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A 58 años de la caída de Perón, por la 'Revolucion Libert

Info•9/16/2013
A 58 años de la caída de Perón, por la 'Revolucion Libert

A 58 años de la caída de Perón,

por la 'Revolucion Libertadora'.


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Antecedente directo.

El bombardeo de la Plaza de Mayo.


El bombardeo es uno de los antecedentes directos del levantamiento cívico-militar que se produciría tres meses después, logrando deponer el 16 de septiembre al Presidente Perón e instaurándose la autodenominada Revolución Libertadora.

El bombardeo de la Plaza de Mayo, también conocido como la Masacre de Plaza de Mayo, fue el bombardeo cometido el 16 de junio de 1955 en la ciudad de Buenos Aires (Argentina).

Ese día un grupo de militares y civiles opuestos al gobierno del presidente Juan Domingo Perón intentó asesinarlo y llevar adelante un golpe de estado y, si bien fracasaron en su propósito, durante el mismo varios escuadrones de aviones pertenecientes a la Aviación Naval, bombardearon y ametrallaron la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, ubicada a su vera, el edificio de la Confederación General del Trabajo y el edificio que en aquella época servía como residencia presidencial, causando la muerte de 308 personas y más de 700 heridos siendo, irónicamente, el bautismo de fuego de la Aviación Naval (contra su propia gente).

Perón se había retirado al Ministerio de Guerra ubicado a 200 metros de la Casa Rosada por lo cual no estaba en ella al comenzar los ataques aéreos y el intento de asalto por fuerzas de tierra.

La violencia, de una magnitud nunca vista anteriormente en Argentina, con la cual se ejecutó el hecho y el desprecio por la vida de las personas hace que se lo vincule con el terrorismo de Estado aparecido años después en el país. En febrero de 2008 el juez Claudio Bonadío, entendió que ese episodio no fue un genocidio, sino un intento de eliminación del entonces presidente, Juan Perón declarando que no fue un delito de "lesa humanidad", como solicitaba que se declare un planteo presentado.


Perón

renuncia


El Ataque.

En horas de la mañana del 16 de junio el vicealmirante Gargiulo arengó a sus hombres del Batallón de Infantería de Marina 4, quienes no estaban al corriente de la acción que se les pediría emprender, para que actuaran por la Patria y por su comandante, enviando luego a la tropa para que tomara la Casa Rosada.

A los pocos minutos se les ordenó regresar: el despegue de los rebeldes de Punta Indio (estipulado para las 8 de la mañana) se había retrasado hasta las 10.45 por la niebla matinal, y el plan requería la coordinación con el ataque aéreo. La Flota de Mar tampoco pudo salir de Puerto Belgrano por falta de coordinación y por supuestos problemas técnicos en las calderas de sus buques.

Para el mediodía Perón fue notificado de estos extraños movimientos por el Ministro de Guerra, general Franklin Lucero, en el Ministerio de Guerra. Mientras se desarrollaba esta junta se produjo el ataque aéreo y el presidente se refugió en el Ministerio de Guerra y "se dispuso a sofocar la rebelión".


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El Bombardeo.

A las 12.40, la escuadra de treinta y cuatro aviones de la Marina de Guerra argentina que había estado sobrevolando la ciudad desde hacia bastante tiempo (22 North American AT-6, 5 Beechcraft AT-11, 3 hidroaviones de patrulla y rescate Catalina), iniciaron sus bombardeos y ametrallamientos al área de la Plaza de Mayo.

La sorpresa del ataque hizo que el mismo cayera sobre la población, que realizaba sus actividades normales debido a que era un día hábil. Entre las primeras víctimas se contaron los ocupantes de los vehículos de transporte público de pasajeros. Un trolebús repleto recibió una bomba de lleno, muriendo todos sus ocupantes.

Este ataque a la población civil de su propio país fue el bautismo de fuego de la Aviación Naval Argentina (hubo un segundo bautismo el 1 de mayo de 1982, en la guerra de las Malvinas). Y también fue el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, que los repelieron. Se arrojaron 9500 kg de bombas, causando la muerte a 308 personas y heridas a más de 800.22 1 Como los confabulados no consiguieron bombas de alto poder explosivo emplearon contra la ciudad abierta bombas de fragmentación de 50 kg de trotil,23 provocando rápidamente cientos de víctimas y daños materiales.

Fue el cuarto bombardeo sobre Buenos Aires; el primero en ocasión de las invasiones Inglesas de 1806 y 1807, el segundo en ocasión del Combate de Los Pozos (1826) y el tercero cuando se produjo la Revolución del Parque (1890).

Las evacuaciones médicas se iniciaron de inmediato, algunas incluso entre los bombardeos aéreos y fueron realizadas por los habitantes que se encontraban en las inmediaciones. Esto provocó que algunos más cayeran heridos o muertos.




1955


Combates en la urbe

Desde el interior de la Casa de Gobierno y el Ministerio de Guerra comenzó a organizarse la resistencia armada. Las tropas rebeldes del Batallón 4 fueron transportadas presurosamente en camiones a primeras horas de la tarde y desplegadas en Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, pero fueron repelidos desde el interior por efectivos del Regimiento de Granaderos a Caballo y desde el exterior por tropas del Ejército que marchaban desde el sector del Ministerio de Hacienda bajo el mando del general Lucero. Las tropas leales fueron acompañadas por simpatizantes peronistas que empuñaron las armas.

Si bien Perón no deseaba que en la lucha se incluyeran civiles, estos fueron convocados por el Secretario General de la CGT Hugo Di Pietro, y por los dirigentes de la Alianza Libertadora Nacionalista. Los hombres se concentraron pronto en el sector noroeste de la plaza, y desde el Ministerio de Guerra también se hacía fuego contra los rebeldes.

El Batallón 4 se replegó en desorden hasta el Ministerio de Marina (a poca distancia de la Casa de Gobierno) combatiendo por las calles, quedando los rebeldes allí cercados junto con su líder Samuel Toranzo Calderón y el Ministro de Marina Aníbal Olivieri, plegado éste último al golpe por un acto de «identificación moral» con los rebeldes.

Los comandos civiles rebeldes entraron en acción bajo el mando de Zavala Ortíz, hostigando a los leales y enfrentándose con la policía. Durante la tarde, desde el sector del Correo Central, tropas adicionales del Batallón 4 de infantería de Marina intentaron perforar el cerco establecido por los leales sobre el Ministerio de Marina.

Después de la primera hora de bombardeo los gremios empezaron a convocar a los obreros para organizar una Marcha de Resistencia a la Plaza de Mayo en defensa de Perón. Una bomba cayó sobre la convocatoria a las 13.30 y mató a Armando Fernández, de la Asociación de Trabajadores Jaboneros, Perfumistas y afines. Su cuerpo entró en la morgue de La Matanza horas más tarde.


fusiladora


La lucha en el aire

Mientras se acentuaban los tiroteos en el centro porteño, el mando leal ordenó a la Base Aérea Militar de la Fuerza Aérea en Morón el despegue de interceptores a reacción. Los pilotos se encontraban entonces en acaloradas discusiones sobre si debían adherirse o no al movimiento revolucionario. Rápidamente se hizo al aire una escuadrilla de cuatro Gloster Meteor leales al gobierno. Si bien no pudieron llegar a tiempo para impedir el bombardeo, lograron interceptar una escuadrilla naval rebelde que se retiraba de la zona.

La escuadrilla de interceptores Meteor Leales estaba al mando del 1er. Tte. Juan García (volando el Meteor I-039), 1er. Tte. Mario Olezza (I-077), 1er. Tte. Osvaldo Rosito (I-090) y el Tte. Ernesto Adradas (I-063), frente a las máquinas rebeldes AT-6 Texan, pilotadas por el Tte. de Corbeta Máximo Rivero Kelly (en el Texan 0342/3-A-29) y el guardamarina Armando Román (0352/3-A-23).

El combate se produce a baja altura sobre el Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery y el Río de la Plata, cayendo el Texan del rebelde Román bajo los cañones de Adradas. Román pudo saltar en paracaídas cayendo al río y Adradas logró el primer derribo de la FAA y el primer derribo de un reactor en el continente americano.

Fue el verdadero primer bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, que volvería a actuar contra guerrilleros en Tucumán, en 1975, y en el Atlántico Sur, en 1982, contra las fuerzas británicas durante la Guerra de las Malvinas.




La Base Aérea de Morón caería entonces por poco tiempo en manos rebeldes, con lo que estos pudieron hacerse con 4 Meteors. Los hicieron despegar para continuar ametrallando la zona de Plaza de Mayo en apoyo a los rebeldes emplazados en la zona del Ministerio de Marina, extendiendo sus acciones hasta las 17.20.

Al no contar con bombas uno de estos aviadores empleó su tanque de combustible como si fuese una bomba de napalm, que cayó sobre los automóviles que se encontraban en el estacionamiento de la Casa de Gobierno.


lonardi


Retirada y rendición

Ante el fracaso del combate en tierra y tras sufrir dos derribos por las baterías antiaéreas montadas en la zona, los aviadores rebeldes reciben la orden de huir al territorio uruguayo, pidiendo asilo. Miguel Ángel Zavala Ortiz logró llegar en avión a Uruguay junto con otros 50 conspiradores.

Algunos aparatos no llegaron a aterrizar en el territorio uruguayo por el excesivo consumo de combustible invertido en los ametrallamientos por lo que sus pilotos debieron descender forzosamente al Río de la Plata o en campos de la zona de Carmelo (Uruguay).

Treinta aviones rebeldes se dirigieron al aeropuerto de Carrasco, Uruguay, para buscar refugio en el vecino país. Iba con ellos Zavala Ortiz, y "en el camino bombardearon todo lo que se movía en la Plaza de Mayo".

Hasta que la autodenominada Revolución Libertadora derrocara al segundo periodo del gobierno del general Perón los sediciosos fugados siguieron exiliados en territorio oriental.

Tras el duro combate terrestre, que incluyó un incidente de falsa rendición por parte de los rebeldes, éstos decidieron entregar el Ministerio de Marina a las unidades del Ejército. Gargiulo se suicidó en horas de la noche.

En un mensaje radial emitido a las 17.15, el General Perón afirmó que "la situación está totalmente dominada. El Ministerio de Marina, donde estaba el comando revolucionario, se ha entregado y está ocupado, y los culpables, detenidos", e instó a la población: "nosotros, como pueblo civilizado, no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión, sino por la reflexión".


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Consecuencias.

La noche del 16 de junio, como represalia al bombardeo, simpatizantes peronistas en el conocimiento de la estrecha relación entre los sediciosos que provocaron el levantamiento y la cúpula eclesiástica, incendiaron la Curia Metropolitana, las catedrales de Santo Domingo y San Francisco, junto con otras ocho iglesias, sin que los policías y bomberos presentes hicieran nada por impedirlo.

Según el informe entregado al gobierno, preparado por los servicios de informaciones, esa noche hubo tres grupos organizados de personas que partiendo del Ministerio de Salud Pública, del Servicio de Informaciones y del local del Partido Peronista se dirigieron separadamente a las iglesias atacadas.

Este último grupo, integrado por unas 65 personas, fue el que inició el ataque a la Curia y la Catedral y habría estado bajo la responsabilidad del vicepresidente Tessaire. El grupo que salió del Ministerio de Salud Pública atacó las iglesias de Santo Domingo, San Ignacio, San Francisco y La Merced y el proveniente del Servicio de Informaciones se dirigió a San Nicolás y el Socorro.

Si bien se decretó estado de sitio Perón intentó una política de reconciliación con los sectores opositores, abandonando su política de confrontación e intentando calmar mediante llamamientos por radio a la clase trabajadora.

El bombardeo es uno de los antecedentes directos del levantamiento cívico-militar que se produciría tres meses después, logrando deponer el 16 de septiembre al Presidente Perón e instaurándose la autodenominada Revolución Libertadora.

Si bien los cabecillas de la intentona temieron recibir la pena de muerte por «traición a la Patria», la pena más dura fue impuesta contra Toranzo Calderón (condenado a cadena perpetua). Los militares que se asilaron en Uruguay fueron dados de baja por el cargo de rebelión. Pero tras la «Revolución Libertadora» fueron reintegrados por los nuevos mandos.




El Batallón de Infantería de Marina 4 fue disuelto y la Marina de Guerra fue despojada de su poder de fuego (se les quitaron las municiones para sus cañones navales de grueso calibre) y militares involucrados o simpatizantes solicitaron la baja al jefe de la fuerza. El resto de los culpables no fueron juzgados.



Claras huellas de los impactos de bala producto de las acciones de los sediciosos se aprecian aún hoy en el revestimiento de granito de la fachada del Ministerio de Economía de la Nación, en el lado sur de la Plaza de Mayo.




Mientras el vuelo continuo de 28 bombarderos arrojaban casi 100 bombas en menos de tres horas de ataque. Estos aviones no sólo atacaron la Casa de Gobierno, sino que también lo hicieron con la CGT, el Ministerio de Guerra, el Departamento de policía, el ex Palacio Unzué, de Agüero y Libertador, hoy Biblioteca Nacional, y todas las calles de los alrededores (tratemos de imaginarnos si esto ocurriera hoy).

En esos aviones de la Marina, no sólo iban pilotos de esa fuerza. El Dr. Miguel Ángel Zavala Ortiz, quien después fuera Canciller de Illia, iba en uno de ellos.

Fue piloto de la partida criminal el capitán Osvaldo Cacciatore quien años más tarde se desempeñaría como Intendente de Buenos Aires en el gobierno de la dictadura militar.

Pero es de resaltar que La Convención de Ginebra condena expresamente los bombardeos aéreos sobre una ciudad abierta como Buenos Aires para el caso de guerras entre naciones, sin embargo no obstante lo que establece el tratado debemos decir que estos asesinos tuvieron una conducta doblemente reprochable: porque bombardearon a miles de inocentes y además intentaron derrocar a un gobierno elegido democráticamente por el casi 70% de la población.

Del resultado de semejante masacre no hay números de victimas confiables, pero lo más cercano a la realidad fueron 350 muertos y más de 1000 heridos, todos inocentes trabajadores. Y todo esto pasó un día cualquiera sin que nada anticipara semejante barbarie.


1955


INFORME SOBRE LAS VÍCTIMAS DEL BOMBARDEO DE 1955.

La Plaza de Mayo tuvo 308 muertos, segun un informe oficial.


El Gobierno presentó los resultados de la investigación sobre el atentado contra el entonces presidente Juan Perón. Ubicó a Massera, Cacciatore y Suárez Mason como los responsables de la acción militar. La causa judicial sigue abierta.

por Martina Noailles. 17.06.2009

Tras cincuenta y cuatro años de silencio oficial, el Estado le puso número y nombre a los muertos del 16 de junio de 1955. Según pudo reconstruir una comisión creada por la Secretaría de Derechos Humanos, 308 personas fueron asesinadas bajo las bombas del frustrado golpe cívico militar contra el gobierno de Juan Perón. La investigación también puso el ojo sobre los culpables de aquella masacre que, aunque la Justicia ya la consideró delito de lesa humanidad, continúa impune. El juez Ariel Lijo está a cargo del caso.

En un sangriento anticipo de la dictadura de 1976, Eduardo Massera, Carlos Suárez Mason y Osvaldo Cacciatore conforman la extensa lista de militares responsables de la maniobra golpista.

Hace dos años, el Archivo Nacional de la Memoria decidió llenar de información un agujero negro de la historia argentina. Si bien la fecha quedó registrada en la memoria como el prólogo de un derrocamiento que finalmente se concretó tres meses después, la cantidad de hombres, mujeres y niños asesinados por toneladas de explosivos siempre fue una incógnita.

En realidad, se trató de “una decisión política aunque equivocada”, como la definió el secretario Eduardo Luis Duhalde. Después de leer extractos del informe preliminar, el funcionario consideró que en pos de “no exacerbar los ánimos, el gobierno peronista no dio el número oficial de muertos y heridos, lo que le terminó quitando dimensión al genocidio perpetrado”.

Los datos que conforman el rompecabezas de la investigación fueron tomados de registros de cementerios y hospitales, actas de defunción, relevamiento de fuentes documentales, archivos periodísticos y entrevistas. También, de las búsquedas que en todos estos años hicieron las propias víctimas y familiares como Daniela Marino, nieta de uno de los asesinados.

“Mi abuelo trabajaba en la Aduana y como ese día dieron asueto, estaba yendo a tomarse el subte para volver a casa. Una bomba lo mató en la entrada”, relata la joven que decidió continuar con la investigación que inició su papá y que llegó a la Justicia cuando solicitó, sin éxito, formar parte de las reparaciones del Estado a las víctimas de la última dictadura.

En la conferencia de prensa en la que se dio a conocer el informe, Duhalde leyó uno a uno los nombres de los 308 muertos. Sentado en primera fila, Francisco Robledo escuchó en silencio. Minutos después, cuando le dieron el micrófono, este granadero que aquel mediodía defendió como conscripto la Casa de Gobierno, dejó una reflexión: “Después del bombardeo los pilotos se fugaron a Uruguay.

Los aviones tenían que entrar a aquel país vacíos de municiones. En lugar de tirar sus explosivos sobre el Río de la Plata, regresaron a Plaza de Mayo y volvieron a tirar sus bombas sobre la gente”
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El bombardeo del 16 de junio de 1955 regó la ciudad con más de diez toneladas de explosivos, la mitad de lo que utilizó la aviación alemana en el ataque a Guernica durante la Guerra Civil Española. El intento de golpe fue coordinado por oficiales y suboficiales de la Armada con el apoyo de un sector de la Aeronáutica. Su objetivo era matar a Perón. Los muertos fueron 308.


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Los militares y civiles detrás de la masacre.

La investigación sobre el bombardeo del 16 de junio de 1955 no sólo echa luz sobre las víctimas. También hace hincapié en los militares y civiles que estuvieron detrás de la masacre. Muchos de ellos fueron partícipes de las distintas dictaduras que gobernaron el país años después.

El informe subraya algunos ejemplos del continuismo golpista: “Los tres ayudantes del contraalmirante Aníbal Olivieri –uno de los jefes de la conspiración– eran los capitanes de fragata Eduardo Massera, Horacio Mayorga y Oscar Montes. El primero fue miembro de la junta militar de 1976; el segundo estuvo involucrado en la Masacre de Trelew y en la última dictadura, de la que Montes fue canciller”.

Los aviones que escaparon a Uruguay fueron recibidos, según la investigación, por el capitán Carlos Guillermo Suárez Mason, luego comandante del Primer Cuerpo de Ejército. Entre los pilotos también se repiten los nombres: Osvaldo Cacciatore (intendente porteño en la dictadura), Jorge Mones Ruiz (ex delegado de la SIDE en La Rioja) y Horacio Estrada (luego jefe de grupo de tareas de la ESMA).


derrocamiento


A 57 años del mayor atentado terrorista de la historia argentina.


16 de junio de 1955

6:00 AM En la base aeronaval de Punta de Indio los militares sediciosos ya estaban preparados para iniciar el bombardeo sobre la Casa Rosada con el objeto de asesinar al General Perón.

9:00 AM Despegan y las condiciones meteorológicas obligan a los aviones a cruzar hasta el Uruguay. Sobrevuelan la ciudad de Colonia durante varias horas a la espera de que mejoraran las condiciones del tiempo.

12:40 PM El capitán de fragata Néstor Noriega da la orden de bombardear. La primera bomba la tira él. Cae sobre la plaza. En ese mismo instante, un trabajador de la Aduana, Juan Carlos Marino, que viajaba todos los días desde Morón a Buenos Aires, asomaba en la salida del subte que da sobre la plaza. Es alcanzado por una esquirla y es el primer trabajador en caer asesinado.

3:00 PM Segundo bombardeo.

La aviación naval contaba con seis aparatos Beechcraft armados con una bomba de cien kilogramos cada uno.

Detrás de estos aviones una formación de North American, al mando del capitán de corbeta Santiago Sabarots, integrada por catorce aparatos con cuatro bombas de cincuenta kilos, hicieron la segunda pasada. También actuaron algunos aviones a reacción de la Fuerza Aérea.

Los sediciosos, en la madrugada, habían ocupado el aeropuerto de Ezeiza para reabastecerse de combustible y armamento, donde se suman tres aviones Catalinas que habían despegado de la base Comandante Espora, aunque según varios investigadores dos de los pilotos de estos aparatos se negaron a bombardear. En ese segundo raid participan los Gloster Meteors de la Aeronáutica.

El oficial De la Vega, que toma la base aérea de Morón, es el jefe de los aviadores que aportan los Gloster, los aviones a reacción más poderosos que tenía la Argentina. Éste sería el verdadero bautismo de fuego de la Fuerza Aérea, y no en Malvinas como pretende la historia oficial.



Unos trescientos hombres de la Infantería de Marina, al mando del capitán de fragata Juan Carlos Argerich, avanzaron desde el Ministerio de Marina (donde hoy funciona la sede de la Prefectura) hacia la Casa Rosada.

La heroica resistencia de los granaderos pronto los puso en retirada. Hay un dato para subrayar: los infantes de Marina contaban con armamento moderno de origen belga, que había ingresado en el “Bahía Tetis”, en el por entonces buque escuela de la Armada, y que secretamente fue desembarcado en el apostadero de Río Santiago, lugar donde funciona la escuela de oficiales de la Marina y que en ese entonces dirigía Isaac Rojas.

Cayeron en el enfrentamiento quince granaderos que con sus viejos fusiles Máuser de un tiro repelieron el ataque. Recién al cumplirse cincuenta años de estos hechos el Ejército, a través de su jefe, el general Bendini, los recordó y les hizo un homenaje.

Los terroristas tenían entre 22 y 23 años. Se sentían una suerte de cruzados. Sobre el fuselaje de sus aeronaves habían inscripto la insignia Cristo vence, con una “V” y en el centro de ella una cruz, un signo que luego el peronismo transformará para hacerlo propio, con la “V” y la “P” de Perón para significar su retorno, la lucha, la resistencia peronista. Un símbolo de varias generaciones.

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Matar a Perón e instalar un gobierno cívico militar era el objetivo. Además del Ejército, la Marina y la Aeronáutica, muchos civiles participaron de la masacre.

Días antes, el 11 de junio en la procesión del Corpus Christi, la oposición, a través de la cúpula de la iglesia católica moviliza unas cien mil personas. No sólo católicos sino también radicales unionistas, socialistas, el partido comunista e incluso muchos ateos confesos. La marcha termina en el Congreso, donde se quema una bandera argentina para apagar una de las lámparas votivas del parlamento. Fue el germen.

Aquel 16 de junio los denominados "Comandos Civiles" rodearon la Plaza de Mayo al mando de Mario Amadeo.

Políticos como el unionista Zavala Ortiz, funcionario años después de Artuto Illia, el conservador Adolfo Bichi y el socialista Américo Ghioldi, embajador del Proceso en Lisboa y que ya había participado en el alzamiento del año ´52 contra Perón se preparaban para formar parte del nuevo gobierno.

El apoyo universitario estuvo a cargo de Alvaro Morales. Se destacaba en la célula de los Comandos en la Facultad de Derecho un estudiante: Mariano Grondona.

El apoyo logístico en Uruguay contaba con la presencia, además de Ghioldi, de Carlos Suarez Mason recibiendo a los terroristas que se exiliaban. Uno de ellos: Osvaldo Cacciatore.

Los pilotos que participaron en el bombardeo eran: el capitán de fragata Noriega, los capitanes de corbeta De la Canal, Pérez y Gambier, el teniente de navío Massera, los tenientes de corbeta Richmond, Kelly, Moya y Gentile, los tenientes de navío Garavaglia, Sanguinetti, Kiernan y Orsi, los tenientes de fragata García, Mac Dougall y Miranda, los guardiamarinas Pedroni, Grondona, Reindl y Larrosa y el suboficial Aguilar.

De la Fuerza Aérea participaron los tenientes primeros Martin y Carus y el teniente Soto.

Es Carlos Enrique Carus el que luego de la rendición de los sediciosos y con unos treinta mil trabajadores autoconvocados en defensa del gobierno del General, arroja los tanques suplementarios de combustible, lo que explica los cadáveres carbonizados como si se hubieran arrojado bombas de Napalm.



Se lograron identificar fehacientemente, con nombre, apellido y número de documento unos 350 muertos y 700 heridos. Se presume que ambas cifras son mayores.

A ellos: mi emocionado homenaje.


Fuente 2.


El golpe del 16 de septiembre de 1955

ó La "Revolución Libertadora".




Tropas leales al gobierno constitucional resisten el golpe de Estado en la localidad bonaerense de Ensenada.

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Grupos civiles festejando el triunfo del golpe de Estado.


Civiles armados celebran en la ciudad de Córdoba el derrocamiento de Perón.

El 16 de septiembre de 1955 estalló en Córdoba la insurrección cívico-militar que daría inicio a la Revolución Libertadora. Los rebeldes contaron con el apoyo de los llamados comandos civiles revolucionarios, que combatieron contra las tropas leales al presidente Perón en Alta Córdoba, y mantuvieron escaramuzas en distintos puntos del país, ocupando edificios públicos y constituyeron un factor de enlace permanente con los militares sublevados.

Hubo fuertes enfrentamientos entre la Escuela de Artillería, su aliada, la Escuela de Tropas Aerotransportadas y la vecina Escuela de Infantería, leal al gobierno, en las afueras de Córdoba y se combatió en el centro de aquella ciudad, sobre todo frente al histórico Cabildo; en la Escuela Naval Militar (Argentina) y en la Base Naval de Río Santiago, ambas atacadas por la Fuerza Aérea leal y en el Río de la Plata, donde la Escuadra de Río sufrió serios daños.

También se produjeron choques en Curuzú Cuatiá (provincia de Corrientes), en Cuyo y Entre Ríos. Hubo duros enfrentamientos entre fuerzas del Ejército y la Aviación Naval en la zona de Sierra de la Ventana y Tornquist y combates de consideración en Bahía Blanca y la provincia de Río Negro donde un convoy fue atacado por aviones navales.

El almirante Rojas al mando del grueso de la Flota de Mar advirtió a Perón de que "de no promoverse su salida del gobierno, la Flota de Mar bombardearía las instalaciones petroleras de YPF en Mar del Plata, Argentina".

Es así que en la alborada del lunes 19 los buques se situaron frente a la costa de Mar del Plata, la que había sido evacuada en la zona adyacente a los depósitos de combustible ante las advertencias de un inmediato bombardeo y procedieron a destruirlos con dos cañonazos, sin producir víctimas según una versión u ocasionando una cantidad no determinada de muertos y heridos según otra versión, y desembarcaron tropas y ocuparon la Escuela de artillería antiáerea de Mar del Plata y la ciudad misma sin encontrar resistencia.

Prosiguen viaje hacia Buenos Aires y por Radio Pacheco advierten a la población civil que debe evacuar la zona adyacente al dock de Berisso porque se produciría el bombardeo de la Destilería de La Plata. Unidades rebeldes de la Fuerza Aérea atacaron aeródromos y bases leales en diferentes puntos de las provincias de Córdoba y Buenos Aires.

Perón hace caso omiso de varios de sus colaboradores que le aconsejaron "Llevar a la zona de los hechos a los familiares de los revolucionarios para hostigarlos a deponer su actitud".




Los enfrentamientos se extendieron del 16 al 21 de septiembre y finalizaron cuando en la madrugada de ese día tanques del Ejército cañonearon y demolieron la sede de Alianza Libertadora Nacionalista en el centro de Buenos Aires, sin causar muertos y hubo 54 detenidos.

Ese día a las 6:00 am cayeron las últimas bombas rebeldes en las pistas de Las Higueras (Córdoba) todavía en manos de fuerzas que respondían al gobierno.

El golpe militar de septiembre de 1955 constituyó el bautismo de fuego de la Aviación Naval (nada tenía que ver con la Fuerza Aérea, ya que era un comando de la Marina de Guerra y por lo tanto dependía de ésta).

Desde un punto de vista formal, los momentos en que Perón cesó en el cargo de presidente y en el que asumieron las nueva autoridades son confusos. El 19 de septiembre al mediodía, Perón escribió una confusa carta dirigida al general Franklin Lucero, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y leal al gobierno constitucional. En la carta Perón da a entender su renuncia:


Hace algunos días... decidí ceder el poder...Ahora mi decisión es irrevocable... Decisiones análogas del vicepresidente y de los diputados... El Poder del Gobierno pasa por ello automáticamente a las manos del Ejército.

Juan D. Perón. Carta al general Franklin Lucero.


La carta fue asumida por Lucero como una renuncia, tras lo cual procedió a formar una junta militar integrada entre otros por los generales José Domingo Molina, Raúl D. Tanco, Juan José Valle, Angel J. Manni, Emilio Forcher y Oscar A. Uriondo, que declaró haber asumido el Poder Ejecutivo.

Esta junta militar peronista fue también un gobierno de facto inconstitucional, pero técnicamente no realizó un golpe de estado porque fue el titular del poder ejecutivo quien activamente eligió entregarle el poder. Luego, el general Lucero leyó la carta de Perón, por la cadena de radio y televisión.

Esa misma noche Perón se reunió con la junta militar para informarle que él no había renunciado; la junta sin embargo no fue disuelta.

El 20 de septiembre por la mañana, Perón pidió asilo en la embajada de Paraguay y una vez que le fue concedido subió a bordo del buque paraguayo "Paraguay", una cañonera militar.

Ese mismo día, una vez asilado Perón, Lonardi emitió un bando con el nombre de "Decreto Nº 1" por el que se nombra a sí mismo como "presidente provisional de la Nación", solicita el reconocimiento de los otros países y establece la sede provisoria del gobierno en la Ciudad de Córdoba.

El 22 de septiembre Uruguay reconoció a Lonardi como presidente de Argentina, en tanto que éste disolvió el Congreso Nacional y nombró interventores en varias provincias.

El 23 de septiembre el general Lonardi y el almirante Rojas llegaron a Buenos Aires. Ese mismo día el primero prestó juramento asumiendo el título de "Presidente Provisional", y al día siguiente designó al almirante Isaac Rojas con el título de "Vicepresidente Provisional".

La portada del diario Clarín de ese día convocaba a la población a hacerse presente en la Plaza de Mayo con el siguiente titular: "Cita de honor con la libertad. También para la República la noche ha quedado atrás".

La asunción de Lonardi fue acompañada por una gran multitud reunida "espontáneamente" en la Plaza de Mayo.



Algunas consignas de los manifestantes fueron: "Argentinos sí, nazis no"; "San Martín sí, Rosas no", "YPF sí, California no", "No venimos por decreto, ni nos pagan el boleto".

El 25 de septiembre reconocieron al gobierno militar los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, éste último luego de prestar importante apoyo a los insurrectos.



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derrocamiento

Gobierno de Eduardo Lonardi



El general Eduardo Lonardi gobernó solo 52 días, hasta ser derrocado por el sector liberal de los golpistas. Además padecía un cáncer cuyos síntomas ya eran notables al comienzo de la insurrección y que finalizaría con su vida en marzo del año siguiente.

Representaba una fracción de las fuerzas armadas, de orientacíón nacionalista católica, que tenía como objetivo derrocar a Perón y excluirlo de la vida nacional, así como impedir que el peronismo volviera al poder -al menos en lo inmediato-, pero sin recurrir a una represión masiva, ni derogar la Constitución de 1949 y las leyes sociales y laborales que caracterizaron al gobierno peronista.

El lema político que expresaba esa intención fue la consigna pronunciada al asumir el poder, «ni vencedores ni vencidos», tomada de Justo José de Urquiza, que se convirtió en una de las frases políticas más famosas de la historia argentina.

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Luchas internas y golpe palaciego


A poco de asumir el general Lonardi, se manifestaron las diferencias entre las dos alas del gobierno militar:

el ala nacionalista católica, liderada por el propio general Eduardo Lonardi, más proclive a negociar con el peronismo y preservar la mayor parte de las conquistas sociales y laborales realizadas durante los gobiernos de Perón.

el ala liberal, liderada por el vicepresidente almirante Isaac Rojas, sostenía un antiperonismo radical, pretendía erradicar totalmente al peronismo de la vida política y sindical argentina, derogar las medidas sociales y laborales establecidas durante el gobierno peronista, y establecer una política económica dirigida por los economistas más conservadores.

En este primer período de la Revolución Libertadora, el peronismo intentó maniobrar aprovechando las diferencias entre ambas corrientes militares, para obtener ventajas y ganar tiempo para reorganizarse alrededor del movimiento sindical. Por esa razón ese momento fue conocido como la 'entente cordiale'.


El ala liberal volvió a tomar la iniciativa el 11 de noviembre, al formarse una Junta Consultiva Nacional del gobierno militar (creada por decreto del 28 de octubre), presidida por el almirante Rojas e integrada por políticos destacados designados por la mayor parte de los partidos antiperonistas.

La Junta estuvo integrada por cuatro miembros de la Unión Cívica Radical (Oscar Alende, Juan Gauna, Oscar López Serrot y Miguel Ángel Zavala Ortiz), cuatro del Partido Socialista (Alicia Moreau de Justo, Américo Ghioldi, Ramón Muñiz y Nicolás Repetto), cuatro por el Partido Demócrata Nacional (José Aguirre Cámara, Rodolfo Coromina Segura, Adolfo Mugica y Reinaldo Pastor), cuatro por el Partido Demócrata Progresista (Juan José Díaz Arana, Julio Argentino Noble, Horacio Thedy y Luciano Molinas), dos por el Partido Demócrata Cristiano (Manuel Ordóñez y Rodolfo Martínez) y dos por la nacionalista Unión Federal (Enrique Arrioti y Horacio Storni).

Asimilándola a un poder legislativo, el gobierno militar decidió que la Junta Consultiva se reuniría en el edificio del Congreso Nacional, y haciendo una interpretación extensiva de la Constitución Nacional (art. 50).23 en la que el Vicepresidente de la Nación es Presidente del Senado, consideró que debía ser presidida por el almirante Rojas, en su condición de Vicepresidente de facto. A la primera sesión de la junta concurrieron casi 300 invitados especiales, y se colocó en el salón un cuadro correspondiente a la Asamblea Constituyente de 1853.

La constitución de la Junta Consultiva influyó decisivamente para que predominara en el gobierno militar el sector liberal y una línea antiperonista radical. Poniendo en evidencia el deplazamiento inminente del sector nacionalista católico, ese mismo día Luis Pandra, del Partido Socialista escribió en el diario La Época:

"Vamos a hacer la Revolución Libertadora desde el gobierno, con el gobierno, sin el gobierno o contra el gobierno".



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A 58 años de la caída de Perón, por la 'Revolucion Libert


El 13 de noviembre un golpe palaciego desalojó del poder al general Lonardi, instalando como nuevo presidente de facto a un liberal, el general Pedro Eugenio Aramburu.

Al día siguiente el gobierno militar dio a conocer tres comunicados con la firma de Aramburu informando de los motivos del desplazamiento de Lonardi:

- el primero se limitó a informar del cese de Lonardi;

- el segundo sostiene que Lonardi había sido depuesto debido a la "presencia de grupos que orientaron su política hacia un extremismo totalitario incompatible con las convicciones democráticas de la Revolución Libertadora";

- y el tercero amplía las razones acusando al grupo de Lonardi de "escudarse tras el estandarte de la religión católica".

revolucion

El peronismo estaría proscripto por 18 años en la República Argentina.




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Aquí otros testimonios fílmicos de los bombardeos:

Una parte de "perón sinfonía del sentimiento" de Leonardo Favio:



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La versión Gorila de los bombardeos.


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renuncia


Esperemos que nunca más vuelva a suceder algo así entre hermanos,

enfrentados por pensar diferente, movidos por la intolerancia.


rojas

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