Genocidio Armenio: Honda cicatriz que persiste un siglo después


El genocidio armenio, como se denomina a la
matanza
de cerca de un millón y medio de personas a partir de 1915 a manos del Imperio Otomano, es considerado el primer genocidio del siglo XX, que abrió una colosal cicatriz en la región entre el Río Bósforo y el Cáucaso y cuyos efectos políticos, sociales y culturales aún permanecen vivos al conmemorarse un siglo desde su inicio.

Genocidio armenio: ¿Qué es lo que ocurrió?


Genocidio armenio: ¿Qué es lo que ocurrió?

Recuerdos de los supervivientes y análisis de los historiadores para no olvidar una gigantesca masacre.
Movses Haneshanyan tiene 104 años y es el último superviviente vivo del genocidio armenio. Nació al pie de la montaña Musa Dagh en 1910, lugar que pasaría a la historia por la resistencia del pueblo al ataque turco.
Cerca de 5.000 hombres, mujeres y niños se refugiaron en la montaña, donde evitaron el asedio. Movses y su familia no consiguieron subir: “Nos quedamos bloqueados en el pueblo”, cuenta el anciano al periodista Xavier Moret, que acaba de publicar La memoria del Ararat, en la editorial Península.
“A un grupo nos deportaron al desierto, y a los que no podían andar los mataban a tiros. Incluso a mujeres embarazadas”, recuerda.
Mientras caminaban por el desierto, un árabe que conocía al padre de Movses, compró su libertad y se los llevó a él y a su hijo a trabajar a sus campos. Esto les salvó la vida.
“Nos instalamos después en Siria hasta 1947, año en que nos fuimos a la Armenia soviética”.
Movses todavía se estremece cuando recuerda: “Vi el dolor y la crueldad cara a cara. Vi cómo mataban a muchos armenios y los echaban al río”.
Cuentan los testimonios que el Éufrates bajaba teñido de rojo por la sangre. Por los asesinados, y por quienes se suicidaban por no poder soportar el horror.

El Comienzo
Cerca de 5.000 hombres, mujeres y niños se refugiaron en la montaña, donde evitaron el asedio. Movses y su familia no consiguieron subir: “Nos quedamos bloqueados en el pueblo”, cuenta el anciano al periodista Xavier Moret, que acaba de publicar La memoria del Ararat, en la editorial Península.
“A un grupo nos deportaron al desierto, y a los que no podían andar los mataban a tiros. Incluso a mujeres embarazadas”, recuerda.

Mientras caminaban por el desierto, un árabe que conocía al padre de Movses, compró su libertad y se los llevó a él y a su hijo a trabajar a sus campos. Esto les salvó la vida.
“Nos instalamos después en Siria hasta 1947, año en que nos fuimos a la Armenia soviética”.
Movses todavía se estremece cuando recuerda: “Vi el dolor y la crueldad cara a cara. Vi cómo mataban a muchos armenios y los echaban al río”.
Cuentan los testimonios que el Éufrates bajaba teñido de rojo por la sangre. Por los asesinados, y por quienes se suicidaban por no poder soportar el horror.

El Comienzo

La estratégica posición de la meseta de
Armenia
, alrededor de los lagos Seván y Van, en el Cáucaso, cruce de las rutas de las caravanas comerciales entre Oriente y Occidente, centró desde siempre el interés de los pueblos que la rodeaban, y fue conquistada sucesivamente por persas, macedonios, romanos, más tarde fue la dominación bizantina y luego la árabe.
Hacia mediados del siglo XI aparecieron en la región los selyúcidas, nómades mongoles del Asia Central, luego los tártaros y más tarde los turcomanos.
Entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII, la región este de Armenia se convirtió en área de conflicto entre turcos otomanos, persas y rusos, quienes a partir de entonces empezaron a tener presencia en la geopolítica de la región.
El Imperio Otomano estaba integrado por poblaciones cristianas -armenios y griegos- y musulmanas -turcos, kurdos y árabes- y su sustento ideológico, basado en el otomanismo, reconocía la diversidad de minorías.
Estas matanzas buscaban sembrar el terror y evitar a toda costa la creación de un Estado armenio.
La profusa bibliografía armenia sobre el tema argumenta que esta ideología fue reemplazada desde 1913 por el panturquismo o panturanismo, que sostenía la superioridad de la raza turca y proponía la unión de todos los pueblos turcos desde el Bósforo hasta China.
En julio de 1908, una revolución de apariencia liberal, encabezada por el partido laico "Comité de Unión y Progreso" (Ittihad), más conocido como el partido de los Jóvenes Turcos, desplazó al sultán Abdul Hamid (el sultán Rojo), que había ordenado entre 1894 y 1896 la matanza de miles de armenios en diferentes puntos del imperio, a un lugar simbólico.
Estas matanzas, producidas poco después de que el sultán debiera aceptar en el Tratado de San Stefano la independencia de Rumania, Serbia y Montenegro, y la semi independencia de Bulgaria, buscaban sembrar el terror y evitar a toda costa la creación de un Estado armenio, previsiblemente favorable a Rusia, al este de su territorio, en la frontera turco-rusa.
La llegada de los Jóvenes Turcos produjo algo de esperanza entre los armenios, pero ésta duró hasta que en abril de 1909 estalló una segunda matanza organizada, primero en la ciudad de Adaná y luego en el resto de la provincia, donde en total fueron muertas alrededor de 30.000 personas.
Hacia mediados del siglo XI aparecieron en la región los selyúcidas, nómades mongoles del Asia Central, luego los tártaros y más tarde los turcomanos.
Entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII, la región este de Armenia se convirtió en área de conflicto entre turcos otomanos, persas y rusos, quienes a partir de entonces empezaron a tener presencia en la geopolítica de la región.
El Imperio Otomano estaba integrado por poblaciones cristianas -armenios y griegos- y musulmanas -turcos, kurdos y árabes- y su sustento ideológico, basado en el otomanismo, reconocía la diversidad de minorías.
Estas matanzas buscaban sembrar el terror y evitar a toda costa la creación de un Estado armenio.
La profusa bibliografía armenia sobre el tema argumenta que esta ideología fue reemplazada desde 1913 por el panturquismo o panturanismo, que sostenía la superioridad de la raza turca y proponía la unión de todos los pueblos turcos desde el Bósforo hasta China.
En julio de 1908, una revolución de apariencia liberal, encabezada por el partido laico "Comité de Unión y Progreso" (Ittihad), más conocido como el partido de los Jóvenes Turcos, desplazó al sultán Abdul Hamid (el sultán Rojo), que había ordenado entre 1894 y 1896 la matanza de miles de armenios en diferentes puntos del imperio, a un lugar simbólico.
Estas matanzas, producidas poco después de que el sultán debiera aceptar en el Tratado de San Stefano la independencia de Rumania, Serbia y Montenegro, y la semi independencia de Bulgaria, buscaban sembrar el terror y evitar a toda costa la creación de un Estado armenio, previsiblemente favorable a Rusia, al este de su territorio, en la frontera turco-rusa.
La llegada de los Jóvenes Turcos produjo algo de esperanza entre los armenios, pero ésta duró hasta que en abril de 1909 estalló una segunda matanza organizada, primero en la ciudad de Adaná y luego en el resto de la provincia, donde en total fueron muertas alrededor de 30.000 personas.

En 1913, la región de los Balcanes se independizó del Imperio Otomano, lo que supuso la pérdida del 75% de su territorio en Europa.
“Fue aquí cuando llegó el miedo al desmoronamiento. Consideraban que Anatolia era el único territorio que les quedaba, y tenían que mantenerlo a toda costa”, cuenta Fatma Muge, de ascendencia armenia y profesora de Sociología en la Universidad de Michigan.
A esto se sumó la llegada a Estambul de refugiados musulmanes que vivían en la zona de los Balcanes.
“Si pudiese contar todos los horrores perpetrados por el enemigo, entenderíais qué les ha pasado a los pobres musulmanes. Nuestra ira es cada vez mayor. Venganza, no hay otra palabra”, diría Enver Pasha, uno de los miembros del llamado Triunvirato que tomó el poder de los Jóvenes Turcos en 1913 e ideó el exterminio. Su prioridad era crear en Anatolia una tierra turca para los turcos.

El Desencadenante Final
“Fue aquí cuando llegó el miedo al desmoronamiento. Consideraban que Anatolia era el único territorio que les quedaba, y tenían que mantenerlo a toda costa”, cuenta Fatma Muge, de ascendencia armenia y profesora de Sociología en la Universidad de Michigan.
A esto se sumó la llegada a Estambul de refugiados musulmanes que vivían en la zona de los Balcanes.
“Si pudiese contar todos los horrores perpetrados por el enemigo, entenderíais qué les ha pasado a los pobres musulmanes. Nuestra ira es cada vez mayor. Venganza, no hay otra palabra”, diría Enver Pasha, uno de los miembros del llamado Triunvirato que tomó el poder de los Jóvenes Turcos en 1913 e ideó el exterminio. Su prioridad era crear en Anatolia una tierra turca para los turcos.

El Desencadenante Final

El punto de inflexión fue la derrota del Ejército otomano ante las tropas rusas en el Cáucaso en diciembre de 1914, cuando las autoridades otomanas acusaron directamente a los armenios de combatir en el bando enemigo.
Los armenios establecieron la fecha del comienzo del exterminio el 24 de abril de 1915, día en que las autoridades otomanas detuvieron a 235 miembros de esta comunidad en Estambul (entonces Constantinopla), cifra que en los días siguientes ascendió a 600.
Luego, una orden del gobierno central determinó la deportación de toda la población armenia , sin posibilidad de cargar los medios para la subsistencia.
La marcha forzada por cientos de kilómetros, atravesando zonas desérticas, desató la muerte de la mayor parte de los deportados, víctimas del hambre, la sed y las privaciones, mientras los pocos sobrevivientes eran robados y violados por bandas de asesinos y bandoleros.
Seguidamente, con la ayuda del Ejército y formaciones irregulares integradas por kurdos y otras minorías, cientos de miles de armenios fueron asesinados y deportados por suponer "una amenaza para la seguridad nacional".
Los que no fueron fusilados o quemados vivos en establos en los disturbios escenificados por las propias autoridades, murieron en las largas travesías en caravana hacia los desiertos de Irak y Siria, en las que perecieron cientos de miles de ancianos, mujeres y niños.
El 24 de abril de 1915, el Gobierno otomano arrestó a 250 intelectuales armenios en Constantinopla. Los deportaron a una prisión, donde fueron torturados y asesinados.
“Si se aísla a la inteligencia, a la élite espiritual de un grupo, cuesta menos eliminar al resto de la nación, desorganizada y carente de líderes”, asevera Tessa Hofmann, profesora de estudios armenios de la Universidad de Ajarian, en Armenia .

La Travesía por el Desierto
Los armenios establecieron la fecha del comienzo del exterminio el 24 de abril de 1915, día en que las autoridades otomanas detuvieron a 235 miembros de esta comunidad en Estambul (entonces Constantinopla), cifra que en los días siguientes ascendió a 600.
Luego, una orden del gobierno central determinó la deportación de toda la población armenia , sin posibilidad de cargar los medios para la subsistencia.
La marcha forzada por cientos de kilómetros, atravesando zonas desérticas, desató la muerte de la mayor parte de los deportados, víctimas del hambre, la sed y las privaciones, mientras los pocos sobrevivientes eran robados y violados por bandas de asesinos y bandoleros.

Seguidamente, con la ayuda del Ejército y formaciones irregulares integradas por kurdos y otras minorías, cientos de miles de armenios fueron asesinados y deportados por suponer "una amenaza para la seguridad nacional".
Los que no fueron fusilados o quemados vivos en establos en los disturbios escenificados por las propias autoridades, murieron en las largas travesías en caravana hacia los desiertos de Irak y Siria, en las que perecieron cientos de miles de ancianos, mujeres y niños.
El 24 de abril de 1915, el Gobierno otomano arrestó a 250 intelectuales armenios en Constantinopla. Los deportaron a una prisión, donde fueron torturados y asesinados.
“Si se aísla a la inteligencia, a la élite espiritual de un grupo, cuesta menos eliminar al resto de la nación, desorganizada y carente de líderes”, asevera Tessa Hofmann, profesora de estudios armenios de la Universidad de Ajarian, en Armenia .

La Travesía por el Desierto

Caminaron durante meses. La mayoría murió de cansancio y hambre. No todos iban a pie: había deportaciones en ferrocarril y morían de asfixia durante el viaje.
Pero “la deportación no era el objetivo oficial, era sólo el término oficial. En realidad era un viaje de la muerte. El objetivo era agotarlos”, cuenta Tessa; “no iban por el camino más corto, sino atravesando montañas o andando en círculos”.
“Los que no podían seguir eran sacrificados. Era común ver cuerpos abandonados en las cunetas, o cuerpos de mujeres semidesnudas. Las violaciones a ancianas, mujeres y niñas se sucedían constantemente”, contó otro de los supervivientes, ahora fallecido, que no quiso que su nombre trascendiera.
“Mi abuela maldijo en voz alta al Gobierno turco por su crueldad, y señalándonos a los niños dijo: ¿Qué mal han cometido ellos para ser sometidos a este sufrimiento? El gendarme la disparó sin compasión. Mi abuela quedó en la cuneta, sin que nadie llorara su muerte, ni enterrara a los muertos. Seguimos caminando”.
Los asesinos no sólo fueron los esbirros del Estado turco. También lo fueron los propios lugareños, no sólo musulmanes.
También la minoría kurda (quienes, por cierto, hoy defienden a los cristianos del Estado Islámico). Heleen Tanglu, turco, explica cómo su padre le contaba que los líderes locales les decían que, si matabas a un determinado número de armenios, las puertas del infierno se convertirían en las del cielo.
Los únicos supervivientes de esta gigantesca masacre fueron los que lograron llegar a la Armenia actual, entonces bajo dominio ruso, de Siria o del Líbano, o incluso de otros países como Francia.
Funcionario turco se burla de los niños hambrientos de
Armenia
, mostrándoles un pedazo de pan durante el genocidio armenio en 1915.

Un Holocausto Silenciado
Pero “la deportación no era el objetivo oficial, era sólo el término oficial. En realidad era un viaje de la muerte. El objetivo era agotarlos”, cuenta Tessa; “no iban por el camino más corto, sino atravesando montañas o andando en círculos”.
“Los que no podían seguir eran sacrificados. Era común ver cuerpos abandonados en las cunetas, o cuerpos de mujeres semidesnudas. Las violaciones a ancianas, mujeres y niñas se sucedían constantemente”, contó otro de los supervivientes, ahora fallecido, que no quiso que su nombre trascendiera.
“Mi abuela maldijo en voz alta al Gobierno turco por su crueldad, y señalándonos a los niños dijo: ¿Qué mal han cometido ellos para ser sometidos a este sufrimiento? El gendarme la disparó sin compasión. Mi abuela quedó en la cuneta, sin que nadie llorara su muerte, ni enterrara a los muertos. Seguimos caminando”.
Los asesinos no sólo fueron los esbirros del Estado turco. También lo fueron los propios lugareños, no sólo musulmanes.
También la minoría kurda (quienes, por cierto, hoy defienden a los cristianos del Estado Islámico). Heleen Tanglu, turco, explica cómo su padre le contaba que los líderes locales les decían que, si matabas a un determinado número de armenios, las puertas del infierno se convertirían en las del cielo.
Los únicos supervivientes de esta gigantesca masacre fueron los que lograron llegar a la Armenia actual, entonces bajo dominio ruso, de Siria o del Líbano, o incluso de otros países como Francia.


Un Holocausto Silenciado

El saldo mortal oscila entre el medio millón y el millón y medio de armenios masacrados entre 1915 y 1923, mientras lo que es seguro es que sólo habría sobrevivido una pequeña parte.
Las autoridades otomanas crearon una red de 25 campos de concentración, donde los armenios perecieron de inanición, según la historiografía armenia , que también denuncia la muerte de decenas de miles de personas al ser tiradas por la borda en el mar Negro y tras ser inoculadas con diferentes virus.
Si bien los historiadores armenios y occidentales coinciden al calificar de ingeniería étnica la política otomana en relación con los armenios, discrepan en cuanto al número de víctimas de la masacre.
"El mayor crimen de la Primera Guerra Mundial", como lo definió el entonces presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt, tuvo como testigos de excepción a comerciantes y misioneros occidentales.
El fundador de la actual Turquía, Kemal Ataturk, reconoció la matanza de millones de cristianos otomanos, pero la palabra genocidio es tabú desde entonces entre los historiadores turcos, que acusan a los armenios de aliarse con Rusia y rebelarse contra el imperio que les acogía.
Hasta ahora, Turquía admite oficialmente que cientos de miles de armenios murieron como consecuencia de las luchas en Anatolia oriental y de la política de deportaciones de las autoridades otomanas, pero se niega rotundamente a que esas masacres se describan como "genocidio". Así, Turquía señala firmemente que lo que le sucedió al pueblo armenio no fue un genocidio. Defienden que lo ocurrido sólo fue la consecuencia de una guerra. Y aseguran que los armenios murieron, al igual que otros muchos musulmanes.

Las autoridades otomanas crearon una red de 25 campos de concentración, donde los armenios perecieron de inanición, según la historiografía armenia , que también denuncia la muerte de decenas de miles de personas al ser tiradas por la borda en el mar Negro y tras ser inoculadas con diferentes virus.
Si bien los historiadores armenios y occidentales coinciden al calificar de ingeniería étnica la política otomana en relación con los armenios, discrepan en cuanto al número de víctimas de la masacre.

"El mayor crimen de la Primera Guerra Mundial", como lo definió el entonces presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt, tuvo como testigos de excepción a comerciantes y misioneros occidentales.
El fundador de la actual Turquía, Kemal Ataturk, reconoció la matanza de millones de cristianos otomanos, pero la palabra genocidio es tabú desde entonces entre los historiadores turcos, que acusan a los armenios de aliarse con Rusia y rebelarse contra el imperio que les acogía.
Hasta ahora, Turquía admite oficialmente que cientos de miles de armenios murieron como consecuencia de las luchas en Anatolia oriental y de la política de deportaciones de las autoridades otomanas, pero se niega rotundamente a que esas masacres se describan como "genocidio". Así, Turquía señala firmemente que lo que le sucedió al pueblo armenio no fue un genocidio. Defienden que lo ocurrido sólo fue la consecuencia de una guerra. Y aseguran que los armenios murieron, al igual que otros muchos musulmanes.


