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Por Su Reptiloide De Confianza
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Fraudes editoriales y malas prácticas
El artículo no es de mi creación, pero es interesante. Abajo están las fuentes, donde en cada artículo hay más fuentes usadas por el autor.
http://javierpellicerescritor.com/2014/03/24/fraudes-editoriales-y-otras-malas-practicas-i/
http://javierpellicerescritor.com/2014/03/24/fraudes-editoriales-y-otras-malas-practicas-i/
El trabajo de escritor se nutre mucho de la ilusión, ese espectro tan volátil que se eleva con el mínimo atisbo de éxito y que en cambio es tan vulnerable al más pequeño de los contratiempos. Todos hemos pasado por ello: del miedo inicial, cuando empiezas a mostrar tus escritos al mundo, a la esperanza cuando ves que los pasos se suceden con buen tino. Pero, como en todos los oficios, existen casas editoriales cuyas prácticas no son precisamente ejemplos de alabanza, e individuos que buscan aprovecharse de esas ilusiones para llenarse los bolsillos.
En la siguiente serie de artículos vamos a hablar de malas prácticas y estafas editoriales, con la intención de que el autor que empieza no caiga en tales redes.
Cien ejemplares en la presentación
Esta es una práctica famosa en el mundillo editorial y literario. La jugada empieza cuando el autor envía su manuscrito a la supuesta editorial, cargado de buena fe. La respuesta suele ser casi instantánea, en todo caso mucho más veloz de lo que es habitual.
Este ya debería ser un punto para hacer sospechar al autor: ¿Qué tipo de valoración profunda es aquella que tarda en realizarse unos pocos días? Pero ellos ponen al novato aspirante un contrato delante, le dicen que su obra es excelente, que les ha enamorado y quieren a toda costa publicarla. Esto abruma y desconcierta. El escritor se lee y relee el contrato condicionado por tanto piropo, y en su comprensible ignorancia, mientras piensa en las mieles prometidas, no ve nada extraño. Acepta y firma, cargado con la ilusión de que alguien apueste por su obra.
Es entonces cuando empieza la pesadilla. Amparándose en que tiene que reducir riesgos, la editorial impone al autor una, cuanto menos, curiosa condición (que normalmente figura en el contrato, por lo que no podemos hablar de delito propiamente dicho): debe vender una primera tirada de cien ejemplares el día de la presentación oficial, cuyos beneficios serán íntegros para la editorial para que pueda sufragar una nueva tirada. Quienes hemos hecho presentaciones sabemos lo difícil que es alcanzar una cifra así (salvo que te llames George Martin, Laura Gallego o Blue Jeans).
Por tanto, lo normal es que el autor no logre vender esos cien ejemplares, por lo que la editorial le «obliga» a hacerse cargo por su cuenta del resto, si quiere que se imprima una nueva tirada (la cual pinta muy bien porque te han prometido que aparecerá en todas las librerías del país). Los escritores noveles, creyendo que esta práctica es habitual, caen en la jugada, encontrándose con un desembolso impresionante que convierte esta publicación en una autoedición encubierta. Peor aún, porque no recibirá un euro de estas cien primeras ventas.
Distribución inexistente
Sigamos con este caso y digamos que la presentación ha ido genial. El autor ha logrado, increíblemente, quitarse de encima esos cien ejemplares, o ha aceptado las premisas de la editorial y cargado con la compra de los que han quedado por vender. El editor, todo ufano, le dirá al autor que va a poner en marcha una tirada de 200 ejemplares inmediatamente, que dará de alta en las grandes superficies y en todas las librerías de España. Y la ilusión volverá a él, dará por bueno todos los sinsabores acontecidos antes.
Hasta que, con retraso o sin él, el libro salga oficialmente a la luz. Cuando compruebe por sí mismo que su novela no está disponible en ninguna librería, o en muy pocas (y seguramente por petición del autor o alguno de sus lectores), y que por supuesto ni está ni se la espera en El Corte Inglés, FNAC o Casa del Libro, le pedirá explicaciones a la editorial.
Esta le asegurará que la demanda ha sido tan grande en librerías pequeñas que han colocado todos los ejemplares y ya no les queda ninguno. O le echará la culpa a la distribuidora. O cualquier cosa menos reconocer la verdad: que no han imprimido los ejemplares que en principio habían asegurado. O que, de hacerlo, ni siquiera los han movido de su almacén. En los siguientes artículos veremos por qué.
En el próximo artículo seguiremos hablando sobre este tipo de prácticas, que llevan a estrategias tan mezquinas como esconder las cuentas o tricuñuelas todavía más truculentas, como auténticas estafas que han sido condenadas en sede judicial.
Escondiendo las cuentas
A estas alturas, tras la jugada de la presentación y comprobar la pésima distribución de su libro, el autor empezará a plantearse romper el contrato con la editorial.
Pero un último atisbo de confianza le hará esperar a que lleguen los pagos, porque con toda lógica piensa que ninguna editorial sería tan estúpida para imprimir 200 ejemplares y tenerlos muertos de risa en sus almacenes, sin vender.
Ahora bien, vencido el plazo, cuando toca realizar el pago al autor (su 10% de las ventas), pueden pasar varias cosas: una editorial seria remitiría al autor un informe de ventas pormenorizado, donde los ejemplares vendidos queden bien especificados, avalado además por la distribuidora. Pero si la editorial es de las que hay que huir, probablemente ni se ponga en contacto para enviar nada.
Y cuando el autor, mosqueado por la falta de noticias, le exija estos documentos, pondrá excusas como «eso es algo que tienes que hablarlo con la distribuidora» (con quien el autor no ha firmado nada), o «estamos en números rojos».
Lo más probable es que al final le manden un e-mail con un solitario archivo en PDF tan escueto que dé pena, y cuyas cifras serán tan exigüas que de inmediato el autor sospechará que hay gato encerrado. Una cifra tan reducida que no cuadrará con los lectores que le han asegurado que han comprado el libro o de los datos que sí conoce porque ha hablado con esos pocos libreros a los que les ha llegado el libro.
Sorpresas a posteriori
Y así, al fin, el autor se harta de todo y decide rescindir el contrato. Pero que nadie crea que esto no entraba en los planes de la mal llamada editorial, porque lo tenían en mente desde el primer momento y se han guardado algún que otro as bajo la manga. El autor respira tranquilo, la pesadilla ha finalizado y al fin puede empezar a buscar una nueva editorial, seria y profesional (si no ha perdido la ilusión de ser escritor, porque muchos lo hacen y tiran la toalla).
Ingenuidad que se irá al traste cuando descubra dónde habían ido a parar esos ejemplares que nunca llegaron a las librerías: empezará a verlos por doquier. Más allá de la inmoralidad de no mover los libros cuando debían hacerlo, la venta posterior no tiene nada de ilegal si así quedó establecido en el contrato con unas condiciones claras.
Sirva como ejemplo la cláusula de uno de mis contratos editoriales: “Después de la cancelación de este contrato, el editor podrá vender copias residuales de la obra (copias impresas antes de la fecha de expiración del contrato) durante 6 meses y pagará al autor los royalties que corresponda”.
Pero, por supuesto, esta pseudoeditorial no ingresará ni un céntimo al autor, ni tendrá en cuenta ese plazo de tiempo (como podéis ver en uno de los ejemplos que dejo en los enlaces), con lo que en la práctica se puede considerar que está pirateando el libro del autor. Beneficio absoluto para el “editor” espabilado. El negocio perfecto.
La ilusión de los padres
Este es un caso real ocurrido en 2011 y que fue llevado a los tribunales. El método era tan sencillo como miserable: una supuesta editorial se ponía en contacto con diversos colegios de localidades españolas con la intención de crear un libro de cuentos escritos por niños. Los centros, encantados con lo que parece una iniciativa interesante para fomentar el uso de la lengua, ni siquiera se detienen a pensar y exigir la acreditación de la supuesta editorial (que debe estar registrada como tal).
¿Quién iba a sospechar de un proyecto tan cándido? Los padres no, por supuesto, quienes una vez seleccionado el cuento de su hijo se llenan de un comprensible orgullo ante la posibilidad de tener en sus manos un libro donde su vástago participe con un texto. Y entonces es cuando sale a la luz la jugada maestra del “editor”: le ofrece a los padres comprar uno o varios ejemplares del libro (por supuesto, antes de que sea publicado).
Estos, todavía sin sospechar nada, aceptan encantados y pagan. 13 euros por el libro donde el nombre de su hijo esté encabezando su cuento es una ganga. Algunos incluso pagan varios ejemplares para los abuelos, los tíos, etc… ¡Qué bien lucirán en las estanterías! ¡Qué gozada enseñarlo a cada visita que entre en casa!
El problema viene después. La editorial, una vez embolsados los 13 euros de cada padre, deja de dar señales de vida. Se desvanece, y el libro no llega nunca.
Me alegra poder decir que el responsable de semejante timo fue detenido y juzgado, después de embolsarse más de 160.000 euros. Nueve mil personas fueron afectadas.
En el siguiente artículo finalizaremos esta serie dedicada a este tipo de abusos hablando de concursos gancho y antologías trampa.
El ingenio siempre ha sido aliado del hombre, especialmente cuando se trata de sacar un beneficio propio. Pero cuando se combina con la malicia, surgen situaciones aberrantes que, en este caso, son responsables de la mala fama que tienen las editoriales en general. En este artículo concluiremos con el muestrario de malas estrategias que realizan unos pocos de estos sinvergüenzas que no merecen formar parte de este gremio.
Concursos gancho
Puede ser literario, fotográfico, etc.
Curiosamente, la última estafa mencionada en el artículo anterior se repite suavizada (para que no se considere delito) y adaptada a otros escenarios (insisto, no se puede considerar un timo, pero sí una mala práctica).
Se trata de los concursos gancho, que consisten en la convocatoria de un certamen literario, en ocasiones subvencionado, con el único interés de sacar un libro al mercado con los relatos participantes, sin importar la calidad literaria ni ninguna otra consideración.
Primero se anuncia que el premio para los ganadores será la publicación de dicha antología, pero en la práctica se incluye a todos los participantes, sin selección alguna y sin que tengan derecho a royaltie alguno (o en caso de que sí, la cantidad es tan insignificante que ni la reclaman).
La intención es clara: los autores que no tienen derecho a un ejemplar (porque no son ganadores ni finalistas) se verán inclinados a comprar el libro, por el que de otro modo no habrían tenido interés alguno.
Esto asegura unas ventas mínimas muy jugosas, ya que los concursos suelen tener una gran masa participante. Si, además, se supedita esta inclusión en la antología a un pago por parte del autor para que se incluya su relato, mayor tajada. No se trata, como digo, de un fraude de ley, solo de una jugada sagaz y aprovechada.
Esta modalidad se utiliza sobre todo en concursos de microrrelatos, más provechosa al tener cabida para un mayor número de autores. Son obras que no interesan al público en general, pero sí a sus participantes.
Imaginemos una antología con 200 autores (uno por página), y que cada uno de ellos compre un ejemplar (algunos más, para regalar a los padres, a su pareja, a sus hijos…). Teniendo en cuenta que no hay costes de distribución (porque el libro no se vende en tiendas, solo por internet), ni algunas tareas de edición (corrección, etc…), y que se ahorran las regalías del autor, podemos estar hablando perfectamente de un beneficio neto para la editorial de 10 € por ejemplar. Haced las cuentas.
Prácticas muy extrañas
Este caso lo he vivido en persona: un compañero escritor compiló una antología de relatos con algunos autores de su confianza, entre los que me encontraba. Éramos bastantes, hay que reconocerlo, y con cierto recorrido en este mundillo. Escritos todos los relatos y compilados, se le ofreció la publicación a varias editoriales. Una de ellas aceptó hacerse cargo de llevarla al público (después de rellenar el formulario más largo, tedioso y absurdo que he visto en el mundo editorial).
Lo curioso fue que se puso a imprimir ejemplares antes incluso de tener el contrato firmado por todos los componentes de la antología, proceso que se alargó debido a que éramos de muy diversos puntos de España.
Pero eso a la editorial no le importó: el libro salió a la venta sin tener en su poder el contrato firmado por los autores, algo claramente ilegal. La cosa no acabó ahí: en el mismo contrato se especificaba que cada autor recibiría un ejemplar de la antología de modo gratuito, además de sus regalías correspondientes (que me da que no veremos).
A día de hoy sigo esperando dicho ejemplar. Es justo decir que la editorial no se ha negado a dárnoslo, simplemente alega que no puede costear los envíos a cada uno de los autores (os aseguro que es una editorial con solera, puede permitirse eso y más), y que debemos ir a recogerlos a sus oficinas, en Madrid. Teniendo en cuenta que hay autores de Vigo, Valencia, Tenerife o Barcelona, queda claro que esos libros nunca llegarán a nuestras manos.
Autoedición encubierta sin beneficios para el autor, distribución nula, ausencia de pagos, pirateo… No todas estas actuaciones son auténticas estafas, ya que en algunas ocasiones se estipulan en el contrato, siendo el autor el que peca de confiado.
Por eso solo hay un consejo adecuado para el escritor novel: que indague y sepa a qué editoriales envía sus manuscritos. Ser escritor no es simplemente crear una obra, es también informarte del mercado, relacionarte con otros autores y conocer el mundillo.
Prepararte para la publicación. Recuerda que la información es poder. E Internet ofrece mucha información. Y, si podéis, tratad de buscar una agencia literaria que os respalde, os guíe y evite este tipo de abusos.
Y, para finalizar, una petición: que este artículo no lleve a la gente a pensar que todas las editoriales realizan estas prácticas. Hay editores muy profesionales, la mayoría lo son.
Yo no podría estar más contento con las dos editoriales que han publicado mis novelas, con quienes, cada uno con sus particularidades y posibilidades, he trabajado muy a gusto. Este artículo solo pretende incentivar en el escritor una sana cautela que le lleve a medir sus pasos en pos de conseguir su sueño.
POST APROBADO POR JENNIFER CONNELLY
La vimos
en películas como:
5. The Hot Spot
4. Mulholland Falls
3. Inventing the Abbots
2. Higher Learning
1. Waking the Dead
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