5 Personajes Femeninos que causaron revuelo en su tiempo

Cuatro francesas y una rusa. Si eres un amante de la buena literatura, seguro recordares a estas 5 mujeres de grandes novelas históricas que ocasionaron tremendos escándalos en su tiempo.
5. Justine, en Justine o los infortunios de la virtud

De nada sirvió que Justine comenzara siendo una joven virtuosa y recatada; su escandalosa historia envió a la cárcel al escritor que la creó en 1787, bajo la acusación deloco depravado, a pesar de que el autor negó la paternidad de un libro tan inmoral en la opinión de los censores. Justine o los infortunios de la virtud pasó discretamente de mano en mano, única manera de leer una obra prohibida sin acarrearse problemas. Igual suerte correría Juliette o las prosperidades del vicio. ¿El autor «demente y degenerado»? El Marqués de Sade.
4. Louise de Renal, en Rojo y negro

En 1830, la señora casada Louise de Renal produjo muecas de asombro en Francia por su adulterio con Julien Sorel. Sorel era un joven pobre y arribista que no quería ganarse la vida como lo hacía la gente de pocos recursos de su época: trabajando duro. Dotado de buenas condiciones intelectuales, logró que Monsieur de Renal lo contratara como maestro de sus hijos y sedujo a Louise. Después, Julien se lió con Mathilde de la Mole, aristócrata soltera a la que dejó embarazada. Louise se puso muy pesada con los celos y Julien le disparó. Para estar a tono con la época, Sorel fue guillotinado en medio del tormento de sus dos mujeres. Lo narra Henry Beyle, mejor conocido como Stendhal, en su célebre novela Rojo y negro.
3. George Sand

Sí, George Sand no es el personaje de una novela, pero es un nombre de ficción. Fue el seudónimo que adoptó la novelista francesa Amandine Dupin, baronesa Dudevant, despistando con un nombre masculino porque en el siglo XIX todavía era cuestionable que una mujer escribiera. Su vida causó más escándalo que sus novelas. Se disfrazaba de hombre para entrar a sitios prohibidos a las damas, mucho más si eran de la nobleza. Tras divorciarse, fue amante de Alfred de Musset y de Chopin. Se relacionó con la flor y nata de las celebridades de su tiempo (Balzac, Delacroix, Liszt, Julio Verne, Flaubert) y alguno quizá terminó en su cama.
2. Emma Bovary, en
Madame Bovary

Que una mujer casada tuviera un amante. Cuestionable. Que tras la pérdida del primer amante, añadiera otro, ya era demasiado. Era lo que pensaba el público parisino y de buena parte de Francia cuando entre octubre y diciembre de 1856 esperaba con ansiedad la aparición de la revista la Revue de Paris, en la que Gustave Flaubert publicaba por entregas la novela Madame Bovary , ahora considerada la primera obra maestra del realismo. No valió de mucho que Flaubert intentara la redención de Emma , envenenándola con arsénico. Escritor y editor fueron demandados por inmoralidad y poco les faltó para que corrieran la misma suerte que su coterráneo, el Marqués de Sade.
1. Anna Karenina, en Anna Karenina

Para los años 1870, los examinadores sociales ya se habían vuelto algo tolerantes, al menos en Rusia. Leon Tolstoi no fue ni encarcelado ni demandado cuando buena parte de su novela Anna Karenina apareció entre 1875 y 1877 en la revista folletinesca El mensajero ruso. De todas formas, el conde Tolstoi, aristócrata y feroz crítico de la aristocracia, recibió severas reprimendas de sus compañeros de clase social por la novela. A la gente de alcurnia le sentó como una patada en el bajo vientre que una mujer casada y con un hijo, sin importar que fuera de ficción, no solo se liara con un hombre de la nobleza, sino que después la parejita hiciera vida de tórtolos por Europa, para terminar concibiendo una hija ilegítima. Anna no buscó la redención con arsénico; hizo algo más dramático; se arrojó a las vías del tren.