Como ocurre en el ámbito de la moda, en el terreno de la cosmética la individualización es una tendencia en auge. Si vestir un traje único es una de las máximas en la búsqueda de la exclusividad, contar con un perfume propio es otra de las vías para adoptar una imagen irrepetible. No en vano, los aromas tienen su propio lenguaje, siendo capaces de transmitir impresiones, despertar emociones o evocar recuerdos. De ahí que la perfumería apueste por crear fragancias a la medida capaces de definir el estilo propio de cada persona. Sin duda, uno de los máximos exponentes de esta tendencia es la emblemática casa Guerlain, que dispone de este servicio para sus clientes más sibaritas. Y es que son pocos los que se pueden permitir el lujo de pagar 40.000 euros por una fragancia a la medida de la firma. Y similar es la propuesta del perfumista Ramón Monegal, que compara esta categoría con la “alta costura” por su alto valor de exclusividad. Altamente creativos, el coste de sus perfumes personalizados se sitúa a partir de los 12.000 euros.No obstante, lejos de lo que se pueda pensar, este privilegio ya no está acotado a las grandes fortunas, pues han surgido propuestas mucho más económicas para dotar a aquellos que lo deseen de una esencia propia que sea capaz de definirles. Tal es el caso de Ana Corsini, una de las narices más emblemáticas del país y encargada de crear perfumes individuales en su taller por tan solo 250 euros. Las posteriores réplicas de la fragancia (cuya composición se guarda para poder ser reutilizada por el cliente) cuestan 70 euros. Para diseñarlos mantiene una entrevista privada con los clientes en la que estos establecen los aromas olfativos que más les gustan. Después, y teniendo en cuenta dichos detalles, la experta crea una fórmula inicial y realiza ligeros ajustes tras ser probada sobre la piel del que será su propietario.
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