Llegar al espacio es el resultado de años de estudio y preparación para los astronautas. La oportunidad quizás se presenta una sola vez en la vida, y nadie quiere perdérsela. Sin embargo, el viaje que puede llevarlos a lo más alto de su carrera -y a veces a la fama- no resulta tan placentero como se cree en un comienzo. Malestares físicos constantes, irritabilidad, huesos atrofiados, dificultad para llorar y hasta pañales para adultos figuran entre los elementos menos glamorosos del periplo. A continuación, diez cosas extrañas que le suceden a los astronautas cuando viajan al espacio.
Alerta, microbios al ataque
Por más precaución y desinfección que realicen los trabajadores de la NASA, resulta inevitable que pequeños insectos, hongos y microbios se transformen en compañeros inesperados de los astronautas. Estos repentinos acompañantes se convierten una vez en órbita en objetos dignos de un video juego. Sucede que la humedad y las condiciones de presión a las que están sometidas las herméticamente cerradas cabinas los transforman en glóbulos de agua con microbios ocultos que flotan libremente. El tamaño de estas bolas puede alcanzar la de una pelota de baloncesto, un verdadero peligro para las cabezas de los astronautas.
Estallar en llanto
Llorar para los astronautas es todo un desafío. Pueden estar tristes o melancólicos en órbita y podrán disimularlo muy bien. Sucede que por la falta de gravedad, las lágrimas en vez de deslizarse por sobre el rostro se quedan bajo el ojo. Allí forman una especie de burbuja que crece a medida que más lágrimas se generan. En caso de finalmente caer, se va a necesitar más que un pañuelo y un hombro para secarlas. Mejor tener a mano una toalla porque la burbuja puede empapar al triste astronauta.
Limpios ante todo
Sólo basta con imaginar a un grupo de personas viviendo aisladas en una cabina durante varias semanas para deducir que la higiene personal es de extrema importancia. La clásica opción de la ducha no existe en el espacio porque nuevamente la gravedad haría que las gotas comiencen a flotar antes de llegar al cuerpo. Los astronautas deben usar esponjas con jabón para asearse el cabello, similares a las utilizadas en los hospitales. A la hora de lavarse los dientes o afeitarse pueden mantener sus costumbres terrestres, pero extremando recaudos: si un cabello se escapa y comienza flotar puede terminar en el ojo de un colega o en los controles de la aeronave.
Concierto poco feliz
Las flatulencias resultaron ser algo más que un desliz cuando se viaja al espacio. En los inicios de la carrera espacial, los científicos detectaron que no era sólo mal olor el inconveniente, sino que los gases corporales –por usar un eufemismo- contienen importantes cantidades de hidrógeno y metano, ambos gases inflamables. La NASA se tomó muy en serio esta cuestión tras detectar que podía provocar incendios en la cabina de la nave. En parte, el exceso de flatulencias se debía a la comida especial que consumían. En tierra, los expertos debieron analizar los gases para desarrollar alimentos que minimizasen las posibilidades de un embarazoso desliz.
Dormir, una pesadilla
Dormir en el espacio puede parecer placentero cuando uno se imagina que, alejado de la tierra, de los problemas y con una vista única podrá conciliar el sueño. Sin embargo, el panorama es mucho más desalentador para los astronautas. En primer lugar, deben dormir amarrados a sus cuchetas para que la falta de gravedad no los haga flotar durante el sueño. A su vez, algunos lidian en los primeros días con trastornos de sueño producto de la adaptación. Por si fuera poco, deben acostumbrarse a que no existirá el silencio absoluto, sino que tendrán que convivir todo el tiempo con los ruidos de las computadoras. Si buscas tranquilidad para dormir, no vayas al espacio.
Cabezas estalladas
Una vez que entra en órbita, el astronauta comprende que la situación no es normal. Mientras el tripulante pasó meses entrenándose para adaptarse el cerebro, que pareciera funcionar como un ente autónomo en esta situación, no comprende lo que está sucediendo. Nuestra orientación espacial depende de la gravedad. Cuando ella no está –lo que sucede en el espacio-, el cerebro no puede decodificar la situación. Como respuesta, le provoca un terrible malestar. El cocktail de padecimiento puede incluir: nauseas, vómitos incontrolables y alucinaciones. El remedio: nada. Dejar pasar los días hasta que el cuerpo se acostumbre.
Vivir en un microondas
Los astronautas se preparan durante toda su vida profesional para soportar la presión y tensión de cada viaje. Para lo que no pueden prepararse es para las consecuencias físicas sobre su cerebro. Sucede que el mismo espacio puede causar serios problemas para quienes pasan allí un largo período. El problema es la radiación cósmica, es decir, la radiación de fondo del universo, que hace al espacio un horno microondas de muy baja intensidad. La atmósfera de la Tierra nos protege de la radiación cósmica, pero una vez que estás fuera de ella, no hay protección efectiva. Básicamente: mientras está en órbita, el astronauta vive en un microondas.
Atentado a la salud
Si bien representa la experiencia profesional más alta a la que pueden aspirar, viajar al espacio conlleva para los astronautas una batería de problemas para su salud. La atrofia muscular es común, ya que pasan meses en un espacio reducido con poca actividad física. Además, están expuestos a cambios de comportamiento: pueden experimentar euforia, irritabilidad, depresión y fatiga en cortos lapsos de tiempo. A la hora de descansar, no pueden lograrlo sencillamente por la ingravidez, la incomodidad y la pérdida del ciclo día-noche. Como si todo esto fuese poco, también están a expuestos a futuros problemas cardiovasculares.
Pañales espaciales
El traje espacial promedio requiere 45 minutos para colocarse. Es tan complicado ponérselo que para la parte inferior se necesita la ayuda de manijas por su peso. Sólo imaginar el dilema que representa para el astronauta vestirse, lo desalienta a tener que quitarse parte de él para hacer sus necesidades. Atentos a esto, los científicos de la NASA desarrollaron un pantalón-pañal para colocar debajo del traje. La prenda puede acumular hasta dos litros de líquido sin inconvenientes. El traje de astronauta los dota de un aura de importancia, siempre y cuando los espectadores no sepamos que llevan un pañal cual niños debajo.
Chau uñas
Cuando un astronauta intenta tomar algo con su guante puesto debe contrarrestar la presión interna con la mano. El constante roce con el guante -hay que tener en cuenta que muchas veces pueden pasar seis o siete horas con la vestimenta trabajando- puede provocar lesiones graves y, más común, pérdida de las uñas. Por mucho que se reduzca la presión en el traje, aún resulta imposible evitar que muchos astronautas vuelvan a tierra con sus diez uñas intactas.