“Es muy fácil hacer la guerra cuando los muertos son otros que uno no conoce” Impacto de bala producto de un fuego cruzado en una escuela de Timbiquí / Cauca. Constantemente la escuela queda en medio de las balas y los estudiantes, como parte de sus clases rutinarias, reciben instrucciones sobre cómo reaccionar en caso de combates. Deben esconderse bajo sus escritorios y no correr esperando que el profesor anuncie instrucciones para evacuar el recinto. Foto: Federico Ríos*. Que extraño, tanta gente hablando de guerra, y cuando paso por los batallones no veo allí a ninguno de los que conozco que incitan a las balas. Pensé que habría filas de gente deseosa de empuñar un fusil e irse al monte a “acabar con la guerrilla” como lo gritan a diestra y siniestra. Esperaba por lo menos encontrar en alguno de esos lugares a los hijos de Uribe, por ejemplo, pero tampoco. Muchos parecen indignados con lo de ayer, por lo que supuse serían los primeros en tomar las armas e irse al monte, pero no, solo quieren que las tomen otros mientras ellos hacen de gallitos finos cacareando desde la comodidad de sus suites. Es muy fácil hacer la guerra cuando los muertos son otros que uno no conoce y a los que llama “héroes” solo para hacerles creer que su sacrificio vale la pena. ¿Qué ganaron los 11 que murieron ayer? pobres miserables, su sacrificio es completamente inútil, 11 vidas desperdiciadas, y la cuenta no solo 11 militares, en combates ayer también murieron 3 campesinos en Suárez, Cauca. Ellos no tenían nada que ver con el conflicto, eran ciudadanos, como los guerreristas, la diferencia es que ellos si viven bajo el plomo porque la guerra no es en el parque de la 93, ni en el Lleras entonces ahí es cuando veo a mucho idiota llenándose la boca diciendo que lo que hace falta es “bala” “que el ejército les dé con toda”… ¿serán ignorantes? o tendrán un problema mental? ¿No se dan cuenta que después de más de 50 años nadie ha ganado la guerra y los muertos son una estadística que solo sube? Los muertos que lleva esta guerra de la que no conocí el principio y no sé si veré el final, no han ganado nada, absolutamente nada. Esos “héroes” son los que usan los políticos como idiotas útiles, los que cargan el fusil, a los que les llueven balas, los que pisan las minas antipersonales y después de que mueren llamarlos “héroes” por perpetuar una guerra que solo sirve a los fabricantes y vendedores de armas, a los corruptos compradores de tierras baratas de campesinos desplazados y muertos del hambre, a un montón de lacras que se benefician del conflicto Colombiano, pero que nunca pondrán un muerto. A todos los que conozco que pregonan la guerra los invito a tomar el fusil, a ver si tienen las gónadas para sentir las balas zumbando sobre sus cabezas, a ver si tienen la sangre fría para mirar a otro ser humano y dispararle, verlo caer y quedarse allí mirándolo a los ojos mientras muere desangrado gritando en medio del dolor y la angustia, pidiendo ayuda. A todos los guerreristas que abundan por aquí, les pido que se larguen con su guerra a otro lado, que dejen de ser oportunistas y de meterle candela a UNA GUERRA EN LA QUE ELLOS NO VAN NI A PELEAR NI A MORIR. Entonces partida de cobardes de escritorio, si no van a pelearla en el monte, con un fusil al hombro no alimenten más el conflicto, y más que eso, no sean tan desgraciados de beneficiarse de la guerra ajena en un país en el que los muertos, de todos los bandos, los ponen los pobres. En medio del clamor de los belicistas que reclaman ojo por ojo, hay un país que se ahoga en la sangre de sus muertos, los que hoy claman venganza, son en su gran mayoría los mismos que callan la muerte de los indígenas a manos del ESMAD en el Cauca, o los abusos de la fuerza pública en las zonas campesinas, en donde el empadronamiento y la estigmatización de los líderes sociales es la norma. En Colombia las violaciones a los Derechos Fundamentales e infracciones al Derecho Internacional Humanitario, se han presentado de una manera sistemática por parte de todos los actores del conflicto. En el país no se ha aplicado por parte del Estado, acciones efectivas y de fondo para resolver y detener estos crímenes. ¿Quién decide que atrocidades de la guerra debemos rechazar desde la memoria histórica y cuales olvidar? Cuando se comprobó que los soldados estadounidenses violaron 54 niñas en Colombia entre 2003 y 2007, la prensa hegemónica a penas lo reportó como un pie de nota en los hechos de la guerra, estos casos quedaron en la impunidad gracias a los acuerdos bilaterales y a la inmunidad diplomática de los funcionarios de Estados Unidos. La barbarie en contra del pueblo colombiano ha venido de todos los actores armados y eso incluye a la fuerza pública. Casos como los crímenes de guerra del general (r) Rito Alejo del Río, quien gracias a su omisión concertada con las AUC, permitió el paso de los paramilitares para que ejecutaran la masacre de Mapiripán, parecen no resultarles tan graves y atroces al sector del país que hoy pide el fin de los diálogos de paz. general (r) Rito Alejo del Río y Salvatore Mancuso Recientemente se denunció el uso de la población civil como escudo humano por parte de la guerrilla en Ituango, sin embargo el uso de la población como escudo no es una práctica exclusiva de los grupos alzados en armas, en muchas regiones del país los campesinos siguen denunciando la ubicación de campamentos y trincheras por parte del ejército en espacios civiles y comunitarios, lo que de hecho constituye una violación al DIH, toda vez que esto pone en riesgo a la población civil, algo que el consejo de estado reconoció en el 2013. La paz por las armas en una ficción que solo le sirve a la industria militar, no existe paz con hambre y sin justicia social, y es un error creer que la paz con las guerrillas representa la pacificación del país, un claro ejemplo lo constituyen los procesos del post conflicto en centro América, en donde se firmó la paz sin atacar el origen social de la guerra, lo que ha conducido a la evolución misma del conflicto que ya no se pelea en los campos sino en las ciudades en medio de la miseria y la desigualdad. La violencia económica en contra de la población ha creado las condiciones propias del canibalismo social en Colombia, en donde la gente regala su fuerza laboral por migajas y los bancos desplazan “legalmente” a miles de colombianos de sus hogares. La permisividad del estado frente a las políticas laborales de mcdonalds, Coca Cola o Cerro Matoso, “solo para mencionar algunos ejemplos”, atiza las razones que dieron origen al conflicto social en Colombia, la prohibición del derecho sindical, la tercerización del empleo y jornadas de 12 horas son prácticas recurrentes en las multinacionales mencionadas. El silencio de muchos colombianos frente a estos abusos no es fortuito y principalmente se origina en el desconocimiento de estas realidades sociales, en este punto tendría que señalar a los medios de comunicación que incomunican las verdades y situaciones que no son afines a sus propios intereses políticos y económicos, en ese orden de ideas es comprensible que las cámaras de CARACOL y RCN sigan sin reportar la huelga de hambre de los obreros de Coca Cola en la plaza de Bolívar y que no cubran las denuncias de la asociación de campesinos del sur de Córdoba “ASCSUCOR”, sobre los artefactos explosivos que el ejército abandonó en la INSTITUCION EDUCATIVA TECNICO AGROPECUARIO CLARET, lugar donde concurren tanto población infantil como adulta. ¿Qué muertos llorar?, ¿qué crímenes de guerra nos deben indignar?, estas preguntas pasan por el hilo conductual de los grandes medios corporativos del país, que de una u otra manera también son actores del conflicto. El anhelo de paz del pueblo colombiano no se puede postergar indefinidamente y no podemos hablar de paz sin promover desde nuestras acciones los cambios sociales que nos permitan superar el horror. A los diez militares que murieron en el Cauca no los mató las Farc, los mató el gobierno que los metió ahí en la boca del lobo. Santos ya debe dejar su disfraz de Harvey dos caras y empezar a ponerse serio. Sabemos que es mucho pedirle a un incompetente probado como él, desprovisto de las dotes y el carisma que deben tener los grandes líderes, que sea coherente con su discurso internacional. Cuando Juanma sale del país es Gandhi, cuando vuelve compra tanques de guerra y se blinda ante sus viejos socios, los uribistas radicales que, siguiendo su credo, pretenden perpetuar las masacres y sobre todo la desigualdad. La oligarquía colombiana es acaso la más infame del continente. Su afán de mantener su hegemonía se ha mantenido durante casi dos siglos. Fueron ellos los que obligaron a los campesinos a armarse, a meterse en el monte. Sus bombardeos con napalm en Marquetalia, la aniquilación de la UP y las violaciones constantes a los derechos humanos por parte de la fuerza pública, han contribuido a que los insurgentes hayan tomado decisiones lamentables como usar collares y niñas bombas, exportar drogas o el error trágico de Bojayá. Nuestra oligarquía es tan asquerosa que transformó en asesinos despiadados a los campesinos que luchaban con causa justa. Colombia tiene 114 millones de hectáreas de las cuales 40 millones les pertenecen al 0,8 % de la población, una cifra que escandalizaría a cualquier país en donde se respetara la diversidad y el derecho a vivir con dignidad. Terminar el conflicto de una manera pacífica garantizaría tener un país más justo en donde todos, absolutamente todos, saldremos ganando.
¡Que les den con todo¡: carta a guerreristas de escritorio
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