LAS 20 FUGAS DE PRISIÓN MÁS ESPECTACULARES DE LA HISTORIA (Parte II) 10) Las fugas de Guillermo Patricio Kelly (1957) La historia del sistema penitenciario argentino registra muchas fugas desopilantes, grotescas y de película. Uno que ganó fama por su originalidad y audacia en los escapes fue Guillermo Patricio Kelly nacido en Avellaneda, Buenos Aires, en 1922. Fue un activista, periodista y dirigente político argentino. Su padre era irlandés y su madre, suiza. Desde muy joven militó en la Alianza Libertadora Nacionalista. Kelly sólo trascendió cuando tomó violentamente la organización, en 1953. La agrupación pasó a convertirse en una fuerza de choque del peronismo. Tras la revolución de 1955, Kelly fue detenido y acusado de haber participado en el incendio de templos cristianos, de asociación ilícita, hurto calificado, homicidio y otros delitos menores. Fue trasladado por razones de seguridad a la cárcel de Río Gallegos, donde en la noche del 18 de marzo de 1957 protagonizó una fuga cinematográfica junto con el empresario peronista Jorge Antonio, otro de los fugados luego sería presidente de la República, Héctor Cámpora, y con el jefe de la Resistencia Peronista, John William Cooke y otros presos políticos. Salieron al exterior del penal llevando a un guardia de rehén y el auto que esperaban no estaba en el lugar convenido, mientras deliberaban que hacer, llegó el vehículo más tarde de lo convenido conducido por Manuel Araujo, socio de Jorge Antonio. Lograron llegar a Chile donde todos fueron liberados, excepto Kelly que solicitó asilo político, pero éste le fue denegado ya que era considerado un delincuente común. Cuando estaba a punto de ser remitido a la Argentina, volvió a fugarse, esta vez de una cárcel chilena vestido de mujer ayudado por la poetisa Blanca Luz Brum que le llevó la ropa al penal y luego salió del lugar caminando entre las mujeres que fueron de visita el 28 de septiembre de 1957. El proceso total de disfrazarse y maquillarse correctamente tardó 18 minutos. Media hora después se descubrió la fuga. Se previno a todos los puestos fronterizos de Chile, se allanaron 300 residencias, se describió a Kelly minuciosamente por todas las emisoras del país. Seis días después de su fuga de la cárcel chilena, Kelly seguía en Santiago y decidió recoger algunos efectos personales que estaban en poder del juez Ortiz Sandoval, el funcionario que había decidido su extradición. Antes de irse del país visitó la residencia particular del funcionario encargado de devolverlo al gobierno argentino. El plan era rescatar los retratos de sus dos hijos —un varón y una mujer— tomados en Buenos Aires en la primera fiesta de disfraces a que asistieron, él disfrazado de cowboy, ella disfrazada de hada madrina. Kelly entró en la residencia del juez Ortiz Sandoval, vestido de deshollinador, un jueves a las 3.30 de la tarde, con la venia de los criados. Ellos —procesados más tarde— encontraron perfectamente natural que la chimenea fuera deshollinada en octubre, puesto que había estado en servicio durante todo el invierno. Kelly se llevó los retratos de sus niños —dos estampas en colores con marcos de cobre—, pero las conveniencias lo obligaron a prestarle un servicio a su perseguidor. Limpió verdaderamente la chimenea. Antes de abandonar Santiago —en el baúl de un Chevrolet sin frenos— Kelly cumplió su deber de caballero. Fue a darle las gracias a la poetisa Blanca Luz, en el correccional de mujeres, disfrazado de sacerdote. Fue una visita de 56 minutos en presencia de dos guardias. Esa misma noche, abandonó Santiago hacia el norte de Chile. Duró 59 días su odisea por el norte de Chile, hacia una libertad incierta y remota tuvo varios golpes de suerte. La expedición que salió a cerrarle el paso desde la frontera de Bolivia, se extravió en la ruta, mientras él no erró una sola vez su itinerario. En una casa campesina donde solicitó un refugio momentáneo, la dueña de la casa, impresionada por los boletines radiales, manifestó en su presencia: “-Si yo me encontrara con ese señor Kelly, a quien todo el mundo persigue, lo escondería en mi casa”. Él se identificó y aquel golpe de suerte le hizo más transitable el camino hacia la libertad. Antes de llegar a Caracas, Kelly, pasó un tiempo en Panamá. Incluso entonces se vio precisado a recurrir a su extraordinario sentido del cálculo para no volver a la cárcel. Bajo el nombre de Mario Vásquez, capitán de navío de la Armada Argentina, se colocó a muchos metros sobre el nivel de cualquier sospecha. Allí tomó un avión comercial que lo condujo a Caracas. En 1958 Kelly regresó a la Argentina y fue otra vez detenido. A lo largo de su vida estuvo preso durante casi ocho años por diferentes circunstancias. Murió el 1 de julio de 2005 víctima de un cáncer terminal en el Hospital Alemán de la Ciudad de Buenos Aires. 11) Jorge Eduardo Villarino “El Rey de las fugas” (1958) Un gran experto en fugas fue Jorge Eduardo Villarino, el “Rey de las fugas” o “el Intelectual del Hampa” porque leía a García Márquez. Nacido en Buenos Aires en 1931, con cada golpe su nombre ganaba fama. Y tres ingeniosos escapes de la cárcel lo convirtieron en "El rey de las fugas". Se escapó cuatro veces, una de ellas en 1958, a los 27 años, cuando huyó de Devoto escalando los techos del penal y luego descolgándose de los muros con sogas construidas con trozos de sábanas. La libertad le duró poco, unos cuarenta días después cayó nuevamente preso. Y los diarios informaron cómo había sido atrapado el delincuente Villarino. Pero tiempo después sería nuevamente noticia: en mayo de 1960 se escapó de la Cárcel de Caseros. Aparentemente, esa fuga no fue tan cinematográfica como la anterior: sólo le pagó una coima a los guardiacárceles. Meses después, Villarino volvería a ser noticia. Se escaparía por tercera vez, pero en esta oportunidad de la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, en Palermo. Su vida siguió con una fuga a Brasil, donde finalmente lo atraparon y lo enviaron a la Argentina. Aquí lo condenaron a 20 años de cárcel por las fugas y los asaltos. En prisión, el delincuente tuvo un cambio importante. En rigor, dejó por un tiempo los asaltos y se mudó a otra rama del delito: el narcotráfico. En la cárcel conoció a Francois Chiappe, un mafioso europeo que lo introdujo en su organización. En noviembre de 1976, en plena dictadura, Villarino tuvo un beneficio y fue liberado. Se marchó a Europa y trabajó para la mafia. Pero volvería a prisión, en España. En 1986 fue condenado a 26 años de cárcel por asesinar a un policía en un asalto en una joyería de la ciudad de Valencia. Y, aunque parezca increíble, en marzo de 1997 fue excarcelado. Era un hombre grande, pero que no conocía otra forma de vida más que la del delito. Ese fue el momento en el que, el más famoso asaltante argentino decidió regresar a Buenos Aires. Poco a poco, comenzó a formar una banda para traficar drogas a Europa, lo que fue detectado y se abrió una causa penal que manejó el juez federal Canicoba Corral. En las escuchas telefónicas, quedó registrando dando órdenes para enviar un cargamento. Pero Villarino seguía siendo el Rey de la Fuga. Cuando le dictaron la orden de captura, el viejo pistolero escapó con nombre falso y disfrazado a Uruguay y, desde allí, voló a Italia. Sin dinero y con su familia en Francia, armó una banda para cometer un asalto en Milán. Pero los agentes de la Policía Federal que descubrieron el nombre que usó para fugar del país, le habían avisado a sus pares italianos sobre la presencia del ex convicto. Cuando estaba por cometer el atraco en el Instituto Bancario Cariplo los Carabineros lo estaban esperando. Fue la última jugada de Villarino, la que lo llevó definitivamente a prisión, y de la que saldría, enfermo de cáncer, en 1999 para morir en el hospital San Paolo de la ciudad de Milán. La película Los evadidos del año 1964, protagonizada por Jorge Salcedo y Tita Merello está inspirada en las fugas de Villarino. 12) La fuga de Alcatraz (1962) e decía de Alcatraz, construida para albergar a los criminales más violentos de Estados Unidos en una isla en la bahía de San Francisco, que era a prueba de fugas. En Alcatraz rodeada de piedras y mar se alojaban los prisioneros más peligrosos, entre ellos Al Capone, y ninguno había conseguido escapar. Hasta que en 1962, Frank Morris y los hermanos John y Clarence Anglin lo lograron. Durante dos años realizaron un túnel a través de las paredes desgastadas, con cucharas y un taladro manual, que los conducía al techo. Durante ese tiempo usaron lo que encontraron para romper poco a poco la pared alrededor de los huecos de ventilación de sus celdas usando cortauñas, trozos de un ventilador y algunas cucharas, escondiendo su avance nocturno llenando los huecos con una pasta fabricada con periódicos viejos. Del techo de la cárcel descendieron por una tubería hasta el patio, saltaron unas rejas y llegaron a la playa. Inflaron la balsa que construyeron con trozos de impermeables y huyeron. Se los dio por muertos, pero nunca encontraron sus cuerpos. La noche del 11 de junio de 1962 ejecutaron su plan; inicialmente eran cuatro presos que dispusieron en reunirse en el pasillo de mantenimiento de la cárcel. La fuga debía ser conjunta, ya que había algunos obstáculos que para superarlos era imprescindible la colaboración de un segundo miembro. Sin embargo, al llegar la hora de la fuga, Allen West, impedido por la rejilla a la que se cree no supo atravesar, o paralizado por el miedo, arribó tarde hacia el punto de encuentro, y viendo que sus compañeros ya se habían marchado, se vio obligado a retornar hacia su celda y los demás le dejaron atrás, sin pensar lo que podría ocurrir. Tras salir al pasillo de mantenimiento, los fugados accedieron al tejado de la prisión a través de una salida de ventilación. Una vez en el exterior, anduvieron a hurtadillas por el tejado hasta llegar a uno de sus extremos, descendieron por las cañerías bajantes de la fachada y llegaron al suelo. Seguidamente, tuvieron que saltar por encima de varias cercas metálicas muy altas, para, al fin, conseguir salir del recinto y llegar a la orilla del mar. Una vez allí inflaron la balsa con un acordeón y un sistema de válvula hecha con una pelota de ping pong en una botella, y se alejaron impulsados por sus propias piernas. Nada más sonar la alarma acudieron todos los policías en la bahía de San Francisco, pensando que irían hasta allí. A la mañana siguiente las fuerzas de seguridad investigaron los hechos, con la colaboración obligada de Allen West, que finalmente no consiguió huir. Se hallaron los muñecos en sus camas y los respiraderos saboteados. El FBI llevó a cabo una de las más grandes búsquedas de su historia por los alrededores de la prisión, y en especial en la bahía de San Francisco. En la cercana Isla Ángel, fue hallado una especie de bolso hecho de impermeable, que contenía objetos personales de los hermanos Anglin. Aunque todos pensaban que habían ido dirección a San Francisco, se cree que se dirigieron a esta isla, ya que las corrientes marinas llevaban hacia ella. Las autoridades concluyeron que los reclusos murieron ahogados, aunque sus cuerpos nunca fueron hallados. A raíz del escape, la prisión de Alcatraz fue cerrada menos de un año después. Estos hechos fueron recogidos en la película titulada La fuga de Alcatraz rodada el año 1979, con guion de Richard Tuggle, dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood, en el papel de Frank Morris, Jack Thibeau, interpretando el papel de Clarence Anglin y Fred Ward como John Anglin. Se dice que Frank Morris anduvo disfrazado durante varios años y cruzó la frontera rumbo a México en el año 1968 donde vivió una vida tranquila en Sinaloa hasta su muerte. 13) Fuga de Dieter Dengler (1966) Dengler fue el único soldado que logró escapar de un campo de prisioneros durante la Guerra de Vietnam. Fue un piloto nacido en Alemania, el 22 de mayo de 1938. Tras la guerra mundial, en la cual pierde a su padre cuando combatía en el ejército alemán, Dieter Dengler lee un anuncio en el que se necesitan pilotos en Estados Unidos. Con la ayuda de un amigo de la familia consigue reunir el dinero y viaja desde Hamburgo a Nueva York. Allí se enrola en la Fuerza Aérea en 1957, siendo enviado a la Base Aérea de Lackland en San Antonio, Texas. Allí es asignado a mecánica y armería, sin llegar a ser seleccionado como piloto antes de expirar el alistamiento. Tras eso, viaja a San Francisco, donde si conseguiría la plaza de piloto, en la US Navy, recibiendo entrenamiento como piloto de ataque y siendo asignado al VA-122 En 1965, es asignado al VA-145 es transferido al portaaviones USS Ranger y en diciembre, enviado a las costas de Vietnam, inicialmente al sur, para más tarde subir al norte para operaciones (por entonces clasificadas secretas) contra los norvietnamitas. El 1 de Febrero de 1966 se encontraba volando un A-1 Skyraider sobre la región de Laos, donde fue derribado por una batería antiaérea y posteriormente secuestrado. Sus captores eran parte del movimiento comunista Pathet Lao (el equivalente laosiano al Viet Cong), quienes lo mantuvieron durante varios meses encadenado en una prisión de bambú en donde era torturado continuamente por sus captores. En medio de las torturas, durante un descuido intentó escapar pero fue capturado a los pocos minutos. Por su atrevimiento le colgaron boca abajo en un hormiguero, día y noche; arrastrado por un búfalo, siendo exhibido por los pueblos. Cuando se negó a firmar documentos para culpabilizar a Estados Unidos, las torturas empeoraron; astillas bajo las uñas y cortes en el cuerpo. Dengler tenía la sensación de que cada día, antes de acostarse, los guardias estaban pensando en una nueva tortura para el día siguiente. Después fue llevado a un campo de prisioneros junto a otros seis prisioneros; los norteamericanos Duane W. Martin, piloto de helicóptero; Eugene DeBruin, piloto de un C-47 de Air America; el chino Y. C. To y los tailandeses Prasit Thanee, Prasit Promsuwan y Pishidi Indradat, todos pertenecientes a Air America, capturados junto a DeBruin en 1963. Cuando vio el lamentable estado en el que estaban sus compañeros de cautiverio, tuvo la resolución de escapar de allí. Al poco tiempo de la llegada de Dengler, fueron trasladados a otro campamento, donde la comida empezó a escasear, ya no solo para los prisioneros que recibían paupérrimas raciones de arroz lleno de insectos y larvas, sino también para los guardias; tras escuchar a uno de sus guardianes que discutía la posibilidad de llevarlos a la selva y ejecutarlos, los prisioneros aceptaron un plan de fuga de Dengler, expuesto tiempo atrás, y al que se habían opuesto. Había que hacerlo antes de que sus peores temores se hiciesen realidad. El plan inicial era sencillo, aprovechar la dejadez de los guardias que comían desarmados para tomar el campamento y hacer señales a un C-130 que solía patrullar por la zona ocasionalmente. Un 29 de junio de 1966, mientras los guardias comían, Dengler con varios de sus compañeros, salió a través de unas tablas aflojadas de la cabaña donde les retenían; Dengler y dos tailandeses se arrastraron hasta las armas. Los guardias se dieron cuenta demasiado tarde y cuando intentaron reducir a los presos, fueron tiroteados, 4 fueron abatidos, mientras el resto huía a la selva, posiblemente a pedir ayuda. Tomaron las armas de sus captores y lograron escapar de su secuestro. El grupo de siete personas se dividió en tres grupos, de los cuales no se volvieron a saber nada. Dengler y Martin en uno, DeBruin, debería haber ido con los americanos, pero finalmente decidió acompañar a To, que estaba débil por la fiebre; él quería subir a la cresta más cercana y esperar a la ayuda. Dengler y Martin intentaron escapar a Tailandia a través del Mekong, pero nunca consiguieron alejarse más de unos kilómetros del campo. Dengler y Martin empezaron a sufrir los rigores de la selva, sanguijuelas, insectos, lluvia incesante, hambre, el ir descalzos no ayudaba mucho (encontraron una sandalia vieja y rota en la selva que se fueron turnando entre ellos en un intento de mitigar el dolor), finalmente desistieron de llevar las armas, un peso inútil añadido que los estaba cansando... Tras llegar a los restos de un pueblo abandonado, decidieron acampar allí, y tras muchos problemas consiguieron hacer fuego a partir de los cartuchos de fusil que llevaba Martin. Esa misma noche, consiguieron hacer señales a un C-130 que sobrevoló la zona, agitando dos antorchas a modo de SOS, el avión sobrevoló la aldea y dejo caer varias bengalas. Sin embargo, a la mañana siguiente no había rastro de equipo de rescate. Empujados por el hambre, Martin y Dengler se acercaron a un aldea con la idea de robar algo de comida, pero fueron descubiertos; los americanos se arrodillarlo y suplicaron, lo que no impidió que uno de los aldeanos atacase furiosamente a Martin con un machete, lacerándole la pierna y posteriormente decapitándole. Dengler al verlo, se levantó y se opuso al aldeano que huyó corriendo a la aldea para pedir ayuda, momento que aprovechó el piloto para huir no sin antes coger la vieja sandalia del pie de su compañero fallecido. Dengler regresó al pueblo abandonado donde había estado acampado con su compañero y directamente le prendió fuego al ver acercarse el C-130. Nuevamente el avión lanzo bengalas, y aunque la tripulación vio el fuego, inteligencia nunca sospechó que fuese una señal de auxilio, por lo que el rescate tan ansiado nunca se materializó. Sin embargo, su visita no había sido en balde, Dengler buscó una de las bengalas y cogió el paracaídas de esta para hacerse visible. El 20 de julio de 1966, el Lt. Col. Eugene Deatrick volaba en una misión de reconocimiento armado junto al Mayor Anderson, cuando vio una señal en tierra. Al acercarse vio a un hombre agitando lo que parecía un paracaídas, con la inscripción SOS en unas rocas junto a él. A pesar de que se le dijo que ignorase a quien estaba haciendo señales desde tierra con aquel paracaídas (no había constancia de pilotos derribados en la zona), Deatrick solicitó la asistencia de helicópteros de rescate. Estos, capturaron a Dengler y lo trataron con cautela hasta confirmar su identidad, mientras Dengler suplicaba “soy piloto norteamericano, llevadme a casa por favor”. No sin que antes uno de los rescatadores se llevase un susto, al sacar una serpiente que Dengler llevaba para alimentarse en la mochila. Habían pasado 23 días desde su evasión del campo de prisioneros y 5 meses desde que fue derribado. Finalmente, fue en Da Nang donde todas las dudas finalmente se evaporaron; sin embargo, allí fue retenido, dado el carácter secreto de su misión cuando fue derribado, en medio de una discusión sobre a quién le caía la responsabilidad de custodiarlo e interrogarlo. La US Navy no se dejó amedrentar por la USAAF ni por la CIA que lo tenía retenido y envió un equipo de SEAL´s para “rescatar” a Dengler del hospital. Lo ocultaron bajo una mesa camilla para sacarlo hasta el helicóptero que lo llevó al USS Ranger donde le esperaba una fiesta de bienvenida. Tenía una fuerte desnutrición y estaba lleno de parásitos, los médicos del portaaviones lo mandaron rápidamente a Estados Unidos para su recuperación, cuando servía en el VA-145, pesaba 65 kg; ahora no llegaba a los 45. Dengler vivió en California hasta el 7 de febrero de 2001 cuando se pegó un tiro en la cabeza a los 62 años. Su hazaña fue llevada al cine por Werner Herzog en el filme de 1997 Little Dieter Needs to Fly y luego en el 2006 en la película de acción titulada en español Rescate al amanecer con Christian Bale como Dieter Dengler. 14) Fuga en helicóptero de un penal de México (1971) La prensa mexicana recuerda como la fuga más espectacular, la del judeo-estadounidense Joel David Kaplan, quien logró escapar del penal de Santa Martha el 18 de agosto de 1971, cuando un helicóptero aterrizó a las 18.30 horas en uno de los patios de la cárcel. En la aeronave estaba un cómplice de Kaplan, Roger Guy Hersner, ex combatiente de Vietnam enviado por la hermana del preso Judy Kaplan que compró el helicóptero Bell 47 que aterrizó en el patio de la prisión pintado de azul, lo que confundió a los guardias que pensaron se trataba de una nave policial. Kaplan escaló en menos de medio minuto al helicóptero junto a otro recluso, el venezolano Carlos Contreras Castro. Kaplan purgaba desde 1962 una sentencia de 28 años por homicidio de su socio en la Ciudad de México. El helicóptero llevó a los reos al aeropuerto de Actopan, en Hidalgo donde a bordo de una avioneta Cessna los esperaba el piloto Víctor E. Stadter, un mercenario y contrabandista que lo llevó hasta los Estados Unidos. Kaplan residió luego en California. En 1975 se hizo una película sobre su fuga, Breakout con Charles Bronson y Robert Duvall. 15) Fuga de Billy Hayes (1975) Sentenciado a 30 años en una cárcel turca por contrabando de drogas (hachís) en 1970, el estadounidense Billy Hayes, de 22 años, pasó un año brutal en la prisión de Sagmalicar, en Estambul, antes de ser trasladado a una isla-prisión cerca del mar. Después de seis meses de planear la fuga, se peleó contra un guardia, robó su uniforme y tomando los dos mil dólares que su padre había logrado pasarle en un álbum de fotos, robó un bote y remó toda la noche, a través de una furiosa tormenta hasta la costa. Allí se tiñó de negro su cabello rubio, caminó a través de media Turquía y, finalmente, en tierra subió a un tren que entraba a Grecia. El tren pasaba a las 00 horas, por eso Expreso de medianoche, el nombre de la película que se filmó inspirada en su fuga. Llegó sano y salvo a Grecia y luego fue hasta la embajada norteamericana. Su experiencia la trasladó a un libro, El expreso de Medianoche, que después fue adaptado al cine en 1978 con gran éxito dirigida por Alan Parker, con Brad Davis como Hayes. La huida de Hayes le valió a Oliver Stone un Oscar al mejor guión por El expreso de medianoche (1978), título tomado de la autobiografía de Hayes. Hayes regresó a Turquía el 14 de junio de 2007 para asistir a la Segunda Conferencia sobre la Democracia y la Seguridad Global en Estambul, organizada por la Policía Nacional Turca (TNP) y por el Instituto de Policías de Turquía (TIPS), para despejar las implicaciones negativas del libro. Ofreció una conferencia de prensa el 15 de junio y se disculpó ante el pueblo turco. 16) La fuga más grande de la historia mundial en Irán (1979) El 11 de febrero de 1979, un empleado iraní de la empresa Electronic Data Systems Corporation condujo un motín en la prisión Ghasr de Teherán con el fin de rescatar a dos compañeros de trabajo de nacionalidad estadounidense. Otros 11.000 presos aprovecharon esta situación, que se convirtió en la fuga carcelaria más grande de la historia mundial. 17) Los cerrajeros de Sudáfrica (1979) Una de las fugas más increíble de la historia la protagonizaron tres presos políticos en Sudáfrica durante el Apartheid. Para lograr escapar de la cárcel de Pretoria atravesaron diez puertas cerradas con llave sin ser descubiertos. Tim Jenkin, Stephen Lee y Alex Moumbaris fabricaron la ganzúa correspondiente para cada una de las puertas durante varios meses. Si bien la cárcel donde se encontraban detenidos no era considerada de máxima seguridad, la fuga quedó en la historia por su perfecta y exitosa planificación. Se fugaron a los 18 meses de convertirse en convictos, el 11 de diciembre de 1979. Aunque no se debe quitar ningún mérito a su proeza, la lectura de su historia revela que las condiciones para la fuga eran idílicas. La cárcel apenas tenía un par de docenas de presos. Las condiciones de vida eran bastante buenas y los presos tenían un trato muy humano y mucha libertad respecto de los guardas. La seguridad no era tan elevada como pudiera esperarse. Sólo el reto de las puertas fue superado. Puede encontrarse su historia en la red, narrada por uno de los fugados, en un inglés bastante duro, el inglés de Sudáfrica. Otro preso de Sudáfrica, esto ya más actualmente, Ananias Mathe, detenido en 2006 y que esperaba ser juzgado por 51 crímenes, incluyendo homicidio, violación y robo, se deslizó en noviembre de 2006 por la ventana de 20 cm X 60 cm de su celda de la prisión C-Max de Pretoria. Este ex soldado mozambiqueño de 28 años, que podría haber recibido un entrenamiento militar de alto nivel, es el primer prisionero que consigue escapar de esta prisión de alta seguridad en 40 años. Según el diario The Pretoria News, el preso, que tenía los pies y las manos encadenados, se untó de vaselina antes de romper dos barras de hierro de su cama que utilizó para deslizarse entre los barrotes de la ventana. Utilizando otra barra torcida hasta formar un gancho, bajó de la muralla del penal utilizando ropas y sábanas como una cuerda. Seis guardias fueron despedidos por no detectar su fuga. Mathe fue descrito por la policía como un "tipo pequeño y enclenque" que durante meses había conseguido escapar a la policía gracias a su experiencia militar. Cuando fue arrestado nuevamente en diciembre de 2006 fueron necesarios dos policías fornidos para controlarlo. En 2009 fue sentenciado a 54 años de prisión. 18) Las fugas de “La Garza” Sosa y el “Gordo” Valor (1991 y 1994) Hugo “La Garza” Sosa Aguirre, ex mano derecha del líder de la “Superbanda”, confiesa que tiene más de 50 robos a mano armada, 5 fugas de prisión, y un tercio de su vida “a la sombra”, allá por los noventa Sosa lideró, junto al recordado Luis “Gordo” Valor, la ya mítica “Superbanda”, especializada en robo a camiones de caudales y asaltos a bancos. “Sin matar a nadie, ¿eh? Yo nunca maté a nadie”, dice cuando lo entrevistan y justificó su inocencia el delincuente: “La plata con sangre, no sirve”, afirmó. Una vez, Sosa quiso saber cuánto pesaba su nuevo tesoro y lo llevó envuelto a una verdulería: “Un millón de dólares pesa 11 kilos 300... en billetes de 100, ¿eh?”, reveló. El año 1991 llegaba a su fin y siete presos peligrosos se escapaban de la cárcel de Devoto liderados por Hugo “La Garza” Sosa. Huyeron por un túnel desde el hospital del Penal hasta la calle y después, protegidos por la oscuridad, desnudos, corrieron por las calles del barrio buscando su libertad. Pero dejaban algo atrás: ese túnel que habían cavado durante meses les reveló una historia macabra que no los dejó indiferentes. Eran delincuentes comunes, con códigos, y no pudieron ignorar la enorme cantidad de huesos humanos que descubrieron mientras construían ese túnel. Esa historia se conoció primero mediante un artículo periodístico y que sirvió de germen para El túnel de los huesos, opera prima del director Nacho Garassino, que protagoniza Raúl Taibo. El 16 de septiembre 1994 hubo una fuga increíble. “La Garza” Sosa, el “Polaco” Nielsen, el “Gordo” Valor, Carlos Paulillo y Julio Pacheco, miembros de la “Superbanda” que robaba blindados, protagonizaron un escape de película. Se disfrazaron con los guardapolvos de los médicos del hospital penitenciario de Devoto. Valor se vistió de médico. Cuando llegaron a la muralla externa, uno de ellos disparó al cielo y enfrentó a dos guardias. Los cinco presos bajaron por las sábanas blancas anudadas que habían colgado horas antes y huyeron a los tiros en dos autos que los esperaban en la calle Bermúdez. La fuga les costó una condena de siete años. En realidad, por la violencia ejercida, no por el acto de fugarse. “La Garza” Sosa volvió a caer preso el 19 de enero de 1995, cuando lo atraparon asaltando una terminal de ómnibus en Carapachay. Salió de prisión en noviembre de 2014 y actualmente es representante de jugadores de fútbol en el conurbano bonaerense. Respecto de su nuevo proyecto, explicó: "Nos dedicamos a detectar talentos de bajos recursos y ayudarlos a que sean jugadores de fútbol”. Otro protagonista de fugas audaces es Luis Alberto Valor. Se lo nombra como “El Gordo”, “Papá Noel”, “El Santo Grial de la Maldita Policía”. El “Gordo” Valor jefe de la “Superbanda” asaltaba camiones blindados, para abrir los camiones usa tiros de FAL. El fusil automático liviano es un caño de acero de 533 milímetros de largo montado en un fusil de un metro que dispara hasta 700 proyectiles calibre 7,62x51 por minuto. Pesa 4 kilos y medio. Su primera entrada a prisión, en 1975, fue por robo de autos, que él llama “apropiaciones”. Luis Valor no comenzó siendo jefe de la banda. Cuando el grupo era liderado por Carlos Soto "El Cabezón", Valor se encargaba de reclutar "talentos" en las villas de emergencia de la zona noroeste del conurbano. Luego, Pablo Ruiz "Tato", reemplazó a Soto. En 1991, Ruiz fue abatido por la policía en González Catán y Valor se hizo cargo de la banda. Su especialidad eran los camiones de caudales. Adentro del camión blindado van dos guardias en la cabina y al menos uno más con el tesoro. Armados con escopetas, pistolas, chalecos antibalas. siempre cerca, hay patrulleros. Para frenar y abrir un camión blindado hay que tener, dice el Gordo Valor, “pelotas y coraje”. Y varios FAL. Y ganas de trabajar. “Soy muy buen trabajador, porque yo era muy cumplidor. Me esmeraba mucho, salía de casa a las cuatro de la mañana y volvía a las doce de la noche. Caminaba mucho, le buscaba el defecto a la cosa”. En los mejores tiempos de la “Superbanda”, dice el Gordo Valor, llegaron a robar cinco o seis blindados al mes. En cada blindado, uno o dos millones de pesos. Además de fusiles FAL, para abrir un blindado hacen falta tipos como “La Garza Sosa”, el “Pelado” Hidalgo, el “Chaqueño” Monzón. Ladrones de los de antes, dice Valor, los que no matan, no violan y no son alcahuetes. “Las generaciones nuevas son distintas, lastiman por lastimar, cualquiera viene y te pega un tiro,” dice. “En el 86 ya nos queríamos retirar. Pero los ladrones nunca se retiran. Demasiado dinero”. Hidalgo y Monzón cayeron cuando, con una pistola cada uno, asaltaron un kiosco. Se llevaron un par de paquetes de cigarrillos: era sábado a la mañana y la caja estaba vacía. Dice Valor que, en temporada de blindados, “íbamos a comer asados con jueces y fiscales”. Luego de la fuga de la cárcel de Devoto en setiembre de 1994 saltando desde una altura de siete metros para ganar la calle. Valor se fue dos días con su familia, y después a la casa de un amigo. A veinte cuadras de Devoto. “Estuve dos meses inactivo. Me alejé 120 kilómetros de Buenos Aires. Iba y venía. Andaba como quería, pero de noche no. Si me encontraban a la noche, me pegaban un tiro en la boca”, dice. Después de fugarse de Devoto, cuando lo vendió un supuesto amigo, lo fue a buscar su archienemigo, el comisario Mario “Chorizo” Rodríguez a Lugano con setenta policías. En la madrugada del 19 de mayo de 1995, después de haber estado prófugo durante doscientos cuarenta y cuatro días, “Volví a tragarme la sombra”, dice Valor. De entonces en adelante, pasó quince años en la Unidad Penal Nº 21 de Campana –condenado por más súper asaltos que los que puedan entrar en un currículum– y salió de allí el 8 de diciembre de 2007, cuando la Cámara de Apelaciones consideró que las condenas no estaban firmes. Quería casarse e irse de luna miel con Nancy Collazo, su fiel pareja desde hace 24 años. Volvió a robar blindados y había estado detenido en la Unidad 21 de Campana desde el 31 de julio de 2009, cuando en un control vehicular aceleró y fue detenido junto a otro hombre tras una persecución y tiroteo dentro del Olivos Golf Country, en Pablo Nogués. Valor terminó estampado contra un árbol. “–Ah, vos sos el Gordo Valor –“, le dijo el policía mientras le ponía las esposas. A fines de 2012 fue condenado a una pena de 7 años de prisión en un juicio abreviado que tuvo a su cargo el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 2 de San Isidro. Valor, de 60 años, había sido liberado en mayo de 2014 con una libertad asistida cuando le restaban seis meses para que se le cumpla una condena de 7 años. Dice Valor que “la Superbanda respetaba los códigos de la calle. Respetábamos la vida de la gente. No se mataba, no se violaba y no se secuestraba. No se le robaba a un pobre”. El 6 de julio de 2014 en un control policial aleatorio en San Miguel provincia de Buenos Aires fue detenido nuevamente “el Gordo” Valor, dentro de la camioneta Renault Kangoo, que no tenía pedido de secuestro, encontraron tres pistolas calibre 9 milímetros, un revólver y una radio que captaba la frecuencia policial. El detenido se negó a declarar. El fiscal, acusó a Valor por el delito de "portación ilegal de arma de guerra y de uso civil agravada por sus antecedentes". Dos de los hijos del “Gordo” Valor fueron detenidos en una serie de allanamientos realizados dos meses antes, en mayo de 2014 en la localidad bonaerense de San Fernando, partido de Tigre, en el marco de una investigación por comercialización de drogas. Se calcula que Luis Alberto Valor robó más de 30 blindados y bancos. Nadie sabe cuánto dinero robó Valor en toda su carrera delictiva. Valor sueña con que su vida llegue al cine, como pasó con dos bandoleros históricos: Mate Cosido fue representado por Víctor Laplace y el Pibe Cabeza por Alfredo Alcón. Al igual que ellos, al Gordo Valor se lo conoce por su apodo. “Viví bien. Pero no fui millonario ni pobre. La fama es puro cuento. Me costó, hasta ahora, 15 años a la sombra”, reflexiona. Actualmente en 2015 se encuentra en libertad condicional. El motín de Sierra Chica Uno de los intentos de fuga más recordados es el de los “Doce apóstoles”, que terminó en el sangriento motín de Sierra Chica, el 30 de marzo de 1996 que pasó a la historia del terror con los presos jugando al fútbol con una cabeza de un presidiario y comiendo empanadas de carne humana. El motín fue en la Semana Santa de 1996. Fue una fuga frustrada de 13 convictos entre 25 y 41 años, que fueron descubiertos a tiempo por los guardias que mataron a uno de los delincuentes. Los otros 12 se replegaron y tomaron de rehenes a 13 guardiacárceles y 1500 presos apoyaron el motín quemando colchones. Una jueza se acercó a negociar y la tomaron de rehén (se dice que fue violada reiteradamente por los reclusos). Esto era transmitido en vivo por la televisión lo que generó que en pocas horas, en varias cárceles de Azul, Bahía Blanca, Batán, Dolores, La Plata y San Nicolás, todas de la provincia de Buenos Aires, entraron en estado de protesta cerca de 10.000 presos. Aún no queda claro si querían escapar o en realidad matar a una banda rival liderada por Agapito Lencinas. Ocho de los miembros de la banda rival fueron muertos, incluido el propio Lencinas, fueron descuartizados e incinerados en el horno de la panadería a 700°. Lencinas fue decapitado y los reos jugaron al fútbol con su cabeza. En las pericias de los hornos aparecieron dientes humanos. Recién al cabo de 8 días se entregaron y liberaron a los rehenes. Un juicio celebrado posteriormente impuso condenas a los participantes del que se considera uno de los motines más sangrientos en la historia penitenciaria del país. Sierra Chica, a 12 km de Olavarría en la provincia de Buenos Aires registra una sola fuga en su historia, y pasaron casi cien años. La fuga más corrupta El 20 de agosto de 2013 por la noche se fugaron 13 presos de la prisión de Ezeiza, que pasó a convertirse en una de las más escandalosas de la historia argentina pero no la más espectacular. Los trece fugados fueron catalogados como de máxima peligrosidad. Lo más probable es que haya habido mucha complicidad. De otro modo, es imposible escaparse, sobre todo con un boquete gigante en una losa de hormigón armado de 30 centímetros de espesor en la celda 22 del Pabellón B, Módulo 3. Luego atravesaron 4 cercos perimetrales sin que nadie los detecte. Además no funcionaban las alarmas de los alambrados ni las cámaras de seguridad supuestamente porque no había repuestos. Se supone que la cárcel de Ezeiza es la más segura del país. Los guardias no vieron nada y los perros no detectaron nada extraño. En un sistema corrupto, en el que guardias cobran por ingresar droga, visitas no autorizadas, comida, facas, colaborar para una fuga no suena a extraño. Tras la fuga, semanas después fueron recapturados 11 de los evadidos, 19 guardias fueron sancionados y fue obligado a renunciar el jefe del Servicio Penitenciario Federal, el ultrakirchnerista Víctor Hortel sospechado de haberlos dejado huir. 19) Fuga de Antonio Ferrara (2003) Ferrara, nacido en 1973, es un legendario experto en explosivos de los bajos fondos, capaz de volar una caja fuerte mientras el dinero quedaba intacto, fue sentenciado a ocho años por dos robos a mano armada (era sospechoso de otros 15). En marzo de 2003, dos patrullas se estacionaron frente a las puertas de Fresnes, en las afueras de París. Seis hombres, vistiendo uniformes de la policía, se bajaron. Tres de ellos abrieron fuego contra las dos torres de vigilancia con AK-47, mientras que los otros abrían las puertas del frente con un lanzagranadas. Mientras, Ferrara dinamitó calmadamente la puerta de su celda, saltó en uno de los coches, y desapareció. 20) Fugas de Pascal Payet (2001, 2003 y 2007) Payet cumplía 30 años por asesinato en la cárcel de Luynes cuando escapó con un helicóptero por primera vez en 2001. Estuvo prófugo seis años, durante los cuales organizó la fuga de tres de sus ex compañeros de cárcel, todas vía helicóptero en 2003. Eventualmente fue capturado y encarcelado en Grasse, una cárcel de alta seguridad en el sur de Francia. . Payet escapó a la libertad nuevamente en julio de 2007, en un helicóptero Squirrel secuestrado junto con su piloto en Cannes, media hora antes. La nave aterrizó en el techo de la penitenciaría, desde donde tres hombres armados iniciaron la búsqueda de Payet. Sorprendentemente, ha habido diez fugas en helicóptero exitosas de las cárceles francesas en los últimos 20 años, de las cuales Pascal Payet ha estado implicado en 5. Y las fugas espectaculares de presos seguramente continuarán hasta que el hombre comprenda que se deben respetar los derechos de los demás e imperen la justicia, la libertad y la igualdad en todas partes. http://www.taringa.net/posts/info/18742126/20-Fugas-dignas-de-una-pelicula-primera-parte.html