LGBT
La historia LGBT es la historia relativa a las lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Su estudio abarca las situaciones socio-políticas que les afectaron en cada época, su cultura, sus costumbres y formas de vida desde los primeros registros sobre homosexualidad en la antigüedad hasta la actualidad, así como su consideración social a lo largo del tiempo, además de los movimientos sociales y acontecimientos históricos protagonizados por ellos.
Prejuicios aún rampantes sostienen la idea de que los homosexuales no tienen lugar en las fuerzas armadas. Sin embargo, algunos de los comandantes militares más gloriosos de toda la historia habían estado en un lecho con otro hombre antes, durante o después de las batallas, y esto no constituyó menoscabo alguno para sus proezas de valentía.
Uno de los militares más sagaces de la historia indudablemente fue Alejandro Magno, quien además era rey de Macedonia y supuestamente uno de los hombres más bellos de la historia. Alejandro Magno como conquistador no era cualquier cosa, y aunque se le corrió a la emperatriz etíope Candace quien tenía fama de ser mejor general que él, a los pies de esta figura cimera quedó buena parte del mundo conocido de la antiguedad.
Alejandro vivió un largo romance con Hepheastion, uno de sus generales y amigo de la infancia, y cuando éste murió, Alejandro lloró más que una viuda enamorada. Además, Alejandro tuvo un affaire aux trés petit sérieux con un bailarín adolescente persa, Bagoas, quien antes había sido chico de placer del monarca persa Darío a quien Alejandro derrotó. Darío fue otro gran comandante y rey a quien el hecho de yacer con hombres no menguó en lo más mínimo su capacidad como estratega militar.
Julio César, el aguerrido general e historiador romano que llegó a ser uno de los mandamáses más temidos de Roma, antes de irse a conquistar las Galias había sido llamado La Putita de Bitinia por haber sido el favorito de Nicomedes, monarca de ese reino.
A pesar de que Julio César tuvo muchas mujeres -entre ellas Cleopatra Filopator VII- el gran amor frustrado de su vida gay fue un joven avernio llamado Vercingétorix. Este precioso y valiente mancebo casi lo derrota en la conquista de las Galias, pero cuando Julio César lo sitió el guerrero adolescente tuvo que rendirse antes de que los romanos masacraran a los avernios en el año 52.
Julio César se llevó a Vercingétorix como trofeo de guerra a Roma, donde lo encarceló por más de cinco años. Cuando el adolescente se negó a acostarse con él, lo hizo ejecutar en público y reza la leyenda que la larga cabellera del avernio fue confeccionada en peluca por Julio César.
Macrinio haría compañía a Julio César entre los famosos generales romanos que preferían enamorarse de hombres. Macrinio poseía una barba roja y una musculatura de dioses que le atraía miles de enamorados, pero a lo largo de las guerras Marcománicas dirigidas por el emperador Marco Aurelio, permaneció fiel a su joven Cneo Virgilio, quien para colmo era epiléptico.
Cuando Cneo Virgilio murió poco después de una batalla, Macrinio tomó como amante a un joven alemán que había sido prisionero de guerra.
Savir, uno de los lugartenientes del famoso monarca mogol Akbar de la India, fue uno de sus comandantes más fieros en el combate. Sin embargo, toda su vida huyó como cobarde cuando una mujer le montaba asedio. El guapo Savir tuvo por lo menos 56 amantes, todos ellos más jóvenes, y cuando fue rechazado por uno de ellos se suicidó a la edad de 70 años.
Juan Alejandro de Normandía, quien peleó al lado de su regio amante Enrique III de Valois de Francia cuando se combatieron las guerras de religión en el siglo XVI, fue gay toda su vida y su pasión por el rey Enrique forma una de las grandes leyendas románticas de la historia.
Mehmet II el Conquistador, gran sultán otomano quien conquistó Constantinopla en mayo de 1453 y fue uno de los mejores gobernantes de la historia además de excelente soldado, tuvo varios devaneos con chicos de placer, pero a la hora de la guerra era más feroz que un león en celo.
Los samurais de la época dorada del Japón a menudo tenían a la esposa para fines reproductivos, pero sus romances eran todos protagonizados por guerreros jóvenes que los seguían no sólo al campo de batalla, sino también a la cama. Tokugawa, uno de los más grandes generales nipones, tenía como amante a un joven aristócrata, y las hazañas de este héroe aún figuran en la historia agitada del Imperio del Sol Naciente.
Felipe de Orléans I, el hermano menor del rey Sol francés Luis XIV, fue uno de los homosexuales más célebres de todos los tiempos. A pesar de que le gustaba andar más perfumado que una meretriz de lujo y disfrutaba adornarse la cara con maquillaje y el cuerpo con fustanes de encaje, Felipe a la hora de la batalla era el más aguerrido. En las ocasiones en que combatió a cargo de tropas de su regio hermano mayor, Felipe mostró ser un astuto estratega militar. Lástima que Luis XIV no lo puso muy a menudo al mando de sus ejércitos, y Felipe pudo vivir la mayor parte del tiempo en su palacio de Saint Cloud empolvado, empelucado y más cargado de colores y joyas que un árbol navideño.
T. E. Lawrence, el soldado inglés quien llegó a ser llamado Lawrence de Arabia y El Rey sin Corona de Damasco, fue otro famoso hombre de armas que a la hora del amor, era de armas tomar con sus muchachos. De unos intensos ojos claros, Lawrence de Arabia sentía voraz pasión por los mancebos árabes, pero a la hora del combate, apartaba todo para pelear como fiera. Lawrence prefería que sus amantes le dieran una buena tanda de latigazos en las nalgas antes de pasar a caricias mayores.