden trabajar libremente en tanto se mantengan dentro de ciertos parámetros ideológicos. Cuando entran a territorio prohibido, manifestando o haciendo cosas iconoclastas, experimentan las restricciones estructurales impuestas a su subcultura profesional por la jerarquía social más elevada”.(6)
    
    En el momento que alguien rebasa estos parámetros ideológicos, marcados por los intereses económicos de la élite en el poder, empieza  a tener problemas. Puede ser demandado judicialmente, pero puede, más comúnmente, ser silenciado, no dejándole publicar o expresarse en los medios de comunicación de masas que están férreamente controlados y vigilados por ese poder económico, además también será atacado y vilipendiado por colegas de profesión a sueldo que le harán recapacitar sobre su actitud o lo marginarán. Esto es así porque las corporaciones que dominan la economía en nuestras sociedades tienen también el poder y control sobre los medios de comunicación y sobre la mayor parte de las instituciones, incluidas las políticas y las  docentes. Ante este panorama difícilmente se puede hablar de libertad de expresión, ¿no lo creen? (7)

El comunismo, por muy gris y oscuro que nos lo hayan pintado, no lo veían así quienes vivían en él, al menos lo cuentan buena parte de aquellos que estuvieron viviendo en este sistema y ahora sufren otro, el nuestro, el capitalismo feroz que lo devora todo, el medio ambiente y los seres humanos.

    Cuando la gente me pregunta cómo era crecer detrás del telón de acero en Hungría en los años setenta y ochenta, la mayoría espera escuchar cuentos de policía secreta, las colas de pan y otras declaraciones desagradables sobre la vida en un estado de partido único.
    
    Ellos quedan siempre decepcionados cuando les explico que la realidad era muy diferente, y Hungría comunista, lejos de ser el infierno en la tierra, era en realidad, más bien un lugar divertido para vivir. Los comunistas proporcionaban a todos con trabajo garantizado, buena educación y atención médica gratuita.
    
    Pero quizá lo mejor de todo fue la sensación primordial de la camaradería, el espíritu que falta en mi adoptada Gran Bretaña y, de igual forma, cada vez que voy de regreso a la Hungría actual. (8)

 
Ciertamente la solidaridad real, el pensar en los demás, no es la mejor de nuestras virtudes hoy en día.
Porque me temo que a muchos de los que critican el comunismo lo que realmente les molesta es la disminución o la eliminación de las clases sociales y privilegios.

    […] Una de las mejores cosas fue la manera en que las oportunidades de ocio y vacaciones se abrieron a todos. Antes de la Segunda Guerra Mundial, las vacaciones estaban reservadas para las clases altas y medias. En los inmediatos años de la posguerra también, la mayoría de los húngaros estaban trabajando muy duro para reconstruir el país, las vacaciones estaban fuera de cuestión.
    
    En los años sesenta, como en muchos otros aspectos de la vida, las cosas cambiaron para mejor. A finales de la década, casi todo el mundo podía permitirse el lujo de marcharse, gracias a la red de subsidios a sindicatos, empresas y cooperativas de centros vacacionales.

    El gobierno entendió el valor de la educación y la cultura. Antes de la llegada del comunismo, las oportunidades para los hijos de los campesinos y la clase obrera urbana, como yo, para ascender en la escala educativa eran limitadas. Todo eso cambió después de la guerra. (8)

Cómo se tiene que sufrir viendo que quienes estaban bajo tu zapato o bastón de mando se ponen a tu nivel, o mejor dicho, superan claramente tu nivel en todos los sentidos: humano, intelectual e incluso material. El capitalista no soporta estas cosas, le dan un mal, le provocan un mal, pueden con su codicia, con su intolerancia, con su envidia. Por este motivo los capitalistas, cuando tuvieron oportunidad, arremetieron contra este sistema que igualaba en oportunidades a las personas, aunque no las hiciese iguales, dos cosas bien diferentes.

    Cuando el comunismo en Hungría terminó en 1989, no sólo fui sorprendida, también estaba entristecida, al igual que muchos otros. Sí, había gente marchando en contra del gobierno, pero la mayoría de la gente común – yo y mi familia incluida – no participó en las protestas.
    
    Nuestra voz – la voz de aquellos cuyas vidas fueron mejoradas por el comunismo – rara vez se escucha cuando se trata de discusiones sobre cómo era la vida detrás del Telón de Acero. En cambio, los relatos que se escuchan en el Occidente son casi siempre desde la perspectiva de emigrantes ricos o los disidentes anti-comunistas con un interés personal.  (8)

En toda forma de política o de economía hay pros y contras, cosas que están muy bien y otras que no tanto. En el nuestro, en el capitalismo, hay algunas, además de las comentadas, que fallan de forma estrepitosa

    La Cultura se consideró como extremadamente importante por el gobierno. Los comunistas no quieren restringir las cosas buenas de la vida para las clases altas y medias – lo mejor de la música, la literatura y la danza eran para el disfrute de todos. Esto significó subvenciones generosas para las instituciones, incluyendo orquestas, óperas, teatros y cines. Los precios de las entradas estaban subvencionados por el Estado, por lo que las visitas a la ópera y el teatro eran asequibles. La programación en la televisión húngara reflejaba la prioridad del régimen para llevar la cultura a las masas, sin estupidización. Cuando yo era adolescente, la noche del sábado en prime time por lo general significaba ver una aventura de Julio Verne, un recital de poesía, un espectáculo de variedades, una obra de teatro en vivo, o una sencilla película de Bud Spencer. Veinte años después, la mayor parte de estos logros han sido destruidos. Las personas ya no tienen estabilidad en el empleo. La pobreza y la delincuencia van en aumento. Personas de clase trabajadora ya no pueden permitirse el lujo de ir a la ópera o el teatro. Al igual que en Gran Bretaña, la televisión ha atontado en un grado preocupante – irónicamente, nunca hemos tenido Gran Hermano bajo el comunismo, pero lo tenemos hoy. Y lo más triste de todo, el espíritu de camaradería que una vez se disfrutó casi ha desaparecido. (8)

En la vida las personas, los acontecimientos o las ideologías no son blanco o negro, el comunismo no era negro, por muchos libros poco históricos que se publicaron y se publiquen al respecto. Tenía cosas buenas, muy buenas, y era, nos guste reconocerlo o no, mucho mejor para los trabajadores, para los que levantan y mantienen la sociedad. Para los que viven un poco del cuento, para los que no dan un palo al agua y se aprovechan de los méritos de las herencias puede que no fuese tan bueno, pero no por culpa de este sistema, mucho más justo que nuestro capitalismo.
 .
Notas:
(1) William H. Duprey. De como engordé buscando el hambre en la Unión Soviética.Mancha Obrera, 19.4.13.
(2) John Steinbeck. Diario de Rusia. Capitan swing libros. 2012.
(3) Mikel Itulain. Diario de Rusia. Enlace
(4) Mario Sousa. Lies concerning the history of the Soviet Union. NorthStar, 1.6.1998.
(5) Entrevista al historiador Viktor Zemskov. Todos los muertos de Stalin. La Vanguardia, 3.6.2001.
(6) Michael Parenti. La lucha de la cultura. Hiru. 2007.
(7) Mikel Itulain. No dejemos que el periodismo sea una causa perdida en el mar de los intereses económicos. Enlace
(8) Zsuzsanna Clark. Oppresive and grey? No, growing up under communism was the happiest time of my life. Daylymail, 17.10.2009.

hitler


La construcción de viviendas en la URSS

1. El problema de la vivienda: soluciones soviéticas.

Tengo delante de mí una carta de Albert Jerbert, estudiante de Dijon, Francia. Después de haber leído el texto de la nueva Constitución soviética y los comentarios de la APN, sobre sus distintos artículos, nos escribió lo siguiente: "Me parece que ustedes han alcanzado un progreso realmente significativo y, por esa razón, no comprendo para qué incluir en la Constitución cosas tan elementales para cualquier país civilizado. El derecho a la vivienda, por ejemplo. ¿Qué me da? Si tengo dinero, puedo alquilar un apartamento adecuado o construirme una casa sin ese artículo en la Constitución; pero, si no lo tengo, este derecho no me sirve para nada...".

En efecto, cuando la vivienda es objeto de compraventa, el derecho de los ciudadanos a tenerla no es más que una ficción, y, por lo visto, todo se torna precisamente así como escribe A. Jerbert. Pero sucede que en la URSS el Estado facilita, a sus ciudadanos, apartamentos gratis. Y no los reciben quienes más dinero tienen, sino aquellos que los necesitan de verdad.

Por encima de todo lo demás, esto significa también lo siguiente: viviendo en un apartamento bueno y que corresponde al estándar moderno, uno no puede recibir otro ni pagando el precio más fabuloso; tampoco puede ingresar en una cooperativa de construcción de viviendas ni construir una casa particular (salvo que sea una casa de campo y no residencia fija).

Algún millonario dirá que es una injusticia: ¿Qué es esto? ¿Tener dinero y no poder comprar ni construir casa? Pero a nosotros esto nos parece muy normal. Lo anormal es lo que pasa en cualquier país capitalista, donde unos viven en palacetes y otros en cuchitriles.

En los últimos veinte años los soviéticos han recibido 50 millones de apartamentos. Desde 1956, cuando en el país se construyeron 2 millones 200 mil apartamentos nuevos, se puede decir que lo que se construye cada año equivale a una ciudad como Moscú o París.

Pero las nuevas construcciones, incluso las más extensas, no significan de por sí una solución cardinal del problema de la vivienda. En los países más desarrollados de Occidente, corresponden per capita no menos y en algunos lugares hasta más viviendas que en la URSS, pero tener un apartamento confortable y moderno es ahí un sueño irrealizable para muchas personas. La gente no tiene donde vivir, aunque muchos inmuebles permanecen vacíos por ser imposible alquilarlos o comprarlos. Los soviéticos de edad avanzada conocen bien esa situación: en Rusia, antes de la revolución, un rico se alojaba con su familia en un palacete de 40 habitaciones y los obreros de su fábrica, disponían de menos metros de superficie habitable que aquellos que los esperaban en el cementerio.

Es por eso que la Constitución de la URSS contempla el desarrolla del fondo inmobiliario y la distribución equitativa de la vivienda, así como el precio módico del alquiler (el cual, a propósito sea dicho, no ha subido en el país desde 1928). Sin ninguno de estos tres factores el derecho a la vivienda se pondría en entredicho, por dejar de ser accesible, bajo las mismas condiciones, a cada familia.

La nueva Constitución no modifica el sistema, que se ha gestado en el país, para resolver el problema de la. vivienda. No hace falta suprimir lo que se justifica por completo y lo que ha permitido a la Unión Soviética llevar a la práctica, antes que cualquier país capitalista, la consigna de "un apartamento confortable a cada familia".

Obtendremos una suma igual a 25,7 mil millones, que supera en una vez y media las asignaciones para la defensa.

El derecho a la vivienda se fundamenta en el artículo 44 de la Constitución de la URSS, el cual se complementa de modo sustancial con el artículo 55 que trata de la inviolabilidad del domicilio: "Nadie podrá penetrar en el (domicilio) ajeno sin fundamento legal contra la voluntad de sus moradores". Artículos análogos contienen también las constituciones de los Estados capitalistas. Pero no impiden a los propietarios de casas echar a la calle a los inquilinos que no pueden pagarles el alquiler que aumenta sin cesar. En la URSS no se desaloja a falta de pago. Ni siquiera el que da en arriendo su casa particular o apartamento tiene derecho a desalojar al inquilino sin que lo autorice un tribunal. Por infringir esta regla, se abre un proceso judicial.

Ahora bien, estas garantías del derecho a la vivienda no significan que cada familia tenga ya un apartamento que satisfaga por completo sus necesidades. El Estado soviético no puede todavía dárselo a todos. ¿Cómo así? — pensará el lector comparando el ritmo de la construcción de viviendas con el del crecimiento demográfico—. Realmente, ahora en la URSS se construyen —cada cinco años— tres veces más viviendas de las existentes en todas las ciudades de Rusia, antes de la revolución de 1917. El fondo inmobiliario aumenta con mayor rapidez que el número de la población. No obstante...

Hay que recordar que el nivel del que se partió fue tremendamente bajo. En 1913 —año en que la economía prerrevolucionaria alcanzó su máximo ascenso— más del 50 por ciento de las familias obreras de Petersburgo se cobijaban en casas de vecindad, donde no disponían siquiera de una habitación por cada una. Los tejedores de Ivánovo, los mineros de Donbás, los petroleros de Bakú vivían en chozas, sótanos, cuevas.

Durante la guerra civil y la intervención extranjera (1918-1920) fue destruida una quinta parte de las viviendas del país. Empezar a construir en masa era económicamente imposible. Como primera fase, se hizo una redistribución del fondo inmobiliario existente. Por un decreto especial, con fecha del 20 de agosto de 1918, fueron expropiadas y entregadas a los Soviets urbanos las casas de los grandes propietarios, a las cuales se mudaron obreros que habían vivido en sótanos y suburbios. También tuvieron que estrecharse los dueños de palacetes y de apartamentos de lujo. Solamente en Moscú y Petrogrado (antiguo Petersburgo y desde 1924, Leningrado) más de un millón de ciudadanos se trasladaron a las viviendas confortables, en que había residido holgadamente la burguesía. En vista de que el problema de la vivienda era muy agudo, el Consejo de Comisarios del Pueblo (gobierno) acordó también limitar la superficie habitable a sus integrantes (que fuese no más de una pieza por cada miembro de la familia).

En el período de la reconstrucción de la economía nacional y durante los primeros dos quinquenios y medio (1929-1940), el fondo inmobiliario urbano aumentó en casi el 150 por ciento. En la práctica esto significaba que por cada familia había ya una habitación. Pero la guerra de 1941-1945, que dejó sin techo a 25 millones de ciudadanos soviéticos, volvió a agravar el problema de la vivienda...

Puedo citar mis propias viviendas. Durante la primera década posbélica mis padres y yo nos alojábamos en una habitación de 17 metros cuadrados, en una casa situada en el centro de Moscú. Además de nosotros, en el mismo apartamento destinado, en realidad, a una sola familia, vivían cuatro más. De 44 compañeros míos de la escuela, 42 tenían condiciones similares.

Ahora que han pasado tan sólo 25 años la situación es completamente distinta. Un apartamento confortable por familia es lo normal. Los que no lo tienen aún, lo demandan, elevan quejas al respecto y no aceptan cualquier solución que se les proponga para mejorar sus condiciones de vivienda. Pero no se ha alcanzado todavía el nivel que aspiramos a tener. Queremos vivir mejor y así Será. Para calificar la situación actual, tratemos de darnos cuenta de si es poco saber que el Estado hace todo lo posible por mejorar las condiciones de vivienda de sus ciudadanos; que los apartamentos jamás serán objeto de comercialización; que los alquileres no subirán y que si uno tiene que esperar que se le entregué un apartamento nuevo, es porque hay conciudadanos que lo necesitan antes.

El Estado soviético jamás asume compromisos ilusorios, y siempre cumple los que asume. Ahí está la esencia del artículo de la Constitución que proclama el derecho a la vivienda.

Tres de cada cuatro apartamentos se construyen en la URSS a cuenta del Estado; uno, a cargo de los koljoses y de personas particulares con la asistencia de un crédito estatal y ciertas facilidades para amortizarlo. Como ni la primera ni la segunda forma aportan beneficios al Estado, y el estándar de la vivienda se ha elevado cuatro veces en los últimos tres lustros, el fisco tiene que destinar cada vez más recursos para la solución del problema de la vivienda. En el presupuesto de 1981, las asignaciones a la construcción de viviendas suman 18.500 millones de rublos. Además, cada año el Estado invierte 7 mil millones de rublos en el mantenimiento del fondo inmobiliario (el pago del alquiler que aportan los inquilinos cubre sólo un tercio de los gastos necesarios).

2. Sobre la base de la industrialización

Es difícil imaginarse cuánto tiempo habría tenido que esperar la gente para recibir buenas viviendas nuevas, si el país no hubiese creado una potente base técnica para la construcción de éstas y empresas especializadas capaces de utilizarla con eficacia.

La producción industrial de edificios sólo es eficiente si éstos se arman con elementos prefabricados estándar.

La edificación de montaje integral (los elementos se producen en fábricas, y en las obras sólo se ensamblan) se ha hecho preponderante en la construcción de viviendas. Casi la mitad de las construcciones municipales y cooperativas se realizan por este método.

No hace falta abundar en detalles para explicarlo. Basta con echar un vistazo a dos obras vecinas: una casa de ladrillos y otra de elementos prefabricados. Cuando en la primera los albañiles ponen ladrillos en el primer piso, en la segunda se acopla ya el último bloque del duodécimo. Los especialistas han calculado que el trabajo empleado en la segunda obra, si se compara con la primera, equivale a la mitad. Es evidente, que en una fábrica, con instalaciones tecnológicas especiales, se obtienen elementos estandarizados tanto por sus dimensiones como por su calidad. Sus características se conocen de antemano. Los constructores sólo ensamblan los elementos prefabricados, sin ocuparse de preparar los materiales.

La edificación de montaje integral (a base de paneles, grandes bloques, etc.) es actualmente la tendencia más eficaz y de mayores perspectivas. Pero esto no significa que hayamos renunciado al empleo de ladrillos y otros materiales de pequeñas dimensiones. Se trata de algo diferente: de mejorar continuamente las estructuras de los edificios de ladrillo y de utilizar nuevos materiales a la vez. Así, los cálculos demuestran que la construcción de los muros exteriores de ladrillos con tres capas, empleando como termoaislantes materiales poliméricos y porosos, disminuye en un 25 por ciento el gasto de ladrillos y es en un 15 por ciento menos trabajosa.

También sigue empleándose la madera. La prefabricación de casas de este material, tradicional en la construcción desde tiempos remotos, se desarrolla a buen ritmo. Claro que en las ciudades predomina la construcción con grandes paneles.

Actualmente en la URSS hay más de 400 empresas que fabrican grandes paneles para la construcción de viviendas. Preparan materiales para más de 51 millones de metros cuadrados de superficie habitable al año.

Otra cifra sugestiva. Hoy en día, una brigada vanguardista, de una de las empresas mencionadas, construye al año por encima de 50.000 metros cuadrados de vivienda (o sea, más de 1000 apartamentos). De ejemplo puede servirnos la brigada que dirige V. Kópelev, Héroe del Trabajo Socialista. Es de la empresa de casas prefabricadas Nº1 de Moscú. Con un rendimiento de trabajo parecido, 900 brigadas como ésta —varias decenas de miles de hombres, nada más — construirían en un año una ciudad para tres millones de habitantes.

Se sobrentiende que aseguran tan elevados resultados no sólo los bienes de equipo, sino también una organización ejemplar del trabajo. Por lo tanto, la difusión y transmisión de la experiencia adquirida, se considera en la URSS, una tarea de suma importancia: permite elevar la eficacia y mejorar la calidad de la edificación.

Los arquitectos mostraban —al principio— cierta resistencia sobre la industrialización de la construcción. Algunos de ellos afirmaban que impediría crear conjuntos arquitectónicos de buena calidad estética. En efecto, así sucedió en los primeros años de construcción prefabricada. Pero luego se demostró, en la práctica, que la industrialización sólo cambia los métodos, materiales y formas de la edificación, sin limitar en absoluto la inventiva del arquitecto, quien, disponiendo de una amplia gama de elementos estándar, puede crear casas, conjuntos enteros conjugando la estética y el confort. Se hizo evidente que la monotonía y mediocridad arquitectónicas —hay barrios que parecen gemelos, incluso en ciudades diferentes— no era resultado inevitable de la construcción industrializada y de los proyectos estándar, sino de la mala utilización de las posibilidades, subyacentes en lo uno y lo otro.

Todo depende de cómo se aborde la solución del problema. Veamos lo que hicieron los arquitectos y trabajadores de la construcción en la ciudad de Vilnius, capital de la República Socialista Soviética de Lituania. En el barrio residencial de Lazdynai, levantado por métodos industriales y proyectos estándar, se aprecia una compleja estructura arquitectónica perfectamente pensada. Cuenta con excelentes medios de transporte, facilidades para peatones, toda clase de servicios y áreas verdes. Es una impresionante composición tridimensional. Las viviendas construidas con grandes paneles se ubican "transversalmente al relieve", cosa imperdonable según los partidarios del economismo primitivo. Los autores de Lazdynai reelaboraron un proyecto estándar y utilizaron, más de la cuenta, elementos prefabricados. Desde luego, esto complicó las obras y encareció su costo. ¿Se ha justificado todo ello? ¡Efectivamente! Lazdynai es un ejemplo de gran capacidad profesional y, a la vez, una victoria sobre la rutina, el formalismo y la simplificación en la arquitectura.

os arquitectos y constructores de Lazdynai recibieron el Premio Lenin. Es decir, se trata no sólo del reconocimiento social del fruto de su trabajo, sino también de la aprobación de los métodos por los que se logró. Pensamos que en el proceso de la construcción hay que considerar tres elementos esenciales: el cliente, el arquitecto y el constructor. Pero vemos que las relaciones entre ellos no se basan, a fuerza, en los siguientes principios: el cliente desea economizar, el constructor busca la sencillez tecnológica y el arquitecto de. compaginar lo uno con lo otro. Ahora los clientes —en la URSS so organismos estatales, cooperativas de construcción de vivienda empresas industriales y koljoses— exigen que la obra que encargan además de económica, tenga valor estético. En resumidas cuentas en la sociedad socialista los tres elementos mencionados—el cliente el constructor y el arquitecto— están interesados en lo mismo construir bien, con variedad y comodidad para la gente y, cumplido todos estos requisitos, con los gastos mínimos.

Construcción de vivienda en la URSS conforme a los Planes Quinquenales en millones de metros cuadrados:

1929-32 = 56,9
1932-37 = 67,3
1938-41 = 81,7
1946-50 = 200,9
1951-55 = 240,5
1956-60 = 474,1
1961-65 = 490,6
1966-70 = 518,5
1971-75 = 544,8
1976-80 = 530

3. Quién y cómo construye

Durante los últimos diez años, en la Unión Soviética unos 120 millones de personas recibieron nuevos apartamentos o mejoraron sus condiciones de vivienda. Anualmente, como promedio, 10-11 millones de personas se mudan a nuevos apartamentos. Sólo en el Décimo Quinquenio (1976-1980) el Estado asignó para la construcción de viviendas el doble que en 1956-1960. Sin embargo, los ritmos de la construcción se han retrasado un poco. ¿Por qué?

La causa principal es de carácter económico. Si en 1965 un metro cuadrado de vivienda costaba al Estado, como promedio, 119 rublos, actualmente cuesta casi 170 rublos. El encarecimiento de la construcción es producto de que se eleva su calidad. Los nuevos apartamentos son más confortables que, en comparación, los que se construían hace 15 años, su superficie es más amplia en unos 8 metros cuadrados, aumentando el área de salas, cocinas, pasillos. En general, mayores que a mediados de los años 60.

Las regiones que están siendo asimiladas --en primer término Siberia-- necesitan asignaciones complementarias para construir viviendas. Allí cualquier nueva construcción cuesta al Estado casi dos veces más que en la parte europea del país. Además, a la par con las viviendas, se tiene que erigir la infraestructura cultural y de servicios.

El elevado costo limita las posibilidades constructoras estatales. Sin embargo, no hay fundamento para pensar que los ritmos de la construcción de viviendas seguirán disminuyendo. En el Undécimo Quinquenio (1981-1985) se conservará el nivel alcanzado (530-40 millones de metros cuadrados) pero se mejorará notablemente la calidad de los nuevos apartamentos.

Por cuanto la construcción de viviendas en la URSS, según hemos dicho, se realiza por cuenta del presupuesto nacional, bajo la supervisión de los órganos locales del Poder —los Soviets de Diputados Populares— y por encargo de las empresas estatales; por esa razón, la mayor parte de la población recibe apartamentos gratis.

Los Soviets de Diputados Populares facilitan vivienda a todo ciudadano, a toda familia que la necesite. Las empresas distribuyen viviendas únicamente entre sus trabajadores. Las asignaciones para este fin y el control sobre su utilización, se acuerdan cada año en el convenio colectivo que cada empresa concierta con sus trabajadores. Mientras más beneficios obtiene una empresa, más viviendas manda a construir. Los sindicatos tienen instituidas comisiones especiales que se ocupan de resolver el problema de la vivienda.

También puede "construirse" un apartamento todo el que lo desee. Para ello tiene que pagar una cantidad determinada a una cooperativa formada de construcción de viviendas, que se encarga de la obra con la ayuda de un crédito que recibe del Estado.

Existen en el país 24 mil cooperativas de viviendas. Reciben un fuerte respaldo del Estado. En los planes estatales se contemplan asignaciones para este fin.

Debemos agregar que si el promedio de la superficie habitable que se asigna del fondo inmobiliario estatal, a los ciudadanos, es de 11,5 a 13 metros cuadrados por persona, en las cooperativas de construcción de viviendas esta norma es mayor, naturalmente. Además, los socios de una cooperativa pueden elegir ellos mismos el proyecto por el cual se construirá su casa, determinar el grado de confort en ésta, decidir cuál ha de ser el acabado interior, etc.

Los terrenos para la edificación se conceden gratis, puesto que en la URSS la tierra es propiedad del Estado y no puede ser objeto de compraventa. Las casas se construyen por proyectos diseñados en instituciones estatales. Estos proyectos se aprueban por los órganos del poder local y deben cubrir los requisitos del plan rector del desarrollo de cualquier ciudad o poblado. De esta manera, se evita la edificación caótica y el aprovechamiento irracional de los terrenos.

El costo presupuestario de las casas cooperativas se determina por los mismos precios y normas vigentes en el país, para las casas de vivienda que se construyen por cuenta del presupuesto nacional. Loa socios de las cooperativas de viviendas abonan del 30 al 40 por ciento del costo del apartamento (en Moscú, el 40 por ciento). El resto se cubre con el crédito que facilita el Banco Nacional, por un plazo de 10 a 20 años, con un interés del 0,5 por ciento anual. Los jubilados, inválidos de guerra y familiares de militares fallecidos reciben facilidades adicionales y no pagan interés por el crédito.

En el país también se lleva a cabo la construcción de viviendas individuales. Las casas propias las levantan los habitantes de los poblados de tipo urbano y ciudades con una población hasta de cien mil personas. Sin embargo, la edificación particular, principalmente, se realiza en las zonas rurales. Al mismo tiempo, en el campo se construyen muchas viviendas por cuenta del presupuesto estatal y de los koljoses. Esto se hace siguiendo un vasto programa elaborado para transformar los poblados rurales. En otras palabras, se reconstruyen viejas aldeas, desaparecen caseríos y aldehuelas, y se crean poblados de nuevo tipo con un nivel de servicios comunales y públicos, muy parecido al urbano. Los que desean tener casa propia, pueden construirla, de una o dos plantas, conforme a un catálogo de proyectos estándar.

La cuota que hay que pagar de entrada por una nueva casa equivale al 30 por ciento de su costo. El Banco Nacional de la URSS concede, a los que construyen casas particulares, un crédito (con una tasa de interés del 0,5 por ciento anual) para amortizarse en un plazo de 10 a 20 años.

Los koljoses también hacen préstamos, con frecuencia sin intereses, a sus trabajadores. Abundan asimismo los casos en que los koljoses entregan gratis casas nuevas, o abonan parte de su costo, a sus mejores y más antiguos miembros. Los propietarios de casas particulares pagan por los servicios comunales de acuerdo a las tarifas generales.


4. El apartamento y el presupuesto familiar

Los órganos locales del Poder --los Soviets de Diputados Populares (rurales y urbanos)— con la participación de los Sindicatos y de otras organizaciones sociales, distribuyen la vivienda construida por el Estado.

Más del 90 por ciento de las familias reciben apartamentos independientes (en los años 50 este índice era del 30 por ciento). Se ha logrado que el 80 por ciento de las familias urbanas, que viven en casas estatales y cooperativas, tengan ya apartamentos independientes y confortables.

Las viviendas construidas por cuenta del Estado se distribuyen bajo control público. Este principio, en función desde hacía mucho, en 1977 quedó formulado en la nueva Constitución soviética y garantiza a los ciudadanos la igualdad en la distribución de las viviendas.

En la distribución de la vivienda los Soviets parten del grado de necesidad de los ciudadanos. El tamaño del apartamento que recibe una familia depende del número de sus componentes. Corresponde hoy a cada habitante urbano, como promedio, 13 metros cuadrados de superficie habitable.

Ya se dijo que los alquileres permanecen estables desde 1928. Ahora bien, junto con los servicios comunales (electricidad, gas, calefacción, agua caliente y fría) el monto del alquiler no pasa del 3 por ciento de los ingresos mensuales de la familia. Amortiza tan sólo un tercio de los gastos que el Estado realiza para mantener las viviendas. El resto proviene de los fondos sociales de consumo.

Los fondos sociales de consumo son sumas que en el presupuesto nacional se destinan al consumo, para pagar los bienes materiales y culturales que la población recibe gratis y para hacerle préstamos, por encima de los ingresos que obtiene por el trabajo. Se invierten en la construcción de viviendas, la educación y la asistencia médica (que son gratuitas), en mantener los jardines de la infancia, casas cuna, escuelas internado, casas de ancianos, sanatorios, casas de descanso y viviendas pertenecientes al Estado, así como en pagar las becas, pensiones, en retribuir las vacaciones, etc.

Cuando una familia recibe del Estado un apartamento nuevo, no paga nada de entrada.

Cada inquilino tiene un talonario de recibos, en el cual se indica cuánto y por qué concepto debe pagar mensualmente. El alquiler se paga en las Cajas de Ahorros, en las cuales cada uno puede hacerlo con dinero o transfiriendo la suma adecuada de su cuenta corriente.

Existen determinadas normas por las cuales los inquilinos pagan el alquiler de su apartamento. En el país y al mes, la tarifa básica de los alquileres es de 13,2 kopeks por metro cuadrado de superficie habitable. La superficie de los recintos auxiliares —cocina, recibidor, pasillos, cuarto de baño, etc.— está exenta del pago. En las viviendas modernas con todo confort (cuarto de baño, vertedero de basura, calefacción central, etc.), la tasa máxima del alquiler no pasa de 16,5 kopeks por metro cuadrado.

La política soviética de la vivienda tiene otra particularidad más. Al determinarse la tasa del alquiler, se toman en consideración los ingresos de los inquilinos: salarios, pensiones, subsidios y estipendios.

Repetimos que los alquileres que pagan los soviéticos no amortizan en su totalidad, ni siquiera un tercio, los desembolsos que hace el Estado para mantener y reparar el fondo inmobiliario. En Moscú, por ejemplo, los Soviets distritales reciben del presupuesto nacional, unos 130 millones de rublos para realizar reparaciones básicas, y otros 21 millones de rublos para la calefacción. Los gastos en mantener las tuberías de agua potable, el alcantarillado y la red de electricidad, se cubren con descuentos de los beneficios que obtienen empresas industriales y comerciales.

El Estado establece los conceptos y tarifas de los servicios comunales (calefacción, agua fría y caliente, desagüe, electricidad, gas). Algunos ni siquiera se cobran a la población. Por ejemplo, la limpieza de los portales, pasillos y escaleras, patios y calles, o el uso del ascensor.

Las tarifas del abastecimiento de agua fría y caliente y del servicio de desagüe, de consumo y utilización ilimitados, son estables. Por ejemplo, en un apartamento de tres habitaciones, en Moscú, el agua y desagüe cuestan poco más de un rublo al mes (unos 1,5 dólares norteamericanos).
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